<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895</id><updated>2012-01-13T01:15:24.771-08:00</updated><category term='Amores amoríos y otras desgracias semejantes'/><category term='Microrelatos'/><category term='¿Por qué nos llaman raros?'/><category term='pesadilla pájaro muerto'/><category term='Intriga'/><category term='Realidades'/><category term='Fábulas animadas'/><title type='text'>Caja de relatos de sonia</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>58</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3236441957135494503</id><published>2011-09-03T10:06:00.000-07:00</published><updated>2011-09-04T02:22:31.779-07:00</updated><title type='text'>Las revivencias</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-1wICcBdP5a4/TmJdDtIODpI/AAAAAAAAAcs/sh_BjhRXIaU/s1600/neuronas.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-1wICcBdP5a4/TmJdDtIODpI/AAAAAAAAAcs/sh_BjhRXIaU/s1600/neuronas.jpg" xaa="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;u&gt;En lo profesional&lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Benôit Canel nace en Marseille en 1955. Estudia medicina en París y se especializa en neurología. En el año 1983 obtiene una beca y se traslada a Washington DC donde se dedica a la investigación y a la docencia. En 1985 varias revistas científicas se hacen eco de sus avances en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. En 1990 recibe el premio MetLife a la investigación de dicha enfermedad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A mediados del año 1994, su hasta el momento intachable carrera profesional da un vuelco. Se le acusa de sustraer del laboratorio y de administrar de forma ilegal sustancias no autorizadas a personas sanas. Ese mismo año es procesado por la intoxicación y deshidratación de dos personas a consecuencia del consumo de dichas sustancias. Pierde su licencia y se traslada de nuevo a Francia, donde se recluye hasta el final de sus días en el “Château du Mer”, castillo situado a los alrededores de Bordeaux, propiedad recibida en herencia por parte de su familia paterna.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Benôit Canel muere por deshidratación sentado en una silla de madera tapizada en piel, en enero de 1995, a la edad de 40 años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;En lo personal&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Benôit Canel es un hombre de carácter melancólico que tiende a la introspección. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vive su primera relación amorosa a la edad de 16 años con una amiga viuda de su madre, Candela Miramar, española en el exilio 22 años mayor que él. Mientras dura el affaire, Benôit siente la necesidad de documentarlo hasta el extremo. Describe en su diario, con la máxima y a la vez limitada exactitud que le permiten las palabras, cada uno de sus sentimientos y actos. Fotografía a Candela, la pinta, conserva en una caja de galletas de mantequilla danesas una liga, un mechón de pelo y un pañuelo que le roba. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Cinco meses después del inicio del idilio, el padre de Benôit Canel es trasladado a Lyon y su relación clandestina finaliza de forma abrupta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En su despedida, Benôit promete solemnemente que nunca la olvidará.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Transcurridos varios meses desde la separación, Benôit advierte un día, sentado frente a su caja de galletas, que ya no es capaz de evocar con claridad su risa. Con desesperación comprende que sus escritos le resultan del todo insuficientes, que las fotografías apenas le transmiten nada y que el olor de su ropa y de su pelo se ha desvanecido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;De forma ciertamente prematura y tal vez sin ser siquiera capaz de concretarlo en palabras, Benôit Canel siente la angustiosa sensación de que su pasado no existe. De que no hay manera de asegurar que realmente existió, que toda su vida pretérita se perderá para siempre más allá de sus recuerdos y que éstos, además, son engañosos e inexactos. Llora amargamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;u&gt;Sus aspiraciones y logros&lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Benôit Canel decide dedicar su vida a la investigación de la memoria. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En sus experimentos con fármacos para tratar la enfermedad de Alzheimer descubre un compuesto derivado de la triptamina capaz de inducir a una suerte de inconsciencia, durante la cual, escenas del pasado se reproducen en la mente de forma vívida y sentida, como en un sueño. En una ocasión Benôit se traslada a los doce años y juega durante dos horas al twister con su primo Jerôme y sus primas Sabine y Aurélie. En otra menos afortunada, se encuentra corriendo delante de un perro que le muerde y le desgarra el peroneo lateral corto, cosa que le sucede a los nueve años. Como si de una grabación se tratara, cada una de las reproducciones se da a tiempo real y es capaz de usar en ellas sus cinco sentidos. Vuelve a oler, a tocar, a sentir miedo y dolor, a emocionarse, a sorprenderse, a cansarse... a revivir las situaciones exactamente tal cual se dieron, pero en su mente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Benôit Canel ha descubierto la manera de viajar en el tiempo. Dentro de su tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;Su decadencia y muerte&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Benôit Canel se aficiona a estos viajes. Su asistente, encargado de despertarle de cada uno de ellos, aprovecha sus largas horas de inconsciencia para copiar la fórmula de la revivencia, producirla y trapichear con ella. Como consecuencia de un error en la concentración de una mezcla, dos personas resultan intoxicadas. Benôit es acusado por ello y pierde su licencia. No se defiende. No le importa. Su única obsesión es encontrar la manera de elegir el momento exacto al que trasladarse en su tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vuelve a Francia, a un castillo que recibe en herencia. Instala un laboratorio en una de las estancias y prepara la fórmula. Adquiere varios dispositivos de alarma que le permitan despertar de la inconsciencia a la hora calculada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El día planeado se sienta en una silla de madera tapizada en piel y se inyecta por vía intravenosa una botella de suero. Toma el compuesto de la revivencia, y, por primera vez en muchos años, abre su caja de galletas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Despierta en la habitación de Candela. En su cama. Ella le observa de pie y se suelta la melena. Su abundante y espeso cabello negro cae en cascada sobre sus hombros. De un movimiento certero se deshace de la combinación que resbala por su cintura y se detiene brevemente en la cadera antes de caer al suelo. Sus generosos pechos se muestran por vez primera ante los ojos de Benôit Canel, que tiembla, pero no es de frío. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La mañana siguiente, mientras Candela prepara el desayuno y Benôit informa a sus padres de que la fiesta en casa de Jean Claude se alarga, un pitido martilleante se instala en su mente. Es un sonido penetrante y molesto, seco. La mañana de domingo es fresca y soleada, y deciden pasear por el parque. Juegan y se besan a escondidas. El sonido le persigue, le atosiga y le fustiga, pero Benôit lo ignora. Y comen queso y nueces y uvas. Y beben vino sobre una manta de cuadros roja. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Esa tarde, mientras ven en el cine “La naranja mecánica”, el sonido se funde con la novena sinfonía de Beethoven y desaparece. Esa noche y también la siguiente, se mojarán los pies en la playa de Sainte Croix. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Hace más de 48 horas que el suero ha dejado de gotear y de infiltrarse en sus venas. Los dispositivos de alarma uno a uno se han quemado y han dejado de funcionar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Libre por fin del irritante sonido y feliz como nunca lo ha sido, Benôit Canel muere entre los brazos Candela. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;﻿&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3236441957135494503?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3236441957135494503/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3236441957135494503' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3236441957135494503'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3236441957135494503'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/09/las-revivencias.html' title='Las revivencias'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-1wICcBdP5a4/TmJdDtIODpI/AAAAAAAAAcs/sh_BjhRXIaU/s72-c/neuronas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7156864994102818634</id><published>2011-08-02T09:13:00.000-07:00</published><updated>2011-08-16T05:46:57.958-07:00</updated><title type='text'>El aviso</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-RfOeWL7UTAA/TjggavAgVbI/AAAAAAAAAco/qwm9WqjnY60/s1600/sobre.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-RfOeWL7UTAA/TjggavAgVbI/AAAAAAAAAco/qwm9WqjnY60/s1600/sobre.jpg" t$="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Léelo, decía el asunto de aquel extraño email. De Tania Ragut, para Tania Ragut. De ella misma para ella misma. Un virus, pensó. O Spam, o lo que fuera. Ignoró las instrucciones y lo borró. Ningún otro correo en su buzón, así que la cita seguía en pie. Puso música y se fue a su dormitorio. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se plantó frente al armario y pensó que lo mejor para aquella noche era apostar por un look casual. Jeans y una camiseta negra que le afinara el talle. Simple y seguro, como si no le hubiera dado demasiadas vueltas. Se miró en el espejo y se odió. Asquerosamente sencilla. Se probó el vestido negro que se había comprado para la comunión de su sobrino. Sobrio y poco casual, pero le estilizaba la figura. Un poco endomingada, tal vez demasiado elegante para un tipo como aquel, un fotógrafo de Nacional Geographic, un aventurero, un amante del deporte. Sonrió al pensar en él. Era el primero con el que realmente le había apetecido quedar desde que se había inscrito en aquel portal. El único entre toda aquella fauna que le había contactado, entre toda aquella increíble selección de enfermos y pervertidos sexuales. Cuatro emails cruzados y una foto en su jeep habían sido suficientes para convencerla. Un tipo que se pasaba temporadas en África fotografiando leones y colaborando en fundaciones benéficas, qué malo podía ser. La foto, desde luego, también había influido. 43 años, rubio, tan experimentado que seguramente tendría ganas de estabilizarse, de asentarse, de encontrar una pareja, de tener hijos. No es que hubieran hablado específicamente del tema en ninguno de los mails, pero estaba todo implícito. A estas edades las cosas iban rápidas. Conexión, toma de contacto, un par de meses de relación e inevitablemente, si todo iba bien, hijos. Un par de hijos rubios y deportistas, fantaseó, solidarios como su padre. Tocaría el tema esa noche de forma casual, con discreción y&amp;nbsp;tacto, sin parecer desesperada. No lo estaba. No, no&amp;nbsp;estaba desesperada. Es cierto que tampoco&amp;nbsp;podía dormirse,&amp;nbsp;pero de ahí a la desesperación iba un trecho. Con 42 años aun tenía margen suficiente como para tener hijos biológicos. Quién sabe si su cita de esa noche sería por fin la decisiva. Y por qué no. Ojalá.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se quitó el vestido y se enfundó de nuevo los jeans y la camiseta negra. Volvió a quitárselos y a ponerse el vestido negro. Sí, le sentaba mejor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se acercó al portátil para comprobar si le había llegado algún correo de última hora, del tipo “Me muero por verte”. Nada, salvo de nuevo aquel maldito virus. “Que lo leas, idiota”, ordenaba insolente. Volvió a borrarlo, esta vez con rabia. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se arregló un poco el pelo, se pintó los labios y estaba ya dispuesta a salir, cuando por la ranura de la puerta entró disparado un sobre. “Leer sin falta”, decía el remite. Abrió la puerta para ver quién lo había lanzado, pero no había nadie. Miró por el hueco de las escaleras y escuchó atenta. Nada. Cerró la puerta y entró en casa. Rasgó el sobre y leyó el contenido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;“La foto desenfocada que te ha enviado es de Jesus Calleja. En realidad se parece al Dioni. Lo más cerca que ha estado de África es Melilla, donde hizo la mili. La cena va a ser cutre y te pedirá&amp;nbsp;que la pagues a medias. Beberás más de la cuenta y sin darte cuenta terminarás en una pensión del Raval, a la luz de una bombilla sucia y parpadeante, con el tipo lavándose sus partes en un bidet. Vomitarás dos veces al recordarlo al día siguiente, y nunca lograrás superarlo del todo. No vayas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Firmado: Tania Ragut”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se consideraba una persona con sentido del humor, pero aquella broma no tenía ni puta gracia. No podía provenir de otra persona que de Elena, su única amiga. La única soltera, como ella. La única que sabía de su cita de esa noche. Y la muy perra se había tomado la molestia incluso de imitar su letra,&amp;nbsp;se la había calcado. Iba a dejar de hablarle durante una buena temporada. Es más, si lo de esa noche prosperaba, no le hablaría nunca más.&amp;nbsp;Estaba claro que no podía soportar que ella tuviera más suerte con los hombres y que por fin hubiera encontrado a uno decente. Qué mala era la envida, joder. En un impulso le envió un sms mandándola a la mierda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se perfumó y salió de su casa pegando un portazo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Llegó quince minutos antes al local en el que habían quedado en el Raval. Se sentó en la barra mientras él llegaba. El restaurante debía de ser uno de aquellos lugares vanguardistas que sorprenden gratamente por su gastronomía pero que no apuestan demasiado por la estética. Algo moderno y sofisticado, seguro, aunque por lo pringosilla que estaba la barra no lo pareciera. Si él había escogido el lugar, estaría bien. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mientras esperaba se tomó dos Martinis, que se le subieron un poco a la cabeza. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A los veinte minutos, un hombre de unos cincuenta años, con un peluquín rubio y un ojo extraviado, le dio dos golpecitos en el hombro con un dedo. Toc, toc. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Para mitigar su decepción, Tania Ragut ahogó la grasa de los calamares a la romana que pidieron en vino barato. Pagaron la cuenta a medias, doce euros por cabeza. Sin saber exactamente cómo, la imagen del Dioni aseándose sus partes en un bidet se materializó ante sus pupilas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tumbada sobre un colchón mohoso cubierto por una sábana repleta de lamparones y bajo la luz parpadeante de una bombilla sucia, Tania Ragut cerró los ojos con fuerza y cruzó los dedos. Ojalá tuviera suerte. Estaba ovulando.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7156864994102818634?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7156864994102818634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7156864994102818634' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7156864994102818634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7156864994102818634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/08/el-aviso.html' title='El aviso'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-RfOeWL7UTAA/TjggavAgVbI/AAAAAAAAAco/qwm9WqjnY60/s72-c/sobre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-2871329950522126647</id><published>2011-07-28T05:05:00.000-07:00</published><updated>2011-07-28T05:05:39.511-07:00</updated><title type='text'>Blanco e inmaculado</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tengo un amigo que acaba de publicar un libro de relatos cuyo denominador común, según me dijo, era la muerte. Ya he empezado a leerlo y me está gustando. Mucho. Después de hablar con él decidí echarle yo también una ojeada a todos mis relatos y buscarles un denominador común. Algo que los identificara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;No acabó de gustarme el resultado del análisis, y hoy me siento con el propósito de enmendarme. Con el propósito de contar una historia como dios manda. Una historia que no me avergüence. Sin guarrerías de ningún tipo. Sin sexo, sin enfermos mentales, sin objetos insertados por el culo, sin palabrotas. Quiero contar una historia blanca, limpia, pura. Una historia llena de amor y de sentimientos a flor de piel. Y si puede ser con moraleja, toma ya. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lo primero en lo que pienso es en un cuento infantil. Busco en la parte superior de mi estantería los cuentos que leía y releía, y que después volvía a leer, de pequeña. Hace años que no los miro y me entra nostalgia. Buen estado de ánimo para escribir algo sentimental. Empiezo a narrar una historia en la que dos hadas revolotean felices en un bosque de hermosas y fragantes flores. Cinco líneas después, sin apenas darme cuenta, aparece en escena un leñador, rudo y muy masculino, que mira a las jóvenes hadas con lascivia. Me freno. Me contengo antes de que el cuento se me vaya de las manos. No, por ahí no vamos bien. De hecho porqué una historia de hadas, si nunca me han gustado. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vale, probemos con otra cosa. Qué tal una poesía. Nunca me ha apasionado la poesía, tal vez porque me falta sensibilidad para poder apreciarla, o&amp;nbsp;porque no he encontrado a ningún poeta que logre conectar con la poca que tengo. Encuentro poesía, eso sí, en la prosa de algunos de mis escritores preferidos, pero ojala fuese capaz de emularlos. De todos modos, pienso con optimismo, la falta de referentes puede ser positivo a la hora de lanzarme a escribir una poesía al uso. Sin presiones y sin expectativas, con la valentía del ignorante. Métrica libre, eso sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Empiezo. Versos llenos de ternura, sentimientos, que rozan la frontera de la cursilería, que la franquean sin miramientos. Sensibilidad de la buena. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me levanto a vomitar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Pruebo con una historia donde haya un héroe y un villano. El héroe con un propósito justo y el villano dispuesto a impedir que lo logre. Y el villano acaba mal: castigado, humillado, burlado, o aun mejor, sí, sí, mucho mejor: redimido. Corrección política y un léxico apropiado, edulcorado y contenido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vale, tal vez con intentar contar una historia que no sea grotesca, es suficiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tras media página de intentar no ser yo, decido que no voy a engañarme más: me gustan los malos, me interesan los perdedores, mi sentido del humor es básico, guarro y grotesco. No me gustan los finales felices. No pretendo lanzar mensajes a la humanidad. En el fondo me avergüenza más mostrar mi parte sensible y vulnerable que la descarada o la frívola. Lo único que me mueve a escribir es divertirme. Apartarme de una realidad que a veces&amp;nbsp;me gusta menos que la realidad que tan solo existe en mi mente, y que se puede cambiar. Así que rompo lo escrito (mentira, tan solo cierro el archivo), y decido que uno no puede pasarse la vida pretendiendo ser lo que no es.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-2871329950522126647?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/2871329950522126647/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=2871329950522126647' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2871329950522126647'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2871329950522126647'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/07/blanco-e-inmaculado.html' title='Blanco e inmaculado'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5127991627326149230</id><published>2011-07-08T08:32:00.000-07:00</published><updated>2011-07-08T08:36:59.786-07:00</updated><title type='text'>En el vagón</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A ella hace unos meses que le abandonó su marido por una polaca de 25 años. Se le nota en los ojos tristes, en el rictus amargo de sus labios, en la manera en que se agarra a la barra con desgana, como si no le importara salir despedida en cualquier frenazo, como si acaso lo deseara. Vuelve a su casa después de una larga jornada planchando sábanas de hotel, sábanas que le cuentan historias que no quiere oír. Su desgastada imagen contrasta con la de la chica que agarrada a la misma barra y sucumbiendo al caprichoso vaivén del vagón, brilla con luz propia porque tiene su primera cita con él. 30 años, tacones que empiezan a doler mucho, piel suavemente perfumada. Se mira las uñas de su mano derecha, como si esperara ver reflejado en ellas el desenlace a esa cita, a esa relación o incluso a la vida. A su lado, se besan, abrazan y muerden los labios una pareja a la que el resto del mundo les da igual. Carpetas universitarias en la mano que no hacen sino estorbar. La vida es nueva y se sienten con fuerza para bebérsela a tragos. En una de las frenadas, golpean ligeramente a la mujer que apoyada en la barra transversal, les sonríe con nostalgia, recordando tal vez los besos que un día se dejó olvidados en cualquier rincón de la ciudad de Quito. Detrás de ella, ante la impasible mirada de unos jóvenes sentados a su lado, un abuelo se levanta para cederle el asiento a la adolescente embarazada que acaba de entrar en el vagón en la estación de Fontana. El desproporcionado vientre que como una sandía madura amenaza con reventar en cualquier momento, despunta descarado en su fina silueta, en su cara de niña. Su novio la espera en casa de sus padres. Yo controlo, le dirá de nuevo una y otra vez la próxima vez que la deje embarazada. Yo controlo, yo controlo. Pero no controla nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El abuelo de buenos modales se aferra a la barra con la misma fuerza que a la vida. A la misma barra que la chica brillante y que la mujer desolada. A la misma a la que un argentino que durante años engañó al hambre a fuerza de mate, se les une y me mira. Me mira con una intensidad que me traspasa. Me estudia, me imagina, me intuye y me desnuda. Ya son cuatro en la misma barra y cincuenta en el vagón, pero a partir de ese momento, de ese preciso instante, tan sólo existimos él y yo, yo y él, mirándonos, imaginándonos y desnudándonos. Esa noche y mientras dure el trayecto, vamos a bajarnos los dos en una estación que no aparece en los planos, en una estación cercana y lejana a la vez, olvidada a veces y necesaria siempre. Vamos a bajarnos los dos en una estación llamada imaginación y deseo, fantasías y sueños.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5127991627326149230?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5127991627326149230/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5127991627326149230' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5127991627326149230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5127991627326149230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/07/en-el-vagon.html' title='En el vagón'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-9002426539208097109</id><published>2011-05-23T02:29:00.000-07:00</published><updated>2011-05-24T03:30:11.828-07:00</updated><title type='text'>La casquería</title><content type='html'>.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me sacan de la máquina temblando. No puedo gritar, me cuesta respirar, lloro. Me inyectan. Me resisto. Me atan. No puedo dormirme otra vez, el dolor se ha ido y necesito pensar. No puedo. Intento con todas mis fuerzas aguantar. Es imposible. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me despierta el dolor. Un dolor exacto, agudo y penetrante a la altura de los riñones. Me paraliza. Cada vez es más intenso. Grito. Me muerdo con fuerza el brazo, lloro, suplico. Tengo la sensación de enloquecer. Entran y me vuelven a inyectar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;Me despiertan. Ya es de día y estoy confusa. Dos personas me desatan y me sacan a la fuerza de la cama. Empiezo a recordar. Me conectan de nuevo a la máquina. Grito. El ruso se gira y me parte el labio de un puñetazo. Noto el sabor a hierro de la sangre en mi boca. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se termina la sesión. Me levantan. El ruso me quita la bata. Intento patalear pero no tengo fuerzas. Me toca las tetas. Sonríe. Le brilla el diente de oro. Me arrastra al lavabo. Se baja los pantalones. Me revuelvo. Me golpea de nuevo. Se escupe en la mano y se manosea el miembro. Se oye la puerta. Maldice y se sube los pantalones. Me empuja dentro de la ducha y me ordena que me enjabone. Me enjabono. Tirito, tiemblo. No puedo parar de llorar. Me saca de la ducha por el pelo. Veo mi reflejo en el espejo. Dos heridas ocupan el lugar de mis riñones. Me caigo al suelo. Intento levantarme. Me vuelvo a caer. El hígado, el corazón, quizás las pupilas. Quizás todo.&amp;nbsp;Grito con desesperación. El ruso me levanta y me arrastra hasta el salón donde el cirujano me espera. A sus pies, una nevera de camping repleta de hielo. Me tapan la boca con una gasa. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;Bienestar. Calma. Un enorme foco de luz. La cara del cirujano, su barba cana, sus gafas. Parece Dios. Ordena sus bisturís metódicamente, con calma. Paz. Paz de color blanco. Algunas voces retumban con suavidad, acunándome. Sonrío mientras un hilillo de baba se desliza lentamente por la comisura de mis labios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-9002426539208097109?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/9002426539208097109/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=9002426539208097109' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9002426539208097109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9002426539208097109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/05/la-casqueria.html' title='La casquería'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3011872597087513681</id><published>2011-05-11T02:39:00.000-07:00</published><updated>2011-05-11T02:39:35.532-07:00</updated><title type='text'>KH7</title><content type='html'>.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Llamo al informático y cruzo los dedos para que me solucione el problema desde su oficina. Después de un cuarto de hora de intentos fallidos, escucho las temibles palabras: voy para allá. Mientras llega, abro la ventana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;“¿Me necesitas aquí?”, le pregunto cuando entra. “Sí, quédate. Pero coño, cierra la ventana, que entra el solarro” me responde. La cierro. Le cedo mi asiento y voy a buscar otro. Se desploma sobre él con las piernas abiertas. Lleva los pantalones desgastados a la altura de los testículos. ¿Por qué le he mirado los testículos?, me digo. Y empiezo a respirar por la boca mientras el tipo toquetea mi teclado. A estas alturas no hace falta que diga que el informático de mi empresa es un hombre de pocas duchas. A lo sumo, calculo con generosidad, de una a la semana, acaso dominguera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Después de intentar solucionar el tema de varias maneras, coge mi teléfono y llama a alguien. Su cara rezuma grasa. Me imagino que si le rascara, le saldría una viruta larga, como una serpentina. Joder, por qué se me ocurren estas cosas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La conversación se alarga. Es enrevesada. En un momento dado, ante mi estupor, sin que mi presencia parezca inquietarle o frenarle o incomodarle, o de algún modo avergonzarle, empieza a hurgarse la nariz. No quiero mirar. Giro la cara, rebusco papeles ficticios. Pero al final miro. Miro, maldita sea. Y veo cómo introduce unos dedos gordos como morcillas en unos agujeros peludos y amplios. Y cómo revuelve. Y con un estupor creciente, incrédulo, doloroso, compruebo cómo con esa misma mano empieza a utilizar mi ratón. Clic, clic, clic, le escucho manejar con soltura su dedo untuoso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y por si eso fuera poco, me dice “pon tu contraseña” Y yo no la quiero poner. Que no, joder, que no quiero. La contraseña, que la pongas, me repite. No tengo escapatoria. En un feliz instante de lucidez, evito el uso del ratón mediante el tabulador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El informático me soluciona el problema y se levanta satisfecho. Su estela avinagrada se marcha dando tumbos. Abro la ventana y desinfecto con presteza mis enseres. Bendito KH7&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3011872597087513681?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3011872597087513681/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3011872597087513681' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3011872597087513681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3011872597087513681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/05/kh7.html' title='KH7'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5446436073013246226</id><published>2011-05-06T04:45:00.000-07:00</published><updated>2011-05-06T06:46:22.605-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pesadilla pájaro muerto'/><title type='text'>El pájaro</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; clear: both; text-align: center;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-dGSqQZtH42Y/TcPe1rAaYGI/AAAAAAAAAcc/70_ElGOwL-o/s1600/canario.bmp" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" j8="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-dGSqQZtH42Y/TcPe1rAaYGI/AAAAAAAAAcc/70_ElGOwL-o/s1600/canario.bmp" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-dGSqQZtH42Y/TcPe1rAaYGI/AAAAAAAAAcc/70_ElGOwL-o/s1600/canario.bmp" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré hacia la jaula y me pareció que estaba vacía. Miré mejor.&amp;nbsp;Rígido, con las patas hacia arriba y estirado en el suelo, estaba el pájaro. Me sobresalté. Era un canario enorme, del tamaño de una paloma. &lt;br /&gt;—A todos nos llega la hora—dijo uno.&lt;br /&gt;—Todo se termina —dijo el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí la jaula y cogí al pájaro. Estaba caliente, aun respiraba.&lt;br /&gt;—Eso no quiere decir que no esté muerto—dijo uno.&lt;br /&gt;—Claro—dijo el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pareció razonable. Era posible respirar sin estar vivo. Sin embargo, me angustiaba sostener sobre la palma de mi mano&amp;nbsp;a un canario amarillo, grande como una paloma, muerto, pero a la vez respirando. &lt;br /&gt;—Dale la libertad—dijo uno.&lt;br /&gt;—Eso, libéralo—dijo el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No entendí a qué se referían.&lt;br /&gt;—A que le des la libertad—dijo uno.&lt;br /&gt;—A que le retuerzas el cuello, como a una gallina—dijo el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo nunca le había retorcido el cuello a ninguna gallina.&lt;br /&gt;—Hipócrita—dijo uno.&lt;br /&gt;—Hipócrita—dijo el otro—. Te niegas a ser tú quién le retuerza el cuello, pero después te comes su carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no suelo comer gallinas. Si acaso pollos.&lt;br /&gt;—Peor. Matas al fruto de sus entrañas—dijo uno.&lt;br /&gt;—A la carne de su carne—dijo el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco le había retorcido nunca el cuello&amp;nbsp;a ningún pollo.&lt;br /&gt;—Cobarde—dijo uno.&lt;br /&gt;—Cobarde—dijo el otro—le dejas la responsabilidad a un tercero, para no sentirte culpable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe qué opinar al respecto.&lt;br /&gt;—Retuérceselo, aunque respire, sabes que está muerto—dijo uno.&lt;br /&gt;—Lo sabes. Sabes que está muerto. Retuérceselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pájaro grande como una paloma seguía respirando y caliente. Muerto y vivo. Respirando pero muerto. En mis manos.&lt;br /&gt;—Retuérceselo—dijo uno.&lt;br /&gt;—Hazlo—dijo el otro.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5446436073013246226?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5446436073013246226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5446436073013246226' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5446436073013246226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5446436073013246226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/05/el-pajaro.html' title='El pájaro'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-dGSqQZtH42Y/TcPe1rAaYGI/AAAAAAAAAcc/70_ElGOwL-o/s72-c/canario.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-1700074961788875152</id><published>2011-04-07T04:05:00.000-07:00</published><updated>2011-04-07T04:07:08.451-07:00</updated><title type='text'>Positividad</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;No me gusta la gente que es capaz de recordarlo todo. No sé, no me fío, me producen escalofríos. Suelen ser personas rencorosas. Sé reconocer que tal vez lo mío tampoco es del todo normal. Sólo retengo en mi memoria los momentos felices, los recuerdos positivos, los que me llenaron de alegría. &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Nunca recuerdo las afrentas de nadie. Jamás. Aunque quisiera, no podría acordarme de con quién me enfadé, ni porqué, ni quién tenía la razón,&amp;nbsp;ni&amp;nbsp;cómo, cuándo y porqué decidí que lo mejor era matar a quien haya tenido que matar. Me describiría a mí misma como una persona muy positiva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-1700074961788875152?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/1700074961788875152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=1700074961788875152' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1700074961788875152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1700074961788875152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/04/positividad.html' title='Positividad'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3715550511578886190</id><published>2011-02-12T05:42:00.000-08:00</published><updated>2011-02-12T10:19:33.956-08:00</updated><title type='text'>EL CHOCOLACALOR</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-o5Wm9zOWNnA/TVaOiams6VI/AAAAAAAAAcY/IWPAXkbImkc/s1600/chocolaterapia.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" h5="true" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-o5Wm9zOWNnA/TVaOiams6VI/AAAAAAAAAcY/IWPAXkbImkc/s200/chocolaterapia.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es la primera vez que venís, ¿no es cierto? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sabía. Una belleza como la de vos no se olvida, che. Pero relajate, dale, se te ve retensa. Acá si matamos a alguien es sólo de gusto. Yo me llamo Tomás, pero algunos me llaman Sito. De Tomasito, obvio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A mí no me pareció tan obvio, pero asentí con una sonrisa nerviosa. Él me la devolvió mostrando una dentadura grande y afilada, espléndida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Tenía hora. Clara. Soy Clara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Como una luminosa tarde de verano -dijo mientras revisaba en su agenda-. Acá. Acá estás. Clara Fernández, ¿cierto? ¿Tenés el bono? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Busqué en la cartera con los dedos un poco torpes el bono que me había regalado mi hermana. Al ofrecérselo, Tomasito me rozó con su mano bastante más de lo razonable mientras me sonreía con sus brillantes dientes. Después se mordió el labio inferior y rebuscó en un cajón. Finalmente selló el bono y me lo devolvió, sin quitarme los ojos de encima. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Mirá, acá al fondo tenés los vestuarios. Te quedás en cueros o en traje de baño si es que sos pudorosa, y entrás por la puerta de la izquierda. Allá te están esperando los muchachos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lo de los muchachos me desconcertó. El regalo consistía en un bono de diez masajes relajantes a base de chocolate. No contaba en ningún caso con tener que quedarme semidesnuda frente a quién sabe cuántos tipos. Estaba blanca, de pronto sospechaba que mal depilada y los diez kilos que había engordado desde que Carlos me dejó me atormentaban. Odié ferozmente a mi hermana. “Una sola sesión y vuelves como nueva”, me había dicho mientras pelaba patatas. Pero yo sabía que jamás iba a sentirme como nueva, sobretodo porque no lo era. Yo no era más que una vieja, gorda y patética amargada. Sentí el impulso de salir corriendo, pero Tomasito me dedicó una sonrisa tan deslumbrante que no fui capaz de ofenderle marchándome sin más. Me encaminé hacia el vestuario cabizbaja, como una oveja hacia el matadero. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Estaba sola. Era el vestuario más atípico que había visto en la vida. La luz, tenue y anaranjada se desdibujaba en un vapor suave, casi anestesiante. Una suave musiquilla étnica tipo Enya se escuchaba de fondo y se entremezclaba con el sonido del agua que caía a borbotones de una gran fuente de piedra. Olía a incienso y a canela. El calor húmedo se pegaba a la piel haciendo que ésta brillara satinada. Reparé en una copa de cava que reposaba sobre una mesa junto a una nota de bienvenida. Me la bebí de un trago. Después me puse el bikini y sin quitarme los zapatos de tacón para matizar el impacto, me planté frente el espejo. La imagen que éste me devolvió me sorprendió. Era yo, cierto, pero no lo parecía. La Clara que se reflejaba era diez centímetros más alta, y mucho más esbelta. Aquel espejo estaba trucado, como los del tibidabo, pero qué importaba. Estuve un buen rato saboreando el momento observándome desde todos los ángulos. La luz anaranjada difuminaba las huellas de los dos partos en mi cuerpo. Ni rastro de la celulitis, y las arrugas firmemente instaladas en el contorno de mis ojos se habían borrado. Sonreí. Me solté el pelo, puse la cabeza bocabajo y la subí de golpe. Parecía una leona. Rugí. Hice algunas muecas ante el espejo que me hicieron sonreír por lo ridículas. Animada, me acerqué a un mueble de maquillaje que tenía a mi derecha y me pinté los labios de rojo. De un rojo muy intenso, color sangre. Volví a mirarme. Ahora parecía una puta. De pronto la música cambió, Moment of surrender, de U2. Empecé a bailar sensualmente frente al espejo al ritmo de la música y las luces se hicieron cada vez más tenues, como si desde el exterior alguien me estuviera observando y considerara que ya había llegado el momento. Seguí contemplándome durante varios minutos hasta que la idea de entrar en una sala con una legión de hombres atléticos dispuestos a masajearme el cuerpo con chocolate dejó de parecerme detestable. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Entré. Un chico de unos 25 años me recibió con una sonrisa. “Pasa, Clara”, me dijo. “Yo soy Pablo. Él es David, Samuel, aquí Ernesto, Mateo, Marcos, Ramón, Jero, Plácido y Damián, cada uno experto en un área específica del cuerpo. Túmbate.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me tumbé. Cerré los ojos, y me dejé llevar por las sensaciones. A veces era chocolate caliente, a veces era frío. Los pies, las piernas, el abdomen, los brazos, el pelo, las caderas, los pechos. Montones de manos masajeaban mi cuerpo mientras Pablo, con una voz ronca me explicaba en apenas un susurro las propiedades beneficiosas del chocolate, anulador de la tristeza y responsable de sensaciones de tranquilidad, relajación, felicidad. De vez en cuando caía directo a mis labios un hilito de chocolate deshecho que Pablo, muy cerquita de mi oído se encargaba de analizar “grano de costa rica, 80% de pureza, notas de vainilla y de coco. ¿Notas las notas?, me decía” Y volvía a echar otro chorrito en mi boca, que no acababa de caer justo en mis labios y que&amp;nbsp;él recogía con un dedo para que yo se lo chupara. Y yo se lo chupaba, y notaba las notas acariciarme y agarrarse al paladar. Y a modo de respuesta lo único capaz de articular era un gemido que rugía desde lo más profundo de mis entrañas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Un cuarto de siglo después o tal vez tan solo de media hora, Pablo me susurró que por hoy habíamos terminado. Como es la primera sesión, dijo, sólo nos hemos dedicado a conocer tu cuerpo. En la próxima profundizaremos. Y me guiñó un ojo. Me incorporé, y uno a uno, David, Samuel, Ernesto, Mateo, Marcos, Ramón, Jero, Plácido y Damián, se despidieron de mí con dos besos muy largos, algunos tentadoramente cerca de mis labios pringados de chocolate.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me duché y salí renovada, deseosa de profundizar. Me planté ante Sito para pedirle una nueva cita.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Así que te gustó, ¿no es cierto?.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Casi tanto como tu boca, cabrón -solté a bocajarro. Y creo que después incluso le saqué un poco la lengua, aunque eso ya no lo puedo jurar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lo cierto es que no tuve oportunidad de una segunda sesión. Esa misma semana desmantelaron “el Chocolacalor” junto a otros dos prostíbulos masculinos de la zona que utilizaban en el vapor de sus vestuarios sustancias psicotrópicas alteradoras de la percepción. Pablo, David, Samuel, Ernesto, Mateo, Marcos, Ramón, Jero, Plácido y Damián eran en realidad diez jubilados con tiempo y ganas de pasar un buen rato ganando además un dinerito extra. Me costó trabajo&amp;nbsp;consolar a mi hermana, que no podía aceptar que los profundos masajes de Ernesto a los que tanto y tan bien se había acostumbrado terminaran de una manera tan abrupta, tan cruel. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En mi caso, la sensación de poder, sensualidad y voluptuosidad que experimenté en aquel vestuario y en la camilla aun persisten. Y no hay día en que no le agradezca a dios, pero sobretodo a los “muchachos”, la fantástica transformación que aquel día se produjo en mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3715550511578886190?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3715550511578886190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3715550511578886190' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3715550511578886190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3715550511578886190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/02/el-chocolacalor.html' title='EL CHOCOLACALOR'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-o5Wm9zOWNnA/TVaOiams6VI/AAAAAAAAAcY/IWPAXkbImkc/s72-c/chocolaterapia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7524083136005443755</id><published>2011-01-14T11:51:00.000-08:00</published><updated>2011-01-18T05:14:38.809-08:00</updated><title type='text'>La increíble historia de la niña Montaña</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/TTWSE_LgqyI/AAAAAAAAAb8/nX3edzfHboQ/s1600/ni%25C3%25B1aMonta%25C3%25B1a.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" n4="true" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/TTWSE_LgqyI/AAAAAAAAAb8/nX3edzfHboQ/s320/ni%25C3%25B1aMonta%25C3%25B1a.jpg" width="231" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;Texto inspirado en la ilustración de &lt;/em&gt;&lt;a href="http://sebastiamarti.blogspot.com/"&gt;&lt;em&gt;Sebas&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En lugar de con dos manos, la pequeña Montana nació con dos tréboles de cuatro hojas cada uno. “Que no le falte ni el agua ni la luz”, dijo el doctor mientras firmaba una receta. Después, ante la estupefacción de los padres, añadió mirándoles a los ojos y con tranquilidad “será una niña con suerte”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tras unos minutos de intensa reflexión, los padres concluyeron, con desgana, que cosas peores se habían visto, y tan malo no podía ser el hecho de tener dos tréboles en lugar de dos manos, habida cuenta de que se trataba de dos tréboles de cuatro hojas, y no de tres. Aun así, le compraron varios juegos de manoplas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A los pocos meses, observaron con asombro cómo la suave y abundante pelusilla capilar con la que la había nacido Montana se desprendía, y en su lugar empezaba a brotar lo que a todas luces parecía césped. Un césped verde y brillante y fresco y fragante que a su madre desagradó en la misma medida que sorprendió. “Consultaremos al médico”, dijo el padre, también reacio a aceptar los cambios de la vida. El doctor, mientras firmaba un parte de alta, les recomendó bañarla de dos a tres veces por semana y les recetó además un buen fertilizante que, a la madre de Montana, aunque no dijo nada, le pareció que olía a mierda. Al salir de la consulta, le compraron varias docenas de gorros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y Montana fue creciendo. De forma excesiva y desmesurada y salvaje, a lo alto y a lo ancho, desbocada y rebosante, de forma animal. A los siete años se le cayeron los dientes de leche y en su lugar le salieron piedras. Le encargaron unas costosas carillas de porcelana. A los diez, las piernas se le endurecieron hasta transformarse en dos firmes troncos de eucalipto del que brotaron finas y aromáticas hojas. Unos enormes pantalones de pana asfixiaron los brotes. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Los niños, crueles, se reían del aspecto de Montana, y Montana, triste, lloraba por las risas de los niños. Y cada vez que esto sucedía, en el colegio se pasaban dos días achicando agua.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La tutora de Montana, un día, concertó una cita con sus padres. “Su hija es especial”, dijo mientras se llevaba las manos a los riñones. “Necesita una educación que nosotros, por desgracia, no le podemos dar. Pero estoy segura de que tendrá suerte”. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Ya era la segunda vez que a los padres de Montana alguien les decía que su hija tendría suerte, cuando a ellos, la verdad, tan afortunada no les parecía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y así fue como la madre de Montana, a partir de ese momento, tomó las riendas de su educación. Primero impartió las clases en el comedor de su casa, y poco después, atendiendo a las súplicas de su hija, en el jardín. Y ahí, tumbada sobre el césped y al sol, mientras mejoraba su caligrafía y destacaba en ciencias naturales, los pájaros le empezaron a anidar en la espalda. Las hormigas, juguetonas, le recorrieron los troncos hasta hacerle llorar de cosquillas. Las lágrimas de risa despertaron a unos caracoles que en lenta peregrinación ascendieron por unos brazos que, sin apenas darse cuenta, se habían transformado ya en flexibles lianas. Los gatos se afilaron las uñas en ella, y bajo su camisa le nacieron ortigas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La madre de Montana, maravillada, le quitó con prisa los guantes y el gorro y los pantalones, y de un martillazo se deshizo con rabia de las carillas de porcelana. Y en ese preciso instante vio lo que hasta ese momento no había querido ver y admitió lo que hasta ese momento no había querido admitir: en lugar de una niña llamada Montana, había parido a una increíble niña Montaña.&amp;nbsp;Y mientras la besaba en uno de sus tréboles con emoción, supo que sí, ninguna suerte iba a ser&amp;nbsp;mejor que la suya.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7524083136005443755?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7524083136005443755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7524083136005443755' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7524083136005443755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7524083136005443755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2011/01/la-increible-historia-de-la-nina.html' title='La increíble historia de la niña Montaña'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/TTWSE_LgqyI/AAAAAAAAAb8/nX3edzfHboQ/s72-c/ni%25C3%25B1aMonta%25C3%25B1a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8844204519931730030</id><published>2010-12-23T04:39:00.000-08:00</published><updated>2010-12-23T04:40:16.691-08:00</updated><title type='text'>La verdadera historia de Papá Noel</title><content type='html'>.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Qué grande, Noel. Yo lo conocí en la mili. Era de esos tíos feos de narices, pero que triunfan más que nadie. ¿Cómo se entiende? Fácil: Noel tenía un don. Y no un don cualquiera: Noel tenía el don de anticiparse a los deseos de la gente. Pongamos que te gustara, por un casual, Camilo Sexto, ¿te gusta? Bueno da igual, chata, pongamos que te gustara, ¡raca!, ahí que te conseguía la discografía completa firmada por él. Que tu sueño era tirarle unas bragas a John Lennon, pues él te las quitaba y se las hacía llegar. ¿Me explico?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se anticipaba, tenía visión, te calaba. Te miraba y sabía de qué pie cojeabas, qué querías de la vida. Y él te lo proporcionaba. Era así de grande. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Aunque no faltará quien te diga que en verdad lo único que hacía era manipular. Que te hacía desear justo aquello que él tenía, ¿me explico? Pongamos por un casual, que paseando por la calle, Noel se encontrara con un gorro rojo de lana tirado en el suelo. ¿Qué haría? Bien, primero te diría lo bien que te sienta el rojo. Y unos días más tarde te explicaría, eso sí, siempre dentro de un contexto, que el 80% del calor corporal se pierde por la cabeza, que se escapa. ¿Me explico? Sin tú saberlo, ya estarías deseando, suspirando, anhelando, ansiando, muriéndote por tener un gorro rojo que mantuviera tu calor corporal donde debe estar, en su sitio. Y entonces vendría él, y ¡zas!, te lo regalaría. Pongamos por caso que fueras facilona, que no digo yo que lo seas, guapa, pero pongamos por caso que lo fueras, pues esa misma noche, ¡raca!, se lo agradecías. ¿Que no? Pues Noel no desesperaba, nunca. Sabía que más pronto que tarde desearías tener un ajedrez, o un parchís viejo, o un perro sarnoso, o lo que fuera que tuviera por casa en ese momento. ¿Me explico? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Pero esa, guapa, si me permites la opinión, es la teoría de los resentidos, de los envidiosos, de los peluseros, de aquellos a los que les jode infinitamente más el triunfo ajeno que el fracaso propio. ¿Me explico? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mi teoría es que Noel se anticipaba, que tenía esa capacidad. Y que además creía en sí mismo. Una vez leí, o me dijeron, o escuché o pensé, no sé, que no importa lo que seas en verdad, sino lo que tú te creas que eres, y sobretodo lo que le hagas creer a los demás. Y esa, chata, según mi experiencia de la vida, es una verdad universal. Él era feo, pero no de un feo normal. Era feo de cojones, de esa clase de feos a los que cuesta mirar a la cara sin que te entren ganas de vomitar. ¿Me explico? Pero se te olvidaba. ¿Por qué? Creía en sí mismo. Noel era así, tenía esa capacidad. Esa y la de fecundar. Que no tardaron en proliferar los chascarrillos a su costa en el cuartel, que si por ahí viene Noel el fecundador, o Noel el prolífico, o Noel el inseminador, o Noel el inagotable, o Noel el reproductor, o papá Noel, para los menos ocurrentes o de vocabulario más limitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y con los críos, igual que con las mujeres. Que si ahora un tren eléctrico, que si mañana una pelota de tenis, que si pasado una baraja de cartas. Pronto fueron una legión de niños, !un montón! Y tanto reales como endosados, no te creas, porque las cosas como son, Noel no era bueno llevando cuentas, y pronto empezaron a aparecerle más hijos de los que él recordaba haber engendrado. Pero qué grande, Noel, nunca una duda, nunca una mala cara, nunca una suspicacia…aceptaba sin chistar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Un día, Noel emigró a Noruega, o a Finlandia, o a Suecia, no se sabe bien. Según se cuenta porque le explicaron que en esos países abundaban las rubias naturales y sin prejuicios, a las que no hacía falta colmar de atenciones para obtener resultados satisfactorios. Y es que para aquel entonces, Noel empezaba ya a acusar el cansancio. Era un cansancio profundo, de los que llegan y se te clavan y se te agarran al cuerpo o la espalda, o peor aun, al alma, de aquellos que te hacen sentir viejo de repente y que llegan a traición, sin avisar, ¿me explico? ¡Bah! Tú eres demasiado joven aun para entenderlo, chata.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El caso es que la noche antes de irse, Noel se pilló una borrachera descomunal. En uno de los bares a los que acudió, conoció a tres chavales. Uno era africano y los otros dos chinos o de algún país de oriente, no se sabe bien. El caso es que los tres iban tan borrachos como él. Y Noel, entre lágrimas etílicas, les explicó que se iba contento pero con pena, porque Noruega o Finlandia o Suecia, quieras que no, estaban lejos, y sufría pensando en quién se iba a encargar a partir de entonces de mimar y de obsequiar y de halagar a todos sus hijos y todas sus madres, y a todas las que podrían haber sido madres, y a todos los que podrían haber sido hijos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El negro, que por lo visto era el más espabilado o el que mejor entendía, o el que menos borracho iba, o el que más, quién sabe, le dijo que entre ellos tres se encargarían. La clase de promesa que sólo se hacen los borrachos antes de abrazarse o de echarse a llorar, o de vomitar en un rincón, o de caer inconscientes en un suelo lleno de mierda, ¿me explico?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El caso es que Noel al día siguiente se fue, pero los tres fulanos no olvidaron su promesa, no lo hicieron… Tampoco es que se mataran a cumplirla, todo hay que decirlo, pero tampoco la olvidaron, al César lo que es del César. En realidad lo que hacían, y según tengo oído, aun hacen, es juntarse una vez al año, y bien provistos de regalos proceden al reparto, casa por casa, ¿me explico?.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Uy, de Noel se han dicho muchas cosas, pero yo sólo hablo de lo que sé. Y lo que sé es que en Finlandia o en Noruega o en Suecia fue contratado por la Coca Cola, y que lleva un uniforme rojo. Por lo visto tuvo por contrato que dejarse crecer una barba espesa que le cubriera bien la cara, porque los suecos, o los noruegos, o los finlandeses, no son tan dados a perdonar así como así la fealdad ajena, por más seguridad que uno tenga en uno mismo. ¿Entiendes? Son así, esa gente es así, fría. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Pero según parece él vive feliz ahí… oye, cada uno. Dicen que está gordo, y sonrosado, y relajado, y rodeado de rubias, o de elfos o de renos, yo ahí no entro. Lo que sí es cierto, y de eso doy yo fe porque lo he visto, y no una, ni dos, ni tres, sino un montón de veces, es que una noche al año, sólo una y durante algunas horas, Noel vuelve. No me preguntes cuándo, ni cómo ni porqué ni sobretodo para qué. Pero lo que es volver, vuelve.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8844204519931730030?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8844204519931730030/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8844204519931730030' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8844204519931730030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8844204519931730030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/12/la-verdadera-historia-de-papa-noel.html' title='La verdadera historia de Papá Noel'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-1409408239177878193</id><published>2010-12-13T14:26:00.000-08:00</published><updated>2010-12-14T00:41:35.511-08:00</updated><title type='text'>Soy un adicto</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mi afición a la sangre viene de lejos. Según mi madre, de bebé tan solo dejaba de llorar cuando al succionarle los pezones con fuerza, éstos sangraban en abundancia. Pero no fue hasta los siete años que me convertí en adicto a ella. Fue algo casual. Jugaba con mis amigos a ver quién era capaz de comerse una caja de chinchetas, y el más osado fui yo. A los pocos minutos, la tez se me tornó lívida, perdí el conocimiento, y mis padres me llevaron con urgencia al hospital. Me había perforado el estómago produciendo una intensa hemorragia interna. Tuvieron que someterme a una larga y compleja intervención para la que fueron precisas varias trasfusiones de sangre. No podría describir con palabras el éxtasis que sentí cuando inyectaron la sangre directamente en mis venas. Sería absurdo incluso intentarlo. Imaginad el placer más absoluto que hayáis experimentado nunca y multiplicadlo por mil. Sólo así podréis comprender lo que sentí siendo tan solo un niño de siete años, y lo que ha sido mi vida a partir de entonces.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;Me dieron el alta a las pocas semanas, y pasé a ser un alma en pena. Nada conseguía calmar mi aflicción. Las pequeñas alegrías cotidianas de un niño de siete años, como un balón nuevo o un tirachinas, dejaron de tener sentido para mí. Aquel placer experimentado, aquella dulce sensación recorriendo mi cuerpo como un escalofrío de los pies a la cabeza… nada en mi vida valdría la pena si no volvía a sentir lo que sentí en aquel hospital, nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mi madre, en un ingenuo intento de animarme, cocinaba a diario mis platos favoritos. Pero la morcilla, los pasteles de sangre y la sangre frita, lejos de consolarme, sólo conseguían reavivar la sed de sangre que sentía. Alimentarla, por decirlo así.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Con trece años me corté las venas para bebérmela, pero la experiencia no me gustó. Como consecuencia de aquel intento de suicidio, como ellos le llamaron, me internaron varios meses en un hospital. Y esos meses se convirtieron en los mejores de mi vida hasta la fecha. Me las ingenié para acceder al banco de sangre y cada día me bebía dos bolsas, a veces más. Qué delicia… Tiemblo de gusto con solo recrear las sensaciones experimentadas durante aquellos meses. Me cambió el carácter. De huraño y taciturno me convertí en un chaval alegre y optimista, que incluso bromeaba con las enfermeras. &lt;br /&gt;En ese momento de euforia estaba cuando el médico me dio el alta. Me devolvieron de golpe a la vida de insatisfacción que tan bien conocía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mi primer asesinato lo cometí a los 18 años y se produjo de forma accidental. No me considero en modo alguno una persona violenta y jamás he pretendido hacer daño a nadie, lo juro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A&amp;nbsp;pesar de que no me habían interesado nunca las chicas, aquella era especial. Se llamaba Blanca y además lo era. ¡Muy blanca! De un blanco tan transparente que las venas se le dibujaban tentadoramente como una maraña de hilos azules por todo el cuerpo. ¿Cómo mostrarle a un alcohólico la botella de whisky y pedirle que no se la beba? ¿cómo?&lt;br /&gt;Odio las historias de vampiros, Drácula y demás. Mienten. Ojala dispusiera de unos colmillos bien desarrollados y preparados para succionar la sangre de mis víctimas sin necesidad de hacer una carnicería. No es así. He tenido que ingeniármelas e ir perfeccionando mi estilo a lo largo de los años. Y con Blanca, no estuve muy fino, la verdad. Por no herir sensibilidades me ahorraré los detalles. Descanse en paz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;Después de Blanca, llegaron más, he traído una lista. Por orden alfabético: Aida, Carolina, Desireé, Elena, Esther, Irene, Lidia, Magda, María, Mónica, Silvia, … ¿sigo? Son treinta y cuatro en total. Es que la sangre envasada está muy bien, pero una vez se prueba la fresca, no se puede comparar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En fin, no sé que le vais a decir al juez. Pero yo creo que lo mejor es la verdad. Que soy un adicto, un enfermo. Que tengo derecho a rehabilitación. Vuelvo a repetir que no soy para nada un tipo violento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por cierto, ¿sabéis si en la cárcel disponen de algo así como un banco de sangre? Lo digo por ir saliendo del paso.&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-1409408239177878193?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/1409408239177878193/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=1409408239177878193' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1409408239177878193'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1409408239177878193'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/12/soy-un-adicto.html' title='Soy un adicto'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-9198838932170084976</id><published>2010-11-18T04:27:00.000-08:00</published><updated>2010-11-18T04:29:00.822-08:00</updated><title type='text'>ENAMORASTAN 50mg</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;ENAMORASTAN 50mg&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lea todo el prospecto antes de empezar a utilizar ENAMORASTAN 50mg.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El principio activo de este medicamento es la Feniletilamina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;1 Qué es ENAMORASTAN 50mg y para qué se utiliza&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se presenta en forma de comprimidos recubiertos envasados en blister de 30 comprimidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;ENAMORASTAN 50mg está indicado en:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Convivencias largas&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Monotonía amatoria y falta de imaginación&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Frialdad y falta de deseo&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Indiferencia&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;2 No tome ENAMORASTAN 50 mg:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Si considera que el enamoramiento no es importante; opina que el compañerismo, el afecto y la tolerancia son la esencia del amor, por encima de la pasión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Si considera que la estabilidad emocional es deseable a la inestabilidad que genera el enamoramiento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Si considera el enamoramiento como un estadio de enfermedad mental que genera ansiedad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;3 Efectos de ENAMORASTAN 50 mg:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Idealización y admiración de la persona amada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Atribución de cualidades positivas a la misma (incluso inexistentes) evitando la crítica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Desactivación de los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas. Optimismo. Euforia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Necesidad de cercanía de la persona amada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Incremento del deseo sexual&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Necesidad de agradar a la persona amada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;4 Posibles efectos adversos&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sudoración&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Ansiedad&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Falta de concentración&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Insomnio&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Pulso acelerado&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Taquicardia&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Celos&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Alteración de la percepción del tiempo&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Dolor o ansiedad en el estómago&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Ceguera transitoria&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Propensión al lagrimeo&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Distorsión de la realidad&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;Embarazo:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Los estudios demuestran que los hijos cuyas madres han sido tratadas con ENAMORASTAN 50mg durante el embarazo, presentan durante toda su vida un cuadro agudo de complejo de Edipo, por lo que no es recomendable su uso durante el embarazo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El uso de ENAMORASTAN 50mg puede propiciar embarazos no deseados. Tome siempre precauciones si no desea procrear. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;Si olvidó tomar ENAMORASTAN 50 mg&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tome su dosis normal la siguiente vez. No tome una dosis doble para compensar dosis olvidadas. Puede provocar libido descontrolada y paranoia enamoratoria severa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;Duración del tratamiento:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vitalicio, aunque se recomienda que a partir de los 70 años se reduzca la dosis para evitar posibles problemas cardíacos derivados de la intensa actividad sexual que ENAMORASTAN 50mg propicia. Su médico le informará.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;15/09/2020&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Después de veintidós años de investigación, y numerosos ensayos clínicos, hoy por fin ha visto la luz el fruto del trabajo de toda mi vida. ENAMORASTAN. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se comercializa en sobres, píldoras o parches, que van descargando dosis de enamoramiento a diario. Está especialmente indicado en parejas de larga duración que han transformado la pasión, el fuego y el deseo por un tibio compañerismo, afecto fraternal y tolerancia, que aunque sin duda son cualidades apreciadas en el amor, por sí solas generan monotonía, desinterés e insatisfacción. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;ENAMORASTAN devolverá la pasión a miles de matrimonios. El mundo entero explosionará en una bomba de enamoramiento: calles pobladas de gente eufórica, que sonríe y se besa sin parar. Parejas que a pesar de llevar 20 años conviviendo, aun sienten maripositas en el estómago cuando se ven y están deseando llegar a su casa para materializar el amor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Después de la vacuna contra el SIDA y de la cura contra el cáncer, este avance se ha considerado como uno de los más importantes de este siglo. Sin duda se trata de una revolución en las relaciones humanas, un descubrimiento que favorecerá al mundo en todas sus dimensiones. El fin de las guerras y el principio de la era del amor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por la polémica que ha generado, se ha comparado la aparición de ENAMORASTAN con el uso de las células madre, y es que no ha sido nada fácil que ENAMORASTAN viera la luz. Como en todo, la iglesia se opuso desde el primer momento. Pero el ámbito clerical no ha sido el único en oponerse. Numerosas asociaciones han puesto la voz en grito, tachando ENAMORASTAN de antinatural, una aberración. ¿Es acaso más natural que las parejas se separen, que las infidelidades se multipliquen, que miles de parejas convivan por costumbre o por necesidad, pero no por amor? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Nadie obliga a nadie a tomar ENAMORASTAN, pero a un precio de 10 euros la caja, ¿quién se resiste a adquirir una fuente de felicidad garantizada? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;strong&gt;15/03/2040&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;¿Deberíamos culpar al químico Alemán Otto Hahn, descubridor de la fusión nuclear, de las 150.000 muertes que provocó la bomba atómica?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;¿Se me puede culpar a mí por haber descubierto la fórmula del amor y ponerla al servicio del ser humano?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Si antaño crearon un premio Nobel especial para mí: el premio nobel del amor, hoy ciertos sectores me culpabilizan de todos los males que han acontecido a nuestra sociedad en estos últimos 20 años. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Es cierto que los primeros años de la comercialización de ENAMORASTAN fueron menos exitosos de lo previsto. Eran pocas las personas decididas a tomar el medicamento, quién sabe si por miedo a efectos secundarios imprevistos o por la influencia de las asociaciones que se manifestaban a diario en contra de él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sin embargo, a los&amp;nbsp;cinco años de salir al mercado, algunos personajes del papel couché reconocieron que sus vidas habían dado un giro de 180º grados tras introducir ENAMORASTAN en ellas.&amp;nbsp;El negocio de la prensa rosa empezó a flaquear. Los actores dejaron de enamorarse de cada compañero de reparto y sus matrimonios duraban para toda la vida. Proclamaban a los cuatro vientos que toda la felicidad de sus vidas se la debían a ENAMORASTAN.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y el producto se puso de moda. No se daba abasto en su fabricación. Tuvimos que abrir enormes fábricas en China, Tailandia, Pakistán, Marruecos, Polonia. A pesar de que se producía el producto sin descanso, la demanda a nivel mundial era tan alta, que los precios empezaron a subir, y como en todo, se creó un mercado negro de gente que compraba y revendía y ofertas por internet de falsificaciones. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Buscamos nuevas alternativas para la distribución del producto. Una inyección con capacidad de amor para 15 años. El precio rondaba los 3000 euros la inyección, pero la comodidad era innegable y los bancos ofrecían mini créditos que ayudaban a los jóvenes a adquirir el producto. Muchas parejas incluían ENAMORASTAN en sus listas de boda para garantizar una unión exitosa y duradera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mientras la demanda del medicamento no dejaba de aumentar, la productividad general a nivel mundial no dejaba de disminuir. La población no se concentraba. El mundo entero estaba deseando concluir con sus jornadas laborales para poder encontrarse con sus parejas. Los investigadores no ponían todo su empeño en investigar, los cirujanos no tenían las cabezas puestas en los bisturís, los errores humanos se multiplicaron, la ciencia se estancó. Los cimientos de nuestra sociedad empezaron a tambalearse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Los embarazos no deseados aumentaron en un 200%, y es que en el estado de euforia que provoca el enamoramiento, muchas parejas se olvidaban de utilizar métodos anticonceptivos. Los divorcios se redujeron en un 90%, así que los abogados matrimonialistas tuvieron que especializarse en otros campos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Es cierto que la crisis económica actual es feroz, que la capacidad adquisitiva de las familias ha disminuido en un 40% debido a la falta de productividad de las empresas. Muchas familias viven cerca del umbral de la pobreza, y a pesar de esta realidad en principio desoladora, las encuestas son claras: nunca antes la población ha sido tan feliz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Esa felicidad se palpa en las calles, se traduce en las canciones. Han dejado de escribirse canciones de desamor. Nadie las entiende.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Nadie salvo los que hoy me juzgan. Son pocos y se creen con la verdad. Han intentado por todos los medios retirar el producto del mercado. Son ex consumidores de ENAMORASTAN amargados, algunos naturistas que nunca lo han aprobado, y sobre todo la iglesia. Nos odian, nos envidian. Nuestra felicidad les hiere. Pero nunca, nunca podrán retirar ENAMORASTAN de nuestras vidas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-9198838932170084976?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/9198838932170084976/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=9198838932170084976' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9198838932170084976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9198838932170084976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/11/enamorastan-50mg.html' title='ENAMORASTAN 50mg'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5419781377243002103</id><published>2010-10-16T14:35:00.000-07:00</published><updated>2010-11-11T08:42:18.815-08:00</updated><title type='text'>El genio de la lámpara. Versión II</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Era un día cualquiera de junio. Una tarde soleada. Estaba yo sentada en la parada del autobús, leyendo con entusiasmo uno de los libros de autoayuda que siempre me acompañan: “Cómo convivir con la diabetes y ser feliz”, cuando un genio escapado de una lámpara se sentó a mi lado. Era un genio calvo,&amp;nbsp; con la cabeza muy brillante, de cuerpo musculoso y mirada pícara. Olía a especias: a canela y a clavo mezclados con azahar, con un ligero toque de almendra amarga. En seguida conectamos. Me explicó que estaba pasando unos días de vacaciones en Barcelona, y yo le aconsejé algunos rincones que no se podía perder. Él, guiñándome un ojo, me ofreció que le pidiera un deseo, uno cualquiera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Quiero dejar de ser diabética —le dije sin dudarlo—.Quiero poder comerme una caja de donuts entera. Odio tener que pincharme a diario. Me hace tremendamente infeliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—La salud es lo más importante —replicó sabiamente el genio—.Deseo concedido. A partir de ahora podrás comer lo que quieras. Pero a condición de que el año que viene, tal día como hoy y a la misma hora, nos encontremos en este mismo banco. Me ha gustado Barcelona y me has gustado tú. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Sin esperar una réplica mía, el genio calvo se convirtió en humo, y girando&amp;nbsp; sobre sí mismo como un tornado, desapareció en la cálida atmósfera de aquella tarde de junio. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;Un año más tarde, a la misma hora, me senté en la parada del autobús, con un libro en la mano titulado “Cómo ser feliz cuando se sufre de sobrepeso” a esperar al genio calvo. Apareció al poco tiempo. Esta vez olía a piel de naranja con chocolate y pimienta negra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—No te veo muy feliz —me dijo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;—Es que no lo soy. ¿Has visto cómo me he puesto? Me he engordado &lt;/span&gt;&lt;metricconverter _moz-userdefined="" productid="25 kg"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;25 kg&lt;/span&gt;&lt;/metricconverter&gt;&lt;span lang="ES"&gt;. Además, al ser bajita se me notan más. Quisiera ser alta y esbelta. Comer y no engordar. Ser además guapa, ¡muy guapa! la más guapa de todas. Ir parando el tráfico por las calles con mi belleza. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—La autoestima es muy importante para ser feliz. Si necesitas belleza física para conseguirla, no hay más que hablar. La tendrás. Nos vemos el año que viene. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—¡Espera, espera, genio! ¿No harás que vuelva a ser diabética, verdad? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Tranquila. Los deseos, a diferencia de los descuentos del supermercado, sí son acumulables. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Dicho esto, se enrolló sobre sí mismo y desapareció. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;Al año siguiente, leía con entusiasmo “Cómo dejar de sentirte una mujer objeto”, cuando el genio se sentó de nuevo a mi lado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—¡Guau! ¡Esta vez me he superado! —me miró impresionado—. Eres una belleza, ¡guapísima!.Pero, ¿qué pasa, que no te veo feliz? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Es que la mayoría de la gente no me toma en serio. Como soy guapa piensan que tengo que ser necesariamente idiota. No sé, siento como que no se me respeta. Si fuese muy inteligente todo sería distinto… Sí, creo que si tuviera una carrera, hablara cuatro o cinco idiomas y tuviera un buen trabajo, de esos interesantes, seguro que todo cambiaría. Sería feliz. Seguro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—La inteligencia y el sentirse realizado en la vida es fundamental, en eso estoy de acuerdo. ¿Tienes algo en mente? ¿Alguna profesión en concreto? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—No, me da igual. Me dejo sorprender. Si puede ser que me de dinero —le dije con una sonrisa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—-Está bien, el año que viene me cuentas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;Pasó de nuevo un año, y volví a sentarme en el mismo banco, desconectando un móvil que no paraba de sonar, mientras terminaba unos informes que tenía que presentar al día siguiente. De mi bolso asomaba el libro “Cómo superar la adicción al trabajo”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Vaya, veo que la profesión que te busqué te ha gustado, ¿eh?. Pero no sé por qué, sigo sin verte feliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Es verdad, no lo soy. Aunque me gusta mi trabajo, me absorbe tanto que no me da tiempo para las relaciones personales. Quisiera tener más tiempo para ampliar el círculo de amistades, salir más. Tengo mucho dinero y me falta tiempo para gastarlo. El dedicar todo mi tiempo a mi profesión me hace infeliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Es que no se debe exagerar —me aconsejó—. Te concedo más tiempo y más amigos. Pero compagínalo con todo lo demás, si no, el año que viene seguirás siendo igual de infeliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Y dicho esto, el genio hizo el amago de marcharse. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Espera, genio, espera —le retuve yo—… ya que estamos, ¿puedo pedir algo más? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Afirmó con un gesto de cabeza. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Pues verás, es que también me gustaría encontrar el amor. Quisiera encontrar a un chico sensible y apasionado. Inteligente, culto, sincero y cariñoso. Buen amante, que sepa cocinar y que sea detallista. Que entienda de vinos y de música. Que le guste leer, tenga imaginación, sea divertido, caballeroso, optimista. Que me haga reír siempre y pueda hablar con él de todo. También que sea guapo, aunque no demasiado, que no quiero que me haga sufrir. Que me traiga el desayuno a la cama y que sea deportista. ¡Ah! y si puede ser, que sea argentino o venezolano. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—¿Y ya está? —me preguntó el genio levantando una ceja, con cierta ironía. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Bueno, pues ya que estamos que sepa tambien tocar la guitarra —añadí yo, pues siempre me han gustado los chicos que saben tocar la guitarra. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio me miró, y con un gesto de cansancio mezclado con impaciencia me dijo: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Está bien, lo tendrás. No sé de dónde lo voy a sacar, pero lo tendrás. Ahora tengo que decirte&amp;nbsp;que el año que viene ya no voy a volver. Te he dado mucho, y Barcelona como destino turístico me empieza a cansar. He encontrado unas ofertas buenísimas para el Caribe, y me apetece cambiar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;En mi mirada se debió reflejar la decepción que sentía porque el genio se dulcificó. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Vamos… ahora tienes salud, eres guapa, inteligente, con un buen trabajo, tienes dinero, muchos amigos, y te vas a casar con un hombre perfecto. ¿Qué más puedes pedir? No creo que me necesites más. De todas maneras, volveré dentro de siete años, a ver qué tal te va. Disfruta de todo lo que tienes, y sé feliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Se despidió de mí con&amp;nbsp; un beso en la mejilla y desapareció dejándome su aroma a té con menta anclado en las fosas nasales durante un buen rato. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;Siete años después, el genio me encontró en el mismo banco, esta vez desaliñada y ojerosa, con el pelo y la ropa sucia, un Tetra brick de vino Don Simón medio vacío al lado y un libro en la mano: “Cómo recuperar las riendas de tu vida y ser feliz”, ese era el título. El genio me miró alarmado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—¿Qué ha pasado? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Me eché a llorar. El genio se sentó a mi lado y empezó a acariciarme el pelo. Me ofreció un pañuelo. Cuando por fin me calmé me soné con fuerza y empecé a hablar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Todo era demasiado perfecto, genio. Demasiado. Nunca me pasaba nada. Tenía un marido tan enamorado, tan entregado, tan bueno, tan solícito, &amp;nbsp;que en vez de gustarme me irritaba. Y fuera de casa lo mismo. En el trabajo ni un solo conflicto, todo felicitaciones, y promociones y aumentos de sueldo. Con mis amigos relaciones perfectas. Tenía tiempo para dedicarlo a mí misma y además dinero. Tenía todo lo que quería y de alguna manera no era eso lo que quería ni lo que me hacía feliz. Empecé a aburrirme. Mucho, muchísimo. Sí, mi vida me parecía asquerosamente aburrida y predecible, sin sentido. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio me miraba expectante. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—El caso es que como tú ya no estabas para ayudarme, decidí introducir por mi cuenta una variable nueva en mi vida. Un pequeño divertimento, un pasatiempo sin demasiada importancia que me diera vidilla. Me busqué un amante. Y ya que estaba, pues no a uno cualquiera, me busqué a uno cabrón, al más cabrón que encontré, para que así me tuviera siempre en vilo, en estado de alerta y tensión, ¿entiendes? No sé, adrenalina pura, pensé que tal vez eso sí me haría feliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio suspiró. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Mi marido perfecto se enteró y de pronto me demostró que podía dejar de serlo en cualquier momento. Me echó de casa y tuve que irme a la de mi amante. Éste me acogió no sin antes pedirme tres meses de alquiler porque su casera estaba a punto de echarle. Después desapareció y durante dos semanas no supe nada de él. Cuando volvió empezó a tratarme con desprecio. Se traía a casa a una colombiana llamada Yurena a la que&amp;nbsp;yo tenía que cederle la cama. Y un día, así, como si tal cosa, me pidió que me fuera. Más amable que de costumbre me explicó que desde que le habían dado los resultados de las venéreas ya no era el mismo y que deseaba empezar una vida nueva. Sin nada que le recordara su pasado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;Paré un segundo la explicación y le eché un buen trago al Tetra brick. Un poco más animada, continué. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Entonces, como no tenía dónde ir, pensé en mi amiga Elena. Fui a su casa y como no me abrió la puerta, utilicé la llave que me había dado para casos de emergencia. Me la encontré desnuda retozando con mi ex marido en el sofá. Perdí los nervios y la llamé puta mientras la arrastraba por el comedor de los pelos. La muy perra me denunció por allanamiento de morada y agresión. Dice que al arrastrarla se golpeó un ojo con el pico de la mesa y que ha perdido un 30% de visión periférica. Estoy a la espera de que salga el juicio. El resto de nuestros amigos, extrañamente, se posicionó de su parte y todos dejaron de hablarme. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio buscó otro pañuelo y empezó a secarse el sudor de la frente. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—¿Algo más? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Bueno, sí… con tantos problemas es posible que dejara de rendir en el trabajo. Estaba algo desconcentrada, con la cabeza en otra parte… Mi jefe me recriminó un día en una reunión que le había entregado un informe tarde y con datos erróneos. Yo, que desde hacía algunos días no podía caminar bien por un sarpullido que me había salido en los genitales, perdí la paciencia y le dije que antes de dirigirme la palabra se lavara los dientes, y le llamé cerdo o pajillero, no sé, no me acuerdo bien, delante de todos. Me echaron y me quedé en la ruina. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Pero tendrías dinero ahorrado, ¿no? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Sí, pero es que en ese momento lo único que conseguía evadirme de esa vida tan perra que me había tocado en suerte, era el bingo y las tragaperras. Lo perdí todo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio me miraba y negaba con la cabeza con un gesto de incredulidad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—Además el sarpullido iba de mal en peor, en poco tiempo se convirtió en una ampolla enorme y dolorosa que explotó y que me dejó los genitales en carne viva. La herida no se curó bien y la infección se me pasó a la sangre. Estuve ingresada al borde de la muerte durante dos semanas. Al salir del hospital me vi en la calle y sin nadie a quién recurrir. Me dio por beber. &amp;nbsp;He sobrevivido gracias a pequeños hurtos,&amp;nbsp; primero a extranjeros y después a viejas. No me mires así, que de algo tenía que vivir. Estaba contando los días que faltaban para que volvieras a solucionarme la vida y encontrar la manera de hacerme por fin feliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio se quedó observándome muy serio y en silencio durante un par de minutos. Yo continué. Estaba desatada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;—El caso es que yo lo que quiero ahora es volver a aburrirme, ¿entiendes? Volver a tener un marido asquerosamente perfecto. Un trabajo ideal, dinero, amigos… todo, todo lo de antes. Ya me encargaré yo de entretenerme coleccionando abanicos o montando aviones de guerra. En serio, quiero aburrirme. Quiero volver a mi vida anterior, lo necesito para ser feliz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;El genio me miró sin decidirse a intervenir. Estuvimos así un par de minutos. Después se levantó y empezó a caminar en círculos a mi alrededor. Se encendió un cigarrillo y le dio dos caladas muy profundas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;—Mira —me dijo por fin—.Mientras me explicabas tu situación me he sentido algo culpable. Al fin y al cabo soy yo quién te dio salud, belleza, inteligencia, trabajo, amigos y &amp;nbsp;amor. ¿Soy yo entonces el responsable de tu infelicidad?—le dió una&amp;nbsp;nueva y&amp;nbsp;profunda calada su cigarrillo—.Pero después lo he pensado mejor—continuó—. Cuando no tenías todos esos dones, los anhelabas. Cuando los tuviste, te estorbaban. Cuando poco a poco y uno a uno los has perdido por el camino, me pides que te los recupere. ¿Tengo cara de imbécil?—me preguntó mirándome a los ojos, y me dio la impresión de que la pregunta iba en serio. Negué enérgicamente con la cabeza.—.Acéptalo—continuó—. Te dé lo que te dé, estarás siempre amargada.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Y ante mi estupor se enrolló sobre si mismo como un tornado y se evaporó en el aire dejando tras de si una desagradable estela de azufre y vinagre, tan intensa, que me revolvió el estómago y me hizo vomitar sobre el libro de autoayuda que sostenía.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: inherit;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div _moz-userdefined=""&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5419781377243002103?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5419781377243002103/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5419781377243002103' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5419781377243002103'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5419781377243002103'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/10/el-genio-de-la-lampara-version-ii.html' title='El genio de la lámpara. Versión II'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-1930108705787550265</id><published>2010-10-11T03:54:00.000-07:00</published><updated>2010-10-11T03:54:08.870-07:00</updated><title type='text'>El joven Al Piste y su malograda plantación de orégano</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Al Piste nació en Milwaukee en 1924. A la edad de 23 años se trasladó al oeste de Oklahoma para hacerse cargo de una plantación de orégano. No se fue solo, le acompañaron sus hermanos Ed, Pete y Nate Piste. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El modo en el que Al Piste obtuvo la plantación de orégano al oeste de Oklahoma es confuso. Algunos dicen que se la ganó directamente a Phil Jefferson en una partida de cartas amañada. Otros opinan que a cambio de la plantación, Al Piste vendió a su única hermana a un buscador de oro procedente de Montana, que a su vez le había vendido la hermana a Phil Jefferson.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lo único cierto y comprobable es que en octubre de 1947, Al Piste se instaló con sus tres hermanos en el rancho de la plantación, y que vivieron en paz hasta el verano de 1949. Ese año, el 14 de junio para ser exactos, Désireé Malou, una joven apetecible, se plantó en el porche donde los hermanos dormitaban, tiró su petate al suelo, y con marcado acento francés dijo “me llamo Désireé Malou y vengo a quedarme”. Acto seguido y como si aclarara en algo el asunto, añadió “soy artista”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A los hermanos Piste una torcida y casi imperceptible sonrisa les asomó bajo el bigote. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Le cedieron la mejor habitación y Al Piste construyó de inmediato un pequeño orificio en la cámara del baño para poder observarla. Empezaron los problemas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Primero fueron pequeñas discusiones entre los hermanos por lo injusto del reparto de los tiempos de observación establecido por Al Piste, en el que éste salía siempre beneficiado. Después, cuando Désireé Malou había adquirido ya cierta confianza y se duchaba con la puerta abierta, el motivo de disputa entre los hermanos fue decidir quién de ellos la haría por vez primera mujer. Desconocían los hermanos Piste que de tal tarea ya se había encargado muchos años atrás un tal Antonin Diot, al que el hecho de haber perdido los dos brazos y las dos piernas en la guerra, no le había resultado de ningún impedimento. Después, la pequeña Désireé Malou, que por aquel entonces no contaba con más de doce años, se había dedicado a confirmar y reconfirmar cientos de veces su feminidad en un prostíbulo a las afueras de Paris. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Pero estos datos los hermanos Piste no los conocían, y se hubieran retado en duelo con cualquiera que se los hubiera facilitado, así que las disputas por la virginidad de Désireé Malou se fueron encrudeciendo. Una tarde se sentaron a hablar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Al Piste dijo que sólo a él le correspondía desflorarla, primero por ser el mayor, y segundo por ser el legítimo propietario, o casi, de la plantación de orégano de la que todos vivían.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Ed Piste, que compartía con los cerdos no solo el color rosado de la piel, sino también el de los dientes, dio un golpe sobre la mesa, maldijo su estampa y dijo que él había renovado el sistema de riego de la plantación y ganado así su derecho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Pete Piste, que desde que había llegado a la plantación había sustituido la marihuana por el orégano mezclado con nuez moscada, dedicó a sus dos hermanos una sonrisa estúpida y después les pidió que se abrazaran mientras él iba a clavarle su estirpe en las entrañas a esa mujer. Se levantó, dio cuatro pasos tambaleantes y se cayó al suelo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Nate Piste, que por lo que se sabe era homosexual y hubiese preferido desflorar a cualquiera de sus hermanos antes que a esa francesa calentorra, disimuló un poco y dijo “!prímer, prímer!” y después se fue al rancho de Klaus Leffers a ver cómo éste domesticaba a un caballo a pecho descubierto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;No llegaron a ningún acuerdo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por su parte, Désireé Malou, que tal y como ya había advertido a su llegada, era artista, necesitaba practicar su arte a diario, y éste consistía en bailar semidesnuda unas danzas que había aprendido en Kenia, donde uno de sus tantos amantes la había llevado años atrás. Los hermanos Piste la observaban absortos, sin comer, sin dormir, sin apenas hablar, exceptuando, claro está, a Nate Piste, que tampoco lo hacía, pero por motivos más relacionados con el torso de Klaus Leffers que con el de la bella francesa. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Las cosas empezaban a torcerse y el verano se presentaba largo, caluroso y seco. El más largo, caluroso y seco de todos los que se había conocido hasta la fecha. La falta de atención de los hermanos Piste a los asuntos cotidianos de la plantación fue letal. Descuidaron el riego y el orégano se secó en&amp;nbsp;sus matas. Se empezaba a gestar la tragedia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El 24 de agosto de 1947 las temperaturas alcanzaron los 46ºC. Esa noche Klaus Leffers se dirigió al rancho de los hermanos Piste para observar él también a escondidas, como era su costumbre, a la deseable Désireé Malou. Completamente hechizado por sus espasmódicos movimientos, tiró la colilla de su cigarro al suelo y sin poder resistirse a la magnética atracción que sentía, entró en la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En el exterior, la colilla prendió en una mata que ardió y se propagó a gran velocidad por toda la plantación. Cientos de hectáreas fueron pasto rápido de las llamas y quedaron arrasadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mientras, en el interior de la casa, un delicioso, embriagador y afrodisíaco humo procedente del incendio se coló por las ventanas. Los hermanos Piste, alentados por una Désiree Malou que bailaba y los contemplaba enardecida e incitante, se miraron entre si y supieron en ese instante lo que había que hacer. Klaus Leffers, para deleite de Nate Piste, también participó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A la mañana siguiente encontraron a seis cuerpos carbonizados y unidos entre si, formando la extravagante figura de un candelabro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-1930108705787550265?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/1930108705787550265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=1930108705787550265' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1930108705787550265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1930108705787550265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/10/el-joven-al-piste-y-su-malograda.html' title='El joven Al Piste y su malograda plantación de orégano'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-6271312491031401329</id><published>2010-09-21T06:02:00.000-07:00</published><updated>2010-09-21T06:04:44.584-07:00</updated><title type='text'>Consulta médica</title><content type='html'>.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Siento molestias en un costado. No es un dolor fuerte ni insoportable, pero sí constante, y por lo tanto molesto. Decido ir al médico. Opto por la mútua que pago desde hace años y que gracias a dios nunca utilizo. Como no sé qué medico puede ser el apropiado para revisar un dolor en el costado, decido que uno general ya me sirve. Busco en el libro de médicos asociados los más cercanos a mi casa, y de entre todos ellos escojo el que más rabia me da. Doctor X le vamos a llamar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Decido pedir hora por teléfono. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Diga?—me responde una voz de mujer&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Estoy llamando al doctor X?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—mmm ah, hum, sí, esto sí, pero es que el doctor ahora mismo no está. Déjeme su tlf y ya le llamará.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—No, no, si era solo para coger hora, no hace falta que me llame.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Sí, sí, él le llama, él le llama para darle hora. Déjeme el número que él le llama.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Le doy mi número. A los cinco minutos me llama el doctor X.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Hoy a las 5 puedo visitarla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—De acuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A las 5 me planto en la dirección que aparece en el libro. Es una casa baja, y la puerta es muy, pero que muy vieja. Miro para confirmar el número por si me he confundido, pero no, a mano izquierda hay un letrero de chapa muy brillante donde aparece escrito “Doctor X” junto con su número de colegiado. No me dejo impresionar por la puerta, y aunque me parece todo un poco extraño, pico al timbre y me responde el mismo el doctor X.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Quién es?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Tenía hora a las 5.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¡Ah, pasa, pasa!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y me abre. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Entro y una bofetada de olor a puro me deja completamente aturdida. Me recuerda a las comidas familiares en casa de mi tío Juan. Camino por un pasillo largo adornado por grandes fotos de niños vestidos de comunión de hace lo menos 30 años. A mano derecha me encuentro con lo que sospecho se trata de la sala de espera. Está completamente vacía y amueblada con unos sofás de piel marrón oscuro antiquísimos llenos de polvo. Me quedo unos instantes dudando en el pasillo, y cuando ya estoy dando media vuelta para largarme, se abre una habitación al fondo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Pasa, xata, pasa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Paso. Entro en una consulta que parece sacada de una peli de posguerra. Hay dos camillas, una a cada lado, y en cada una de ellas, aparte de la sábana “blanca” que las cubre, hay dos cojines de terciopelo granate para apoyar la cabeza. El suelo enmoquetado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El doctor X, un hombre muy amable de unos 70 años, me abre una ficha manualmente. Sobre su mesa se superponen un montón de libros, papeles, bolis, fichas, un cenicero. Le explico lo del dolor en el costado, y el buen hombre me formula las típicas preguntas, desde cuándo, si estoy por menstruar, etc. Cuando he terminado de responder la última, el doctor X se levanta, se acerca a una pica, saca de dentro una escupidera amarillenta y me la ofrece. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Mira xata, me haces un pipi aquí y ahora vuelvo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Miro al hombre mientras proceso la información. Tengo que hacer un pipi en una escupidera amarillenta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Eh, um, eh… a ver, es que acabo de hacer uno en casa antes de salir y no tengo ganas, no me va a salir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Ni unas gotas?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—No, no, qué va, ni unas gotas, en serio, es que acabo de hacer uno en casa, de verdad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Hacemos una cosa, xata, ahora bebes agua y después de explorarte, cuando tengas ya más ganas,&amp;nbsp;hacemos la muestra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vuelve a acercase a la pica. Sobre el lavabo hay tres vasos bocabajo. Son de un color gris entelado muy sospechoso, no sé si es de viejos, de cal o de polvo. Al mismo doctor X no le parecen demasiado limpios. Coje uno y lo mira al trasluz. Decide lavarlo. Busca una pastilla de jabón, se la pasa un poco por dentro, aclara abundantemente, lo seca con una toalla que hay allí mismo colgada y me lo ofrece lleno de agua.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Bebe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y no tengo más remedio que beber.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me pide que me tumbe en la camilla. Me tumbo y empieza con la exploración. ¿Duele aquí? ¿Aquí? ¿Y aquí? Me da cientos de golpes en todos lados. Me hace hacer abdominales levantando un poco las piernas, me coje de la espalda y me hace gestos bruscos para ver si me duele. Me golpea en los riñones. Cada vez&amp;nbsp;llevo menos ropa, pues para realizar las contorsiones que necesita de mí el doctor X es preciso una libertad de movimientos que los tejanos no me ofrecen. A favor del doctor X, no veo en su mirada rastro alguno de lascivia, el reconocimiento me parece en todo momento puramente profesional. Transcurridos ya no sé cuántos minutos de palpaciones abdominales y de gestos extraños, el doctor me pide que me ponga de pie. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Voy a comprobar si existe dismetria en tus piernas. ¿Sabes lo que es?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Le miro con estupefacción.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Diferencias entre el largo de mis piernas?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Exacto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Empieza a rebuscar en su mesa. Abre cajones y los cierra. Coje una caja grande de plástico de una estantería llena de guantes usados, jeringuillas y herramientas. Muchas se le caen al suelo. Las recoge. Sale de la consulta. Le escucho gritar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¡Maria! ¿Me has cogido el metro?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¡No!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vuelve a revisar en su caja de instrumentos. Nada, no aparece.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Al cabo de un rato, cuando el doctor X parece ya haber desistido de la idea de medirme las piernas, Maria le llama. Ha encontrado el metro. El doctor X sale de la consulta y vuelve con un metro de costura en la mano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¡Es que me quitan las cosas de su sitio!—me explica refunfuñando. Y en ese instante siento hacia ese hombre&amp;nbsp;ternura. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Acto seguido el doctor X se arrodilla, y como si pretendiera hacerme un traje, me mide las piernas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—No, xata, son las dos iguales. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Respiro aliviada, aunque en verdad el método de medición tampoco me parecía demasiado preciso. En todo caso tampoco entiendo qué puede tener que ver el largo de mis piernas con mi dolor abdominal. Pero yo no soy el médico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Me pide que me vuelva a tumbar, y vuelve a darme golpes por todo el cuerpo. No me duele nada más que un costado, un lugar muy preciso que el doctor X tiene perfectamente localizado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Qué tal con el pipi, cómo vamos? ¿Necesitas más agua?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En décimas de segundo decido que prefiero mear en una escupidera&amp;nbsp;antes que beber más agua.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Bien, bien… unas gotas seguro que saco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—No necesito más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se va y aprovecho para hacer unas fotos de la consulta con el móvil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Ya está?—me pregunta desde fuera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—No, no, ya le aviso yo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Rebusco en mi bolso y lamento no ser de esa clase de mujeres que llevan toallitas húmedas. Ni siquiera un paquete de clinex, que de eso sí suelo llevar. No tengo&amp;nbsp;nada a&amp;nbsp;mano y me da asco coger la escupidera con los dedos. Barajo la posibilidad de utilizar la toalla con la que el doctor X secó mi vaso, pero mi empatía hacia un futuro paciente sediento me frena. Le arranco una hoja a una libreta que sí llevo en el bolso y con ella pongo la escupidera en el suelo. Me pongo de cuclillas y echo cuatro gotas. Aviso al doctor X. Entra satisfecho y recoge mi muestra sin guantes ni nada. La pone de nuevo dentro de la pica. Busca en una caja, y de ella saca una tira. La sumerge en mi pis y compara los colores de la tira con los de la caja. Me mira satisfecho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Tienes un poquito de infección. No es nada. Te voy a mandar una medicación y en diez días te vuelvo a ver.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—¿Infección?— digo yo— si no tengo síntomas...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El doctor X coje la tira que había dejado encima del lavabo y la caja con los colores. Se los lleva a su mesa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Ven xata, te lo enseño. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Doy media vuelta y me pongo a su lado. La tira gotea sobre la mesa y la receta que me estaba haciendo, pero al doctor X no parece preocuparle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Mira los colores, todos son iguales a los de la caja menos en los leucocitos que cambia un poco. ¿Lo ves? eso es infección. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lo veo, lo veo. Pero lo que no me queda tan claro es que la infección sea mía y no del que meó antes que yo en la escupidera.&amp;nbsp;Da igual, no voy a replicar. Estoy deseando salir de ahí, regresar al 2010, y&amp;nbsp;sobretodo huir de la peste a puro. Me pide la tarjeta de la mútua. Se la doy, sale de la consulta y vuelve a entrar. Me la devuelve. Me ofrece después la receta, un poco húmeda. La cojo por una esquina y el doctor X me acompaña a la salida. Me estrecha la mano sonriente, me mira a los ojos y me dice con mucha seguridad “Te veo en 10 días. Esto no es nada, xata”. Extrañamente vuelve a inspirarme ternura.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-6271312491031401329?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/6271312491031401329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=6271312491031401329' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6271312491031401329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6271312491031401329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/09/consulta-medica.html' title='Consulta médica'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-6162338808981215807</id><published>2010-09-02T10:00:00.000-07:00</published><updated>2010-09-02T10:13:06.468-07:00</updated><title type='text'>Mi Joaquín</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sí, antes que conmigo, mi Joaquín estaba casado con la Marijose. Pero yo no le robé el marido, que la gente tiene mucha lengua. A ver qué culpa tiene una de ser más vistosa. Y no sólo ya más vistosa, sino más de mi casa, más limpia, más mujer. Que yo no es por criticar, que bien sabe dios que pena me da de decirlo, que a fin de cuentas es mi hermana, pero la Marijose ha sido siempre muy puerca. ¡Pues no llevaba a mi Joaquín con el cuello de las camisas marrones! Marrones, marrones los llevaba, que a mí me daba hasta fatiga de verlo.&amp;nbsp;Que se las cambiara a diario, decía, que ella no estaba para quitarle la mierda a nadie, que se duchara. Y todo por no frotar, que frotar, no frotaba. No, no, la Marijose no frotaba, eso seguro. Que tengo yo a mi Joaquín, que el pobre me sufre de digestiones fuertes, y cuando se vino a mi casa estuve dos días enteros lavando calzoncillos, de lo puercos que los traía, que asquito daba de verlos. ¡Nuevos se los dejé! Más blancos que la nieve. Claro, frotando, frotando. Ea. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y a mí porque no me gusta hablar, que si hablara. Llegaba mi Joaquín deslomao del trabajo, todo el día en la fábrica rompiéndose los cuernos, y no se encontraba, angelico mío, ni con la cena puesta. Que le había dado por estudiar, a la Marijose, qué te parece. A ver la falta que le hacía, a la vejez viruela. Si con lo que ganaba mi Joaquín y con lo poco que ganaba ella cuidando viejos ya les daba para llevar una familia adelante. Administrándose una, claro, a ver. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Uy, y que nadie le llamara la atención a la Marijose, que menuda era. Una noche llegó mi Joaquín del bar y ni un vaso limpio se encontró la criatura. Y ya ves tú, que de la rabia misma al hombre se le escapó una&amp;nbsp;bofetada, pero floja, que aquello ni le pudo doler ni nada. ¡Bueno! ¡Para qué! ¡Pues no cogió la Marijose la plancha y se lió a planchazos! Molida a cardenales le dejó la espalda, para haberle roto la espina, que el pobre cuando llueve aun se&amp;nbsp;resiente. Dos días tuvo que pasar en la cama. Y la Marijose amenazando, que a la próxima la enchufaba. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Que no digo yo que sea mala, que la Marijose mala no es, pero es que en esa casa no se sabía bien quién era el macho, te lo digo yo. Y todo porque mi Joaquín es muy noble, que de noble que es, como digo yo, parece tonto. Que mi Joaquín será bajito y ella más basta que unas bragas de esparto, pero a fin de cuentas es un hombre, y un hombre siempre es un hombre. ¿No te parece? Ea.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Así que si la gente quiere hablar, que hable. Que yo, aparte de ser más vistosa, que no es por nada pero a mí siempre me lo han dicho, que soy más vistosa, llevo mi marido y mi casa como dios manda, que gusto da de verlos. Y si les da por decir que a la pobre Marijose su hermana le robó el marido, pues que lo digan. Que lo hubiera cuidado mientras lo tuvo, ¿no te parece?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-6162338808981215807?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/6162338808981215807/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=6162338808981215807' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6162338808981215807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6162338808981215807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/09/mi-joaquin.html' title='Mi Joaquín'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7396762477556334941</id><published>2010-07-22T06:28:00.000-07:00</published><updated>2010-07-22T06:29:07.557-07:00</updated><title type='text'>Friskies González</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que sucediera lo del tren, había dos cosas en la vida que Friskies González odiaba. Por una parte estaban los perros de todas las razas, tamaños y colores, y por la otra, el verano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lejos de lo que un lector perspicaz pueda haber ya barruntado, el hecho de que Friskies González tuviera nombre de comida para perros, no guardaba relación directa con su odio hacia los canes. Si bien no podría decirse que Friskies González llevara su nombre con orgullo o con alegría, (y ni tan siquiera con resignación), Friskies González se consideraba ante todo un hombre justo. Y su justicia le indicaba que los únicos responsables del lastre que le suponía su penoso nombre, eran, por una parte su madre, y por la otra, el hijo de perra del funcionario que accedió a registrarle. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Para poder entender bien por qué dejó de odiar a los perros Friskies González&amp;nbsp;después de que sucediera lo&amp;nbsp;del tren, es incuestionable, y estarán todos de acuerdo conmigo, (tanto los lectores más perspicaces como aquellos más bien limitados), que es fundamental esclarecer el motivo por el que los odiaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Bien, allá va: Friskies González odiaba a los perros, y atiendan bien a esto que es importante, porque en verano, cuando el calor apretaba y Friskies González sentía (como cualquier hijo de vecino) la necesidad de liberar sus pies de la prisión de los calcetines y de los incómodos zapatos invernales, sus impulsos se veían refrenados por la habitual y abundante presencia canina en las vías públicas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La primera pregunta que se hará el lector, es por qué y de qué modo unos inocentes perros podrían impedir que Friskies González utilizara unas veraniegas y fresquitas sandalias, o incluso unas chanclas, en sus habituales paseos vespertinos. He aquí la respuesta: todos los perros, sin excluir uno, al ver, o para ser más exactos, al olfatear los pies semidesnudos de Friskies González, se lanzaban en manada a chupárselos, dejándoselos la mayoría de las veces en un deplorable estado, cuando no en carne viva. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;¿Y por qué venían los perros de todas las razas, tamaños y colores a chuparle los pies a Friskies González? Para que esta cuestión quede también perfectamente aclarada y pueda por ende comprenderse lo que sucedió aquel día en el tren, vamos a tener que retomar el tema del origen del nombre de Friskies González (y perdonen que me extienda, pero me parece pertinente y necesario). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Comenzaremos por explicar que la madre de Friskies González era estéril de nacimiento, y que tenía además una tienda de comida para perros a las afueras de la ciudad. Quédense con estos dos datos, en principio sin relación directa, porque son la clave para comprenderlo todo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Un día, estaba la madre de Friskies González en el almacén de su tienda organizando las latas de comida en función de sus ingredientes, cuando un desafortunado golpe de viento hizo que la puerta del almacén se cerrara dejándola atrapada por dentro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Dado que era temprano y aun no había abierto el establecimiento al público, y dado que la madre de Friskies González era una persona solitaria, sin familiares, ni amigos, ni apenas conocidos que la echaran de menos, nadie se molestó en buscarla. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La madre de Friskies González sobrevivió durante 47 días con sus respectivas noches en el almacén de su tienda alimentándose a base de comida para perros de la marca Friskies.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Podría ser éste, qué duda cabe, un motivo más que suficiente para ponerle a su hijo el nombre de la susodicha marca. Existe sin embargo un motivo de aun más peso. Porque, ¿cómo es posible que Friskies González fuera concebido por parte de su madre, siendo ésta, tal y como ya se ha dicho que era, estéril de nacimiento? Tiene relación directa con la reclusión y con el rescate y sobretodo con la marca de comida para perros Friskies. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La cosa es que la madre de Friskies González se cansó de gritar auxilio sin obtener respuesta aproximadamente el día 28 de su cautiverio. Para el día 34 ya había perdido la razón, la noción del tiempo y el poco entendimiento que tenía (no se había mencionado antes por ser irrelevante, pero la madre de Friskies González no era una persona especialmente lúcida). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Así los hechos, la madre de Friskies González hubiera muerto por inanición tan pronto se le hubiera acabado el suministro de carne enlatada, pienso y suero canino, de no haber sido por la brillante intervención en el devenir de la historia del señor Camorro González. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Camorro González era un indigente que vivía frente a la tienda de comida para perros de la madre de Friskies González. Dado que la noche del día 47 del encierro hacía un frío de perros, (valga la redundancia canina) Camorro González decidió guarecerse en algún sitio, y la tienda de la madre de Friskies González, aparentemente abandonada, le pareció el lugar apropiado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Así pues, Camorro rebuscó en su carrito hasta encontrar un serrucho con el que se dirigió a la tienda para serrar con él la persiana metálica. Después de trabajar con ahínco durante más de tres horas, Camorro González no había conseguido ni siquiera arañarla. Hay que decir que la idea de Camorro González de serrar una persiana metálica con un serrucho era un poco gilipollas, y que cualquiera con un par de dedos de frente lo hubiera entendido mucho antes, pero es que Camorro González, para qué engañarnos, tampoco era especialmente lúcido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El caso es que Camorro, cabreado tras su infructuoso esfuerzo, dio rienda suelta a su naturaleza violenta y le propinó una patada a la persiana, que subió del impacto sin ningún tipo de problema, poniendo de manifiesto que siempre había estado abierta, bajada, pero abierta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Camorro González entró en la tienda, abrió la caja registradora y se guardó en los bolsillos dos billetes de mil pesetas y todas las monedas que encontró. Acto seguido inspeccionó con detalle el local hasta que se encontró con la puerta del almacén. Al abrirla, la imagen de la madre de Friskies González tumbada en el suelo, sudada, desnuda, rodeada de latas de comida, de sacos de pienso y excrementos, le sorprendió y excitó a partes iguales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por su parte, la madre de Friskie González, que como ya se ha dicho antes había perdido el día 34 de su reclusión sus pocas entendederas, interpretó en su delirio que Camorro González era un enorme pastor Alemán que venía a rescatarla, y se dejó lamer (y otras cosas que el buen gusto y el decoro nos impide detallar) por Camorro González.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Cuando se descubrió que la madre de Friskies González había quedado en cinta tras ese encuentro, los médicos, maravillados por el prodigio del embarazo de una mujer estéril de nacimiento, determinaron que la alimentación a base de comida para perros Friskies, por su alto contenido en hormonas, había jugado un papel fundamental en la consecución del milagro. A raíz del suceso, unos conocidos laboratorios farmacéuticos se interesaron en el tema, y se abrió una línea de investigación cuyos resultados conocen ustedes ya de sobras, y no veo por tanto la necesidad de que los expliquemos aquí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El caso es que la madre de Friskies, quién sabe si porque estaba aun un poco perturbada por su encierro, o porque había adquirido la costumbre, o porque realmente le parecía sabrosa, decidió continuar con su dieta a base de comida para perros Friskies durante todo su embarazo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A los nueve meses nació por fin Friskies González, un niño sano y alegre, y con la particularidad de que el sudor de sus pies (que por cierto era muy abundante) le olía a comida para perros Friskies. “Mutación glandular” explicaron los médicos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Como supondrán, el hecho de que todos los perros se abalanzaran en manada sobre los pies de Friskies González cuando éste los exponía al aire libre en verano, era algo desagradable, molesto y doloroso, y es por tanto de justicia admitir que Friskies González estaba en su pleno derecho a sentir cierta animadversión hacia los canes. Asimismo, hay que admitir también como un hecho totalmente natural, que esa animadversión, mantenida y prologada en el tiempo se transformó en odio, que es lo que efectivamente Friskies González sentía, antes de que sucediera lo que sucedió en el tren. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y ahora sí, puestos ya en antecedentes, vamos por fin a relatar qué fue lo que sucedió en el tren, aunque es muy probable que los más avispados ya lo intuyan. Efectivamente, a Friskies Gonzalez lo asaltaron en un tren de cercanías, a la altura de Bellvitge, una noche en que volvía a su casa después de echarse unos bailes en “El Imperator” con una mujer a la que el aliento le olía (y mucho) a boquerones en vinagre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Dame la cartera, el medallón de oro que llevas puesto y las bambas— le dijo el atracador, un hombre de unas uñas muy largas, que empuñaba una navajilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Friskies González miró a su alrededor rápidamente, y vio que la única persona que podía ayudarle en tal trance, dormía ajena a todo el asunto al fondo del vagón y estaba además acompañada por un perro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Te doy la cartera, pero no me pidas ni el medallón ni las bambas —intentó negociar con humildad Friskies González.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;—Venga coño, que estoy muy loco, he dicho que el medallón, la cartera y las bambas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Grandes lágrimas rodaron entonces por las gruesas y crujientes mejillas de Friskies González. El medallón, que por cierto no era de oro, era el único recuerdo que le quedaba a Friskies de su padre Camorro González, tristemente fallecido en una reyerta callejera. Sabía además, que al quitarse las bambas, el perro del fondo le atormentaría hasta el final del trayecto chupándole los pies hasta dejárselos sangrando. Y nada le garantizaba que ese atracador, con lo loco que estaba, después de darle lo que le pedía pensara dejarle con vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sin embargo, Friskies González obedeció sin rechistar. Le dio la cartera, le entregó el medallón no sin antes besarlo varias veces, y acto seguido se descalzó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Ese fue el preciso instante que cambió el rumbo de la vida de Friskies González. La perra del fondo, Kuky, al olerle los pies a Friskies, se lanzó a la desesperada para chupárselos, arrasando con todo lo que se le puso por delante, es decir, al atracador de las uñas largas y la navajita, que cayó al suelo golpeándose en la nuca y falleciendo instantáneamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Así fue como Friskies González entendió que el olor de sus pies no era un lastre sino un don divino que le había salvado la vida. Ese olor, más que un olor, era un arma que a partir de aquel momento pensaba utilizar cada vez que fuera necesario para impartir justicia por el mundo. Acababa de nacer el super héroe del que sin duda habrán oído hablar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Después de ponerse de nuevo las bambas, Friskies González le pegó una pequeña patada con la punta del pie al atracador para comprobar que realmente estaba muerto, besó el medallón y se bajó en la siguiente parada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7396762477556334941?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7396762477556334941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7396762477556334941' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7396762477556334941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7396762477556334941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/07/friskies-gonzalez.html' title='Friskies González'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7881468559346159409</id><published>2010-07-14T02:45:00.000-07:00</published><updated>2010-07-14T02:45:09.846-07:00</updated><title type='text'>El hombre gris que camina despacio</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris que camina despacio, se ha embutido de mala manera todas sus miserias en las tripas. Para disimularlo, se ha provisto de una chaqueta de ante marrón que le queda grande.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Al hombre gris de la chaqueta de ante marrón se le acaban de mojar los calcetines al pisar un charco. Ahora tiene los pies fríos además de las miserias molestando a la altura del bazo. Mientras camina, todas las farolas de la calle se le reflejan en la calva, que brilla como recién lustrada con aceite de oliva.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris de los pies fríos y la calva brillante, acelera el paso hasta llegar al bar de la esquina, donde se sienta en la barra. Una mujer beige que esa misma tarde se ha embutido —una por una y bien dobladas— todas sus desilusiones a la altura de los glúteos, se sienta a su lado. Para redirigir las miradas al frente cuando camina, se ha provisto de un wonderbra que realza unos pechos que desde hace ya un tiempo siente resecos y vacíos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris entabla una conversación con la mujer beige. A su lado, unas risas vulgares y ruidosas se entremezclan y entorpecen la comunicación. El hombre gris no se desespera. Habla sin parar, como resarciéndose, subiendo el tono cuando es preciso para hacerse escuchar. La mujer beige escucha sin interrumpir pero sin sacarse en ningún momento la cabeza de los glúteos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Deciden beber tequilas y chuparse el uno al otro los limones. A la mujer beige los tequilas le ponen de mal cuerpo, pero se lo calla. El hombre gris tiene la tensión alta y no le conviene abusar de la sal, pero también se lo calla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris, con la boca ya pastosa de tanto hablar, se plantea si es el momento adecuado de dar un paso adelante. Con un leve tartamudeo le propone a la mujer beige una última copa en su casa. La mujer beige acepta la proposición sin entusiasmo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El apartamento del hombre gris está pintado en colores pastel: melocotón, rosa y amarillo claro. La mujer beige encuentra algo de contradictorio en que un hombre gris con una chaqueta de ante marrón haya pintado sus paredes en colores pastel, y se lo dice. El hombre gris admite que antes de marcharse con el hombre dorado, fue su mujer, perdón, su ex mujer, la que decidió la coloración de las paredes. Y una intensa punzada se le clava en las tripas, que ahora, con más empeño que nunca, se tapa con la chaqueta de ante marrón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris tiene Baylis, tiene coñac, tiene orujo y tiene whisky barato en su mueble bar. La mujer beige se decide por el Baylis y le da dos tragos largos. Al momento piensa que antes de los tequilas se ha bebido dos coca-colas. Se imagina que le explota el estómago en el apartamento del hombre gris. No es la primera vez que la mujer beige se imagina muerta, pero nunca de un modo tan violento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris bebe whisky barato y se sienta junto a la mujer beige. Sigue hablando sin parar, enlazando un tema con otro de manera automática. Sabe que si esa noche quiere prosperar, deberá quitarse la chaqueta. La mujer beige olvida las coca-colas y sigue escuchando. Empieza a ponerse nerviosa. Es consciente de que cuando la cosa prospere deberá quitarse los pantalones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris deja por fin de hablar, suelta el vaso en la mesa y la besa. Sabe a madera húmeda, a humo y a whisky barato. A la mujer beige no le desagrada. Ayuda al hombre gris a quitarse la chaqueta de ante marrón que cae al suelo de mala manera. El hombre gris se detiene y la recoge, la dobla con sumo cuidado y la deposita sobre el sofá. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris y la mujer beige se van a la cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre gris le echa la culpa a los tequilas, al whisky barato y a los nervios. La mujer beige dice que no importa, pero busca con urgencia sus pantalones debajo de la cama, detrás de la butaca, sobre el sinfonier y en el lavabo, donde ni siquiera ha entrado. Los busca mezclados con la ropa de él, entre unos calcetines mojados. No aparecen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Al hombre gris le entra fresco y se levanta a por su chaqueta. Recuerda exactamente dónde la depositó con cuidado y bien doblada. No la encuentra. Da varias vueltas por el comedor, se bebe el whisky que le quedaba al vaso, ya aguado, y se arrepiente intensamente de habérsela quitado. Con sus miserias al descubierto, el fresco no tarda en transformarse en frío. Maldice. Tiembla. Le da una patada al sofá, pero sin fuerzas, como si quisiera comprobar que está vivo. Al momento se arrodilla y sin quererlo, sin apenas notarlo, estalla en llanto. Llora, primero con suavidad, después con rabia, poco más tarde con miedo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La mujer beige observa al hombre gris llorar desnudo y arrodillado, con la luz de la lámpara reflejándose en su calva brillante, y no sabe definir lo que siente, aunque ternura podría ajustarse bastante. Duda un par de segundos y después se le acerca silenciosa por la espalda. Se arrodilla, le abraza. El hombre gris se agarra a esos brazos con fuerza e intensifica su llanto. Contagia ahora a la mujer beige, que siente también sus desilusiones, una por una, dolorosas y punzantes a la altura de sus glúteos. Poco a poco, el hombre gris va entrando en calor. Sabe que ya no va a poder ocultar su dolor bajo la chaqueta de ante marrón, y lo acepta. La mujer beige le ayuda a levantarse y se vuelven juntos a la cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7881468559346159409?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7881468559346159409/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7881468559346159409' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7881468559346159409'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7881468559346159409'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/07/el-hombre-gris-que-camina-despacio.html' title='El hombre gris que camina despacio'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-6524073276852760322</id><published>2010-05-30T04:11:00.000-07:00</published><updated>2010-05-30T08:39:04.218-07:00</updated><title type='text'>El robo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;Ruego que me disculpen por mi lenguaje y por el modo atropellado y sin sentido con el que es muy probable que me exprese. Doy por sentado que sabrán comprender que mi nerviosismo y mi desconcierto no son otra cosa que el producto de mis lamentables circunstancias. Hubiese preferido escribir mi historia en lugar de dejarla grabada en este magnetófono, pero créanme si les digo que escribir en estas condiciones se hace una tarea harto difícil. Antes de que empiecen a hacer conjeturas, quisiera de una vez por todas aclarar los hechos. El jueves, cuando desperté en el pabellón, descubrí con amargura que mis manos se habían convertido en unos pies. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Perdonen que se me quiebre la voz, aun estoy sensibilizado con el tema. [pausa dramática]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Como les decía, mis manos se han convertido en unos pies. Sospecho que son los pies de otro. No. De hecho estoy completamente seguro: son los pies de otro. Yo siempre he sido una persona en extremo cuidadosa con la higiene y con el acicalo de mis pies, y éstos en los que se han convertido mis manos están llenos de callos. Las uñas que yo siempre luzco perfectamente recortadas, cuadradas y brillantes, son ahora largas, duras y negruzcas, como las garras de un gavilán. Y están cargadas de mierda. Perdonen que me deje llevar por este lenguaje soez tan impropio de mi persona; siempre me he tenido por un hombre prudente y moderado. Pregúntenle a mis conocidos, si acaso tras estas manifestaciones y exabruptos ponen ustedes en duda mi serenidad. [respiración entrecortada]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Les sigo explicando antes de que se me acabe el tiempo. Estos pies, de la talla 44, aparte de haberme convertido en un perfecto inútil incapaz hasta de rascarse, huelen mal. Los he lavado una y otra vez e incluso he probado con un tratamiento desodorizante en polvos que he aplicado generosamente sosteniendo el frasco con los dientes. Pero nada mitiga este olor a queso rancio y a vinagre. Lo que antes habían sido unas manos exquisitas y primorosas, sensibles y particularmente dotadas para el arte del amor, (según han coincidido todas las prostitutas con las que he alternado), ahora se han convertido en unos asquerosos y antiestéticos pinreles. Y pido disculpas una vez más por la vulgaridad de mis expresiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El caso es que estos pies, aparte de hediondos, son horribles. Feos, desgraciados, con los dedos completamente descompensados y ridículos, deformes, semejantes a patatas podridas. Si por lo menos fueran estilizados y finos, limpios y femeninos, flexibles y sonrosados como sabrosas llescas de pan recién horneado, tal vez fuera posible encontrar una solución, aceptar este hecho con natural resignación y seguir adelante con mi vida. Adaptarme. Pero es que no he tenido esa suerte. De entre todos los pies posibles me han tocado los peores. ¡Mierda! [patada al escritorio]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La hipótesis que barajo es el robo. Alguien me ha robado las manos y me ha dejado sus asquerosos pies como venganza. O quizás se trata de un desafío, o de una advertencia. O de alguien que, completamente desequilibrado, ha querido mandarme un mensaje del exterior que yo no soy capaz de descifrar. Porque ha sido alguien del exterior, eso es seguro. Anoche revisé una por una todas las literas, destapando y quitándoles los calcetines con la boca a todos mis compañeros, incluidos a los de pabellón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Esta vez no es como las otras. Mis manos pueden estar por ahí, en cualquier sitio, sometidas, obligadas, prostituidas, limpiando culos ajenos, realizando tocamientos indeseables a tipos indeseables, ¿no lo entienden? No sabemos a manos de quién han ido a parar…¡Tienen que ayudarme a salir de aquí cuanto antes para rescatarlas y deshacerme de una vez por todas de esta lacra que suponen estos asquerosos y fétidos pies!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Se acabó el tiempo. La doctora Fernández se acerca. Sospecho por su actitud indolente que puede estar involucrada en el caso. Ayúdenme, yo… [fin de la grabación]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-6524073276852760322?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/6524073276852760322/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=6524073276852760322' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6524073276852760322'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6524073276852760322'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/05/el-robo.html' title='El robo'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8283765760240251192</id><published>2010-05-04T08:36:00.000-07:00</published><updated>2010-05-04T08:42:25.183-07:00</updated><title type='text'>La flor de Hans Craywinckel</title><content type='html'>Hans Craywinckel nació con una flor en el culo. No estamos hablando de que Hans Craywinckel tuviera mucha suerte, ni de que Hans Craywinckel naciera con una amapola brotándole con timidez o porqué no, con descaro, del esfínter anal. No, la cosa es más sencilla: Hans Craywinckel nació con una mancha en forma de margarita estampada en las nalgas. Al verlo, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los tres posibles padres de la criatura, fueron a pedirle cuentas a Hanna Mc Wilkinson, madre de Hans Craywinckel. "¡A ver si este niño va a ser de Hans Mc Morrison!", dijo Hans Mc Queen indignado, y fue secundado por Hans Mc Jrondemor y por Hans Mc Denauer. Lo cierto es que motivos para desconfiar no les faltaban. Hans Mc Jefferson se había encargado de difundir sin que le temblara la voz, que Hans Mc Morrison (vecino de otra comuna), tenía una mariposa de iguales o muy similares características adornándole la espalda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si cabía posibilidad alguna de que Hans Craywinckel fuera hijo de Hans Mc Morrison, eso es algo que Hanna Mc Wilkinson se llevó a la tumba. Pocos días después del nacimiento de Hans Craywinckel, Hanna Mc Wilkinson interpretó (a causa de un mal viaje), que el río era una plancha y ella un pincho moruno, y pereció ahogada.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer olvidaron sus resquemores y se hicieron cargo de la crianza de Hans Craywinckel. Observaron sorprendidos y embelesados (a la vez que orgullosos), cómo los pétalos del pequeño Hans Craywinckel cambiaban de tonalidad en función de su estado de ánimo o de salud. Un tono rojizo significaba enfado, uno amarillo gases, uno marrón heces, y así hasta completar la tabla cromática. &lt;br /&gt;Por motivos de comodidad, Hans Craywinckel creció desnudo. Y como es natural, su flor se fue desarrollando y expandiendo, transformándose de una pequeña margarita similar a una flor de manzanilla, a un enorme girasol que exhibía con orgullo a la edad de 25 años. Fue&amp;nbsp;entonces cuando descubrió de forma casual que con su flor podía predecir el futuro. La cosa sucedió más o menos así: estaba Hans Craywinckel arrodillado buscando un pedazo de chocolate que se le había caído, cuando Hanna Mc Guggenheim se le acercó por detrás. “¿Crees que lloverá hoy?”, le preguntó por preguntar, buscando entablar conversación. Hans Craywinckel, obcecado como estaba en encontrar su chocolate, no escuchó la pregunta formulada por Hanna Mc Guggenheim. No así su flor, que no se limitó tan solo a escucharla, sino que además la respondió. El habitual tono blanco de sus pétalos se tornó durante un par de segundos en uno verde y brillante. Incrédula, Hanna Mc Guggenheim repitió “¿Crees que lloverá hoy?”. Y la flor, sin dudarlo un segundo, respondió de la misma forma. Hanna Mc Guggenheim, entre sorprendida y admirada, formuló entonces una nueva pregunta. “¿Van a cazar algo hoy Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas?”. La flor respondió tiñéndose de rojo. “¿Va a encontrar lo que busca Hans Craywinckel?”, siguió preguntando emocionada Hanna Mc Guggenheim. Y la flor repitió el último color, el rojo.&lt;br /&gt;Aquella tarde, Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas volvieron a la comuna empapados por una inesperada lluvia torrencial y sin un triste ñu que llevarse a la boca. Hans Craywinckel se quedó sin fumar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noticia corrió como la pólvora. En poco tiempo la flor de Hans Craywinckel fue conocida en todos los estados del país. Hans Craywinckel se fabricó unas rodilleras con dos cocos, y se dispuso a atender a las cientos de personas que procedentes de los lugares más peregrinos, a diario se presentaban en la comuna para conocer qué les deparaba el futuro. A cambio de un oso hormiguero, un mapache, un ñu o cualquier otro tipo de vianda, la flor de Hans Craywinckel decía si sí o si no. O rojo o verde. Un sistema de adivinación limitado, es cierto, pero menos es nada.&lt;br /&gt;La comuna se convirtió a partir de ese momento en la más rica del país. Tantas eran las consultas, que para no perder el tiempo Hans Craywinckel se acostumbró a dormir arrodillado. Comía arrodillado, se reproducía arrodillado, fumaba arrodillado, lloraba arrodillado y su única distracción era contar hormigas y hacer bolitas con las cacas de los perros, que por algún extraño motivo, abundaban a su alrededor. Si Hans Craywinckel pensó en algún momento que su vida era una mierda, eso es algo que no vamos a desvelar aquí. &lt;br /&gt;Lo que sí vamos a decir es que un día, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los padres de Hans Craywinckel se pusieron a la cola, y sin que se sepa porqué, formularon una pregunta dañina, perniciosa, funesta, destructiva. Una pregunta que les llevaría a tocar el infierno con las yemas de los dedos. “¿Somos nosotros tus verdaderos padres?”. Tras medio segundo de tensa espera, la flor se tiñó de color sangre.&lt;br /&gt;Aquella noche los padres de Hans Craywinckel se cogieron de las manos y atados a varias piedras se tiraron al río, donde fueron devorados por las alimañas acuáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hans Craywinckel murió de la pena, arrodillado. No obstante, su flor siguió funcionando, así que le enterraron con los glúteos a la vista. Aún hoy, cientos de personas peregrinan hacia la comuna de Hans Craywinckel con objeto de conocer qué les deparará la vida. Ésta sigue siendo la región más rica del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La moraleja de toda esta bonita historia basada en hechos reales, (por si alguien con algún tipo de problema o retraso aun no la ha pillado), es que a veces es preferible nacer sin una flor en el culo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8283765760240251192?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8283765760240251192/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8283765760240251192' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8283765760240251192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8283765760240251192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/05/la-flor-de-hans-craywinckel.html' title='La flor de Hans Craywinckel'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-1826517046578535378</id><published>2010-04-09T11:07:00.000-07:00</published><updated>2010-04-10T09:22:12.512-07:00</updated><title type='text'>La prima Elvira</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sentado en las escaleras de casa de su madre, vio una golondrina salir del nido, una mariposa alzar el vuelo, y una lagartija reptar por la pared. ¿O era una salamanquesa? No llevaba las gafas puestas así que entrecerró los ojos para enfocar mejor. Si se trataba de una salamanquesa corría el riesgo de que ésta le escupiera en los ojos y le dejara ciego. Se estremeció. Ya estaba perdiendo la visión a marchas forzadas con cada tocamiento impuro que se hacía, así que lo único que le faltaba era que un asqueroso reptil le agilizara el proceso. Se levantó de las escaleras y entró en su casa dejando a la salamanquesa (o lo que fuera) reptando por la pared. Mientras caminaba hacia su cuarto, la voz del padre Anselmo retumbó en su mente. Sus advertencias sobre la salud visual y sus enemigos eran claras, y además certeras. Justo un año antes le habían puesto gafas, y dos meses atrás se las habían tenido que volver a graduar. Realizó un pequeño cálculo mental, y determinó que al ritmo que iba no le quedaban ni tres años de vista. Cerró los ojos y caminó a tientas varios metros para recrear el que sería su futuro. La cómoda del pasillo frenó su avance de un golpe esquinero en los testículos. Aulló del dolor y le propinó una patada al mueble. Ser ciego era mucho peor que haber nacido sin piernas, peor que no ser capaz de controlar los esfínteres, peor que perder todos los dientes de una pedrada. Maldijo su naturaleza endeble y decidió que nunca más volvería a tocarse. Unos solos segundos buenos, (por muy buenos que fueran) no se merecían un precio tan alto. Y él no era ningún insensato. Pero es que era pensar en su prima Elvira y las manos se le iban. Solas. Sin querer. Ahora mismo, sin ir más lejos, plantado frente a la cómoda que acababa de patear, contempló el retrato en blanco y negro de su prima. La camisa abultada por sus generosos pechos puntiagudos, su cintura breve, sus caderas anchas, su sonrisa ladeada de labios carnosos y brillantes. En su mente la vio caminar contoneando las caderas, escuchó su risa, el sonido de sus tacones, y recordó la vez en el entierro de su tío Paco, en que ella le había abrazado llorosa, restregándole suavemente los pechos por toda la cara. Sintió el inminente deseo de encerrarse en el lavabo con el retrato en la mano. Se debatió un par de segundos y decidió que una sola vez más, (la última) no iba a ser la que le dejara ciego. Y como ciertamente ya llevaba gafas, lo mismo daba media dioptría de más, que media dioptría de menos. Se escondió el retrato bajo el jersey y se dirigió al lavabo. Estaba ocupado por su hermano Palmiro. Mierda. Repasó una a una todas las alternativas. En su habitación era imposible, su madre podía entrar con una pila de ropa recién planchada en cualquier momento. La cocina no la contemplaba, demasiado trasiego. La habitación de sus padres no había ni que mencionarla. En ella un enorme crucifijo con un Jesucristo de rostro adolorido y ensangrentado presidía la estancia, acompañado por una estampa del rostro del padre San Patricio de los Caños Amargos en tamaño natural,&amp;nbsp;cuya mirada era escrutadora y amenazante. A ver quién era el listo que se atrevía. ¿Y en el jardín? ¿Detrás de un seto? No, el jardín daba a la cocina, si alguien se asomaba le podía ver. Además hacía frío, y el frío en estos asuntos no era un aliado. Siguió con su repaso mental. En la sala de estudio estaría el repelente de su hermano Cesáreo. Sólo le quedaba el despacho de su padre. Sí, porqué no. El despacho de su padre era una buena opción. Toda la familia tenía prohibida de forma tajante&amp;nbsp;la entrada, incluida su madre. Y aquel día su padre no estaba, habría ido al juzgado. Caminó con sigilo por el pasillo, sujetando por encima del jersey el retrato. Abrió la puerta (que chirrió más de lo que él había previsto), y de puntillas entró en el despacho. Cerró la puerta. La habitación le pareció más pequeña de lo que recordaba, aunque seguía siendo un despacho imponente, amueblado con enormes estanterías de roble repletas de hileras de libros marrones y rojos, todos iguales. Se sentó en la butaca de piel de su padre. Dio un par de giros con ella. Sacó el retrato y lo depositó sobre la mesa. Antes de entrar en materia, fantaseó un poco. Se imaginó con diez años más y propietario de un despacho como aquel. Se imaginó a su prima Elvira llamando a la puerta con timidez. Pasa Elvira, diría él. Y ella entraría vestida tan solo con una combinación. He dejado a Alfonso, le anunciaría. Siempre te he deseado a ti, Leocadio, desde aquel día en el sepelio, no he pensado en otra cosa. Hazme mujer, le imploraría con la voz desgarrada por el deseo. Y de un movimiento certero conseguiría deshacerse de la combinación, que resbalaría por sus curvas, deteniéndose brevemente en las caderas, donde de un golpe de pierna caería al suelo. Y él, no importando que Elvira fuera ¿cuánto? ¿diez, doce años mayor que él?, la tomaría en brazos, de un manotazo brusco apartaría los papeles, las plumas, las sentencias, y la depositaría desnuda y caliente y temblorosa sobre la mesa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No era demasiado consciente de en qué punto de la historia había empezado a tocarse, pero ya estaba en pleno proceso. Con una mano sujetaba la foto mientras con la otra se dedicaba a derrochar con entusiasmo y sin reparo un par o tres de dioptrías. Tan concentrado estaba en su tarea, tan absorto, tan atento, tan sordo, tan ciego, tan entregado, tan ajeno a todo lo que no fuera él y su prima retozando sobre la mesa del despacho, que no escuchó los pasos aproximarse por el pasillo, ni la charla de su padre con su prima Elvira sobre la herencia que estaban gestionando, ni el chirriar de la puerta al abrirse, ni los vio entrar, ni pudo sospechar que lo hacían justo en el preciso instante en el que él,&amp;nbsp;explosiva, gloriosa y abundantemente, se dejaba ir sobre el retrato en blanco y negro de su prima Elvira.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Un mes más tarde, subido al autocar que le llevaba al internado de curas donde pensaban reconducirle por la senda de Dios, Leocadio se subió las gafas y apartó la vista del libro que le habían obligado a leer sobre la vida y la obra del padre San Patricio de los Caños Amargos. Se acomodó como pudo en el asiento. Aún le dolían los cintazos con los que su padre le había propinado. No sabía con exactitud qué era lo que más le había molestado al padre, si lo del retrato pringado, o encontrárselo sentado en su butaca, violando el territorio sagrado. Daba igual. Mirando por la ventanilla del autocar, pensó que nunca volvería a sentarse allí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-1826517046578535378?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/1826517046578535378/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=1826517046578535378' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1826517046578535378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1826517046578535378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/04/la-prima-elvira.html' title='La prima Elvira'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-852428556756386864</id><published>2010-03-30T00:34:00.000-07:00</published><updated>2010-03-30T00:34:39.000-07:00</updated><title type='text'>Insurgencia I</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Uno de ellos me masajeaba un pie con las manos impregnadas en Vicks Vaporub. El frescor alpino traspasaba con eficacia la planta del pie, se enredaba con lentitud detallista en mi enmarañado canal de venas y capilares, ascendía minucioso, juguetón, liviano, se detenía a investigar en mi rodilla, continuaba con su lenta peregrinación hasta la pelvis, con un par de espasmos conseguía infiltrarse en los riñones, proseguía repasando los contornos del hígado, del estómago, del corazón, hasta aterrizar en mis pulmones, donde, transformado ya en aire polar, acariciaba mi garganta, tropezaba con mis dientes y se envolvía en mi lengua, de donde arrancaba un sordo suspiro dirigido a otro de ellos, a uno que a mi izquierda recitaba con calma el capítulo siete de “Rayuela”. Un tercero caminaba con un vinilo en la mano que empezó a crepitar segundos después. La trompeta de un tal Miles Davis (según pude leer en la carátula) explosionó salpicando con sus ondas sonoras toda la habitación. Yo cumplía 18 años aquel día, y tumbada en aquella camilla, envuelta en sensaciones, podía por fin comprender el motivo por el que los libros, la música, el contacto físico y los hombres habían sido prohibidos 50 años atrás. Eran demasiado placenteros, demasiado peligrosos para el régimen que había sido instaurado tras la revolución.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-852428556756386864?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/852428556756386864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=852428556756386864' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/852428556756386864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/852428556756386864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/03/insurgencia-i.html' title='Insurgencia I'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-2536258215120596778</id><published>2010-03-26T05:53:00.001-07:00</published><updated>2010-03-26T08:18:41.897-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrelatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amores amoríos y otras desgracias semejantes'/><title type='text'>El abecedario</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/S6yyjqQL7sI/AAAAAAAAAVs/weWUT31klTA/s1600/abc.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" nt="true" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/S6yyjqQL7sI/AAAAAAAAAVs/weWUT31klTA/s320/abc.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Yo pienso A pero me da un poco de vergüenza admitirlo, así que digo B. Tú interpretas que he dicho B&amp;nbsp; pero lo que&amp;nbsp;quería decir&amp;nbsp;de verdad era C. Te enfadas y dices D en lugar de A, que es lo que ibas a&amp;nbsp;decir. Yo escucho D y me alegro de no haber dicho A. Suelto con mucha naturalidad E, y te noto crispado. Tú escuchas E y me empiezas odiar. Sólo para joderme dices F. Escucho F y me da tanta rabia que te escupo una enorme G&amp;nbsp;a la cara, con la única intención de que se te clave&amp;nbsp;bien en las entrañas. Tú escuchas G y no puedes crees que&amp;nbsp;yo&amp;nbsp;sea la misma persona a la que le hubieras dicho A.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Nos mandamos a la mierda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-2536258215120596778?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/2536258215120596778/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=2536258215120596778' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2536258215120596778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2536258215120596778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/03/el-abecedario.html' title='El abecedario'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/S6yyjqQL7sI/AAAAAAAAAVs/weWUT31klTA/s72-c/abc.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3784340684557146240</id><published>2010-02-18T01:45:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:51:39.488-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>La redistribución</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Que nadie se lleve a engaños. Lo mío es la redistribución de productos, algo que nada tiene que ver con el robo. Y esto no lo digo yo, esto lo dice la real academia de la lengua:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Robo: m. Apropiación indebida de algo ajeno contra la voluntad de su propietario, especialmente si se realiza con violencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Redistribución: f. Hecho de distribuir algo de nuevo o de forma diferente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Creo que con esto queda suficientemente aclarada cuál ha sido la naturaleza de mis actividades. Aunque he de decir —si se me permite la opinión—, que la real academia no se ha lucido a la hora de definir una palabra con tantos matices como “redistribución”. Por no mencionar que jamás se debe utilizar una palabra de la misma raíz para definir otra, eso es algo que se aprende en primaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Obviando el talento definitorio de la academia, (o más bien su defecto) y sin ánimo de hacer demasiado hincapié en el tema, sí quisiera resaltar los dos puntos que me alejan por completo de ser una vulgar y triste ladrona: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;1) Yo nunca me apropio indebidamente de algo ajeno en contra de la voluntad de su poseedor, porque éste nunca se percata de que me lo estoy apropiando. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;2) No utilizo la violencia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y sin embargo sí me encargo de distribuir los productos de una forma nueva, diferente a la que estaba prevista. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lo mío en el negocio se puede decir que es algo vocacional. Entré en el mundo de la redistribución hace ya más de veinte años. Queda feo que yo misma lo diga, pero ya de niña mostré una visión para el negocio poco común, yo diría que extraordinaria. La primera ocasión para demostrarlo me la proporcionaron los cromos de “Candy Candy”. En todos los álbumes de cromos (y en esto creo que no estoy descubriendo la pólvora), siempre hay dos que nunca salen. En éste en concreto eran los cromos 42 y 87. Para triunfar había que tenerlos, y para tenerlos había que comprar muchos, muchos cromos. He aquí un error básico de planteamiento. Según la real academia: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Comprar: tr. Adquirir, hacerse dueño de algo a cambio de dinero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Apropiar: prnl. Tomar para sí alguna cosa haciéndose dueño de ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Descubrí que era mucho más inteligente hacerse dueño de algo mediante la apropiación que mediante la compra, y me dispuse a llevar a la práctica aquella feliz revelación. En poco tiempo estudié todas las papelerías de la ciudad y los métodos para agenciarme con por lo menos veinte paquetes de cromos semanales de cada una de ellas. La segunda parte del negocio consistía en revender los cromos normales a la mitad de su precio original, y los cromos 42 y 87 a cinco veces su valor. Un precio justo con el que todos salíamos ganando. Siempre he odiado la especulación, cosa que por desgracia no es demasiado frecuente en esta profesión y sea quizás el motivo por el que esta carrera sufre de cierto desprestigio en según qué ámbitos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero volviendo a mis inicios, el negocio estaba en su pleno apogeo cuando apareció Charly. Charly tenía dos años más que yo, y era un niño gordo e imbécil al que todo el mundo temía y odiaba por igual. Una tarde, al salir de una de las papelerías en las que redistribuía, Charly me estaba esperando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Quiero la mitad de lo que ganes—me dijo con su irritante voz prepúber.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Vete a la mierda—le dije yo, y seguí caminando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—O me das la mitad de lo que ganes o te pego una paliza y después me chivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—O te vas a la mierda o te saco un ojo y después me lo como—le dije.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aunque he mencionado con anterioridad que en el negocio de la redistribución no contemplo la violencia como método, he de reconocer que en otros ámbitos de la vida nunca he dudado en recurrir a ella en caso de ser estrictamente necesario. Charly debía conocer la anécdota del mordisco en la oreja que le di a una niña que me llamó ladrona, porque al mencionarle el ojo, su actitud hacia mí cambió de inmediato. Me estuvo siguiendo durante un buen rato como un perro, en silencio, comiéndose un bocadillo con la cabeza gacha, hasta que de repente me propuso con docilidad:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Podríamos trabajar juntos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Trabajo sola.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Si trabajáramos juntos podríamos ganar más. Yo entretendría a la de la tienda mientras tú robas y...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Has dicho robas?—dije yo girándome de golpe para contemplarle con la cara enrojecida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Coges, coges, he dicho coges, no robas…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Me paré, y después de reflexionar durante un par de minutos, decidí que tener a un niño con cara de imbécil entreteniendo a las dependientas podría, efectivamente, ser una buena idea. Así fue como nació nuestra sociedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ayer tuve que dejar de escribir porque Alejandro vino a visitarme. Me puso tan nerviosa que cuando se fue no quise continuar escribiendo. Si algo tengo comprobado en esta vida es que los nervios y la rabia no son amigos de la objetividad. Dejo el tema de Alejandro para más adelante, pues quisiera, sin más dilación, entrar a explicar cómo sucedieron las cosas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Como ya adelanté ayer, Charly y yo iniciamos aquel día nuestra próspera colaboración. Por supuesto Charly nunca recibió la mitad de los beneficios. Dispuse un 80-20 que era una cantidad más que razonable teniendo en cuenta que yo era el cerebro, la parte pensante, la que analizaba los negocios, la que arriesgaba. Él era un pedazo de carne sin imaginación ni ingenio del que yo disponía según las necesidades de cada operación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Nuestro negocio siguió prosperando año tras año. Nos fuimos adaptando al mercado, y a los cromos les siguieron las “Super Pop” con sus posters de Kirk Cameron, los cassettes variados, las bambas nike, los levi’s de colores, las Panama Jacks, los primeros y rudimentarios videojuegos, los walkman, en fin, toda una amplia gama de productos que suministrábamos a la mitad de su precio original y que en poco tiempo nos granjearon el respeto dentro del sector y una cartera de clientes sólida y fiel que iba en aumento año tras año.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sólo una vez estuvimos a punto de ser descubiertos, a finales de los 90. Yo debía rondar los 20 años. Estábamos Charly y yo en pleno proceso de descarga de un camión de “Converse All Stars” en el aparcamiento de una estación de servicio (modelo que por cierto he vuelto a redistribuir hace poco, y es que todo vuelve), cuando el camionero salió del restaurante mucho antes de lo previsto. Tuve que improvisar y lo único que se me ocurrió fue salir a su paso mientras Charly recogía e introducía el material en nuestra furgoneta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Este camión es tuyo?—le pregunté con una sonrisa coqueta mientras le cortaba el paso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sí —me dijo él con una voz correosa. Olía a una mezcla entre cerveza, chorizo y sudor. Tendría unos 50 años y disimulaba una calva prominente con cuatro pelos grasos y largos. Reprimí una arcada y seguí sonriendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—mmmmm….qué grande, ¿no? Me encantan los camiones grandes. Cuanto más grandes mejor, ¿sabes? —y me pasé la lengua por los labios mientras me acariciaba suavemente el escote.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Charly cargaba el material en la furgoneta delante de nosotros sin ningún tipo de reparo ni disimulo. En un momento dado, haciendo alarde de su torpeza habitual, se le cayeron varias cajas de zapatos al suelo creando un estruendo considerable, pero el camionero ni se inmutó. Siguió mirándome las tetas con la boca medio abierta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Si quieres te lo enseño por dentro—me dijo a trompicones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Con el rabillo del ojo vi cómo Charly acababa de cerrar la puerta de la furgoneta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Da igual, ya me lo imagino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y me fui. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aquel día entendí que en el mundo de la redistribución la imagen es fundamental y que puede marcar la diferencia entre un redistribuidor mediocre y otro de élite. Incorporamos y perfeccionamos la técnica del agilipollamiento, y eso nos permitió mayor flexibilidad y eficacia, a la vez que la capacidad de abrir mercado, de elaborar planes más complejos y lucrativos. Todo iba a la perfección, hasta aquella maldita noche de hace dos meses.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hace tres días que no escribo. Alejandro volvió a visitarme y volvió a insistir en lo mismo. Cada vez que viene me altera, la rabia se apodera de mí. Esta vez han tenido incluso que sedarme y he pasado aislada un día. Pero quisiera terminar de una vez de explicar qué me ha traído hasta aquí, así que voy a intentar olvidarme de lo de Alejandro y a centrarme en los hechos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Como ya he dicho utilizamos con éxito notable y sin exagerar, la técnica del agilipollamiento. También empezamos a trabajar bajo encargo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hace dos meses, un tal Fernando, amigo de un buen cliente, me encargó un Audi A8 que se exhibía en un centro comercial. Acepté el encargo y diseñé un plan que en principio no parecía albergar demasiada complicación. De manera aparentemente casual, empecé a agilipollar a Roberto, un vigilante nocturno del centro. Haciéndole sentir importante le saqué el máximo de información posible sobre su trabajo: quién más trabajaba con él, si había cambio de turno, cámaras de seguridad, alarma, si iba armado, cómo hacían para introducir un coche dentro de un centro comercial, por dónde entraba y salía, en fin, todos los detalles necesarios. Una vez comprobada que la operación era viable, convencí a Roberto de que quería ver el centro comercial por la noche porque eso me excitaba especialmente. “Como a una perra”, le dije. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En principio todo ocurrió según lo previsto: cuando entré en el centro comercial Roberto ya había tapado las cámaras como yo le había pedido, y accedió de inmediato a la sugerencia de hacerlo en el coche. Una vez dentro del coche, Roberto se lanzó a besarme. Con una mueca de disgusto me aparté y le dije que el aliento le olía a perros muertos y que en esas condiciones yo no podía continuar. “Voy a por un chicle”, dijo (buen chico, este Roberto, una lástima). “No hace falta —dije yo—. Toma, un caramelo de eucaliptus”. Roberto lo masticó con impaciencia, y al medio minuto se quedó profundamente dormido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Con dificultad bajé a Roberto del coche, y acto seguido llamé a Charly, que había estado ensayando el modo de hacer un puente porque según Roberto, las llaves del vehículo, por motivos de seguridad, nunca las dejaban en el centro. Charly no me respondía al teléfono, y teníamos tan sólo 25 minutos hasta que llegaran los dos compañeros de Roberto. Me puse nerviosa, cosa que me disgusta, me ofusca, me impide pensar con claridad. Maldije al gilipollas de Charly y el momento en que empecé a redistribuir con él. Volví a llamarle y siguió sin contestar. Volví a llamar, una vez y otra, y otra y otra más. Siempre sin respuesta. Salí del vehículo y de la misma impotencia empecé a patear el coche. Dándome cuenta, dentro de mi ofuscación, de que el coche perdería valor si lo abollaba, continué pateando lo primero que encontré, que fue el cuerpo de Roberto. No sé precisar cuánto tiempo me desahogué con él, poco, seguro, pero lo justo como para reanimarle. Cuando vi que Roberto abría los ojos desorientado, el mundo se me vino abajo. Me apoderé de su arma antes de que empezara a comprender la situación, y en ese preciso instante Charly me devolvió la llamada. “Me había entrado un apretón”, me dijo el muy gilipollas, y entró corriendo en el centro. Yo tenía controlado a Roberto, que lloraba como un niño. “No me mates, no me mates”, decía, y se acurrucaba en posición fetal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Charly empezó con lo del puente cuando tan sólo quedaban 10 minutos para que llegaran los compañeros de Roberto. Sorprendentemente lo consiguió a la primera, así que hubiéramos podido salvar el negocio si no hubiese sido porque los dos compañeros de Roberto, en un incomprensible entusiasmo por entrar a&amp;nbsp;trabajar, llegaron antes de lo previsto. Imagino que al llegar al centro de control y ver los monitores teñidos de negro y la ausencia de Roberto, llamaron a la policía y empezaron a revisar el centro. No tardaron en dar con nosotros, y ahí empezó el tiroteo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Casi veinte años de profesión. Veinte años cosechando éxitos. Copiados sin disimulo por la competencia en el sector. Envidiados, respetados. Veinte años en los que jamás he faltado a los principios básicos de la redistribución. Jamás había utilizado la violencia, jamás había faltado al código. Veinte años. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Alejandro acaba de irse. Insiste en que lo más beneficioso para mí es que me declare culpable, de más de 350 robos (están saliendo acusaciones de debajo de las piedras), y de cuatro asesinatos (incluyendo la muerte de Charly). Cada vez que Alejandro menciona “robos” o “asesinatos” me retuerzo, se me hincha la vena, pierdo la noción del tiempo, creo que los ojos van a salírseme de las órbitas. Nadie parece o quiere entender que aquello fue un accidente, no un asesinato:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Accidente: m. Suceso eventual del que involuntariamente resulta un daño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Asesinato: m. Crimen alevoso o premeditado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No lo digo yo. Lo dice la real academia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3784340684557146240?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3784340684557146240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3784340684557146240' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3784340684557146240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3784340684557146240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/02/la-redistribucion.html' title='La redistribución'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-9048858490725698998</id><published>2010-02-04T05:04:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:51:15.790-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>El coleccionista</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Tú me conociste así. Sabías que me gustaba coleccionar cosas—dijo Ernesto mientras le daba una profunda calada a su cigarrillo—.Te guste o no, soy un coleccionista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Un coleccionista?—repitió Martina con ironía—. ¿Coleccionar cosas? Perdona si cuando me dijiste que coleccionabas cosas me imaginaba que coleccionabas cromos, o chapas o mecheros o azucarillos o latas de cerveza. Perdona por pensar que coleccionabas sellos. Eso era para mí un coleccionista—dijo Martina con la cara enrojecida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Como sabrás, existen diferentes tipos de coleccionismo—contestó Ernesto con tranquilidad, mientras se llevaba el café a la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Perdona pero lo tuyo no es coleccionismo, es una guarrería.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Respétame. Yo respeto tus aficiones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Mis aficiones?—dijo Martina con los ojos muy abiertos—. Será porque nunca me ha dado por coleccionar porquerías.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Te repito que no son porquerías, que para mí son como perlas engarzadas, como retales de una vida, son… ¡Bah! No sé ni para qué me molesto en explicártelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Es verdad. No sé para qué. Ahora me dirás que lo de ayer también te parece normal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Lo de ayer fue un arrebato. No lo pude evitar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Tienes que ir a devolverla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Si no vas tú, iré yo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No serás capaz. Además ¿a ti qué más te da? —dijo Ernesto mientras aplastaba la colilla en el cenicero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Era la madre de mi amiga. No podemos ir a casa de una amiga a visitar a su madre enferma y robarle la dentadura postiza. No podemos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Pero si nadie se dio cuenta! A ver, ¿quién lo vio? Metí la mano en el vaso mientras estabais hablando... Pensará que la ha perdido en otro sitio y ya está.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—La mujer lleva postrada en la cama más de dos meses. Además, yo sí te vi.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Tú porque siempre me estás controlando. No pienso ir a devolverla. Ya la he colocado en la vitrina y es de las buenas. Una Mc krigen, de lo mejorcito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Si no vas, lo nuestro ha terminado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No puedes pedirme algo así.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—O las dentaduras o yo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No es justo. Es como si yo te pidiera que dejaras de hacer spinning.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Comparas mi spinning con ir de geriátrico en geriátrico robando dentaduras? Si tanto te gustan ¡cómpratelas nuevas!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No entiendes nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—O devuelves la dentadura y tiras todas las que tienes en tu habitación, o lo dejamos. Tú mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ernesto no respondió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿No dices nada? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ernesto siguió en silencio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Eso es lo que te importa lo nuestro, ¿verdad?—dijo Martina agachando la cabeza y llevándose las manos a la cara—. Eso es lo que me quieres. Antepones unas dentaduras de mierda a nuestra relación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ernesto ni se inmutó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sí, no hace falta que me digas nada, ni que me mires siquiera a la cara, imbécil —Martina se puso la chaqueta, cogió su bolso con rabia y se fue del bar sin decir ni adiós.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero Ernesto no la escuchó. Ernesto llevaba ya varios minutos observando embelesado la forma en la que se le movía la mandíbula a la señora que tenía en la mesa de al lado. La miraba masticar con prudencia, con el gesto contenido, con el ademán característico de las personas a las que se les mueven los dientes al morder. Por el brillo nacarado de las piezas dedujo que era de porcelana, una Tacamán de porcelana, una verdadera virguería. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Empezó a deleitarse pensando en el momento en que aquella joya ocupara el lugar que le correspondía. Uno de privilegio dentro de su vitrina.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-9048858490725698998?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/9048858490725698998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=9048858490725698998' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9048858490725698998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9048858490725698998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/02/el-coleccionista.html' title='El coleccionista'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7230634147573765937</id><published>2010-01-31T02:19:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:52:24.930-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>Cita a ciegas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Hola, tú debes ser Vanesa, ¿verdad? —le dije con una sonrisa nerviosa a la chica, o más bien a la mujer que me esperaba sentada en la barra del bar con una flor en la mano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Es que ves a alguna otra mujer con una flor en la mano en esta barra? —me respondió mientras me revisaba de arriba abajo—. Así que tú eres Ricardo, el monaguillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No… bueno, yo ya no… a ver… antes sí, pero ya no… era novicio, no monaguillo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Qué más da, novicio, monaguillo, o cura, todos iguales —me cortó—. Pídeme otro carajillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sí, ahora mismo. ¡Camarero, por favor! Sírvale a la señorita si es tan amable un carajillo, y para mí un cacaolat calentito, si no es mucha molestia. Eres una mujer muy hermosa —mentí para romper el hielo, porque en verdad debía tener por lo menos 20 años y kilos más que en la foto que me había enviado y si no llega a ser por la flor nunca la hubiera reconocido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Vaya, vaya… Así que aquí tenemos a otro enfermo salido y vicioso del chat —afirmó mientras me escrutaba con sus ojos saltones y sobrecargados de sombra azul.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No, a ver… solo aficionado, desde que hace poco dejé el seminario me gusta contactar con personas diferentes, entablar amistades…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿En un canal de sexo? —estalló en una carcajada—. Ahora me dirás que no has venido aquí con la intención de llevarme a la cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Bueno, yo no… a ver, dicho así —dije yo sin lograr articular una frase coherente—… Yo no he venido a eso, yo… además no era un canal de sexo que yo recuerde, era de amistad y de fe cristiana…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Qué pasa, ¿es que no te quieres acostar conmigo? Ahora resulta que no soy lo suficientemente buena para el puñetero monaguillo, ¿es eso? que no te gusto, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No, no es eso — me ruboricé—… es que yo… a ver… no tengo mucha experiencia en el arte del cortejo, y yo… —me estaba poniendo muy nervioso, pero a la vez no quería irme y desaprovechar la primera oportunidad real de mi vida de yacer con una mujer, por horrible que fuera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Así que sí que quieres.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Bueno, vale, pues sí, visto así…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Lo que yo decía, otro enfermo salido y vicioso del chat, por más cura que seas —dijo mientras se encendía un cigarrillo—. Mira, por ahí viene Ramón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Ramón? —pregunté yo, mientras veía acercarse a un hombre de mediana edad, corpulento, calvo, y vestido de cuero negro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Éste es el curita? —dijo Ramón a modo de presentación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sí, servidor, mucho gusto en conocerle, pero yo no soy sacerdote, yo… —dije tendiéndole la mano, un poco sorprendido aun por la aparición repentina de este amigo de Vanesa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—El gusto va a ser mío, créeme —me cortó Ramón estrujándome la mano con tanta fuerza que me pareció escuchar cómo me crujían los huesos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—El curita me acaba de confesar que se muere por echarme un polvo —dijo Vanesa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Cómo? ¿Que te quieres acostar con mi mujer, cabrón? —gritó Ramón mientras todas las cabezas del bar se giraban para contemplarnos, incluido el camarero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No, Ramón, discúlpeme, por Dios, que se trata de una confusión —dije yo temblando— yo es que no… ¡Yo no sabía que Vanesa era una señora casada! para nada he querido ofenderles, su mujer es una señora muy respetable, y sepan que yo la institución del sagrado matrimonio la respeto profundamente, yo nunca ¡nunca! intentaría llegar a la intimidad con ella…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Qué me estas queriendo decir, ¿que mi mujer es fea?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No, no…por favor, no me malinterprete, que me parece una mujer muy hermosa, y de buen gusto retozaría con ella, si no fuera naturalmente porque existe el vínculo sagrado entre ustedes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Ya sabía yo que te la querías tirar! ¡desde que he llegado aquí lo he visto claro! —dijo alzando la voz— ¡Y tienes la poca vergüenza de decírmelo a la cara! ¡Serás desgraciado! Si es que estos curas son los peores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Si me disculpan, yo es que me voy a tener que ir, que no me acordaba que tengo que realizar unos servicios, y…—dije levantándome del taburete y haciendo el gesto de pagar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Tú no vas a ninguna parte —dijo Ramón sujetándome del brazo—. Que no pasa nada, hombre, perdona mi mal carácter. Es el pronto que tengo, que me pierde…—dijo cambiando totalmente el tono—. Encima que vienes a ayudarnos con lo nuestro… Si yo ya sé que mi mujer está muy buena, y es normal que te guste. Cualquier hombre de este bar, escúchame bien, ¡cualquiera! —dijo señalando a todos los clientes del bar—, se dejaría amputar su mano derecha por tirarse a mi mujer, así que no te sientas culpable porque seas un cura, que es un instinto muy natural.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Cierto, muy cierto —dije yo, aunque dudaba bastante que nadie se dejara amputar nada por pernoctar con Vanesa, y no entendía bien su cambio repentino de actitud conmigo—. De todas maneras, yo es que me tengo que ir yendo, ¿saben? ha sido un verdadero placer conocerles, un matrimonio envidiable, de verdad…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Tú no vas a ninguna parte! —dijo Ramón—. En todo caso nos vamos los tres a nuestra casa, como estaba previsto. A ver si ahora, porque te haya gustado mi mujer, vas a dejar de cumplir con lo nuestro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Lo nuestro? —pregunté desconcertado—. No se molesten, de verdad, otro día. Si eso ya nos damos los teléfonos y quedamos tranquilamente en otro momento para tomar algo, es que hoy tengo un poco de prisa y… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Ni otro día ni hostias! ¡Vamos hoy a nuestra casa! ¡Me cago en Dios! —dijo golpeando con el puño en la barra, mientras repentinamente le cambiaba el ánimo y empezaba a sollozar—. Ya no podemos más… nos sentimos tan solos en esto... ¿es que no lo ves, que estamos desesperados? ¡te lo pido por favor! —imploró.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—De acuerdo, a ver… si se empeñan vamos a su casa a tomar algo, pero poquito rato, ¿eh? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Accedí finalmente por lástima, deseando fervorosamente que fueran una pareja muy necesitada de amistad y compañía. Por si acaso, empecé a rezar para mis adentros durante el tiempo que tardamos en llegar a su casa, no fuera que en lugar de una pura y bonita amistad, se cumplieran mis más oscuros presagios, y desearan algo muy diferente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Espérate aquí —me ordenó Ramón al entrar en su casa—. Vanesa y yo vamos a buscar los instrumentos ya que tú no has traído nada y ahora volvemos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Instrumentos? ¿Qué instrumentos? —pregunté yo asustado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—A ver, qué instrumentos van a ser. Para qué hemos venido aquí —me dijo Ramón con la fingida paciencia que se le muestra a un idiota—. Ya te lo habrá explicado Vanesa. Tú relájate, que parece que no tienes mucha experiencia en esto y he oído que a muchos les puede llegar a doler la primera vez que él intenta meterse en el cuerpo. ¿Dónde vas? ¡Cobarde! —empezó a gritar Ramón mientras yo salía disparado de la casa dispuesto a retomar mis votos, consagrar mi vida al señor y olvidarme para siempre del chat.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Ya sabía yo que no tenías lo que hay que tener, gallina! —gritaba a lo lejos Ramón, mientras yo corría desesperadamente escaleras abajo con tanta prisa y desespero que atropellé a una vecina y la tiré al suelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Lo lamento, señora, lo lamento muchísimo. ¿Le he hecho daño? —dije nervioso ayudando a levantarse a la señora—. Dios mío, señora, cuídese de sus vecinos del tercero… ¡están enfermos!…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No me diga más, ha venido usted por lo del exorcismo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Exorcismo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sí… pero no se preocupe, Ramón es un loco inofensivo… se pasa la vida buscando a sacerdotes que le ayuden a sacar al diablo de su casa —dijo la señora y de repente bajó el tono como para contarme un cotilleo—. Aunque en verdad, el único diablo que tiene en casa es a su mujer, ¿sabe? una loca enganchada a Internet que disfruta haciendo que su marido se pelee con todos los hombres con los que queda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Exorcismo! Entonces… ¡lo que se me iba a meter en el cuerpo era el diablo! —respiré aliviado—. Gracias, señora, gracias por la información y perdone de nuevo…— dije yo respirando profundamente, bastante más tranquilo que unos minutos antes aunque sin abandonar la idea de volver a la paz del seminario. Lo que me había ocurrido aquella tarde era la señal divina que tanto había ansiado, esa que me devolviera la fe y me indicara el camino. Miré al cielo, me santigüé, y di las gracias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7230634147573765937?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7230634147573765937/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7230634147573765937' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7230634147573765937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7230634147573765937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/01/cita-ciegas.html' title='Cita a ciegas'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7648503359742422004</id><published>2010-01-14T02:22:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:54:25.430-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amores amoríos y otras desgracias semejantes'/><title type='text'>Claustrofobia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Jueves 13.11.2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hoy llega tarde. Otra vez. 15 minutos tarde. ¿Se habrá dormido? ¿Será el tráfico? Apuro ansiosamente el cigarrillo. Me van a volver a amonestar. Y con esta van ya cuatro cartas este mes. Por favor, por favor… ven ya. O me voy a tener que ir. Venga, ven ya. Tiro el cigarrillo y me enciendo otro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ahí, ahí… ¡Ahí llega!. En su coche rojo. ¡Bien! Ahora entrará en el parking del edificio. Justo tres minutos para estacionar el vehículo. Pongamos cinco. Sí, justo, cinco minutos. Escucho el cloc cloc cloc de sus tacones. Un, dos, tres, cuatro… ¡Ahora!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Salgo de mi escondite con aire despistado para darme de bruces con ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Uy, perdona, ¿te he hecho daño? Con las prisas voy como loco —le digo mientras olfateo su perfume, admiro su impecable melena negra y miento con descaro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No, no te preocupes… ¡qué casualidad! Siempre nos encontramos, hasta cuando llegamos tarde —me sonríe coqueta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Entramos los dos por la puerta giratoria, como prácticamente todos los días desde que llegó al edificio, hace ya un año y medio. La empresa para la que trabaja abrió una sede comercial en Barcelona, y aun la recuerdo llegar a la entrevista con su pelo recogido, su traje de chaqueta, sus gafitas de intelectual y su sonrisa perfecta. Ahora casi siempre viene con tejanos, pelo suelto y lentillas. Y para mi desgracia, casi siempre tarde. Aunque en su oficina, a diferencia de en la mía, nadie parece molestarse por eso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Laura, que ese es su nombre, llama al ascensor mientras yo me dirijo como siempre a las escaleras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Que vaya bien —me dedica otra de sus deliciosas sonrisas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Igualmente —le digo yo con cara de idiota.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y es que en definitiva, es lo que soy. Un idiota. Un idiota incapaz de subirme en el ascensor con ella. Vamos los dos a la 6ª planta. Sin interrupciones, son 68 segundos lo que tarda el ascensor en llegar a su destino. 68 preciosos segundos. Casi 6 minutos a la semana. Casi media hora al mes. Si fuera capaz de vencer mi fobia, si tan solo fuera capaz de controlarla durante 68 segundos al día… podría preguntarle su nombre, de dónde es, qué hace. Es cierto que todo eso ya lo sé, pero quién sabe si después de 68 segundos al día durante un par de semanas me vería con valor de pedirle el teléfono, una cita, yo qué sé… 68 segundos, ni uno más, ni uno menos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Viernes 14.11.2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Llevo media hora pelándome de frío. Sólo espero por dios que hoy no llegue tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ayer mi jefe me advirtió en tono amenazante que no pensaba tolerar ni una falta de puntualidad más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Así que hoy no llegues tarde. Por favor, por favor… hoy no llegues tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¡Bien! Ahí llega. Hoy seguro que estaciona rápido. Ahí está… cloc cloc cloc, el sonido que me da la vida. Un, dos, tres, cuatro… Hoy salgo de mi escondite sin prisas, que se vea que no llego tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Hola guapa, qué tal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Hola, qué tal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y de nuevo la rutina de la puerta giratoria, el ascensor, las escaleras. Y ya está. Me quedo el resto del día soñando con ella, con su aroma, su sonrisa, sus besos…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero hoy, mientras subo las escaleras de dos en dos, me digo a mi mismo que mañana, es decir el lunes, todo va a cambiar. Voy a vencer mi miedo como sea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lunes 17.11.2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Llevo despierto desde las 5 de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Me he pasado el fin de semana practicando en el ascensor de casa. Ante la atónita mirada de varios vecinos, en chándal y con un cronómetro en la mano, me he pasado dos días subiendo y bajando en ascensor. He empezado por un solo piso, para ir incrementando a medida que iba superando las inevitables palpitaciones, los sudores fríos y los ataques de pánico. Y lo he conseguido. En total puedo soportar casi dos minutos sin inmutarme. ¡Dos minutos!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Llevo ya 5 tilas encima. Me he perfumado de los pies a la cabeza y llevo puesto mi jersey de la suerte, así que nada puede fallar. Salgo para la oficina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Joder, hoy hace frío otra vez, y seguramente aun me queda más de una hora de espera. Aunque esta vez la culpa sea mía por llegar pronto, cuando empecemos a salir, pienso establecer algunas normas. Entre ellas la puntualidad. ¡No se puede tener a una persona esperando en la calle durante más de una hora! Es cruel. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Llevo ya más de medio paquete de cigarrillos fumado, y no puedo dejar de caminar de un lado al otro, con un ojo puesto en el reloj y otro en la carretera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¡Ahí llega! ¡y son las nueve menos diez! Tiro el cigarrillo y&amp;nbsp;me peino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Hombre, ¡hola! ¡Qué sorpresa! ¡Hoy llegamos pronto los dos! —le digo de la manera más casual posible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Es verdad! ¡Ni que nos pusiéramos de acuerdo! —me sonríe.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Puerta giratoria, ascensor… y hoy me quedo a su lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Anda, ¿hoy no te vas por las escaleras? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No, hoy no tengo ganas —le digo mientras noto cómo una gota traicionera de sudor me empieza a resbalar por la frente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sí, yo nunca tengo ganas. ¿A qué piso vas? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Al sexto —le digo mientras noto mi corazón latir a mil por hora y una intensa y súbita sudoración fría empapa mi pecho.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Uy, qué gracia, yo también voy al sexto —me dice mientras presiona al 6º—. Pues te gusta el ejercicio de buena mañana, ¿eh? seis pisos cada día, estarás en forma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Ssssi, soy muy deportista yo… —balbuceo. Tengo la boca seca y me cuesta respirar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Qué bien… a mí en cambio me cuesta un montón hacer deporte. Creo que la última vez que hice algo fue en el instituto, imagínate. A mi lo que me gusta es el cine, ir a cenar con los amigos, el campo, también la playa, pero más en invierno que en verano, ¿sabes? Y el teatro, me encanta el teatro, y las novelas policíacas, y las de Stephen King, ¿las has leído? Son buenísimas. Yo es que soy muy tranquila, ¿sabes? me encanta salir a pasear, y conversar, me encanta conversar, no hay nada mejor que conversar con una compañía agradable y con una taza de café en el mano, o una de vino, o una&amp;nbsp;cervecita…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sigue hablando y hablando sin parar, pero yo ya he dejado de escucharla. Lo único que quiero es salir del ascensor de una puta vez. Ya no me importa ni su pelo, ni su aroma, ni la madre que la parió. Tan solo deseo que se abra la puñetera puerta de una vez y salir ya. Estoy mareado y las palpitaciones me dejan sin aliento. El entrenamiento no me ha servido de una mierda. Por favor, que se abra la maldita puerta ya. ¡Dios! ¡que me estoy ahogando! Que se abra ya, ¡joder! ¡No puedo respirar! Por favor, por favor, ¡que se abra ya! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El ascensor se para en la tercera planta. Dos chicas entran con sus cafés en la mano. Las empujo con fuerza derramando los cafés y salgo del ascensor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Pero qué haces, imbécil —me dice una de las chicas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Laura me mira con expresión de rabia y decepción, y fríamente responde a la chica del café:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Es que le acabo de pedir que tomemos algo juntos, pero parece que la idea le repugna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Las puertas del ascensor se cierran, y creo que hoy, por iniciativa propia, voy a llegar tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7648503359742422004?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7648503359742422004/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7648503359742422004' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7648503359742422004'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7648503359742422004'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2010/01/claustrofobia.html' title='Claustrofobia'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-2634278518691261871</id><published>2009-12-28T00:59:00.000-08:00</published><updated>2009-12-28T01:01:55.690-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrelatos'/><title type='text'>LA CATADORA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Entrecerró los ojos y recordó a su marido como cuando le conoció: delicado, equilibrado, goloso, y oliendo a madera con notas de regaliz. Para no dejarse llevar por la pena, recordó también cómo pronto se tornó áspero, avinagrado, rancio y picado. Entonces le odió y escupió al suelo, incapaz de entender que la abandonara tachándola de adicta al trabajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-2634278518691261871?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/2634278518691261871/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=2634278518691261871' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2634278518691261871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2634278518691261871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/12/la-catadora.html' title='LA CATADORA'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-2625083381520556116</id><published>2009-12-16T08:57:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:51:00.765-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>Una Xibeca</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Sytgcu6DdRI/AAAAAAAAAUs/eARCmyK9SCM/s1600-h/xibeca.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ps="true" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Sytgcu6DdRI/AAAAAAAAAUs/eARCmyK9SCM/s200/xibeca.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;(Imagen cortesía de&lt;/span&gt; &lt;a href="http://sebastiamarti.blogspot.com/"&gt;Sebas&lt;/a&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;“Tenía los ojos como chinchetas, como chinchetas brillantes, no, no, mejor, como botones, como botones, sí, eso, botones. Botones rojos pero brillantes y pequeños, ¿entiende? Como si fueran chinchetas pero con dos agujeros dentro, con agujeros, ¿entiende?”, dijo Carrasco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero el inspector Muriel no entendía nada. Volvió a insistir en si podía darle una descripción detallada del sujeto que había entrado en su casa y le había introducido una botella de cerveza de litro y medio por el recto. El tipo insistió en lo de las chinchetas, chinchetas rojas y brillantes. Muriel cerró los ojos, y empezó a masajearse las sienes con movimientos circulares. Siempre le tocaban casos de mierda. ¿Era justo que estuviera él de noche en aquel hospital, interrogando a lo que a todas luces parecía un retrasado mental, mientras a su compañero Martínez le asignaban siempre los casos de relevancia? Empezó a notar la boca seca y le pidió a la enfermera si podía traerle un vaso de agua. La enfermera le respondió si tenía ella cara de camarera, o de doméstica o de mucama, que a ver si por ser negra y mujer, iba a estar a su servicio, que era un racista y un machista de mierda, y que ojala que algún día, más pronto que tarde, le saliera una hernia en los testículos tan grande, que tuviera que empezar a transportarselos con una carretilla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Muriel, gratamente sorprendido por la reacción de la enfermera, (ya que desde siempre le habían gustado las mujeres negras y con carácter), pidió disculpas y se dirigió él mismo a la máquina dispensadora. Mientras introducía las monedas intentó poner orden al caso. Alguien había sonado al timbre de la casa del Sr. Carrasco, éste había abierto la puerta, y una persona con ojos como chinchetas, o como botones, o como chinchetas rojas y brillantes pero con dos agujeros dentro, había entrado en la casa y sodomizado a su propietario con una botella de Xibeca de litro y medio. Ante los aullidos de dolor del Sr. Carrasco, los vecinos habían avisado al portero, y éste, aun en calzoncillos, (y sucios, había detallado la vecina del 8º, aunque ese dato carecía de relevancia para la investigación), había subido al piso del damnificado con un manojo de llaves en la mano. Después de probar por lo menos con diez de ellas, habían conseguido entrar en la casa. El Sr. Carrasco había perdido la consciencia, se encontraba bocabajo sobre la mesa del comedor, con una dorada y reluciente botella asomándole por el culo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Muriel no le encontraba el sentido. Todo estaba intacto, no habían robado nada. Ningún vecino había visto a nadie por las escaleras. Al Sr. Carrasco, taxista de profesión, no se le conocían enemigos. ¿Un hombre con ojos como chinchetas o como botones? Era absurdo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;“Es posible que se encuentre en estado de shock”, explicó el doctor cuando el inspector Muriel entró de nuevo en la habitación. “Ha sufrido una experiencia traumática, hay que darle tiempo. Le he suministrado un sedante y se ha dormido”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En ese momento, una mujer de unos cincuenta años entró en la habitación resoplando. “Ay, mi Manolo, ay mi Manolo, ay que me lo han enculado vivo, ay, mi Manolo”, dijo la mujer mientras se santiguaba. Se trataba de la esposa del Sr. Carrasco, que en el momento de la agresión se encontraba en Albacete cuidando de su madre. “Han sido ellos, han sido ellos”, dijo. “¿Ellos?”, preguntó el inspector. “¿Quiénes son ellos?”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y ellos eran, según la Sra. Engracia, un grupo de extraterrestres que desde hacía algún tiempo la visitaban. El inspector Muriel volvió a cerrar los ojos y a masajearse las sienes con insistencia. “Dice usted, entonces, que la violación anal de su marido la han producido unos extraterrestres”, repitió Muriel. “Sí señor, unos extraterrestres”, dijo. Y explicó cómo esos seres de ojos como chinchetas o como botones, se presentaban a menudo en su casa, tele transportados desde sus platillos y dispuestos a observar sus costumbres. “Al principio sólo miraban, pero después quisieron realizar experimentos conmigo para mejorar la especie”, puntualizó la mujer. El inspector Muriel observó a la Sra. Engracia, y se cuestionó de qué modo esa señora de tobillos como columnas jónicas podía mejorar la especie. “Qué clase de experimentos”, preguntó Muriel. La Sra Engracia entonces se tapó la cara con las manos y agachó la cabeza realizando con ella un gesto de negación. “No me haga hablar, no me haga hablar”, dijo. Y sin que nadie la hiciera hablar, habló. Habló sin parar, repitiéndose y atropellándose durante más de media hora. Muriel, de toda esa verborrea, sacó en claro sólo cinco cosas: La primera, que los extraterrestres habían venido para reproducirse, (y aunque pensó que aquella mujer ya no estaba en edad, se calló la observación). La segunda, que aunque ella se sentía muy atraída por uno de ellos (uno de espaldas torneadas y bonito color verde botella), siempre se había negado. La tercera, que cuando la llamaron desde Albacete para avisarle de que su madre se había roto la cadera mientras bailaba un tango con un argentino que quería venderle una manta eléctrica, vio en ese viaje la ocasión perfecta para alejarse de la tentación. La cuarta era que, en opinión de la Sra. Engracia, Krakoj, que así se llamaba el extraterrestre de espaldas torneadas, no había aceptado su rechazo y en un acceso de ira, o de venganza, o de rabia o de incluso celos, se había vengado penetrando a su marido con una botella de cerveza de litro y medio. La quinta y última cosa que sacó en claro Muriel, o más que sacarla en claro, fue a la conclusión final a la que llegó, era que aquella pareja estaba completamente ida, perturbada, chalada, tocada, desequilibrada, chiflada, enferma. Hablando en plata y resumiendo: como una puta cabra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;“¿Consumen ustedes algún tipo de estupefaciente?”, preguntó Muriel cuando la Sra. Engracia concluyó. Ante la cara de poker que mostró la Sra. Engracia, aclaró: “drogas, que si toman drogas”. La Sra. Engracia, con el rostro serio, afirmó que las drogas eran malas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El inspector Muriel salió del hospital descorazonado. Pensó en qué haría el inspector Martínez si estuviera en su situación. Aquel desgraciado buscaría la manera de colgarse alguna medalla, seguro. Pero ahí estaba él, sin saber hacia dónde dirigir la investigación. Por lo pronto y para relajarse un poco, pensó en cómo le gustaría encontrarse de nuevo con la enfermera. Y al llegar al parking del edificio, quiso el azar, o la fortuna, o el destino, o la invocación mental, quién sabe, que se la encontrara discutiendo a voces con un hombre. “¿Le está molestando este desgraciado?”, dijo Muriel, llevándose la mano a la pistola. La enfermera respondió si es que se pensaba que sólo por el hecho de ser mujer estaba desvalida, o es que la consideraba incapaz o deficiente,&amp;nbsp;o inferior o retrasada. Que ella era perfectamente capaz de defenderse por si misma de él y de veinte como él, que era un machista de mierda, y volvió a mencionar lo de la hernia y lo de la carretilla. El inspector Muriel suspiró. Salió del hospital y decidió, para finalizar la noche, volver a casa del Sr. Carrasco, a ver si conseguía alguna pista que llevar a la reunión del día siguiente, aparte de los ojos como chinchetas y extraterrestres celosos y enculadores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Después de un par o tres de horas revisando el piso de Carrasco de manera minuciosa, sin saber exactamente qué buscaba, Muriel extrajo dos conclusiones. Una, que en aquel piso había hormigas, muchas hormigas, hileras de hormigas pequeñas y disciplinadas que iban desde el lavabo hasta la cocina. Y dos, que olía mucho a pino y a fritanga. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Muriel empezó entonces a acusar los efectos de la larga jornada. Le dolían las piernas y estaba agotado. Como si estuviera en su propia casa, se preparó un café. Después de tomárselo, se sentó un rato en el sofá. Se aflojó la corbata y puso los pies sobre la mesita. Sin querer volvió a pensar en la enfermera. En la enfermera llamándole perro y cabrón y cerdo y media mierda. En la enfermera pinchándole con un palo. En la enfermera con una botella de Xibeca en la mano. Se estaba masajeando las sienes con movimientos circulares con los ojos cerrados, cuando algo le sobresaltó. Abrió los ojos y quitó los pies de la mesa de un respingo. El corazón empezó a latirle fuerte, muy fuerte. Empezó a sudar, un sudor frío y espeso. No podía ser. No podía ser. Se restregó los ojos para confirmar que no se trataba de una visión. Cuando el extraterrestre que tenía delante con ojos como chinchetas rojas hizo el ademán de acercarse, perdió el conocimiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Le despertó la voz segura y autoritaria del inspector Martínez dando órdenes a un subordinado. Miró el reloj, eran más de las doce del mediodía. Se reincorporó con dificultad y con la boca pastosa. En décimas de segundo pensó en si era o no conveniente explicar su experiencia de relación interespacial. Decidió que no. ¿Cómo iba a explicarlo? ¿Quién iba a creerle?&amp;nbsp;Necesitaba pruebas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;“Coño, ¿qué hace usted ahí?”, dijo Martínez sorprendido al entrar en el comedor. Sin dejarle responder, continuó: “como no se ha presentado a la reunión de esta mañana, le han relegado del caso, ahora estoy yo al mando. Si tiene algún problema, aclárelo con el comisario”, dijo. Pero Muriel no tenía ningún problema. Es más, se alegraba. A ver cómo pensaba ese imbécil resolver un caso de tanta dificultad como aquel. Pasó el resto del día en su casa, investigando acerca de avistamientos de ovnis y visitas alienígenas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Al día siguiente llegó a la reunión de buen humor, esperando ver cómo Martínez se justificaba, cómo explicaba avergonzado que no tenía nada, cómo quedaba en ridículo ante el resto de compañeros. Para su sorpresa, el inspector Martínez llegó a la reunión conversando animadamente con el comisario, que mientras reía le propinaba golpecitos amistosos en la espalda, como de camaradería, o de reconocimiento, o de orgullo, o de satisfacción. Qué extraño, pensó Muriel. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Señores, el caso de la violación de Carrasco ya está resuelto —anunció el comisario con una amplia sonrisa—. El inspector Martínez, nuestro agente más brillante, ha conseguido resolverlo en poco más de 24 horas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Muriel no daba crédito&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—No ha sido nada —dijo Martinez con altivez—, de hecho ha sido uno de los casos más fáciles con que me he encontrado. Al interrogar a la víctima y a su mujer, vi con claridad que esas dos personas sufrían&amp;nbsp;alucinaciones. ¡Imagínense que decían haber sido contactados por alienígenas, y que uno de ellos había violado al Sr. Carrasco para vengarse! —la comisaría entera estalló en una carcajada que el inspector Martinez silenció con una mano—. El caso es que ambos aseguraban no haber consumido nunca drogas. Mi siguiente paso fue presentarme en su domicilio, y nada más entrar, el fuerte olor a pino que se percibía me hizo sospechar de una posible intoxicación. Hice analizar toxicológicamente todo el domicilio. Y ¡voilà!. La cocina estaba contaminada de axocitalmitirina, un potente agente químico alucinógeno presente en un producto que los Carrasco utilizaban para matar hormigas. El café, el azúcar, la harina… Todo estaba contaminado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Y la violación? —preguntó Muriel alterado —¿Quién le metió la botella por el culo al señor Carrasco?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Estimado inspector Muriel, —dijo Martínez con sorna— Yo se lo voy a explicar. Acaban de llegarnos los resultados de los análisis dactilares practicados a la botella. En contra de lo que afirma nuestro amigo Carrasco, las únicas huellas existentes en ella, y abundantes, son las de él mismo. De él, que niega categóricamente haberla siquiera rozado. Por otra parte, una de las enfermeras de planta me facilitó el historial médico del Sr. Carrasco. En él figura que en el año 1985, al Sr. Carrasco le fue detectado&amp;nbsp;en una radiografía que se le practicó por quejarse de dolor abdominal, un reloj despertador con campanita instalado en el recto, que por lo visto, y según Carrasco, le servía para levantarse por las mañanas con alegría.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La reunión continuó con normalidad, es decir, Muriel perdió la atención en cuanto se cambió de tema. Necesitaba evadirse y volvió a pensar en la enfermera. En la enfermera vestida de cuero. En la enfermera escupiéndole. En la enfermera llamándole perro y cabrón, y cerdo, y pedazo de mierda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y quién sabe si por azar, o por destino, o por fortuna, o por evocación, cuando terminó su jornada laboral, allí estaba ella, en la puerta de la comisaría, esperando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lástima que no fuera a él, sino al inspector Martínez a quién esperaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-2625083381520556116?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/2625083381520556116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=2625083381520556116' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2625083381520556116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2625083381520556116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/12/chinchetas.html' title='Una Xibeca'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Sytgcu6DdRI/AAAAAAAAAUs/eARCmyK9SCM/s72-c/xibeca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8458378064629487360</id><published>2009-11-30T05:03:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:54:48.407-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amores amoríos y otras desgracias semejantes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>Celos</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SxY2CTtrfUI/AAAAAAAAATs/ZwWKHDnA458/s1600-h/celos.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" er="true" src="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SxY2CTtrfUI/AAAAAAAAATs/ZwWKHDnA458/s320/celos.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;strong&gt;Parte I&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A Elena se le cayó el libro que sostenía cuando los vio entrar cogiditos de la mano en la librería. Se agachó casi por instinto y asomó la cabeza entre las estanterías para observarles. Se le aceleró el pulso y sintió que acababa de encontrar el centro justo de su cuerpo, aquel que tanto había buscado en sus clases de Pilates. Estaba a la altura del estómago y acababa de pegarle un vuelco. Sí, era Lucas. Y estaba con ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No debería alterarse tanto, pensó mientras respiraba hondo. No le venía de nuevo, ya se lo habían contado aunque ella no lo hubiese querido creer. Y es que cuando Lucas dejó de llamarla, lo último que pensó era que ya no le interesara. Una vez comprobado que seguía vivo y en perfecto estado de salud, pensó que lo más probable era que estuviera hasta arriba de trabajo y sin tiempo ni de respirar. Después de dos semanas sin noticias, empezó a alimentar otras teorías justificativas más elaboradas. Quizás el motivo de ese distanciamiento no era otro que el propio amor que sentía hacia ella. Ya se sabe lo cobardes que son los hombres. Lucas necesitaría un tiempo para aceptar sin asustarse la intensidad de sus propios sentimientos. Una vez los aceptara, la llamaría. Ella se haría un poco de rogar, pero al final terminarían revolcándose de manera salvaje, como siempre. Cuando ya había pasado más de un mes desde la última llamada, una amiga le dejó caer, como quien no quiere la cosa, que lo habían visto con otra. Y ella pensó en lo mala que era la envidia. Estaba claro que a su amiga le gustaba Lucas y que sólo pretendía separarles. Cuando el rumor le llegó por otras vías, lo ignoró de la misma forma, sorprendida e incluso indignada ante la maldad que mostraba la gente hacia el amor y la felicidad ajena. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero hoy, en su librería preferida, todo lo que había tratado de ignorar durante ese tiempo se le revelaba ante los ojos con la naturaleza hiriente de un cuchillo en las entrañas. Las piernas le temblaban mientras les observaba en cuclillas. Sin darse cuenta le había arrancado varias páginas al libro de Bucay que tenía entre las manos. Con disimulo lo volvió a colocar en la estantería y siguió observando. Vio cómo él le apartaba un mechón de pelo de la cara mientras ella ojeaba un libro. Cómo la miraba con ojos de pescado hervido, cómo sonreía embelesado. Era un Lucas desconocido, distinto al que solía estamparla a ella contra la pared. Cuando poco después la besó con ternura en el pelo, deseó con rabia que se les cayera la estantería encima. Sintió ganas de abofetearlos, de vomitar, de llorar, de gritar, de escupir, de volver a vomitar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sólo tenía dos posibles salidas ante aquella penosa situación. La primera era huir a escondidas de la tienda y acabar de una vez con aquella tortura. La segunda era seguir agazapada, espiando y regodeándose en su dolor. Y optó por la segunda. Siguió observando con animosidad masoquista, hasta que al cabo de varios minutos de besitos, cuchicheos y risitas sofocadas, se le ocurrió una tercera solución. ¿Qué tal si se acercaba a saludarles, así, como si nada? ¡Eso! Que no se pensara ese imbécil que le importaba algo, que aun pensaba en él. Que quedara bien claro y bien establecido que era ella la que había puesto el punto y final a esa relación de mierda que tenían. O que por lo menos le daba igual. Se giró para verse reflejada en el cristal del escaparate. Sí, estaba guapa. Se soltó y sacudió la melena. Sacó de su bolso el brillo de labios, se desabrochó un botón de la camisa, se perfumó y se acercó haciendo sonar sus tacones con paso firme y decido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Marcos? No, perdona… era Lucas, ¿verdad? ¡Siempre me confundo con los nombres! —dijo Elena con el corazón en la boca y fingiendo una enorme sonrisa—. ¿Qué tal? ¡Qué fuerte! ¡Qué casualidad!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Hola Elena, ¿qué tal? —dijo Lucas visiblemente incómodo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Pues nada, mira, aquí, que he venido a comprarle un libro a mi novio. Oye, por cierto, que perdona que no te haya llamado en éste último tiempo, ¿eh? Me sabe fatal, ya sé que por lo menos debería haberte explicado que había conocido a alguien, pero es que me daba tanto palo… no quería hacerte daño. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— No, tranquila, si no pasa nada… —dijo Lucas con la sorpresa reflejada en la cara— mira, ella es Sofía, mi novia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¡Ah! ¿Tú también tienes novia? Menos mal, así me siento menos culpable —dijo Elena, y fingió un suspiro de alivio al que le siguió una risa que a su juicio le quedó bastante natural—. Sofía, ¿qué tal? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Hola —dijo Sofía con una estridente y desagradable voz de pito mientras se daban dos besos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Oye, ¡qué guapa! Si es que tienes buen gusto con las mujeres, ¿eh? —dijo Elena guiñándole un ojo mientras reprimía las nauseas. Era la primera vez que la miraba de cerca, y no entendía que la hubiera cambiado por un cardo como aquel. Además parecía imbécil. Y bizca. Llevaba en las manos la última mierda de Bucay a la que minutos antes ella le había arrancado algunas páginas. Deseó haberlo destripado entero. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Bueno, chicos —continuó Elena con una sonrisa—, que os dejo, que tengo cosillas que hacer. Algún día podríamos quedar los cuatro, ¿no? En plan parejitas… Ya nos llamamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y se fue contoneando rítmicamente las caderas tal y como sabía que a él le volvía loco. Antes de salir de la tienda se giró y les saludó con una sonrisa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Al cruzar la esquina se introdujo en el primer bar de viejos que encontró. Se encerró en el lavabo y envuelta en vapor de orines estalló en un llanto amargo que salpicó, resbaló, y se diluyó en las cañerías de una vieja pica oxidada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;strong&gt;Parte II&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Maldijo su suerte. Lo último que necesitaba en aquel momento y con Sofía delante, era una patética escenita de celos por parte de su ex novia. Pero ahí estaba ella, despechada, herida, acercándose con paso decidido, sin duda dispuesta a exigirle explicaciones sobre su desaparición. Tragó saliva y pensó que no tendría más remedio que capear el temporal.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Marcos? No, perdona… era Lucas, ¿verdad? ¡Siempre me confundo con los nombres! —dijo Elena con una sonrisa. Lucas se quedó frío. Le pareció imposible que ya se hubiera olvidado de su nombre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Qué tal? ¡Qué fuerte! ¡Qué casualidad!—prosiguió ella, y parecía alegrarse de verdad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Hola Elena, ¿qué tal? —respondió Lucas incómodo y sin saber bien a qué atenerse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Pues nada, mira, aquí, que he venido a comprarle un libro a mi novio —dijo Elena, y sin saber porqué, Lucas sintió un puñetazo en el estómago cuando escuchó “mi novio”—. Oye, por cierto —prosiguió Elena— que perdona que no te haya llamado en éste último tiempo, ¿eh? Me sabe fatal, ya sé que por lo menos debería haberte explicado que había conocido a alguien, pero es que me daba tanto palo… no sé… no quería hacerte daño. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lucas no daba crédito. ¿Ella no le había llamado? ¡Si tenía más de diez mensajes en su buzón de voz! “Mi novio”. Las palabras le retumbaban en la mente. ¿Ya le había dado tiempo? El imbécil del vecino, seguro. Siempre tan dispuesto a ayudar con las bolsas de la compra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— No, tranquila, si no pasa nada… —respondió Lucas irritado—. Mira, ella es Sofía, mi novia —y remarcó bien “su novia” para ver la reacción.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¡Ah! ¿Tú también tienes novia? Menos mal, así me siento menos culpable —dijo ella y parecía aliviada. Lucas no esperaba una respuesta así y esa indiferencia se le clavó en el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Oye, ¡qué guapa! Si es que tienes buen gusto con las mujeres, ¿eh? —continuó Elena después de saludar a Sofía, y encima le guiñó un ojo—. Bueno, chicos, que os dejo, que tengo cosillas que hacer. Algún día podríamos quedar los cuatro, ¿no? En plan parejitas… Ya nos llamamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y se marchó moviendo ese culito que hasta hacía poco él había estampado contra la pared, y que ahora era otro, un imbécil, el que lo hacía. Qué rabia. Pero no pensaba permitir que Elena le fastidiara la tarde. Miró a Sofía y decidió centrarse en ella. En los sentimientos dulces e intensos que experimentaba a su lado. Le sonrió, pero ella no le devolvió la sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Qué pasa, cariño?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Eso digo yo. Qué pasa. ¿Quién era esa? —preguntó Sofía de manera inquisitoria, con una mueca sombría que no le favorecía en nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Esa? Nadie, mi ex.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Nadie? Pues para no ser nadie le has pegado un buen repaso a su culo cuando se marchaba. Además, ¿No decías que la habías dejado tú? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Te lo juro, de verdad, vamos, no es que la dejara con palabras, es que ya no la llamé más. Además, que tampoco era mi novia, era un rollito y ya está, nunca la quise —dijo Lucas y se acercó para darle un beso y terminar de una vez con esa conversación absurda que empezaba a irritarle. Ella se apartó con brusquedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Sí, ya lo veo. Por eso no quería llamarte y decirte que estaba con otro, ¿no? Para no hacerte daño. Menuda perra. Además, ¿no decías que era fea?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Venga, vamos a dejarlo, cariño. No es nadie que importe, te lo juro, sólo teníamos buen sexo y ya está —Lucas empezaba a impacientarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Ah, pues perdona —prosiguió Sofía apretando los labios entre palabra y palabra y entrecerrando un ojo—. Si teníais buen sexo, pues ya está, ya no hay nada más que hablar, ¿no? Y te has acordado del buen sexo que teníais, ¿antes o después de hacerle una radiografía a su culo? ¡¿Es que me has visto cara de imbécil?!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Sofi, por favor, no levantes la voz, nos están mirando —Lucas no reconocía a la desequilibrada mental que tenía delante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Eso te importa, ¿no? ¡Cabrón! —gritó Sofía, y le pegó una patada en los testículos que lo dejó doblado en el suelo. Acto seguido le tiró encima el libro de Bucay que tenía en la mano, y todos los que reposaban sobre la estantería.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;strong&gt;Parte III&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sofía había quedado con Lucas para ir a comprar el último libro de Bucay que le habían recomendado en el taller de autoestima que organizaba su psicóloga. Mientras caminaban cogidos de la mano hacia la tienda, sonrió. Ella no era menos que nadie. &lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Una vez en el establecimiento, estuvieron como siempre dándose besitos, intercambiando comentarios cariñosos, risas y secretos. Hasta que de repente, una tía con la camisa abierta, casi en pelotas, les interrumpió. Respiró hondo y recordó los consejos del taller. Había que pensar en positivo. No había motivos para desconfiar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¿Marcos? No, perdona… era Lucas, ¿verdad? ¡Siempre me confundo con los nombres! —dijo la tipa mostrando hasta el último diente—. ¿Qué tal? ¡Qué fuerte! ¡Qué casualidad!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Hola Elena, ¿qué tal? —dijo Lucas con una sonrisa que a Sofía no le gustó ni un pelo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Pues nada, mira, aquí, que he venido a comprarle un libro a mi novio. Oye, por cierto, que perdona que no te haya llamado en éste último tiempo, ¿eh? Me sabe fatal, ya sé que por lo menos debería haberte explicado que había conocido a alguien, pero es que me daba tanto palo… no quería hacerte daño. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A Sofía empezó a latirle el corazón con fuerza. ¿Era esa la lagarta con la que Lucas salía antes que con ella? ¿Aquella fea y pesada a la que supuestamente había dejado él?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— No, tranquila, si no pasa nada… —dijo Lucas apurado, sin duda intentando concluir la conversación cuanto antes para que ella no se enterara de ningún detalle más— mira, ella es Sofía, mi novia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— ¡Ah! ¿Tú también tienes novia? Menos mal, así me siento menos culpable. Sofía, ¿qué tal? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Hola —dijo Sofía con el hilillo de voz que fue capaz de emitir mientras se daban dos besos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Oye, ¡qué guapa! Si es que tienes buen gusto con las mujeres, ¿eh? —dijo con un retintín que cualquier imbécil hubiera notado. Y después le guiñó un ojo a Lucas con complicidad, como diciendo “ya hablaremos después”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;— Bueno, chicos —continuó la tipa—, que os dejo, que tengo cosillas que hacer. Algún día podríamos quedar los cuatro, ¿no? En plan parejitas… Ya nos llamamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y se marchó moviendo el culo como una ramera hasta llegar a la salida, donde se giró para saludar a un Lucas que la miraba con cara de deseo, babeando, posiblemente disimulando una erección bajo sus pantalones. Sofía sintió como toda la sangre se le acumulaba en la cara. Cuando Lucas la miró sonriendo, como si nada, deseó matarle. Empezó a pedirle explicaciones de la manera más sosegada que pudo, pero todas las justificaciones que Lucas inventaba no servían sino para acrecentar la crispación, para avivar la sensación de burla que llevaba sufriendo desde que esa fulana se había interpuesto entre ellos. Cuando Lucas le dijo algo parecido a que con ella había experimentado el mejor sexo de su vida, hubo un fundido en negro. Ya no sabía ni lo que hacía ni lo que decía. Salió de la tienda sin despedirse y creyendo haberle golpeado, aunque no recordaba bien ni con qué ni cómo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cruzó la esquina y se introdujo en el primer bar que encontró, uno de viejos que apestaba a ratas, carajillos, lejía y borrachos jugando a cartas. Quiso entrar en el lavabo pero estaba ocupado, así que se desahogó de su mala suerte con los hombres golpeando con furia en la puerta. Como no abrían, esperó a que salieran llorando su amargura sobre la barra del bar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8458378064629487360?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8458378064629487360/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8458378064629487360' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8458378064629487360'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8458378064629487360'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/11/celos.html' title='Celos'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SxY2CTtrfUI/AAAAAAAAATs/ZwWKHDnA458/s72-c/celos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7872623999542222886</id><published>2009-11-16T06:18:00.000-08:00</published><updated>2010-03-26T06:55:11.412-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amores amoríos y otras desgracias semejantes'/><title type='text'>La oreja de Sergei II</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SwFesGH_ifI/AAAAAAAAASs/TGLom3Sn1xM/s1600/oreja.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SwFesGH_ifI/AAAAAAAAASs/TGLom3Sn1xM/s200/oreja.jpg" yr="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aquella noche Sergei llevaba ya tres horas sirviendo copas cuando un nuevo cliente sentado en la barra captó su atención. Antes de decidirse a tomarle nota y durante un buen rato, le estuvo observando con el rabillo del ojo. El hombre parecía absorto en girar sin descanso una botella de cerveza vacía sobre la barra. Sus numerosos tics en un ojo le daban el aspecto de estar constantemente ahuyentando moscas. Gordo, de unos cincuenta años, disimulaba su veterana calva con cuatro pelos largos que se había dejado crecer de un lateral.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Con esfuerzo y sobreponiéndose al rechazo que la visión de aquel hombre le produjo, Sergei se acercó para tomarle nota:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Qué le pongo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre dejó de atornillar la cerveza a la barra y le respondió con un murmullo que quedó eclipsado por la música del bar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Perdone? —preguntó de nuevo Sergei, acercándose un poco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Tras unos segundos de incómodo silencio, el hombre le respondió que quería un cubalibre. Sergei se apartó con un escalofrío de asco pensando que el aliento de aquel personaje olía a sardinas en escabeche.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A partir de ese momento, ese extraño y molesto cliente no dejó de observarle ni un solo segundo. Cada noche llegaba sobre las diez, se sentaba en una esquina de la barra y se dedicaba a observarle con la misma determinación con la que la primera noche se dedicó a girar la botella de cerveza. Cada ocasión le pedía una copa distinta, y cada vez tenía que aproximarse a aquel ser que le producía nauseas para entender qué era lo que quería. Nunca hasta entonces había echado tanto de menos su país, y nunca hasta ese momento se había afanado tanto en ahorrar para establecerse por su cuenta como relojero. Aquella sí era una profesión en condiciones, pensaba. Él sabía bien lo que era la sonrisa de un cliente satisfecho, el apretón de manos que le seguía. Recordaba con nostalgia el tiempo en que trabajó en Moscú en la relojería del Sr. Raskólnikov antes del incendio que le obligó a emigrar. Recordaba a la perfección el ritual que precedía a cualquier arreglo: se ponía sus guantes de goma, estiraba durante unos segundos los dedos, se colocaba sus gafitas, contaba hasta quince, buscaba la pinza adecuada y desmontaba con la precisión de un cirujanazo todas las piezas que componían el reloj. No podía comparase con poner copas a borrachos o a tarados mentales como aquel que le observaba noche tras noche en la barra de aquel asqueroso bar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El empeño ahorrativo de Sergei y su gran motivación dieron sus frutos, y al cabo de unos meses reunió el capital necesario para abrir un pequeño negocio en un callejón del raval. Si bien no era la relojería de sus sueños, era el primer paso que le acercaba a ella. Si hoy todo eran Casios a los que cambiar la correa o poner pilas, pronto serían Rolex con diamantes internos a los que limpiar el mecanismo. Ya se veía prosperando, con un negocio que hiciera esquina en la diagonal. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Una noche de abril, Sergei se encontraba tumbado en su cama haciendo un recuento mental de las piezas de las que consta un reloj Portobello IWC, cuando el cristal de su ventana estalló en mil pedazos. No tuvo tiempo a reaccionar. Delante de él un cuerpo gordo, de unos cincuenta años, le miraba con un spray en la mano guiñándole un ojo con insistencia. Quiso gritar, pero el hombre pulverizó el contenido del spray en su cara y perdió el conocimiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Te la llevaste, te la llevaste sin decir nada —murmuró el intruso hablando para sí mismo, mientras extraía del bolsillo una pequeña caja con un bisturí—. No habértela llevado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hombre giró el cuerpo de Sergei y con sumo cuidado procedió a diseccionarle la oreja. Ya con ella en la mano, estalló en un llanto histérico. Al momento se calmó. La observó con detenimiento. La olió. La acarició con la yema de los dedos. La besó con dulzura. La lamió. Se la llevó al pecho y la estrujó, manchándose el jersey de sangre. Segundos después extrajo de su gabardina un bote repleto de líquido donde la introdujo, y procedió a vendar la herida a Sergei. Minutos más tarde abandonó la casa por la puerta principal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A Sergei lo despertaron los latidos de su corazón golpeándole con furia a la altura de una de sus orejas, y un desagradable y familiar olor a sardinas en escabeche.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7872623999542222886?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7872623999542222886/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7872623999542222886' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7872623999542222886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7872623999542222886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/11/la-oreja-de-sergei-ii.html' title='La oreja de Sergei II'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SwFesGH_ifI/AAAAAAAAASs/TGLom3Sn1xM/s72-c/oreja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3865851715329986793</id><published>2009-11-04T01:56:00.000-08:00</published><updated>2009-11-11T08:38:05.928-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>Los sacramentos</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SvFOtzr4bwI/AAAAAAAAASM/Egdbxhmguq8/s1600-h/iglesia.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SvFOtzr4bwI/AAAAAAAAASM/Egdbxhmguq8/s320/iglesia.jpg" vr="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los familiares de Miguel no entendían la rotunda negación a casarse por la iglesia de su novia Elena.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Para empezar a entenderlo, deberían remontarse muy lejos, ni más ni menos que treinta años atrás, a un día de marzo que en el que llovía a mares, y en el que los padres de Elena llegaban tarde a la ceremonia bautismal que oficiaba el padre Alberto de Monforte Avelino Pérez de Ocaña. El Sr. Manuel, padre de la criatura, estacionó su vehículo con prisa entre dos furgonetas hippies cerca de la iglesia y salió atropelladamente del coche con un paraguas en la mano dispuesto a ayudar a salir a su esposa, que acunaba entre sus brazos a la pequeña Elena, que quizás presintiendo, o acaso anticipándose a los acontecimientos que habrían de ocurrir, lloraba sin consuelo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Puta! ¡Mierda! ¡Me cago en la puta! ¡joder!—exclamó el Sr. Manuel mientras tomaba en sus brazos con cuidado a la pequeña Elena y ayudaba a salir a su mujer del coche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Antes de continuar con la historia y para asegurar su completa comprensión, es necesario explicar que el Sr. Manuel sufría del síndrome de tourette. Para los no los iniciados en términos psicológicos, este síndrome tiene la particularidad de que aquel que lo sufre, insulta y grita obscenidades en los lugares y momentos menos apropiados. El Sr. Manuel procuraba no ponerse nervioso bajo ningún concepto para evitar los brotes, pero aquel día, la lluvia, el retraso, el llanto de la niña y los hippies tocando la guitarra en las furgonetas colindantes, acabaron por desestabilizarlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Tranquilo Manolo, respira hondo, así no podemos entrar en la iglesia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Puta, llegamos tarde, mierda, puta, me cago en tus muertos, aggggrrrr lo siento, lo siento, puta de mierda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Llegaron a la puerta de la iglesia y esperaron fuera cinco minutos hasta que el Sr. Manuel consiguió calmarse. La niña seguía llorando con rabia. El padre Alberto de Monforte Avelino Pérez de Ocaña, (en adelante, párroco a secas) les recibió con el gesto torcido. Contrahecho, de ojos reventones y con la cara repleta de pústulas, era un hombre al que costaba mirar directamente a la cara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Llegan tarde. Pónganse en su sitio, que no tenemos toda la mañana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La Sra. Milagros intentaba calmar a la niña que lloraba cada vez con más fuerza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿Quién trae la vela?—preguntó el párroco—. La vela, ¿qué quién la trae?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¿La vela? ¿Qué vela? esto… nadie nos había dicho nada de ninguna vela—dijo la Sra. Milagros en voz baja mientras acunaba a la niña.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Pues la vela bautismal! ¿Cuál va a ser? —dijo el párroco con la cara enrojecida y alzando la voz— ¿pero ustedes saben a lo que han venido? ¿Qué se han creído que es esto? ¿Un circo? ¡Sepan ustedes que éste es un sacramento divino de Dios, y que como tal, hay que venir informados, puntuales y confesados!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Por el culo. La vela se la mete por el culo. Lo siento, lo siento mucho, yo no… Maricón de mierda. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La cara del párroco enrojeció y se infló hasta el punto que parecía que iba a explotar en cualquier momento. Sus ojos amenazaban con salirse de las órbitas, y la sorpresa le paralizaba los músculos de la cara, de tal modo que se veía incapaz de articular palabra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Mariconazo! ¡Por el culo!, ¡la vela por el culo! Lo siento, lo siento mucho, maricón, mariconazo de mierda…—exclamó el Sr. Manuel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La Sra. Milagros hizo lo que humanamente estuvo en su mano para disculpar ante el párroco la actuación de su marido, explicando con atropello la enfermedad que éste padecía. El párroco, no muy dado a dialogar y además sensibilizado por ciertos rumores malintencionados que lo relacionaban insistentemente con Ramón, el proveedor de huevos de la iglesia, interpretó aquellos insultos como un ataque directo hacia su persona, y los expulsó sin contemplaciones, amenazando incluso con la excomunión inmediata.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Transcurrieron nueve años en los que la familia, avergonzada, no volvió a pisar la iglesia. Los síntomas de la enfermedad del Sr. Manuel se fueron mitigando y todos parecían haber olvidado el bochornoso percance acontecido en el bautismo de Elena. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sin embargo, como no hay paz que cien años dure, un día Elena llegó a su casa entusiasmada con la idea de vestirse de blanco y de hacer la comunión. La madre sospechó que las ganas de recibir el santo sacramento estaban más relacionadas con un organillo que todos los niños pedían como regalo tras la ceremonia, que con la ilusión de consumir por vez primera el cuerpo de Cristo. Sin embargo, la familia aceptó sin reparos la supuesta religiosidad de la pequeña, y organizaron una comunión como la del resto de niñas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El día de marzo establecido para el sacramento, volvía a llover a mares. Eligieron otra iglesia en un pueblo vecino, y el Sr. Manuel se tomó seis tranquimacines que lo dejaron adormilado y babeante, cosa que auguraba una jornada sin sobresaltos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Elena, ataviada para la ocasión con un precioso vestido blanco, se sentó en uno de los bancos de la iglesia junto al resto de niños tras consumir la hostia consagrada. De repente, algo le golpeó en la nuca. Se giró y vio que detrás suyo había un niño de unos cinco años y a su lado un adulto, presumiblemente el padre. Elena no dijo nada, se giró de nuevo y volvió a concentrarse en la misa. De repente, otro golpe. Volvió a girarse y el niño le sonrió burlonamente, mientras el padre, concentrado como estaba en la misa, parecía ajeno a la actuación de su hijo. Elena volvió a girarse, medio llorosa esta vez, pues el cuello le empezaba a doler. Un tercer golpe, esta vez más fuerte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—¡Me está pegando! ¡Este niño me está pegando!—gritó, y acto seguido estalló en un llanto en el que no faltaron ni los mocos, ni los hipos ni los suspiros entrecortados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La Sra. Milagros acudió presurosa al lado de su hija para intentar calmarla, pues sabía de antemano qué era lo que le seguía a cualquier berrinche de su hija, que no era otra cosa que una tremenda vomitona. Llegó tarde. Su hija acababa de vomitarse en su precioso vestido blanco las tostadas con mantequilla, el zumo de naranja, el cacaolat, e incluso la hostia consagrada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Salieron de la iglesia arrastrando al padre, que no había calibrado demasiado bien la potencia de los tranquimacines que se había tomado, y se había quedado semi inconsciente tumbado en un banco. En el camino a casa, Elena tropezó con una piedra y se rompió dos dientes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Volvieron a pasar algunos años de calma, en los que la familia declinaba amablemente cualquier invitación a las ceremonias religiosas a las que les invitaban, y en los que Elena, tras ponerse unas fundas en los dientes, olvidó por completo su nefasta experiencia en la iglesia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y en esa calma, &amp;nbsp;Elena llegó a la adolescencia, y como suele suceder a esas edades, se enamoró por primera vez. El agraciado no era otro que Paquito, un apuesto Colombiano recién aterrizado con su familia en nuestro país, católico muy practicante. Elena, quién sabe si por caerle en gracia a su familia, o porque realmente lo sentía, decidió tomar el santo sacramento de la confirmación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Mierda, me cago en la mierda, puta, sí, puta—dijo el Sr. Manuel al enterarse. Y es que desde la comunión de su hija, el sólo hecho de nombrar la iglesia ya le producía un brote de su enfermedad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Por el bien de todos, Elena decidió acudir sola al acto. Se compró una camisa nueva y una falda vaporosa a conjunto. El sol brillaba en aquel día de marzo, y Elena salió de su casa canturreando, dispuesta a encontrarse en la iglesia con su novio. Cuando ya estaba a punto de llegar a la iglesia, notó algo pringoso resbalar por su cara. Miró hacia arriba, y enseguida entendió. Eran las heces de una gaviota. “Nada grave, pensó”, se acercó a un coche para ver su reflejo en el cristal, y entonces entendió que la envergadura del incidente era mayor de lo calculado. Decidió correr a su casa para quitarse los restos blanquecinos del pelo, de la cara y de la blusa nueva. Llegó sudando y acalorada. Subió rápido por las escaleras y se tropezó rompiéndose las medias. “Nada grave, ahora me las cambio” pensó. Llegó a su casa, se cambió rápidamente las medias, se limpió el pelo, la blusa y la cara con una toalla húmeda, y salió corriendo dirección a la iglesia. Ya llegaba tarde, pero pensó que con suerte, la ceremonia empezaría con un poco de retraso. No contaba con que el párroco que oficiaba la ceremonia no era otro que el padre Alberto de Monforte Avelino Pérez de Ocaña.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cuando llegó, todos sus compañeros de confirmación estaban ya en su sitio frente al altar. Vio a Paquito que le sonrió, y se posicionó a su lado, ante la atenta y severa mirada del párroco. Pronto empezaron los murmullos y las risitas en los bancos de la iglesia. Los chicos se miraban entre sí sin entender, mientras el párroco mandaba callar con el rostro enrojecido. Pronto las risitas se convirtieron en sonoras carcajadas. Los padres del novio de Elena, apurados, se acercaron a su hijo y le hablaron al oído. Rápidamente, el chico enrojeció, y se situó tras su novia, hablándole a su vez al oído. Elena palideció. Al cambiarse las medias no se había colocado bien la vaporosa falda, y esta quedó sujeta a la cintura, incapaz de cubrir su generoso trasero y el tanga fucsia que estrenaba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y así fue como Elena prometió no volver a pisar una iglesia en su vida, y así se lo hizo saber a su novio Miguel, cuando 10 años después éste la pidió en matrimonio. Los padres de Miguel, pertenecientes al Opus Dei, no entendieron esa rotunda negativa a una ceremonia religiosa, y decidieron presentarse en casa de Elena para hablar con sus padres e intentar entre todos convencerla. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;—Puta, mierda, me cago en la puta, joder—fueron las palabras de bienvenida del Sr. Manuel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3865851715329986793?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3865851715329986793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3865851715329986793' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3865851715329986793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3865851715329986793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/11/los-sacramentos.html' title='Los sacramentos'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SvFOtzr4bwI/AAAAAAAAASM/Egdbxhmguq8/s72-c/iglesia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-6494400227986408372</id><published>2009-11-01T04:36:00.000-08:00</published><updated>2009-11-11T08:36:53.787-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrelatos'/><title type='text'>Nostálgico</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hay días en los que uno se dejaría escupir por un chino resfriado. Son días en los que uno se vestiría sin problemas con calzoncillos fabricados con medusas o se daría en los dientes con una plancha de acero inoxidable. Uno sería capaz de amputarse cualquier parte del cuerpo, de cocinar y comer mierda o incluso de golpearse con un martillo en el hueso del culo (también denominado rabadilla o cóccix). &lt;br /&gt;En esa clase de días, uno se arrancaría una a una todas las uñas de los pies, se depilaría con cera las pelotas, se comería en sopa sus propios globos oculares y hasta se le chuparían los dedos gordos de los pies a un alpinista engangrenado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Son esa clase de días en los que la nostalgia se afana en el cuerpo como un gusano en la carne podrida, y uno daría lo que fuera por una única y valiosa oportunidad de mover las manillas del tiempo en la dirección adecuada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-6494400227986408372?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/6494400227986408372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=6494400227986408372' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6494400227986408372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6494400227986408372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/11/nostalgico.html' title='Nostálgico'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8042598009404661588</id><published>2009-10-23T08:07:00.000-07:00</published><updated>2009-10-24T03:37:34.766-07:00</updated><title type='text'>Ejercicio</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¿Eso ha sido la puerta? No, no puede ser. No seas paranoica, que la has cerrado con llave. Será algún ruido de la calle, el portazo de un coche, lo que sea. Venga, duérmete ya y déjate de tonterías. Desde que estás sola todas las noches igual. Tápate con la manta. Piensa en otra cosa, en una playa paradisíaca, en Johnny Deep a tu lado, en el cerdo de tu marido, en cómo te abandonó sin decir ni adiós. No puede ser que haya alguien. Es imposible. La puerta está cerrada con llave.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero es que el ruido venía de dentro, no de fuera. Era como si alguien se hubiera golpeado con el mueble del recibidor. Como si alguien que no conociera la casa…¡Otro golpe! ¡Eso sí que ha sido un golpe! ¿Estás segura de que has cerrado con llave? Sí, creo que sí. ¿O era ayer? Mierda, ahora ya no estoy tan segura. Tranquilízate, así no arreglas nada. Son sólo imaginaciones tuyas. No puede ser. Es totalmente imposible que haya entrado alguien. Respira hondo y tranquilízate. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¡Ahora sí! Ahora es seguro ¡Alguien está en el recibidor, y está empezando a subir por las escaleras! ¡Dios! ¡Se escuchan perfectamente sus pasos! ¡Rápido! ¡Reacciona! Llama a la policía. ¡El teléfono! A ver, busca el teléfono ¿Dónde mierda lo has dejado? En el bolso. ¿Dónde está? No veo nada, no veo nada… Pero debe estar por aquí, siempre lo dejo por aquí. Aquí, aquí está. Rápido, venga, ¡busca el maldito teléfono! Me tiemblan demasiado las manos, no consigo encontrarlo. Todo el contenido del bolso se me cae al suelo. ¡Búscalo! Las piernas me fallan. Ahora escucho claramente los pasos del intruso merodeando fuera de la habitación. No hay tiempo. Él está fuera. Lo escucho respirar, es una especie de jadeo animal. Estoy paralizada. Una oleada de sudor frío me empapa el pijama. Noto los latidos de mi corazón en las piernas, en mis manos temblorosas, en la punta de mis dedos, en mi cabeza. Los noto retumbar en las cuatro paredes de la habitación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Que esto termine cuanto antes. Si tiene que entrar, que entre ya. Cierro los ojos con fuerza, me agacho y me abrazo las piernas, en espera del terrible e inminente desenlace.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La puerta se abre. Grito. Se enciende la luz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Qué pasa? ¿Tan feo soy? Antes no te lo parecía tanto, ¿eh, guapetona? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Le sigue una carcajada. Es una voz correosa y etílica que me resulta asquerosamente familiar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Levanto la cabeza y me atrevo por fin a abrir los ojos. Toda la sangre se me sube a la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Decido que hoy voy a convertirme en viuda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8042598009404661588?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8042598009404661588/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8042598009404661588' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8042598009404661588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8042598009404661588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/10/ejercicio.html' title='Ejercicio'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5522275630074117148</id><published>2009-10-13T08:04:00.000-07:00</published><updated>2009-11-11T08:37:41.701-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>El niño de oro</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/StbRpg9nLQI/AAAAAAAAASE/q--RoVpKMoU/s1600-h/estanyFinal.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img $r="true" border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/StbRpg9nLQI/AAAAAAAAASE/q--RoVpKMoU/s320/estanyFinal.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Agazapado y protegido por la negra espesura del bosque, alguien (al que para preservar su anonimato a partir de ahora llamaremos Fulanito), observaba al niño de oro. Este niño, fruto de los amores furtivos entre una concubina china y un Buda de oro, buceaba en la orilla del río Chao Phraya, ajeno al interés que su sola presencia despertaba en el observador agazapado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lo que ese observador, (Fulanito, como hemos dicho) no podía siquiera sospechar, era que iba a ser descubierto. Una ardilla, ―la proveedora oficial de bellotas orientales de palacio―, osó traspasar la frontera de la luz y aproximarse a la oscuridad del bosque. Las bellotas cayeron de las manos de la intrépida ardilla. En sus ojos, la estupefacción se mezclaba con la incredulidad y el miedo. Lo que tenía delante, nunca antes había sido visto ni contado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Fulanito, aquel ser observador en la penumbra, aquel solitario personaje que se amparaba en la oscuridad del bosque para contemplar al niño de oro bañarse en el río, ese ser, era en verdad mitad niño, mitad miedo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Fruto de los amores furtivos entre una concubina china y la muerte, sus moléculas estaban formadas por la misma materia de la que están formados los sustos. Abandonado en el bosque por su madre nada más nacer, cuenta la leyenda que ésta huyó despavorida con la placenta aun colgando entre sus piernas y sin pararse a mirar atrás. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pronto adivinó Fulanito que su destino no era otro que la oscuridad y el frío, el miedo y la angustia, la soledad y el rechazo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Un día de verano, Fulanito salió a la caza de las tarántulas peludas que le servían de sustento, cuando desorientado, se aproximó demasiado a la claridad del río. Allí, la visión que obtuvo le dejó desconcertado. Necesitó pestañear varias veces para asimilar que lo que veía no era la reacción de las setas que de vez en cuando consumía. No. Aquella visión era real. Aquel niño que chapoteaba feliz en el río, tenía sus mismos ojos achinados y su mismo pelo negro. Sus mismos dientes separados y su misma mísera nariz. Aquel niño era su vivo reflejo, pero en lugar de por miedo, estaba formado por oro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Su descubrimiento le llenó de amargura. Aquel ser representaba todo lo que él hubiera querido ser y no era. Por su brillante materia, atraía al mundo del mismo modo que él lo repelía. Aquel niño que alegre chapoteaba en el agua, disfrutaba de todo aquello que a él la vida le había negado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Día tras día, en la clandestinidad, se dedicó a observarlo. Y poco a poco, en su mente se fue fraguando el maquiavélico plan que pensaba llevar a cabo el día en que fue sorprendido por la intrépida ardilla, proveedora oficial de bellotas orientales de palacio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El plan de Fulanito era en principio tan simple como efectivo. Debía ahogar al niño de oro pegándole un susto de muerte. No podía ser un susto común, de los que normalmente daba sin pretenderlo. No, debía ser algo gordo, un susto matador, de los que hacen explotar los globos oculares, de los que congelan los pulmones y paralizan el corazón. De esa clase de susto estamos hablando.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Así que se adentró en el bosque, y armado de un palo afilado, cazó lo siguiente: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Veinticinco escorpiones peludos, dos serpientes perro y cuarenta murciélagos mutados con quince arañas rojas (de los cuales se comió media docena, porque la caza le abría el apetito). &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aunque también daban miedo, dejó escapar a cuatro escarabajos peloteros gigantes que se le cruzaron porque le daban asco. Los escarabajos peloteros gigantes se alimentan de caca, y Fulanito no era un niño guarro. Un niño miedo sí, un niño mierda, no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Con todas sus presas se preparó un traje de bichos, y se apostó en su escondite esperando el momento de atacar y sorprender a su odiado niño de oro. Pero entonces, una variable inesperada le sorprendió. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Una ardilla. Sí. Lo que menos esperaba. Nada más y nada menos que una ardilla con cara de enterada. De la clase de ardilla que no sirve más que para buscar bellotas y destrozar planes ajenos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La ardilla le miró con cara de espanto y dejó caer todas sus bellotas, pero ni se le paralizó el corazón ni le explotaron los globos oculares, ni se le congelaron los pulmones, que era lo que Fulanito esperaba que sucediera, así que pronto averiguó que algo había fallado en su plan. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Destrozado, se puso a llorar. No olvidemos que un niño miedo no deja de ser un niño parecido a los demás. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Alertado por el llanto, el niño de oro se aproximó a la escena. Una vez vencido el rechazo que le produjo la visión del niño miedo, la sorpresa se apoderó de él. Aquel niño tenía sus mismos ojos achinados y su mismo pelo negro. Sus mismos dientes separados y su misma mísera nariz. Aquel niño era su vivo reflejo, pero en lugar de por oro, estaba formado por miedo. El niño de oro se puso entonces a llorar. Aquel niño de miedo era todo lo que él quería ser y no era. A aquel niño de miedo, nadie se le acercaba por el interés. Nadie le perseguía ni le molestaba. Era libre para cazar bichos en el bosque, y se divertiría comiendo arañas y pegando sustos. No olvidemos que un niño de oro, tampoco deja de ser un niño parecido a los demás. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La ardilla, espectadora muda, sorprendida y un poco asustada, rompió en llanto también. Y es que la proveedora oficial de bellotas de palacio, aparte de intrépida, era también una ardilla sensible. Ni sabihonda ni enterada, como todos sospechaban. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En ese instante, el niño de oro, el niño de miedo y la intrépida ardilla se miraron, e instintivamente se fusionaron en un abrazo. Fue un abrazo tan fuerte que ocasionó un pequeño seísmo en Japón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Fruto de ese abrazo, de los árboles cayeron piñas que les golpearon fuertemente en las cabezas, por lo que decidieron separarse. (Aunque muy a su pesar, pues el abrazo les había llenado el cuerpo de endorfinas, y éstas les hacían sentir mejor).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cuando se separaron, observaron con sorpresa que el abrazo había sido tan fuerte que habían fusionado sus materias. En vez de un niño de oro, un niño de miedo y una ardilla, se habían transformado en tres niños normales, mezcla de intrepidez, miedo y brillo de oro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A partir de entonces, los tres niños dedicaron sus vidas a seguir el rastro de la concubina china, para buscar a sus hermanos. Los encontraron de agua, de hierro, de fuego, de nubes, de sueño… Infelices niños de ojos achinados, pelo negro, dientes separados y mísera nariz, con los que fusionar sus almas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y dicen que con todos los seísmos que sus abrazos ocasionaron se formaron las diversas cordilleras que conforman este mundo. Y que con las endorfinas que les sobraron de tantos abrazos, prepararon deliciosos tazones de chocolate con leche de los que se alimentaron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y colorín colorado, este extraño cuento se ha acabado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cuento inspirado en una ilustración de Sebastià, blog que os recomiendo:&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;a href="http://sebastiamarti.blogspot.com/2009/10/el-nino-del-estanque-un-cuento-no.html"&gt;http://sebastiamarti.blogspot.com/2009/10/el-nino-del-estanque-un-cuento-no.html&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5522275630074117148?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5522275630074117148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5522275630074117148' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5522275630074117148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5522275630074117148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/10/el-nino-de-oro.html' title='El niño de oro'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/StbRpg9nLQI/AAAAAAAAASE/q--RoVpKMoU/s72-c/estanyFinal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8717375432448567008</id><published>2009-09-22T04:47:00.001-07:00</published><updated>2010-03-26T06:55:43.185-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amores amoríos y otras desgracias semejantes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>SON LAS COSAS DEL QUERER</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Sri5sT8h9rI/AAAAAAAAARk/jNXMq6NikzY/s1600-h/oreja.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384257525440968370" src="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Sri5sT8h9rI/AAAAAAAAARk/jNXMq6NikzY/s200/oreja.jpg" style="cursor: hand; display: block; height: 143px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 112px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Que levante la mano aquel que no haya fantaseado nunca con cortarle la oreja a alguien. Que salga, ¡que tire la primera piedra! aquel que no lo haya pensado alguna vez. Porque o miente como un bellaco, o lo que me parece aun más triste: jamás tuvo la suerte de toparse con la sutil y delicada perfección de una oreja como la de Sergei Maximov.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hay quien me tilda de loco. Hay quien quiere ver en mis tics nerviosos, en la manera en que cierro un ojo con algo más de empeño que el otro, signos de una evidente locura. No, señores, no… que estoy cuerdo. Casi demasiado, diría yo. Tanto, que soy el único capaz de ver todo este asunto con la suficiente claridad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No recuerdo bien su cara y ni tan siquiera la manera en que arrastraba las erres al hablar. Sí recuerdo que sus manos eran grandes y poderosas, y que con ellas servía copas en aquel bar musical en el que fortuitamente fueron a dar mis piernas aquella fría noche de invierno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;“Un cubalibre” le pedí cuando después de un buen rato de espera en la barra, se dispuso a servirme. “¿Perdone?” Me preguntó él. Y en aquel preciso instante mi mundo se paró en seco. ¿Cómo podría yo, con la limitada utilidad que todos sabemos que tienen las palabras, describiros la extraña maravilla, el fantástico prodigio, que aquel individuo acercó a mi boca? Sólo diré una cosa y con eso espero que quede todo dicho: carnosidad la justa, y ni más ni menos cartílago que el estrictamente necesario. No digo más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El muy cretino simuló no haberme entendido, como si acaso no supiera yo de sobras que lo que hacía era exhibirse, pavonearse, ¡provocarme! con su delicioso apéndice auditivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Todas las noches, durante meses, jugué a su juego. Yo le pedía las copas de manera cada vez menos inteligible, y él, con fingida irritación, respondía siempre de la misma manera: “¿Perdone?” y entonces arrimaba aquella divina perfección a mi boca para que le repitiera el pedido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Que no se diga que yo no tengo autocontrol. Que no se diga que no he sufrido lo mío. Perdí todo lo que podía perder noche tras noche, copa tras copa, en aquella barra. Mi única ilusión eran las décimas de segundos en las que contemplaba de cerca aquella media luna redondita, aterciopelada, brillante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Nada de esto hubiera pasado, si aquel patán indigno de poseer una oreja como la suya, no hubiera desaparecido de repente y sin dejar ni rastro. En su lugar, jugando al mismo juego del “no te entiendo” apareció una noche una grotesca oreja de soplillo. Sí, exacto, de las que parecen querer enterarse de las cosas antes que las demás. ¡Y encima puntiaguda! Aquella noche casi muero ahogado en mi pena. ¿Le habría pasado algo? ¿Una otitis? ¿Una infección? La preocupación no me dejaba ni dormir, ni comer, ni respirar, ni vivir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La noche siguiente tampoco volvió, ni la otra, ni la otra. ¡La había perdido para siempre!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hice lo que tuve que hacer. Todo aquel que se haya enamorado alguna vez, sabrá de lo que hablo. Moví cielo y tierra hasta conocer la dirección y el nombre del propietario de la oreja, Sergei Maximov, C/ Escuchadores 25.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A&amp;nbsp;partir de ahí, lo que ya de sobra sabéis gracias a los periódicos sensacionalistas de este país: Un loco entró por la ventana y sin motivo aparente, diseccionó una oreja a un inmigrante ruso, que se quedó sin poder ponerse las gafas que tanto necesitaba para ocupar su nuevo puesto de trabajo como relojero. Pobrecito. Echadme la culpa a mí ahora de que la vida de este hombre sea una mierda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lo veis, ¿no? Si es que la prensa ya se ha posicionado, sin siquiera preguntarme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ella estará mucho mejor conmigo, os lo aseguro. ¡Él tan solo la quería por el interés! Y la tenía descuidada, ¡llena de cerumen! ¿Quién la limpió con bastoncillos? ¿Quién le aplicó mediante un dosificador esas gotas humectantes que tanto bien hacen a las orejas? ¡Preguntádselo a ella! ¿Quién fue?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8717375432448567008?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8717375432448567008/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8717375432448567008' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8717375432448567008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8717375432448567008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/09/son-las-cosas-del-querer.html' title='SON LAS COSAS DEL QUERER'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Sri5sT8h9rI/AAAAAAAAARk/jNXMq6NikzY/s72-c/oreja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8910731482661237835</id><published>2009-09-19T04:34:00.000-07:00</published><updated>2009-11-11T08:38:33.306-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrelatos'/><title type='text'>MI PEQUEÑO ALEPH</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SrTE0XGkeqI/AAAAAAAAARc/RtUGFaPN0BU/s1600-h/aleph.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5383143858448399010" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SrTE0XGkeqI/AAAAAAAAARc/RtUGFaPN0BU/s200/aleph.jpg" style="cursor: hand; display: block; height: 116px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 118px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Vomitar al pequeño Aleph que toda la vida había llevado por dentro me costó concentración y esfuerzo. Durante horas lo noté atragantado en mi esófago, clavándose con sus finas y afiladas garras en la cálida humedad de mis entrañas. Se aferraba con furia, concentrando en un solo punto ―tal es la naturaleza de un Aleph―, y a la altura de mis amígdalas, todas las emociones del mundo.&lt;br /&gt;Cualquiera que no supiera nada, me hubiera mirado con desdén, asegurando que aquello que notaba palpitar, pegado a mi esencia como un chicle, no era otra cosa que los latidos de un corazón común, uno normal. ¡Nada que ver! Lo que yo he llevado clavado por dentro como una estaca es un Aleph. Pequeño y defectuoso, sí, pero un Aleph a fin de cuentas. ¡Si lo sabré yo!&lt;br /&gt;Lloré, reí, maldije mi suerte, golpeé la mesa, dudé y miles de recuerdos se agolparon de nuevo a la altura de mis amígdalas. Sentí rabia, dolor, pena, una inmensa alegría, nostalgia, simpatía, asco, reconocimiento, orgullo, celos, vanidad, escalofríos, se me erizó el vello, algunas manos me acariciaron el cuerpo, alguien me abofeteó, me avergoncé, me besaron, me enamoré, sufrí, me enfadé y una ternura indescriptible me recorrió el espinazo, todo eso a la vez. ¿Era o no era, amigos, un Aleph?&lt;br /&gt;Por eso me costó tanto desprenderme de él, por eso vomitarlo fue un parto doloroso y complicado. Por eso, cuando lo vi encima de la mesa, medio muerto, palpitante, malformado y herido ya no pude sentir nada, ni alegría ni pena, ni gozo ni dolor. Ya no cabían sentimientos en mí, aquella víscera ensangrentada y maloliente se los había llevado todos.&lt;br /&gt;Pero estuve rápida y reaccioné bien. Por seguridad ―nunca se sabe― lo envolví en papel de plata y antes de su último expiro lo congelé.&lt;br /&gt;Y ahí lo tengo, junto a una bolsa de patatas Mc Cain, unos canelones y un par de pizzas. Preparado para, ―quién sabe, ¿verdad?― ser recalentado en un microondas y consumido en cualquier momento. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Tal vez cuando por fin haya descansado de tanta dolorosa intensidad y me aburra de esta soporífera calma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8910731482661237835?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8910731482661237835/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8910731482661237835' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8910731482661237835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8910731482661237835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/09/mi-pequeno-aleph.html' title='MI PEQUEÑO ALEPH'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SrTE0XGkeqI/AAAAAAAAARc/RtUGFaPN0BU/s72-c/aleph.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-6866104836446551377</id><published>2009-08-11T00:50:00.000-07:00</published><updated>2009-08-11T01:06:34.382-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>En la residencia</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SoElMGVGqrI/AAAAAAAAAP0/qrFswLw8zdk/s1600-h/lavadora.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5368613120590129842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 91px; CURSOR: hand; HEIGHT: 124px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SoElMGVGqrI/AAAAAAAAAP0/qrFswLw8zdk/s200/lavadora.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Inés y yo nos quedamos hipnotizadas frente a la lavadora un par de minutos. El tiempo justo de ver cómo el paquete de cigarrillos que yo acabo de comprar empieza a disolverse y a mezclarse con todas nuestras camisetas, nuestros pantalones, nuestra ropa interior. En un momento, miles de hebras marrones y papelillos blancos giran y flotan de un lado al otro al ritmo que marca el motor de la máquina.&lt;br /&gt;Inés y yo nos miramos y estallamos en una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Estás fatal―me dice Inés― ¿cómo has metido el paquete de cigarrillos en la lavadora?&lt;br /&gt;―Yo qué sé, se me ha colado―le digo riendo―¿Cómo paramos esto?&lt;br /&gt;―Pues no sé… ¿desenchufamos?&lt;br /&gt;―Está llena de agua, igualmente no la vamos a poder abrir ―le digo mientras muerdo el bocadillo de frankfurt que llevo en la mano, con tan mala fortuna que se me abre por debajo, y me derramo por encima el medio kilo de ketchup que le he puesto. Estallamos de nuevo en otra carcajada.&lt;br /&gt;―Nena, mejor que te acuestes hoy ―me dice Inés.&lt;br /&gt;Seguimos las dos plantadas frente a la lavadora observando cómo la masa marrón va creciendo por momentos alimentándose de la espuma y envolviendo por completo una colada que pretendía ser de ropa blanca.&lt;br /&gt;―Qué rabia, el paquete de cigarrillos entero, 4 marcos a la basura. Por cierto, ¿te queda tabaco?&lt;br /&gt;―Dos cigarros. Te pensaba gorrear toda la noche.&lt;br /&gt;―Pues vamos a comprar otro paquete mientras esto termina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos las dos con lo puesto de la residencia de estudiantes donde vivimos desde hace un mes. Estamos a -5ºC, pero son sólo dos minutos justos lo que se tarda en llegar a la máquina de la esquina, meter 4 marcos y sacar el paquete.&lt;br /&gt;De vuelta en la entrada de la residencia, Inés introduce la llave en la cerradura, pero ésta no entra. Prueba una y otra vez sin éxito. Se pone nerviosa. Como antes del incidente de la lavadora nos hemos bebido un par de copas de vino, achaco a eso su torpeza.&lt;br /&gt;―Anda, déjame a mí ―le digo quitándole las llaves de las manos.&lt;br /&gt;Después de varios intentos, la llave sigue sin entrar.&lt;br /&gt;―Scheisse, Scheisse, Scheisse! ―maldice Inés tiritando de frío. Es la palabra alemana que más utiliza. Le encanta porque queda mucho más fino que decir mierda, mierda, mierda.&lt;br /&gt;―¿Pues qué hacemos? ¡Aquí no hay ni un puñetero timbre! Pero alguien tiene que estar de guardia, ¿no?―digo yo intentando pensar, aunque el frío y el vino no me lo ponen fácil.&lt;br /&gt;―Vamos a casa de Consuelo-propone Inés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consuelo es otra Española que vive en Alemania, pero ella desde hace seis años. Consuelo sabe todo lo que hay que saber de la residencia, y lo que no, también. Sabe quién se acuesta con quién, cuándo, en qué habitación, cuántas veces, e incluso si piensan o no repetir. Sabe que la cocinera Tailandesa es lesbiana y sale con la directora del centro, y algunos detalles muy íntimos que yo no necesito saber, pero que por desgracia sé, e involuntariamente recreo en mi mente todas las mañanas al pasar por la cocina a recoger el desayuno.&lt;br /&gt;Consuelo es un ojo que lo ve todo, un oído siempre dispuesto. Y todo a pesar de no vivir en la residencia. Así que ella tiene que saber quién está de guardia hoy, si han cambiado la cerradura, tener llaves nuevas, saber quién las tiene, cómo conseguirlas, lo que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Vale, vamos a casa de Consuelo ―digo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrazadas para darnos un poco de calor, llegamos a la portería de Consuelo. Hay luz en su habitación. Sonamos al timbre. No hay reacción. Esperamos por prudencia un minuto. Volvemos a sonar, esta vez varias veces y con fuerza, por si duerme con tapones, lleva auriculares puestos, o está enfrascada en las conversaciones que obtiene con los micrófonos que sospecho tiene distribuidos por toda la residencia. Nada. Consuelo no responde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―A ver si se ha resbalado en la ducha, se ha caído y se ha desnucado ―se me ocurre.&lt;br /&gt;Como aun vamos un poco borrachas, la idea nos da para otro ataque de risa. Pero Inés se pone seria de golpe.&lt;br /&gt;―A ver si le ha pasado algo de verdad y nos estamos riendo aquí abajo. Consuelo no se dejaría nunca la luz encendida sin estar en casa. Además, a mí me ha parecido ver una sombra moverse dentro del piso. Ahí hay alguien. Seguro.&lt;br /&gt;―¡Consuelo! ¡Ábrenos, Consuelo! ―empezamos a gritar las dos―. Somos nosotras, Natalia e Inés, venga, ¡Ábrenos! ¡Tenemos frío! ¡Nos hemos quedado fuera! ―gritamos a pleno pulmón en mitad de la silenciosa noche alemana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un impulso veo un pedrusco y me da por lanzárselo a la ventana, pero con mi mala puntería le doy a la del vecino. Por suerte no le rompo los cristales, pero supongo que le despierto, más que nada por la manera en que se asoma y nos insulta en el gutural idioma que aun no comprendemos.&lt;br /&gt;Consuelo sigue sin reaccionar, y nosotras empezamos a montarnos películas.&lt;br /&gt;―Igual la compañera de piso se la ha cargado por los rumores que lanzó sobre ella y aquel perro ―conjetura Inés.&lt;br /&gt;―Podríamos intentar subir por el lavadero, ¿no? Si tú te agachas, y yo me subo encima de ti, creo que puedo llegar hasta la barandilla, por lo menos para mirar que no esté tirada en el suelo encima de un charco de sangre.&lt;br /&gt;―Buena idea.&lt;br /&gt;Inés se agacha y yo me subo de pie en su espalda. Me quedo colgada en la barandilla. De repente, detrás nuestro, una voz masculina nos grita algo en alemán. Es la Policía Alemana. Seguro que los ha llamado el vecino del pedrusco. Me suelto de la barandilla con la intención de explicarle al señor agente lo que nos ha ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El policía nos mira con cara de pocos amigos. No habla inglés. Vamos mal, porque me voy a tener que apañar con el poco alemán que sé.&lt;br /&gt;Con la mejor de mis sonrisas, le intento explicar que nos hemos quedado fuera de la residencia, que tenemos mucho frío y que sospechamos que algo le puede haber pasado a nuestra amiga, porque no nos abre la puerta, a pesar de que la luz está encendida y creemos que hay alguien en la casa. En realidad no sé exactamente qué es lo que le he dicho, pero el policía me grita algo relacionado con el coche. Yo entiendo que nos podemos introducir en él, y animo a Inés a que haga lo mismo. De repente el agente me agarra y me planta con los brazos y las piernas abiertas contra el coche. Empieza a cachearme. Cuando termina conmigo, empieza con Inés. Finalizado el proceso, nos esposa y nos introduce dentro del coche. Las dos seguimos temblando, pero ahora de miedo, no de frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento llegan dos coches patrulla a la zona. El primer policía me saca del coche y me pide que le acompañe. El sonido de las sirenas de la policía ha despertado ya a todos los vecinos a los que todavía no habíamos despertado nosotras, que se asoman por las ventanas para ver qué ha pasado. Entro en el portal seguida por varios policías. Después de llamar varias veces al timbre de la casa de Consuelo, tiran la puerta abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A simple vista no hay nadie en la casa, pero la música está puesta, en una mesa hay dos copas de vino, y toda la estancia está revuelta. Algunos objetos están tirados por el suelo, junto con algunas prendas femeninas. Parece que hayan estado luchando en la habitación.&lt;br /&gt;Un policía que habla inglés me exige que le explique dónde he dejado el cadáver. Le insisto en que yo no sé nada de ningún cadáver. El tipo insiste en preguntar qué hacía yo colgada del lavadero, con la camiseta manchada de sangre. Le explico que no es sangre, es ketchup. Me pregunta que porqué he dicho que en este piso hay una muerta. Le explico mis dificultades con el idioma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos, una nueva sirena rompe el silencio de la noche. Parecen los bomberos.&lt;br /&gt;Los policías siguen registrando el piso. La sirena se escucha cada vez más cerca. Los policías reciben un aviso por radio y se asoman a la ventana. En ese momento, entra en la casa de Consuelo la directora de la residencia, Frau Müller, presa del pánico, acompañada por Isabel, otra Española que vive en la residencia, casi tan cotilla como Consuelo. Mientras la directora con lágrimas en los ojos habla con los policías, Isabel me explica.&lt;br /&gt;―¡La residencia… se está quemando! ―resopla varias veces para coger aliento.&lt;br /&gt;―¿Qué ha pasado? ―pregunto yo.&lt;br /&gt;―No sé, pero parece que la cosa ha empezado en el sótano, donde las lavadoras ―explica Isabel atropelladamente―. Se ha inundado todo, lo que ha provocado un corto circuito, que ha afectado directamente a la habitación de la cocinera Tailandesa. A Frau Müller le ha dado un ataque de nervios, y veníamos a ver si Consuelo sabe dónde está la cocinera, pues en la residencia no aparece.&lt;br /&gt;De repente, Isabel parece darse cuenta por fin de la existencia de los policías, y de que voy esposada.&lt;br /&gt;―¿Pero qué pasa aquí? ¿Dónde está Consuelo?―pregunta desconcertada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, el único policía que seguía registrando el piso, abre el enorme armario ropero de Consuelo, y delante nuestro aparecen completamente desnudas Consuelo y Ching Guan, la cocinera Tailandesa, tapándose con las manos las vergüenzas, delante de todos los presentes, que somos muchos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los policías ayudan a salir a las dos chicas del armario sin quitarles el ojo de encima con una sonrisilla viciosa en la cara. Consuelo me mira con cara de odio. Frau Müller grita y abofetea a Ching Guan, mientras Isabel se regocija pensando en las horas de conversación que tiene por delante.&lt;br /&gt;A mi me quitan las esposas, y bajo a reunirme con Inés, que sigue en el coche de policía. Le explico lo que ha pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Deberíamos dejar de fumar ―me dice Inés.&lt;br /&gt;―Algún día ―le respondo yo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-6866104836446551377?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/6866104836446551377/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=6866104836446551377' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6866104836446551377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6866104836446551377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/08/en-la-residencia.html' title='En la residencia'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SoElMGVGqrI/AAAAAAAAAP0/qrFswLw8zdk/s72-c/lavadora.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-9063144933322381172</id><published>2009-06-30T01:57:00.000-07:00</published><updated>2009-07-02T00:56:57.759-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>Ella vomitó</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SknUQgxiQLI/AAAAAAAAALY/PjQsqvfCTT8/s1600-h/images%5B7%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353043012247240882" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 92px; CURSOR: hand; HEIGHT: 139px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SknUQgxiQLI/AAAAAAAAALY/PjQsqvfCTT8/s200/images%5B7%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;―Vomitó. Ella vomitó. Yo la besé y ella vomitó.&lt;br /&gt;―Por favor, tome asiento y tranquilícese. Dígame, ¿cómo fue? La estaba usted besando y de repente ¿ella le apartó la cara para vomitar? ¿Le vomitó en la cara?&lt;br /&gt;―No. ¡por Dios! ¡No! No fue así. Yo la besé. Y bien. Quiero decir que yo beso bien, ¿sabe? Que siempre me lo han dicho. Vale que éste no fue un beso como para tirar cohetes, pero estuvo bien, vamos, lo normal, dentro de la media, ya me entiende.&lt;br /&gt;―Bien. Entonces ella se apartó para vomitar…&lt;br /&gt;―No, déjeme terminar, por favor. Lo que necesito que quede bien claro antes de nada, es que no fue un beso tan asqueroso ni baboso como para ponerse a vomitar, a eso me refiero. Que fue un beso normal, ni de fuegos artificiales ni de vómito.&lt;br /&gt;―Sí, me hago cargo. Pero entonces ella se apartó para vomitar, ¿no? Centrémonos en la cuestión.&lt;br /&gt;―Entonces ella me dejó colgado. En mitad de la fiesta, se tumbó entre dos sillas con las piernas levantadas, y sin decir ni pío, giró la cabeza y empezó a vomitar con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;―La chica se sentiría indispuesta. Quizás había cenado demasiado.&lt;br /&gt;―No. Vomitó exhibiéndose, ¿sabe? Delante de todos y con las piernas levantadas. Fue un insulto. Un código de comunicación sin palabras, no sé si me capta. Yo la beso y ella vomita. Más claro agua.&lt;br /&gt;―Yo no me lo tomaría como algo tan personal. ¿A usted le gustaba mucho la chica? ¿Era muy atractiva?&lt;br /&gt;―Del montón, no sé… gustarme, gustarme…regular, no sé, sí… o no… a ver, yo que sé, no es que me hubiera enamorado, pero para un rato ya valía.&lt;br /&gt;―Bueno, pues entonces no se lo tome usted tan mal. Sepa que lo que le ha sucedido no es algo tan fuera de lo común. Usted, sin percatarse, le dio un beso de los que denominamos “beso ventilador o centrifugado” a esa mujer. Eso a veces pasa y no hay que avergonzarse por ello.&lt;br /&gt;―¿Un beso ventilador o centrifugado?&lt;br /&gt;―Sí, seguramente mezclado con un “beso traqueotomía” Es decir, que le introdujo la lengua hasta el fondo y empezó a girarla tan rápido que la mareó. No es el primer caso que nos viene a esta consulta, créame. La chica no quiso ofenderle.&lt;br /&gt;―¡Que no, joder! ¡Qué ventilador ni que hostias!!Que ya se lo he dicho antes, que a mí las chicas me felicitan siempre después de besarlas!&lt;br /&gt;―Tranquilícese, hombre. Vamos a calmarnos, siéntese de nuevo, por favor. No se altere.&lt;br /&gt;―¿Cómo no me voy a alterar, si me dice usted que beso como un puto ventilador?&lt;br /&gt;―Bien, vamos a ver. Si a usted la mujer en cuestión no le interesaba demasiado ¿Por qué se siente tan ofendido?&lt;br /&gt;―Me mancilló, ¿entiende? Durante más de media hora de reloj estuve dándole carrete, escuchando las aburridas anécdotas de su trabajo, su infancia, siendo amable y considerado, dándole a entender que me importaba su vida, que me interesaba que fuera de Albacete, cuando a mí lo único que me interesaba era ponerla mirando pa Cuenca, ¿entiende?&lt;br /&gt;―Entiendo, entiendo… no hace falta que sea usted tan gráfico.&lt;br /&gt;―Y cuando por fin la beso, cuando todo indica que he triunfado, que las opciones están ahí, sobre la mesa, cuando parece que está ya todo hecho, va y vomita. Vomita. Y lo peor no es eso, doctor. Porque la verdad es que no he venido por eso.&lt;br /&gt;―Ah, ¿no?&lt;br /&gt;―No, doctor, no. Es mucho peor. ¿A usted no le ha pasado alguna vez, el temido efecto dominó?&lt;br /&gt;―¿Efecto dominó?&lt;br /&gt;―Bueno, ¿usted no ha visto nunca a alguien vomitar, y no ha podido evitar acompañarle en el vómito?&lt;br /&gt;―Sí, es algo que suele suceder. Empatía vomitatoria, que se le llama en psicología. Entonces, ¿se puso usted a vomitar a su lado? Hombre, la verdad es que no se puede negar que es usted todo un romántico.&lt;br /&gt;―Los chistes se los mete usted por el culo ¿eh? Se va usted a burlar de su santa madre, ¿me entiende?&lt;br /&gt;―Perdone, no he querido ofenderle. ¿Dónde va? Siéntese, por favor, tranquilo, que no he querido ofenderle, discúlpeme.&lt;br /&gt;―!No! ¡no me puse a vomitar a su lado!&lt;br /&gt;―No se altere, hombre… A veces una nota de humor sirve para distender el ambiente. Cuéntemelo todo. Vomítelo todo, si me permite la metáfora. Estoy aquí para ayudarle.&lt;br /&gt;―Bien, doctor, perdone que me haya puesto así, es que lo estoy pasando muy mal.&lt;br /&gt;―Me hago cargo, no se preocupe, a ver, cuénteme.&lt;br /&gt;―Estoy hundido. Desde entonces, cada vez beso a una chica, sin quererlo recreo la escena de esa mujer vomitando tras besarme, y tengo que salir corriendo yo también a vomitar. Yo le llamo efecto dominó, porque no sabía lo de la simpatía esa del vómito, que dice. Lo estoy pasando muy mal. ¡Entiéndame! Justo ahora… que por fin salgo con la chica que me gusta, no me atrevo a besarla, doctor. Y es que ella me gusta mucho, es guapísima, inteligente, simpática, divertida, una mujer diez, ¿me entiende? Un cañón. Y me envía señales, constantemente, me mira a los ojos y después a la boca, a veces se moja los labios con la lengua de manera sensual, como invitándome, ¿sabe? Se acerca y yo le comería tos los morros, pero ¿y si la beso y después tengo la necesidad de irme corriendo a vomitar como me ha pasado últimamente? ¿Qué pensaría de mí? !La perdería! Así que me hago el idiota, quedo con ella día tras día en el parque, nos cogemos de la mano y le hablo. Le hablo mucho, y cuando parece que llega ya el momento del beso, me hago el despistado e ignoro todas las señales que me envía. Pero no puedo estirar la cosa mucho más. Se empieza a poner nerviosa.&lt;br /&gt;―Bien, lo fundamental es que ya conocemos el problema y ese es el primer paso para solucionarlo. Vamos a aplicar una terapia conductiva. Pero por hoy se nos han acabado los 45 minutos.&lt;br /&gt;―Pero a ver… si yo aun no estoy curado y…&lt;br /&gt;―Mi secretaria le cobrará los 100 euros por la sesión de hoy y le tomará nota para el próximo día. Le voy a ayudar, no se preocupe…&lt;br /&gt;―Pero si es que yo he quedado hoy con ella y esperaba…&lt;br /&gt;―Tengo a otro paciente esperando, así que le ruego que deje de dar golpecitos en la mesa con el pie y salga de la consulta, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la puñetera consulta cabizbajo, y peor de lo que había entrado. ¿No se había atrevido el muy cabrón a decir que yo beso como un ventilador? Una vez me curara, lo primero que haría sería ir a conocer a su mujer, a ver qué opina ella de mis besos. Un ventilador… A mí las mujeres siempre me habían dicho que mis besos eran dulces y apasionados, de los que ponen los pelos de punta y los pezones erectos. De los que hacen que tiemblen las rodillas, de los que calientan. Eso me habían dicho todas. Todas menos la vomitadora. ¡Maldita sea! ¡Joder! Ahora por su culpa, yo me había convertido en un bulímico del beso. Solo de pensarlo me entraban ganas de vomitar.&lt;br /&gt;Me estaba auto compadeciendo de esa forma, cuando llegué al parque en el que me esperaba Sofía. Sofía la de las piernas largas, la de los morritos sexy, la de la sonrisa blanca y brillante, la de la mirada pícara. Mi Sofi.&lt;br /&gt;―Hola guapísima―le dije.&lt;br /&gt;―¿Qué tal? ―me respondió ella dándome dos besos muy largos, de los que detienen el tiempo durante unos segundos, mirándome a los ojos y en la comisura de los labios, casi en la boca. Noté su respiración.&lt;br /&gt;―Bien, bien… ―dije yo, separándome de golpe y rompiendo la magia―. Acabo de venir del médico, del dentista. Me acaban de hacer un empaste y me duele mogollón, así que me ha dicho el médico que por hoy mejor que ni coma, ni beba… ni bese.&lt;br /&gt;―Vale tío, ya está ―me dijo en un tono cortante y con una expresión en la mirada que no le había visto nunca.&lt;br /&gt;―Ya está ¿qué?&lt;br /&gt;―Que no te ralles, joder, que no busques más excusas, que si no te gusto, pues no hace falta que quedes conmigo aquí cada puñetera tarde para hacer el imbécil. Que si te molan más los tíos o no te pongo nada, pues para qué coño me llamas, ya está. A ver desde cuándo un dentista dice que no se puede besar a nadie después de un empaste.&lt;br /&gt;―Sofi, cariño, es que yo quiero ir despacio.&lt;br /&gt;―¿Despacio? ¿Despacio? Después de tres meses quedando todas las tardes aquí en el parque, aun no me has besado. Pero de qué vas, tío… que no te estoy pidiendo que me arranques las bragas detrás de un seto… que estoy hablando de un beso, de un puñetero beso, que tenemos ya 30 años…―Sofia se estaba poniendo roja. La rabia se le acumulaba en la cara en forma de sangre.&lt;br /&gt;―Sofi, cariño, es que yo quiero que sea especial, no quiero que sea aquí en este parque, con las palomas molestando y los abuelos mirando, entiéndeme que quiero que sea diferente―improvisé.&lt;br /&gt;―Bueno, pues entonces ¿para qué me citas siempre en este parque? Si tan especial quieres que sea, y tan bonito, pues quedamos una tarde en la playa para ver la puesta de sol, y te traes a la tuna o a una orquesta de putos mariachis para que amenicen la velada…―me contestó fuera de si de la rabia―. Mira, que paso ya de tu cara. No te preocupes que no me faltará quién quiera besarme, es más, quién se muera por besarme. Ya he fichado a un par de candidatos.&lt;br /&gt;―Sofi, espera, Sofi, no te vayas cariño…yo…―la seguí. Era ahora o nunca, tenía que besarla. La sujeté por la cintura, la giré violentamente, y la besé con fuerza. Con tanta que nuestros dientes chocaron. Noté un chasquido y algo que explotaba, como una uva al morderla, y de pronto el sabor a sangre en mi boca. Le había partido el labio con mis dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Yo no puedo ver la sangre, doctor, me mareo. Desde niña pierdo el conocimiento con sólo intuirla. Estoy desesperada. Desde que me partió el labio y parte de un diente, todas las veces que alguien me ha besado, recuerdo el momento en el que mi boca se llenó de sangre, y todo se tiñe de negro. Caigo redonda al suelo, y me despierto con una legión de personas abanicándome, mojándome la nuca y con las piernas en alto. Llevo ya tres meses dándole largas al chico que me gusta. ¡Estoy bloqueada! ¡Soy como la bella durmiente pero al revés! ¿Puede ayudarme, doctor? ¿Puede?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-9063144933322381172?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/9063144933322381172/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=9063144933322381172' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9063144933322381172'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/9063144933322381172'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/06/ella-vomito.html' title='Ella vomitó'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SknUQgxiQLI/AAAAAAAAALY/PjQsqvfCTT8/s72-c/images%5B7%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-1146271500680875618</id><published>2009-06-08T00:03:00.000-07:00</published><updated>2009-07-02T00:57:10.602-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>LA PRIMERA VEZ</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Siy5LabsncI/AAAAAAAAAHs/fmgzXqM3ZVI/s1600-h/gin+tonic.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344850463507127746" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 101px; CURSOR: hand; HEIGHT: 135px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Siy5LabsncI/AAAAAAAAAHs/fmgzXqM3ZVI/s200/gin+tonic.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Hoy, cuando cumplo 45 años, he decidido que ha llegado el día. Ha llegado el momento. Sí, ya no voy a retrasarlo más, que creo que ya va siendo hora. Hoy voy a perder mi virginidad.&lt;br /&gt;Sí, ya sé que puede parecer raro. Sé que he tardado en decidirme un poco más de lo normal, que he alargado el momento algo más que la media. Que me he reservado mucho. Y sé también, que después de tanta espera, no parece normal que haya decidido hoy hacerlo con cualquiera. Sí, con cualquiera, no nos vamos a engañar. Que soy consciente de que mis pechos hace tiempo ya que perdieron su turgencia, y que los años de sedentarismo frente al ordenador han incidido en el aspecto fláccido y almohadillado de mis nalgas. También soy consciente de que mi rostro ha perdido la definición que algún día tuvo y ahora viene adornado de una papada que me da el aspecto de tener dos caras. Todo eso lo sé, y por eso he decidido bajar el listón y hacerlo hoy con cualquiera que esté dispuesto. Que ya no albergo sueños románticos, que ya no espero a que un príncipe azul venga a rescatarme en su caballo y me haga el amor bajo la luz de la luna, que no, que me conformo sólo con echar un polvo. Que ya lo voy necesitando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso me dijo Roberta esta mañana por teléfono cuando la llamé para felicitarle el cumpleaños. Estaba nerviosa, excitada, desatada, fuera de si misma. No parecía la Roberta funcionaria del ayuntamiento que conozco. No parecía la mujer recatada, aburrida, gordita con gafas que atiende cada día a los ciudadanos con el rostro avinagrado. No. Ahora resulta que Roberta también necesita sexo. Y yo que pensaba que con el palo que parece llevar metido por el culo ya tenía bastante, y resulta que no. ¿Virgen con 45 años? ¿Sueños románticos? A ver, que su vida sexual no era la más activa de la ciudad se podía intuir, pero ¿virgen?&lt;br /&gt;El caso es que esta noche piensa ir a la Paloma a ligar, y como no tiene amigas, me ha suplicado que la acompañe como cebo. A la Paloma, para atraer a hombres ya maduros, a divorciados que podrían ser mi padre. Este es el plan: yo los atraigo, y ella se los tira. Bueno, con uno basta. Espero que salga bien a la primera y pueda retirarme pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roberta y Elena se encuentran en la estación de metro acordada. Se dan dos besos y conversan. Roberta luce una camisa escotada naranja que le marca un estómago prominente y unos pantalones que le aprietan en sus partes íntimas. Se arregla el cabello con las manos con frecuencia y camina con las piernas muy abiertas y arrastrando los pies. A su lado, Elena, de complexión menuda y ataviada con un vestido negro muy corto, va llamando la atención de todos los hombres que se le cruzan. Llegan a la puerta de la discoteca, pagan 15 euros y reciben una consumición junto con el ticket de entrada. Una vez dentro, con la música a todo volumen, proceden a dar una vuelta de reconocimiento, para finalmente sentarse en una barra donde piden dos gintonics.&lt;br /&gt;―Venga, vete fijando, a ver cuál te gusta ―apremia Elena a Roberta.&lt;br /&gt;―No, si por mí, mientras venga aseado y tenga dientes…&lt;br /&gt;―Roberta, joder, qué fuerte, intenta ser un poco selectiva, coño, que no has esperado 45 años para tirarte ahora a cualquiera.&lt;br /&gt;―Es que de hoy no pasa. De hoy no pasa, eso seguro ―repite Roberta mientras se bebe de un trago el gintonic―. Ponme otro ―le dice al camarero―. Mira, ése mismo de ahí, ese calvo con bigote.&lt;br /&gt;―Tía, qué fuerte, si ese parece recién salido de un concierto de los Village people. Mira cómo mira al camarero. Así no me extraña que sigas virgen.&lt;br /&gt;―Ah, pues vaya, y yo que lo veía tan masculino, con tanto pelo saliéndole así por fuera de la camisa… Por cierto, ¿tú crees que tengo que avisar de que soy virgen?&lt;br /&gt;―Estás de coña, ¿no? Qué quieres, ¿espantarlos? Eres una mujer de 45 años muy experimentada, que no se te olvide.&lt;br /&gt;―Vale.&lt;br /&gt;―Mira ese, el de las gafitas, por ejemplo. Ese tiene pinta de contable divorciado, recién duchado, con traje y corbata, perfumado, pulcro, parece que con la dentadura completa, yo lo veo bastante potable.&lt;br /&gt;―Hombre, pues sí, no está mal. Venga, hazle señas o algo ―responde Roberta emocionada.&lt;br /&gt;―Tía, que no es un perro, joder. Vamos a empezar por mirarle. Venga, las dos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Elena y Roberta inician el proceso de cortejo con Manuel. Las dos le miran y le sonríen. Manuel empieza a sentirse incómodo ante las dos mujeres que tiene enfrente. Ya no sabe dónde mirar. Intenta concentrarse en otro punto, pero las miradas persisten, las sonrisas también. La gorda le hace incluso una seña con las manos, una especie de saludo. ¿Serán prostitutas? No sería la primera vez que en locales como ése entran mujeres de la vida buscando clientes, su madre ya se lo ha advertido un montón de veces. No tendría que haber salido, piensa Manuel, con lo a gusto que se está en casa, o en misa con el Padre Ricardo, tocando la guitarra y cantando santo, santo, santo es el señor. Ya lo sabía, que no era ese el lugar apropiado para encontrar a una mujer como Dios manda, a una mujer de las que esperan hasta el matrimonio para consumar el sagrado acto de la reproducción, como también hace él, y no como las dos prostitutas que tiene enfrente. Manuel se levanta del taburete y decide abandonar la discoteca.&lt;br /&gt;―¡Que se va! ¡Joder! ¡Haz algo, venga, lo que sea, pero que no se vaya! –exclama Roberta con desesperación, presa del pánico.&lt;br /&gt;Elena reacciona a tiempo y le pone la zancadilla a Manuel, que aterriza sobre Roberta, con la cara justo a la altura donde los pantalones le aprietan. Buena señal, piensa Roberta.&lt;br /&gt;―Uy, te has tropezado ―le dice mientras le guiña un ojo.&lt;br /&gt;―Sí, has estado un poco torpe. ―añade Elena― ¿Porqué no te sientas con nosotras y nos tomamos los tres una copa?&lt;br /&gt;―No, si es que yo me tengo que ir ya, que me están esperando.&lt;br /&gt;―Ah, que estás casado, ¿no? Que has venido aquí sólo a intentar echar una canita al aire. Pues fíjate qué suerte has tenido de conocernos, ¿verdad, Roberta?&lt;br /&gt;―Sí, sí… un montón de suerte, un montón, un montón ―repite Roberta nerviosa―. Ponme otro gintonic ―le dice al camarero―. Y qué te parece, ¿eh? si nos vamos a otro sitio más tranquilo, para hablar, ¿eh? ¿Por ejemplo a un hotel? ―propone Roberta, entrando ya en materia y dejándose de preámbulos.&lt;br /&gt;―No, a ver, si yo, con todos mis respetos… yo es que no estoy buscando esa clase de servicios, yo no… yo no lo considero apropiado, yo no… y menos para una primera vez ―responde Manuel, con la mirada extraviada.&lt;br /&gt;Las dos mujeres se miran entre si, sorprendidas de que ese hombre haya averiguado que se trata de la primera vez de Roberta. ¿Es que lo lleva escrito en la cara? La primera en reaccionar es Elena.&lt;br /&gt;―Uy, primera vez, dice… pues no tiene ya mi amiga Roberta tiros pegados…&lt;br /&gt;―Ufff un montón, un montón de tiros pegados. No sé ya ni cuántos tiros, pero un montón, un montón ―repite Roberta histérica, bebiéndose de un trago el nuevo gintonic que le acaba de servir el camarero.&lt;br /&gt;Si a esas alturas Manuel albergaba aun alguna duda sobre si esas dos mujeres eran prostitutas, ahora ya lo tiene muy claro. Y le parece una pena. Sobretodo por la mujer entradita en carnes. Mirándola de cerca, algo le atrae de ella. Le inspira ternura, no sabe bien qué es. Le resulta familiar. Ese rictus amargo en la cara, ese aire severo… ¡Ya está! si es que esa mujer es igualita a su madre. ¡Igualita! Por su mente, a la velocidad de un rayo, se recrean una serie de situaciones que podría vivir en su compañía: un primer beso, un primer paseo por la playa, la primera misa del gallo juntos… Pero esa mujer, a diferencia de su madre, se acuesta con hombres por dinero, y eso no hay que olvidarlo. Eso lo cambia todo. Manuel despierta de su dulce ensoñación de golpe y decide irse a su casa, a introducirse con sigilo en la cama de su madre para pedirle perdón por haber salido, para darle la razón, todas las mujeres son iguales: malas, malas, malas… para acurrucarse en posición fetal y abrazarse a la única mujer del mundo que le quiere y le comprende, la única que merece la pena.&lt;br /&gt;―Me tengo que ir.&lt;br /&gt;Y Manuel se va, dejando a Roberta y a Elena perplejas frente a la barra del bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha llegado contenta al ayuntamiento. Parece otra. Relajada, satisfecha. Escucha a los ciudadanos con empatía, incluso con una sonrisa en los labios. Parece haberse quitado el palo del culo.&lt;br /&gt;Yo es que me tuve que ir a los diez minutos del intento frustrado con el contable divorciado que después estaba casado, o lo que sea. La dejé con dos gintonics más en el cuerpo, incapaz de vocalizar y mirando con descaro al de los Village people y al camarero. Lo que pasó después no lo sé, todavía no me lo ha contado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mis 45 años y dos días, sigo siendo virgen. Y lo digo con la cabeza bien alta, que quede claro que me siento muy orgullosa. Que ya no tengo ninguna prisa.&lt;br /&gt;El sábado, después de quedarme sola en la barra de aquel bar, tuve algún problema para mantener el equilibrio al bajarme del taburete, del cansancio, supongo. El caso es que caí rodando al suelo tirándome por encima el último gintonic. Y allí, junto a mí, en el suelo, reluciente, marrón, pequeña y de piel, apareció la cartera de Manuel, que sin duda perdió al tropezar y caer de bruces sobre mis pantalones, que por cierto me aprietan un poco y me molestan al caminar. Me la llevé a mi casa y dormí abrazada a ella. Al despertar, le eché una ojeada al contenido, no por cotillear, que eso está feo, sino para saber dónde llevarla. Y revisando sus tarjetas, me llevé la sorpresa de encontrar entre ellas un carné que reconocía a Manuel como miembro honorífico de la comunidad cristiana del santo pastor, cuyo lema es “La pureza de la virginidad hasta el matrimonio, la mayor de las ofrendas a Dios”. Hice un pequeño trabajo de investigación por Internet, y resulta que esa comunidad está formada por personas que, como yo, han traspasado la barrera de los 40 años y siguen sin mácula. Y como todos los domingos se reúnen en un local, decidí pasarme por ahí para devolverle la cartera a Manuel, y de paso unirme al grupo.&lt;br /&gt;No quisiera aburrir con los detalles, pero Manuel y yo vamos en serio. Tan en serio, que este domingo, después de misa, me va a presentar a su madre. Vamos a ir despacio, que como ya he dicho antes, prisa ninguna. Y es que por fin, después de 45 años, he encontrado al príncipe azul que siempre soñé. Un príncipe dispuesto a rescatarme con su caballo y a hacerme ver las estrellas bajo la luz de la luna.&lt;br /&gt;Y en cuanto al hombre calvo, peludo y con bigote que amaneció desnudo en mi cama junto a la cartera, no le doy la menor importancia. Y es que en verdad, las cosas que no se recuerdan es como si nunca hubieran sucedido, y yo, de lo que sucedió aquella noche, no me acuerdo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-1146271500680875618?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/1146271500680875618/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=1146271500680875618' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1146271500680875618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1146271500680875618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/06/la-primera-vez.html' title='LA PRIMERA VEZ'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/Siy5LabsncI/AAAAAAAAAHs/fmgzXqM3ZVI/s72-c/gin+tonic.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3465037704733498541</id><published>2009-06-02T09:15:00.000-07:00</published><updated>2009-07-02T00:44:31.553-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>Las cajas de madera</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SiVRfYDqjMI/AAAAAAAAAHk/Wq3MszfZtvU/s1600-h/NCAF42IF7CA76HU8ICA7T9NYVCAHH4S6NCAFQM2AICAWXKV1UCA0VJ6UNCAEU0HG7CAM9NC4RCAA73Z77CAO2E039CAIQIEWDCAEOJJKNCAWDKZXRCAXOT1UCCAQ16HP9CA1H7H4BCAMLPKKR.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342766132420578498" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 124px; CURSOR: hand; HEIGHT: 98px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SiVRfYDqjMI/AAAAAAAAAHk/Wq3MszfZtvU/s200/NCAF42IF7CA76HU8ICA7T9NYVCAHH4S6NCAFQM2AICAWXKV1UCA0VJ6UNCAEU0HG7CAM9NC4RCAA73Z77CAO2E039CAIQIEWDCAEOJJKNCAWDKZXRCAXOT1UCCAQ16HP9CA1H7H4BCAMLPKKR.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;En mi pueblo vivía un hombre llamado Paquito, que todas las tardes sacaba a pasear a un caballo enano que tenía como mascota.&lt;br /&gt;─Mira mamá, un pony ─decían los niños al verle pasar.&lt;br /&gt;─Que no es un pony, leches ─replicaba el hombre indignado─. ¿Es que no lo veis, que se trata de un caballo enano?&lt;br /&gt;Acto seguido se agachaba y acariciaba suavemente la melenita del caballo, mientras le susurraba algo al oído, acaso una disculpa. “Son niños” le oyeron unos decir un día. “No entienden de animales” juraron otros que dijo con los dientes apretados y la rabia contenida. Así, con caricias y dulces palabras intentaba Paquito el animal, como le llamaban en el pueblo, aliviar el dolor y la humillación que para cualquier caballo supone, el ser confundido con un pony.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero según se cuenta por ahí, el caballito no fue el primer animal exótico que Paquito paseó por el pueblo. Yo no había nacido aún cuando un repartidor descargó frente a la puerta de su casa una misteriosa caja de madera procedente del fin del mundo. De ella, desorientados y ladrando, asomaron cuatro perros salchichas unidos entre si por las patas traseras, formando una especie de extraño tren de perros. Junto a la caja de madera llegó también una carta, que Paquito leyó con lágrimas en los ojos. Acto seguido, enjugándose las lágrimas y sin decir ni media palabra, introdujo a los perros en su casa con sumo cuidado de no golpearlos con los marcos de las puertas; firmó el acuse de recibo al repartidor, y desde aquel preciso instante se dedicó en cuerpo y alma a cuidar de sus animales.&lt;br /&gt;─Mira, mamá, una ristra de chorizos gigantes que caminan ─decían los niños al verle pasar.&lt;br /&gt;─Que no son chorizos, leches ─replicaba Paquito furioso─. ¿Es que no veis, que son perros? Perros salchichas que están muy unidos.&lt;br /&gt;Y entonces se agachaba hasta ponerse a la altura de la ristra de perros y los acariciaba y consolaba, hasta conseguir que se olvidaran del agravio y movieran sus colitas rítmicamente con alegría, abofeteando con ellas al perrito que tenían detrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que a los pocos años de la llegada de la primera caja de madera, otro repartidor descargó frente a la casa de Paquito una segunda caja, esta vez un poco más pequeña y procedente también del fin del mundo. De ella asomó de repente un animal de aspecto muy parecido al de una mofeta, que nada más aparecer, inundó el ambiente con un delicioso olor a rosas y a jazmín. Paquito, con el rostro serio, leyó de nuevo la carta que venía acompañando la caja, firmó el recibo al repartidor e introdujo al animal en su casa.&lt;br /&gt;─Mira, mamá, una mofeta ─decían los niños al verle pasar con su nueva mascota.&lt;br /&gt;─Que no es una mofeta, leches ─replicaba él indignado─. ¿Es que no lo veis? Se trata de un ardillo. Y los ardillos cuando se enfadan o tienen miedo no exhalan gases pestilentes, sino que esparcen en el aire el más delicado aroma a flores silvestres.&lt;br /&gt;Y entonces se agachaba para consolar al pobre ardillo de la ofensa de haber sido confundido con una pestilente mofeta, mientras el animal, medio asustado, medio aturdido, seguía inundando el ambiente con la mejor selección de sus perfumes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos años más tarde, según se comenta por ahí, a Paquito volvió a llegarle otra caja de madera procedente del fin del mundo. Esta vez de ella no emergió nada, fue Paquito quien tuvo que introducir la mano en la caja hasta dar con una bolsa de plástico transparente repleta de agua. Sorprendido, observó el contenido de la bolsa, y comprobó que dentro de ella flotaban felizmente una docena de simpáticos pececillos. Paquito el animal en este caso, al leer la carta, no lloró, sino que en su rostro se adivinó una mueca de desagrado. Firmó el recibo al repartidor, y dicen las malas lenguas que esa misma noche preparó una barbacoa en el jardín comunitario, donde asó a la parrilla hasta el último de los peces.&lt;br /&gt;─Mira mamá, están asando sardinas ─dijo una niña al pasar por delante del jardín.&lt;br /&gt;─Que no, leches, que no son sardinas ─afirmó Paquito con la boca llena y con un mohín de asco reflejado en la cara mientras tragaba─. Que son peces tropicales ¿es que no lo veis, que son pequeños y de vivos colores?&lt;br /&gt;Y continuó mascando y tragando con dificultad el bocadillo de pan con tomate y peces asados que se había preparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella caja, llegaron algunas más: un oso hormiguero que fue confundido con un aspirador, un pingüino al que tomaron por un camarero enano y un ciempiés gigante que fue confundido con una alfombra Persa.&lt;br /&gt;Paquito no volvió a mostrar repulsión ante ninguna de las cajas que le fueron entregadas, ni volvió a asar su contenido en la parrilla. En lugar de eso, las aceptó todas con solemnidad y con el gesto adusto, hasta que llegó la que sería la última entrega de su vida, la del caballito enano al que todos confundían con un pony. Y para ese entonces, se dice que Paquito contaba ya con más de cien años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según cuentan los viejos del lugar, Paquito llegó para instalarse en el pueblo con edad ya de peinar canas, y con aspecto taciturno. Unos dicen que procedente del fin del mundo, otros que de la Conchinchina. Lo que sí es seguro es que llegó con un pequeño petate colgado al hombro y que se instaló en el apartamento más pequeño y oscuro del pueblo. Tan oscuro dicen que era, que una vez dentro, resultaba imposible calcular si en el exterior era de día o de noche, e incluso se perdía la noción del tiempo.&lt;br /&gt;Nadie sabe exactamente a qué se dedicó Paquito. Algunos dicen que fue escritor, otros aseguran que domador de fieras, y los más atrevidos garantizan que su única dedicación fue pasear animales y hacerle el amor a las 18 bellas doncellas que se trajo dentro del petate procedentes del fin del mundo, aunque ese último dato, como el resto, está por confirmar.&lt;br /&gt;Lo que sí se sabe con certeza, es que cuando la última caja de madera llegó con el caballito dentro, al anciano en el que ya se había convertido Paquito, no le hizo falta leer la carta que se adjuntaba para caer arrodillado abrazado al animal, y para exclamar con lágrimas en los ojos y mirando al cielo: “gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias…” y así durante un tiempo indeterminado, que no se puede precisar, pues el repartidor, único testigo de la escena, tuvo que marcharse con prisa a realizar otra entrega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paquito desapareció hace ya muchos años. El día de su desaparición, a los vecinos de su inmueble les despertó un fuerte resplandor. Un destello luminoso luchaba por acaparar cada espacio, cada rincón, cada átomo, convirtiéndolo todo en una inmensa nube blanca. Atrapados por la fuerza hipnótica de esa claridad, casi en éxtasis, los vecinos se reunieron frente a la puerta de entrada de la casa de Paquito, lugar de procedencia del destello luminoso. No les hizo falta forzar la cerradura, y es que según se cuenta, la puerta se abrió con el leve suspiro que uno de los vecinos, el más anciano, exhaló.&lt;br /&gt;Blanco como la nieve, y levitando en posición horizontal, se encontraron a Paquito, con una leve sonrisa dibujada en el rostro y abrazado a una pequeña caja de madera.&lt;br /&gt;Los vecinos, sorprendidos ante la visión, pero demasiado atraídos por la fuerza magnética de la luz que desprendía Paquito como para reaccionar, rodearon su blanca figura y se sentaron en el suelo, incapaces de apartar la vista del fulgor y la energía que manaba del cuerpo de aquel anciano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;─Podríamos abrir la caja y ver qué contiene ─propuso el más joven de los vecinos, el primero en reaccionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el más osado de todos, traspasó el halo brillante de luz que manaba del cuerpo de Paquito hasta alcanzar la caja y extraer de ella una fotografía amarilleada por el tiempo, de un Paquito joven con un bebé entre sus brazos. La caja contenía también, una por una, todas las cartas que acompañaron las entregas de animales que a lo largo de su vida Paquito recibió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;─Podríamos leerlas todas, y ver qué dicen ─propuso de nuevo el más joven de los vecinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el más osado de todos empezó por leer la primera:&lt;br /&gt;“Aquí recibes a estos cuatro perros, que sois en verdad tú y tus tres hermanos, unidos por las piernas como hubierais debido estarlo por los lazos de la sangre. Deberás cuidarlos, protegerlos y respetarlos, para compensar todas las veces en que los descuidaste, los desprotegiste y no los respetaste, hasta que fuiste castigado con el destierro.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y prosiguió con la segunda carta:&lt;br /&gt;“Aquí recibes a este Ardillo, que es en realidad tu mujer. Deberás cuidarla y protegerla para reparar y compensar todo el daño que le hiciste con cada hediondo agravio que le propinaste, hasta que fuiste castigado con el destierro.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y continuó con la tercera:&lt;br /&gt;“Aquí recibes a estos 12 peces, que son en verdad tus 12 compañeros de borrachera, que te incitaron y provocaron parte de tu mal. Cómetelos para reparar el daño que en compañía de ellos hiciste, hasta que fuiste castigado con el destierro.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, una a una, leyó todas las cartas que explicaban qué era cada animal, y qué simbolizaba: el oso hormiguero fue su mejor amigo al que acusó de meter las narices donde no debía, el pingüino simbolizaba la frialdad con la que Paquito trató a todo el mundo, y el ciempiés gigante vino a recordarle el modo en el que solía huir de los problemas como si de cien pies estuviera dotado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin llegó a la última carta:&lt;br /&gt;“Aquí recibes a este caballito, que es tu hijo. Al único al que verdaderamente amaste, cuidaste y respetaste antes de ser castigado con el destierro. Sólo por él y para él, tendrás una nueva oportunidad. Resárcelo del tiempo en que no pudiste cuidarlo por cumplir con tu deuda en el destierro, y una vez hayas cumplido, toda la oscuridad de tu vida se tornará en una luz cegadora que lo traspasará todo, una claridad que te llenará el alma. Serás perdonado.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dicen que después de leer aquella carta, los vecinos cayeron en un estado de sopor que los dejó inconscientes durante horas o días o semanas o meses, nadie sabe precisar.&lt;br /&gt;Cuando por fin despertaron, ni Paquito, ni la caja, ni las fotos, ni la luz, ni las cartas, poblaban ya la oscura habitación en la que vivió Paquito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos dicen que nunca ocurrió, otros dicen que lo soñaron y los más incrédulos afirman que todo lo inventaron. Lo que sí es cierto, y se puede confirmar, es que algunos días de otoño en los que el viento sopla con fuerza, en mi pueblo, es fácil que la imagen de un hombre paseando a un caballito se dibuje a lo lejos, mientras se escucha entre el ruido de la hojarasca a alguien afirmar: “que no, leches, que no es un pony”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3465037704733498541?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3465037704733498541/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3465037704733498541' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3465037704733498541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3465037704733498541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/06/las-cajas-de-madera.html' title='Las cajas de madera'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SiVRfYDqjMI/AAAAAAAAAHk/Wq3MszfZtvU/s72-c/NCAF42IF7CA76HU8ICA7T9NYVCAHH4S6NCAFQM2AICAWXKV1UCA0VJ6UNCAEU0HG7CAM9NC4RCAA73Z77CAO2E039CAIQIEWDCAEOJJKNCAWDKZXRCAXOT1UCCAQ16HP9CA1H7H4BCAMLPKKR.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5407009502103604525</id><published>2009-05-20T03:44:00.000-07:00</published><updated>2009-07-02T01:00:41.503-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realidades'/><title type='text'>Los elefantes</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/ShPfoePAYGI/AAAAAAAAAHc/XgGp7L3GK0c/s1600-h/images%5B2%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337855869767934050" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 121px; CURSOR: hand; HEIGHT: 91px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/ShPfoePAYGI/AAAAAAAAAHc/XgGp7L3GK0c/s200/images%5B2%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;Me gusta cuando mi madre me baña y hace un montón de espuma en mi pelo, y me rasca por detrás de las orejas, y después tengo que cerrar los ojos fuerte, porque viene el chorro de agua, y si no los cierro bien después me pican y me molestan, una vez no los cerré fuerte y un ojo estuvo como con sangre por dentro un montón de rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me gusta cuando mi madre me hace cosquillas en los pies, porque dice que mis pies parecen plátanos, porque son largos y estrechos, y yo le digo que no son amarillos ni se comen, y ella se ríe y me dice que sí se comen y se los lleva a la boca y me hace cosquillas, pero no se los come de verdad, porque no se pueden comer, los pies no se comen, además que algunos huelen mal, los de mi primo Alberto que ya es grande huelen pestosos, como a queso y mi tía Luisa le regaña y le dice que se cambie de zapatillas, pero él no dice nada y se mete en su cuarto a jugar con la play y conmigo nunca juega, además tiene la cara llena de granos con cosas blancas dentro que me dan asco, y a mí no me gusta nada ir a casa de mi tía Luisa, pero muchas veces voy, sobretodo los sábados y los domingos, y una vez estuve un montón de días, no me acuerdo ya ni cuantos, porque era pequeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me gusta un montón dibujar, a mi madre también, a ella le gusta más dibujar elefantes y a veces también me cuenta historias de elefantes, me las cuenta por la noche. Hay una de un elefante que quería volar alto para irse muy lejos pero le pesaba demasiado la panza y no podía, pero al final el elefante se hizo unas alas de madera y se fue volando para siempre.&lt;br /&gt;Yo de mayor quiero ser tan guapa como ella. Me gusta un montón cuando se pinta las pestañas con la boca abierta y los labios también y se pone un vestido muy bonito y huele muy bien, a flan de vainilla. Yo una vez me probé sus zapatos pero no podía caminar porque había que ir de puntillas y se salían todo el rato, y a mi madre le hizo mucha risa verme, y me dijo que de mayor iba a ser muy guapa y muy libre, y me dio muchos besos, pero entonces llamaron por teléfono y me dijo que me fuera a dibujar a mi cuarto. A mi madre le gusta un montón hablar por teléfono, sobretodo cuando mi padre no está, se ríe todo el rato y a veces empieza a hablar muy flojito que casi ni se escucha, y se cierra la puerta de la habitación y se enfada si entro. A veces está un montón de rato y yo tengo ganas ya de que salga porque tengo hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi me gusta más cuando mi padre no está, porque así no dice palabrotas. Cuando mi padre está, mi madre está muy rara, y casi siempre me explica la historia del elefante, que ya me la sé y no me gusta tanto. A mi me gusta más la del otro elefante que no volaba, que estaba contento en su casa con su elefantito y lo cuidaba muy bien, pero esa historia no me la cuenta tantas veces, una vez me la contó muy contenta dándome besos todo el rato, pero después se puso a llorar, porque le gusta más la del otro elefante, el de las alas de madera. Pero yo creo que no se puede volar con unas alas de madera, porque pesan mucho, las alas tienen que ser de papel o de plástico como las cometas, las de madera no sirven. Pero eso no se lo digo yo a mi madre porque me gusta más cuando está contenta y me hace cosquillas en los pies, y me hace reír porque dice que parecen plátanos de canarias y hace ver que se los come.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre nunca me dice que mis pies parecen plátanos, porque siempre viene enfadado, y se va a dormir porque llega muy cansado del camión, y no le gusta nada que mi madre no haya fregado los platos y dice que parece una fulana y después gritan y se pelean, y mi padre le dice que es mala madre porque me abandona con la tía Luisa para irse a tirar a cualquier pelagatos como una fulana. Yo no sé que es tirar a un pelagatos, pero a mi me gustan los gatos y a mi madre también, y ella no se iría nunca con alguien que tira o pela gatos, por eso mi padre dice mentiras y palabrotas y yo quiero que le salgan alas al camión para que se vaya y ya no vuelva nunca más, total para decir mentiras, porque mi madre sí me quiere y me cuida, y me lava el pelo con mucha espuma, y dibuja elefantes y me cuenta historias de elefantes, y nunca más me dejará sola en casa de la tía Luisa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5407009502103604525?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5407009502103604525/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5407009502103604525' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5407009502103604525'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5407009502103604525'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/05/los-elefantes.html' title='Los elefantes'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/ShPfoePAYGI/AAAAAAAAAHc/XgGp7L3GK0c/s72-c/images%5B2%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-8791610898817033864</id><published>2009-04-29T08:28:00.000-07:00</published><updated>2009-11-11T08:39:51.854-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microrelatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>El rey de los libros</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SfhzGpR0VhI/AAAAAAAAAG8/7RqdcSLX1QY/s1600-h/libro.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330136716989978130" src="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SfhzGpR0VhI/AAAAAAAAAG8/7RqdcSLX1QY/s200/libro.jpg" style="cursor: hand; float: left; height: 101px; margin: 0px 10px 10px 0px; width: 135px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En aquel lejano y olvidado país de los libros, un best seller era el rey. Las letras que componían su título se mostraban orgullosas, casi hirientes en la portada del brillante ejemplar. “Uffff…. Tanto me quieren todos que termino agotado” suspiraba el best seller con aires de grandeza, ante la triste mirada de los ejemplares modestos de escritores noveles, que agonizaban a la espera de que unas manos atrevidas o curiosas, familiares o amigas, les rescataran del olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconocía el best seller en su prepotencia que su reinado sería efímero. Tardaría tan poco en esfumarse como lo que tardara en llegar un sustituto de colores más brillantes. Y cuando ese momento llegara, que no tardaría, desearía no haber bebido de las mieles del éxito, para no echarlo tan dolorosamente de menos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-8791610898817033864?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/8791610898817033864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=8791610898817033864' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8791610898817033864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/8791610898817033864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/04/el-rey-de-los-libros.html' title='El rey de los libros'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SfhzGpR0VhI/AAAAAAAAAG8/7RqdcSLX1QY/s72-c/libro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-4796585388468712871</id><published>2009-04-14T06:20:00.000-07:00</published><updated>2009-07-02T00:45:22.778-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>El caracol iluminado</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SeSOE473ViI/AAAAAAAAAGc/kIXwBaUZy-E/s1600-h/caracol.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5324536874112865826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 130px; CURSOR: hand; HEIGHT: 86px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SeSOE473ViI/AAAAAAAAAGc/kIXwBaUZy-E/s200/caracol.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;A Cuernecitos largos lo raptaron un día mientras hibernaba en la montaña. Su vida hasta ese momento, como la de cualquier caracol silvestre, no había estado exenta de peligros. Los ciempiés, las aves, los sapos, las pisadas humanas o de caballos, los escarabajos e incluso las hormigas eran una amenaza constante que había ido sorteado no sin dificultad ni sin cierta dosis de buena fortuna.&lt;br /&gt;Nada ansiaba más Cuernecitos largos en esta vida que vivir sin miedo y en paz, sin depredadores ni peligros. Por eso, cuando una fina y refrescante lluvia le despertó del letargo, y se vio en medio de un campo de césped cubierto, en un ambiente cálido y húmedo, rodeado de suculentos y tiernos brotes de hierba y de otros caracoles que le informaron de que ya nada tenía que temer, lo primero que pensó es que había muerto y estaba en el cielo. Su misión consistiría desde aquel momento en comer hasta reventar y en reproducirse al máximo. Aquello era lo más parecido al paraíso que podía imaginar, el sueño de cualquier caracol y de cualquier especie de ser vivo que se precie de serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué suerte hemos tenido de caer aquí, ¿eh?-comentó Cuernecitos a un compañero de cópula un día.&lt;br /&gt;-Sí, supongo que sí…&lt;br /&gt;-¿Supones?-dijo Cuernecitos mirándole atentamente con sus cuatro cuernos- ¿Acaso te imaginas una vida mejor?&lt;br /&gt;-No… si está muy bien todo esto… Es sólo… bueno, se oyen cosas por ahí.&lt;br /&gt;-¿Cosas?&lt;br /&gt;-Sí, cosas…-respondió el compañero abatido, mientras disparaba su esperma en dirección a Cuernecitos- cosas malas. Desapariciones.&lt;br /&gt;-¿Desapariciones?-repitió éste.&lt;br /&gt;-Sí… ¿Tú te acuerdas de los caracoles veteranos, aquellos tan gordos que siempre se comían los mejores brotes?&lt;br /&gt;-Sí, claro que me acuerdo, ¿por qué?&lt;br /&gt;-Ya no están.&lt;br /&gt;-Y qué te crees, ¿que se los ha tragado un trébol? –Cuernecitos rió su ocurrencia mientras en esta ocasión era él el que disparaba su esperma- Se habrán cansado de este campo. No te habrás enamorado de alguno, ¿no? Aquellos caracoles estaban ya de vuelta de todo.&lt;br /&gt;-No… es sólo que… no sé, es tan raro que no estén… dicen por ahí que una noche estaban y por la mañana ya no.&lt;br /&gt;-¡Bah! No te creas todo lo que se dice… Te habrán querido meter miedo- dijo Cuernecitos no sin cierta inquietud en la voz mientras se separaba del compañero-. Ya está. A ver si nos salen huevos sanos.&lt;br /&gt;-A ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Cuernecitos aquella conversación le afectó mucho más de lo que hubiese deseado y a partir de aquel momento empezó a fijarse obsesivamente en todos sus compañeros. Sobretodo en los más gordos. Y se dio cuenta de que, efectivamente, algunos desaparecían de la noche a la mañana mientras dormían.&lt;br /&gt;Su temor se convirtió en terror cuando el caracol miedoso compañero de cópula que le había advertido, desapareció misteriosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye, ¿tú te has dado cuenta de que aquí faltan caracoles?- le preguntó a un compañero que mascaba ruidosa y despreocupadamente uno de los trozos de lechuga que de vez en cuando caían del cielo.&lt;br /&gt;-Por mí como si faltan todos. A más tocamos- concluyó el caracol, despachándose en un eructo y una sonora y grotesca carcajada. Y es que en aquel campo había caracoles de todas las condiciones, educados y no tan educados.&lt;br /&gt;-No le hagas caso a éste -intervino otro caracol de cuernos bastante atractivos que casualmente había escuchado la conversación-. Es idiota. Aunque en este caso tiene razón, deberías relajarte y disfrutar, si nos toca desaparecer que nos toque, pero por lo menos nos vamos de este mundo contentos- dijo guiñándole un ojo y rozándole suavemente con sus atractivos cuernos.&lt;br /&gt;Pero Cuernecitos no estaba para rozamientos. Necesitaba saber qué iba a ser de él. Añoraba sus días en la montaña, donde los riesgos eran conocidos, donde sabía qué podía esperar de la vida. ¿Dónde iban a parar los caracoles que desaparecían? ¿Qué había después de ese paradisíaco campo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese estado de angustia y zozobra se sucedieron las semanas que podrían haber sido las más felices en la vida de Cuernecitos largos. En lugar de disfrutar de la comida y de la compañía, del bienestar de la humedad cálida del ambiente, de las lechugas que repentinamente caían del cielo, de los compañeros atractivos y complacientes, se dedicaba a sufrir por miedo a un futuro que se le perfilaba demasiado incierto. Dormía poco y mal, con constantes pesadillas. Analizó con tanto detenimiento la situación y a sus compañeros que pronto fue capaz de predecir las desapariciones, que se producían aproximadamente cada 8 soles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Debe tratarse de un castigo –llegó a la conclusión finalmente en un afán desesperado por encontrar una explicación-. ¡Claro! ¡Eso es! Un castigo, un castigo por todos nuestros excesos. Son los caracoles más gordos los que antes desaparecen. Nos estamos dejando llevar por el vicio, cuando es en realidad a través de la constricción como llegaremos a salvarnos.&lt;br /&gt;Y Cuernecitos con esta explicación se quedó mucho más tranquilo. Tan seguro estaba de que un ser superior a ellos les estaba poniendo a prueba, que se dedicó a predicar su teoría al resto de caracoles para intentar salvarles. Los más débiles y temerosos, pronto acataron como ciertas todas las suposiciones y fueron divulgando su mensaje por toda la comunidad. Como Cuernecitos además era capaz de predecir quién iba a desaparecer, empezó a ser temido. Muchos le tomaron como el representante del ser superior en el campo, alguien a quien obedecer si no querían ser los siguientes en caer en el juego macabro en el involuntariamente estaban participando. Y Cuernecitos, en pleno trance iluminatorio ocasionado por la falta de alimento, empezó a creerse él mismo el líder del campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Compañeros! –gritaba enardecido a su público- Mirad a esos caracoles gordos de ahí, que comen y se reproducen sin descanso… -decía con voz apocalíptica, señalando con sus cuernos a los caracoles que hacían caso omiso a sus advertencias y disfrutaban de la vida sin miedo al mañana- ¡Miradlos bien, porque pronto dejaréis de verlos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y algunos caracoles atemorizados dejaron entonces de comer del todo para contentar al ser superior y no desaparecer del campo, produciéndose entonces las primeras bajas por inanición. Las conchas de los caracoles muertos desaparecían días después misteriosamente, pero Cuernecitos, lejos de pensar que podía estar equivocado en su interpretación del divino castigo, concluyó en que aquellos que en vida habían renunciado a los placeres del campo, abandonaban al irse de él las ataduras de la carne, dejando la pesada carga de su concha detrás, para acompañar al ser superior en un mundo mejor, donde no habría ya nada que temer, donde la paz del alma, alejada de las pasiones del cuerpo, reinaría proporcionando la estabilidad y la seguridad que tanto ansiaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces empezaron a caer del cielo alimentos mucho más tentadores y suculentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No caigáis en la tentación! - gritaba Cuernecitos fuera de sí mismo- ¡es una prueba! ¡Tenemos que superarla! ¡Pronto obtendremos nuestra recompensa!&lt;br /&gt;Algunos caracoles no pudieron resistirse y comieron hasta reventar, dándoles igual lo que decía Cuernecitos y lo que vendría después. Él mismo estuvo a punto de sucumbir a la tentación cuando una rodaja de un tomate maduro y brillante le cayó del cielo justo delante de su boca. Sin embargo se mantuvo firme en sus convicciones, dando ejemplo a todos sus fieles, a todos aquellos que le seguían incondicionalmente y a los que se debía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día del juicio final no tardó en llegar. Y ese día los pocos caracoles sanos, gordos y felices que quedaban fueron extraídos de golpe del campo y separados de los débiles y hambrientos. Los primeros se reunieron con los compañeros que anteriormente habían desaparecido en otro campo igual de frondoso y bien acondicionado, donde fueron destinados a la producción de la más pura de las babas para la industria farmacéutica y cosmética, y donde vivieron felices y alimentados hasta el final de sus días. Mientras, los caracoles débiles, enfermizos y hambrientos que no servían ni para reproducirse, fueron triturados y vendidos como abono para fertilizar estanques. Entre ellos Cuernecitos largos y todos sus seguidores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-4796585388468712871?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/4796585388468712871/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=4796585388468712871' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/4796585388468712871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/4796585388468712871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/04/caracol-iluminado.html' title='El caracol iluminado'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SeSOE473ViI/AAAAAAAAAGc/kIXwBaUZy-E/s72-c/caracol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-4283587899037289931</id><published>2009-04-01T01:45:00.000-07:00</published><updated>2009-07-07T00:58:54.534-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>El corazón que un día se comió un perro</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdeynZ8HrNI/AAAAAAAAAFY/gNzUUIMgM_M/s1600-h/perro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320917874809220306" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 107px; CURSOR: hand; HEIGHT: 103px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdeynZ8HrNI/AAAAAAAAAFY/gNzUUIMgM_M/s200/perro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Manolo se quedó sin corazón porque vino un perro y se lo comió. Y no estoy hablando en un sentido figurado y metafórico, que daría a entender que a fuerza de golpes en la vida, Manolo se habría quedado incapacitado para el amor o para cualquier otro tipo de emoción atribuido a este órgano. No. Pero tampoco lo hago en un sentido estrictamente literal. No es que un perro rabioso saliera de la nada, se le echara encima a Manolo, le mordiera el esternón y le arrancara el corazón de cuajo para después comérselo. Tampoco. Estamos hablando de que un perro de orejas largas y rizaditas, un perro peludo de color marrón y carácter bonachón, se comió el corazón que iba a serle transplantado a Manolo.&lt;br /&gt;¿Cómo pudo darse tal desafortunada circunstancia? Se preguntará el lector, acaso sorprendido, acaso intrigado. Bien, tal desafortunada circunstancia pudo darse debido a una serie de pequeñas y fatales coincidencias, que tengo hoy a bien relatar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ricky, el perro de las orejas largas y rizaditas, a parte de gran aficionado a las vísceras en general y a los corazones en particular, cumplía con una noble misión en la vida, que no era otra que la de ser la luz en los ojos de un invidente. Era, en otras palabras para los poco avispados y los que no pillan las ideas al vuelo, un perro guía o un perro lazarillo. Dándose la circunstancia de que su dueño, aparte de invidente, era enano, y aparte de enano, hipocondríaco y de que como enano sufría de los males típicos de los enanos, y como hipocondríaco, de todos los males que acertaba a oír nombrar, Ricky y su dueño se pasaban en la sala de espera de urgencias del hospital todas las tardes de sábado que podían, así como todas las de los domingos en las que la madre del dueño de Ricky no les invitaba a merendar, por encontrarse jugando al bingo con las amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es de lo más habitual, en efecto, encontrarse en la sala de espera de un hospital a un perro, ni siquiera a un perro lazarillo o guía como Ricky. De hecho, suelen ser las normas de los hospitales en este punto en extremo rígidas e inquebrantables. Pero en este caso concreto y teniendo en cuenta que la directora de urgencias era amante de los animales, y que además tenía una madre ciega, y que además ella misma también era madre, y que además lo era de un niño enano, las normas en el servicio de urgencias de aquel hospital se relajaban y hacían una excepción con Ricky y con su dueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel domingo, el dueño de Ricky se encontraba en la sala de espera aquejado de una uña del pie negra. Algún lector perspicaz podría decir, que siendo éste ciego, para él todas lo eran. En efecto, nunca hubiera el dueño de Ricky adivinado el color de su uña, si no hubiese sido porque esa mañana, una prostituta rusa con la que solía alternar, así se lo había anunciado. “Tienes una uña del pie negra” le dijo mientras recogía su dinero de la mesita y se marchaba, dejando al dueño de Ricky hundido en la más profunda de las miserias. Seguro como estaba de que aquello era el síntoma de una enfermedad en su fase terminal, quien sabe si un cáncer o incluso algo peor, no dudó en perdonar la merendola en casa de su madre para personarse en el hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado que era diciembre y que la epidemia de gripe estaba en su más virulento apogeo, Ricky y su dueño tuvieron que esperar durante muchas horas sin ser atendidos, y sin que las más básicas necesidades del perro, tales como alimentarse o evacuar se vieran satisfechas.&lt;br /&gt;Ricky, adiestrado en una de las más prestigiosas escuelas suizas de perros guía, aguantó estoicamente hasta no poder más, momento en el cual empezó a anunciarle a su dueño mediante pequeños aullidos, y tironcitos de correa que necesitaba orinar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño de Ricky, sensible a las necesidades de su perro, se dirigió al exterior del hospital por una puerta que daba a la zona por donde las ambulancias entraban y salían, para que con disimulo, el perro desahogara sus necesidades. Siendo como era ya de noche, y siendo los dos, perro y amo de la misma pequeña estatura, y siendo que el encargado de llevar la nevera con el corazón de Manolo, estaba recién operado de miopía y no enfocaba demasiado bien por la noche, era inevitable que se produjera el fatal tropiezo que causó que la nevera saliera volando, el corazón por los aires, y Ricky detrás cazándolo al vuelo, mostrando así las cualidades del perro de caza que llevaba dentro y que le hubiese gustado ser, si no hubiese dedicado su vida a la loable actividad de ser la luz en los ojos de un invidente enano e hipocondríaco.&lt;br /&gt;No se le puede pedir a un perro guía o lazarillo que distinga entre un corazón humano listo para ser transplantado, de un suculento corazón de vaca. No entra dentro de sus responsabilidades, nadie nunca en la escuela Suiza se lo había pedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue como Manolo se quedó, después de dos años de espera, sin su tan ansiado corazón.&lt;br /&gt;Si no hubiese sido de noche, si el encargado de llevar la nevera no se hubiera operado de miopía, si no hubiese habido una epidemia de gripe, si Ricky no hubiera tenido ganas de orinar y hambre, si no hubiese tenido dotes de perro caza, si la prostituta no le hubiera dicho que la uña de su dueño estaba negra, si la directora del hospital no hubiese sido amante de los animales, si no hubiera tenido una madre ciega y un hijo enano, y si el dueño del perro no hubiese sido hipocondríaco, Manolo podría volver a sonreír con un nuevo corazón instalado en su pecho. Cualquier cambio en las variables anteriores, cualquiera, hubiera marcado la diferencia entre un Manolo con un corazón nuevo en el pecho, y un perro con un corazón en el estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque puestos a reflexionar, si al verdadero propietario del corazón no se le hubiera cruzado un perro en la autopista, si no hubiese pegado un volantazo para evitar atropellarlo, si no hubiera dado cinco vueltas de campana, si un camión no lo hubiese rematado y si no hubiera sido donante de órganos, no hubiese habido ni un corazón en una nevera, ni un Manolo ilusionado, ni un perro alimentado, y ni tan siquiera una historia que contar en esta aburrida tarde de lluvia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-4283587899037289931?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/4283587899037289931/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=4283587899037289931' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/4283587899037289931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/4283587899037289931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/04/el-corazon-que-un-dia-se-comio-un-perro.html' title='El corazón que un día se comió un perro'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdeynZ8HrNI/AAAAAAAAAFY/gNzUUIMgM_M/s72-c/perro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-1984148327123444816</id><published>2009-03-28T12:38:00.000-07:00</published><updated>2009-07-07T01:31:03.225-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>El genio de la lámpara</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJXMaGeF-I/AAAAAAAAACw/XGj_yUsMbHE/s1600-h/images[1].jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319409980554483682" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 90px; CURSOR: hand; HEIGHT: 120px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJXMaGeF-I/AAAAAAAAACw/XGj_yUsMbHE/s200/images%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Sucedió un día cualquiera de junio. En una tarde soleada. Estaba yo sentada en la parada del autobús, leyendo con entusiasmo uno de los libros de autoayuda que siempre me acompañan: “Cómo convivir con la diabetes y ser feliz”, cuando un genio escapado de una lámpara se sentó a mi lado. Era un genio calvo, con la cabeza muy brillante, de cuerpo musculoso y mirada pícara. Olía a especias: a canela y a clavo mezclados con azahar, con un ligero toque de almendra amarga. En seguida conectamos. Me explicó que estaba pasando unos días de vacaciones en Barcelona, y yo le aconsejé algunos rincones que no se podía perder. Él, guiñándome un ojo, me ofreció que le pidiera un deseo, uno cualquiera.&lt;br /&gt;-Quiero dejar de ser diabética- le dije sin dudarlo- Quiero poder comerme una caja de donuts entera. Odio tener que pincharme a diario. No soporto tener que vigilar todo lo que como, me hace tremendamente infeliz.&lt;br /&gt;-La salud es lo más importante. -replicó sabiamente el genio- Deseo concedido. A partir de ahora podrás comer lo que quieras. Pero a condición de que el año que viene, tal día como hoy y a la misma hora, nos encontremos en este mismo banco. Me ha gustado Barcelona y me has gustado tú.&lt;br /&gt;Sin esperar una réplica mía, el genio calvo se convirtió en humo, y girando sobre sí mismo como un tornado, desapareció en la cálida atmósfera de aquella tarde de junio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año más tarde, a la misma hora, me senté en la parada del autobús, con un libro en la mano titulado “Cómo ser feliz cuando se sufre de sobrepeso” a esperar al genio calvo. Apareció al poco tiempo. Esta vez olía a piel de naranja con chocolate y pimienta negra.&lt;br /&gt;-No te veo muy feliz- me dijo.&lt;br /&gt;-Es que no lo soy –le dije en un lamento- ¿Has visto cómo me he puesto? Me he engordado 25 kg. Además soy bajita, y los kilos se me notan más. Quisiera ser alta y esbelta. Comer y no engordar. Ser además guapa, ¡muy guapa! la más guapa de todas. Ir parando el tráfico por las calles con mi belleza.&lt;br /&gt;-La autoestima es muy importante para ser feliz, y si necesitas belleza física para conseguirla, no hay más que hablar. La tendrás. Nos vemos el año que viene.&lt;br /&gt;-¡Espera, genio! -le dije asustada- ¿no harás que vuelva a ser diabética, verdad? Eso si que no, ¡te lo ruego!&lt;br /&gt;-Tranquila. Los deseos, a diferencia de los descuentos del supermercado, sí son acumulables. Dicho esto, se enrolló sobre sí mismo y desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al año siguiente, leía con entusiasmo “Cómo dejar de sentirte una mujer objeto”, cuando el genio se sentó de nuevo a mi lado.&lt;br /&gt;-¡Guau! ¡Esta vez me he superado!- me miró impresionado- Eres una belleza, una mujer preciosa. Pero, ¿qué pasa, que no te veo feliz?&lt;br /&gt;-Es que la mayoría de la gente no me toma en serio. Creen que es imposible ser guapa e inteligente a la vez. Además los hombres siempre intentan acostarse conmigo a la primera. Ojala fuese la mujer más inteligente del mundo, la más lista. Quisiera tener un trabajo muy interesante, y demostrar a todo el mundo que sí se puede tener todo. Eso me haría muy feliz. Seguro.&lt;br /&gt;-La inteligencia es fundamental, estoy de acuerdo. ¿Alguna profesión en concreto?&lt;br /&gt;-No, da igual. Me dejo sorprender. Si puede ser que me de dinero- le dije con una sonrisa.&lt;br /&gt;-Está bien, el año que viene me cuentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó de nuevo un año, y volví a sentarme en el mismo banco, desconectando un móvil que no paraba de sonar, mientras terminaba un power point que tenía que presentar al día siguiente. De mi bolso asomaba el libro “Cómo superar la adicción al trabajo”.&lt;br /&gt;-Vaya, veo que la profesión que te busqué te ha gustado, ¿eh?- me dijo con una sonrisa - sin embargo, sigo sin verte feliz.&lt;br /&gt;-Es verdad, no lo soy. Aunque me gusta mucho mi trabajo y me siento realizada, éste me atrapa tanto, que no me da tiempo para las relaciones personales. Quisiera tener más tiempo para ampliar el círculo de amistades, salir más. Tengo mucho dinero y me falta tiempo para gastarlo. El dedicar todo mi tiempo a mi profesión me hace infeliz.&lt;br /&gt;-Es que no se debe exagerar –me aconsejó- Te concedo más tiempo y más amigos. Pero compagínalo con todo lo demás, si no, el año que viene seguirás siendo igual de infeliz.&lt;br /&gt;Y desapareció dejando un halo de vainilla tras de si.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año más tarde, en la misma parada de autobús, y atrapada como estaba en la lectura de “Cómo encontrar a tu príncipe azul sin tener que besar antes a cien sapos”, no me di ni cuenta de que el genio se sentó a mi lado.&lt;br /&gt;-Veo que ahora lo que necesitas es amor-me dijo.&lt;br /&gt;-¡Ya estás aquí! –exclamé encantada- Sí, genio, lo necesito. Quisiera encontrar el amor verdadero. Estoy harta ya de las relaciones inestables, que me hacen tan infeliz. Quisiera encontrar a un chico sensible y apasionado. Inteligente, sincero, cariñoso, fiel y leal. Buen amante, que sepa cocinar, y que sea detallista. Divertido, caballeroso, optimista. Que sea guapo, pero no demasiado, no quiero que me haga sufrir. Que me traiga el desayuno a la cama y que sea deportista. ¡Ah! y si puede ser, que sea argentino o italiano.&lt;br /&gt;-¿Y ya está?- me preguntó el genio levantando una ceja, con cierta ironía.&lt;br /&gt;-Bueno, pues que sepa tocar la guitarra -añadí yo, pues siempre me han gustado los chicos que saben tocar la guitarra.&lt;br /&gt;El genio me miró, y con un gesto de cansancio mezclado con impaciencia me dijo:&lt;br /&gt;-Está bien, lo tendrás. No sé de dónde lo voy a sacar, pero lo tendrás. Aunque te tengo que decir que el año que viene ya no voy a volver. Ya te he dado mucho, y Barcelona como destino turístico ya me empieza a aburrir. He encontrado unas ofertas buenísimas para el Caribe, y me apetece cambiar.&lt;br /&gt;En mi mirada se reflejaba la decepción que sentía, pero el genio continuó:&lt;br /&gt;-Ahora tienes salud, eres guapa, inteligente, con un buen trabajo, tienes dinero, muchos amigos, y te vas a casar con un hombre perfecto. No creo que me necesites más. De todas maneras, volveré dentro de siete años, a ver qué tal te va. Disfruta de todo lo que tienes, y sé feliz.&lt;br /&gt;Se despidió de mí con un beso en la mejilla y desapareció dejándome su aroma a té con menta anclado en las fosas nasales durante un buen rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete años después, en el mismo lugar, esperaba nerviosa la comparecencia del genio, mientras leía con avidez “Cómo ser feliz”, cuando el genio se sentó a mi lado.&lt;br /&gt;-Así que, a pesar de todo, sigues sin ser feliz, ¿verdad? – afirmó.&lt;br /&gt;-Sí -contesté yo avergonzada- ¡Es que mi marido es tan perfecto! Nunca pasa nada, nunca nos peleamos, me quiere tanto, es tan sensible, tan educado, tan fino, tan guapo sin ser arrogante, tan…&lt;br /&gt;-¿Bueno?&lt;br /&gt;-Sí, exacto. Tan bueno que me aburro. Y en cuanto a mi trabajo, a pesar de que me gusta, de que tengo muy buen horario, gano mucho dinero y hay buen ambiente laboral, ¡me parece tan rutinario!. ¿Amigos? Sí, tengo muchos y muy divertidos, pero los de toda la vida me parecen demasiado predecibles, y de los nuevos no me acabo de fiar -le dije desesperada a punto de echarme a llorar.&lt;br /&gt;-Pero si lo tienes todo… ¡No lo entiendo!- exclamó con impotencia el genio.&lt;br /&gt;-Lo sé. ¡Yo tampoco lo entiendo! Pero no consigo encontrar la felicidad…- le dije mientras una lágrima resbalaba por mi mejilla.&lt;br /&gt;-Creo que nos hemos equivocado desde el principio, lo hemos hecho todo mal.- El genio me miraba y negaba con la cabeza con un gesto de desesperación.-Hay que cambiarlo todo. ¿De verdad quieres ser feliz?&lt;br /&gt;-Es a lo único a lo que aspiro- le dije yo, sonándome los mocos.&lt;br /&gt;-Bien, pues si tan segura estás, prepárate, que nos vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noté cómo mi materia se desintegraba en una agradable esencia de olor a jazmín y vino tinto. Empecé a girar sobre mi misma en un pequeño y humeante tornado azul, mientras mi esencia se mezclaba con la del genio, convirtiéndose en una sola, de color violeta.&lt;br /&gt;Así que aquello iba a ser la felicidad. Encontraría por fin la sensación de alegre bienestar que tanto había ansiado toda mi vida. Todo indicaba que me iba a convertir en un genio. Repartiría deseos a los demás. Eso sería lo que me iba a hacer feliz. Empecé a imaginar cómo sería mi nueva vida como “genia” de una lámpara. Nunca había visto a ninguna, pero me imaginaba con el pelo rojo, con grandes pendientes con forma de aro, y vestida con llamativos y vaporosos vestidos azules. Me sentiría liviana como una nube de azúcar y dulce como un caramelo.&lt;br /&gt;Sería maravilloso repartir felicidad mano a mano con el genio. Quién sabe si al final incluso nos enamorábamos y éramos todavía más felices. Todo encajaba por fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, en breves segundos, el tornado de humo empezó a convertirse en materia, mi esencia se separó de la del genio, y de pronto me vi sentada en una habitación repleta de enfermeras y de otras personas sentadas en sillas con la mirada perdida. Un hilillo de baba se deslizaba por la comisura de mis labios sin que yo pudiera evitarlo. De vez en cuando me venía el impulso de golpearme con furia la cabeza contra la mesa, y ese acto reflejo me proporcionaba una intensa alegría que se traducía en una sonora carcajada. Era feliz. ¡Por primera vez en mi vida era feliz!. No me planteaba qué me faltaba ni qué tenía. No me planteaba nada más que mi presencia en aquella habitación, y aquellos golpes que me hacían desternillarme de la risa. Un golpe y otro más. Y una carcajada. ¡Qué simple era la felicidad!&lt;br /&gt;Miré por la ventana, y en la entrada del edificio pude leer “Bienvenidos al hospital psiquiátrico de Sant Boi”.&lt;br /&gt;“Bienvenidos al paraíso” pensé yo. Acto seguido, me golpee la cabeza con tanta fuerza que me hice una brecha que necesitó de cinco puntos de sutura. Nunca antes en toda mi vida me había reído con tantas ganas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-1984148327123444816?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/1984148327123444816/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=1984148327123444816' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1984148327123444816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/1984148327123444816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/03/el-genio-de-la-lampara.html' title='El genio de la lámpara'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJXMaGeF-I/AAAAAAAAACw/XGj_yUsMbHE/s72-c/images%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-3015443079540782261</id><published>2009-03-28T11:52:00.000-07:00</published><updated>2009-07-07T01:31:45.621-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>Napoleón, el soldadito cabrón</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJX4cmpruI/AAAAAAAAAC4/5FIHKQzAUSs/s1600-h/soldadito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319410737140575970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 68px; CURSOR: hand; HEIGHT: 81px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJX4cmpruI/AAAAAAAAAC4/5FIHKQzAUSs/s200/soldadito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Napoleón era un pequeño soldado tallado en oro, que había sido sustraído por un niño de 6 años de la mesita de noche de su abuelo, para dejárselo después olvidado en el lavabo.&lt;br /&gt;En una esquina y frente a dos baldosas, Napoleón se preparaba para la guerra. Se sabía el líder de un gran ejército, pues por un curioso efecto óptico, las baldosas, como un espejo, reflejaban y multiplicaban su imagen hasta el infinito. Cada movimiento que Napoleón realizaba, se veía inmediatamente reflejado en el movimiento de todos sus soldados, que con una sincronización perfecta, bailaban su coreografía militar con una precisión increíble.&lt;br /&gt;Napoleón se sentía orgulloso de todos sus muchachos. Nunca había oído hablar de un ejército tan numeroso y bien adiestrado como el suyo. Todas las mañanas se entrenaba junto a sus chicos hasta caer rendido.&lt;br /&gt;Pero para que Napoleón fuera completamente feliz, le faltaba algo esencial en la vida de un militar. Algo que justificara su existencia y la de su tan numeroso y bien adiestrado ejército: Un enemigo.&lt;br /&gt;Como los elementos presentes en aquel lavabo eran de natural pacífico, tuvo que inventárselo. Mirando hacia arriba a mano izquierda, reflejado en una baldosa, se encontró con un cepillo de dientes eléctrico que según él, le miraba con aspecto decididamente bélico. Como el efecto óptico de las baldosas no alcanzaba a multiplicarle más que a él, se convenció de que aquel cepillo era un blanco fácil.&lt;br /&gt;-¡Eh! ¡tú! ¿Qué miras?- dijo Napoleón&lt;br /&gt;Braun, el cepillo de dientes, se encontraba algo bajo de batería, y no le respondió. A Napoleón, que el cepillo le ignorara, no hizo más que encenderle los ánimos.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿A que no tienes cabezales de bajar y luchar contra nosotros? -insistió Napoleón en su provocación, a pesar de que el cepillo era 5 veces más grande que él.&lt;br /&gt;Braun era un tipo bonachón, que había llevado una vida muy dura limpiando restos putrefactos de comida de un abuelo que no le utilizaba con demasiada frecuencia, y no se vio con ganas de responder a las provocaciones de aquel pequeño y ridículo soldado. Así que dio media vuelta, y se durmió.&lt;br /&gt;Napoleón interpretó aquel acto como una retirada, y dio la batalla por vencida. No se confió demasiado, pues en la academia militar, lo primero que le habían enseñado era que ganar una batalla no significaba ganar la guerra, así que siguió entrenándose cada mañana frente a las baldosas y su millonario ejército.&lt;br /&gt;Pero aquella pequeña victoria, no hizo más que alimentar la sed de guerra que siempre había tenido. Así que a los pocos días, y viendo que Braun no daba señales de vida, se lanzó a por otro enemigo que a mano izquierda yacía colgado de una baldosa, y que según Napoleón le miraba de manera desafiante: El rollo de papel higiénico.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa, rollito, que me miras tanto?- dijo Napoleón&lt;br /&gt;El pobre rollo no le contestó. Y es que bastante dura era ya su vida de incertidumbre y tensión como para ponerse a pelear. Nunca sabía cuándo iba a ser utilizado, ni para qué, ni por quién, y desde luego no era lo mismo limpiarle el culito al niño de 6 años que al abuelo descompuesto. Así que lo último que quería el rollo era perder el poco tiempo libre que tenía litigando con ese pequeño e insignificante soldado.&lt;br /&gt;-¿Por qué no bajas a limpiarme el culito, a mí y a todo mi ejército?- insistió Napoleón&lt;br /&gt;El rollo, que de buen gusto hubiera envuelto al soldado en metros de su papel, y lo hubiera tirado por el water, no quiso entrar en disputa, e ignoró las provocaciones de éste.&lt;br /&gt;Napoleón se crecía día a día. Se miraba a si mismo en las baldosas, y entendía que le tuvieran miedo. Él solo no era nadie, pero acompañado de sus miles de soldados, se veía cada vez más poderoso. Capaz de luchar contra cualquiera. Nada podía pararle.&lt;br /&gt;La siguiente víctima fue la pastilla de jabón, que a pesar de parecer medido drogada, inmóvil sobre la repisa, Napoleón sospechaba que le miraba mal.&lt;br /&gt;-Qué pasa, pastillita, ¿no tienes nada mejor que hacer que mirarnos? ¿Es que te gusta alguno de mis soldados? -dijo Napoleón&lt;br /&gt;La pastilla de jabón, resacosa después de pasarse la noche entera en compañía del enjuague bucal, no le contestó. No se sentía de humor, y es que no estaba pasando precisamente por su mejor momento. Desde que la dueña de la casa compró un dispensador de jabón líquido, nadie había vuelto a lavarse las manos con ella, y se sentía vieja y olvidada, acumulando polvo sobre la repisa.&lt;br /&gt;-Venga, guapa, baja aquí si tienes valor, y dime porque no paras de mirarnos a mí y a mis hombres.&lt;br /&gt;La pastilla, que antes de que se dirigiera a ella, ni se había dado cuenta de que ese ridículo soldado existía, ignoró totalmente las provocaciones de Napoleón y siguió a lo suyo: a alimentar ideas de suicidio.&lt;br /&gt;Napoleón se sentía cada vez más fuerte, y empezó a buscarse enemigos cada vez más peligrosos. Si en un principio su prudencia militar le había aconsejado estudiar siempre al enemigo, y no iniciar nunca ningún conflicto que no se viera capaz de vencer, con el paso del tiempo, Napoleón fue ganando tanta confianza en sus posibilidades, que empezó a provocar a enemigos cada vez más poderosos: provocó a la escobilla del water, a las toallas, al bidet, al plato de ducha, un día llegó incluso a atreverse con el mismísimo rey del lavabo, el water. Lo llamó come mierdas.&lt;br /&gt;Pero por lo insignificante que era, nadie respondió nunca a las provocaciones de Napoleón, y éste seguía sediento de guerra. Que todos sus enemigos se retiraran antes de iniciar el combate, en parte le llenaba de orgullo, pero a la vez le dejaba el regusto amargo de la victoria fácil.&lt;br /&gt;De buen gusto hubiera aceptado algunas bajas en su bien nutrido ejército por una batalla, por luchar cuerpo a cuerpo contra un enemigo que estuviera a su nivel.&lt;br /&gt;El día que tanto ansiaba Napoleón, no tardó en llegar, y lo hizo cuando éste menos lo esperaba.&lt;br /&gt;Una mañana, una pelota de tenis entró volando por la puerta y sin previo aviso, golpeó con fuerza una de las baldosas en las que Napoleón se veía reflejado, haciéndola añicos y mermando así a la mitad a su ejército.&lt;br /&gt;Napoleón, atacado por sorpresa, en su fuero interno se alegró. Por fin podría poner a prueba el valor de sus hombres. Empezó a dirigir a la parte de su ejército que le quedaba intacta, ordenando se redistribuyeran. Pero los pocos hombres que le quedaban a Napoleón, repetían los movimientos de éste sin moverse de su sitio. Enfadado con sus tropas, repetía una y otra vez las instrucciones, pero los soldados se limitaban una y otra vez a copiar los gestos de Napoleón.&lt;br /&gt;Éste se sintió completamente solo frente al enemigo. No entendía cómo sus tropas no le apoyaban en un ataque directo como aquel. Eran todos unos cobardes y unos inútiles. Le ardía la sangre. En cuanto terminara la batalla, abriría expedientes a todos los soldados que le quedaran vivos.&lt;br /&gt;Mientras tanto, él solo tendría que librar la batalla y ganar la guerra. Encendido por la rabia, se lanzó en un cuerpo a cuerpo contra la pelota de tenis. Ésta, que venía ya muy rebotada, no tuvo problema en responder a la agresión.&lt;br /&gt;En ese momento entró en el lavabo la dueña de la casa alertada por el alboroto. Comprobó que su hijo había vuelto a jugar con la pelota de tenis dentro de casa. Contrariada, se agachó para recoger los pedazos de la baldosa que se había roto, y entonces lo vio: El pequeño soldadito tallado en oro que su padre tanto había buscado.&lt;br /&gt;-¡Papá!-gritó la mujer- ¡He encontrado al soldadito!&lt;br /&gt;-¿Mi soldadito de oro?-preguntó el abuelo ilusionado&lt;br /&gt;-Sí, aquí está. Miguel lo debe de haber sacado de la caja -explicó la mujer.&lt;br /&gt;El abuelo sonrió. Por fin había encontrado al soldadito de oro que pensaba llevar a fundir para convertirlo en una de sus muelas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-3015443079540782261?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/3015443079540782261/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=3015443079540782261' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3015443079540782261'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/3015443079540782261'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/03/binomio-fantastico-soldado-baldosas-i.html' title='Napoleón, el soldadito cabrón'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJX4cmpruI/AAAAAAAAAC4/5FIHKQzAUSs/s72-c/soldadito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-6008575666426197927</id><published>2009-03-28T11:48:00.000-07:00</published><updated>2009-07-02T00:57:29.775-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='¿Por qué nos llaman raros?'/><title type='text'>La fortaleza soldado pelirrojo</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJbSfVjQRI/AAAAAAAAADI/kUk9yJ-BvMo/s1600-h/PELIRROJO.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319414483085639954" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 116px; CURSOR: hand; HEIGHT: 109px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJbSfVjQRI/AAAAAAAAADI/kUk9yJ-BvMo/s200/PELIRROJO.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;-¡González!- gritó el sargento frente al soldado.&lt;br /&gt;-¡A sus ordenes, mi sargento! - respondió el soldado, flexionando el brazo y respondiendo al saludo militar.&lt;br /&gt;-¡Pérez!- volvió a gritar el sargento frente al siguiente soldado.&lt;br /&gt;-¡A sus órdenes, mi sargento!- respondió Pérez.&lt;br /&gt;-¡García!- gritó el sargento frente al hueco donde se suponía que tenía que estar García.&lt;br /&gt;-¡García! –repitió a voz en grito el sargento.&lt;br /&gt;En ese momento apareció García, medio corriendo medio cojeando desde el dormitorio, y se colocó en su sitio. El resto de soldados disimulaba una carcajada.&lt;br /&gt;-¡García!-gritó de nuevo el sargento con los ojos inyectados en sangre- ¡Se le han vuelto a pegar las sábanas!&lt;br /&gt;-Sí, mi sargento, lo siento muchísimo- Se disculpó García.&lt;br /&gt;-¿Que lo siente?-rió el sargento con cara de odio- ¡Más lo va a sentir cuando haya terminado de limpiar las letrinas con la lengua! ¡Las quiero relucientes! –gritó el sargento, con la yugular amenazando con explotar en cualquier momento -¡Quiero que queden tan limpias, que pueda venir a comer su majestad el rey sobre la taza del water! ¿Estamos?&lt;br /&gt;-Sí, mi sargento- replicó el soldado García.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que desconocía el sargento Muñoz, era que al soldado García se le habían pegado las sábanas literalmente. Sus compañeros habían comprado un bote de pegamento instantáneo y se lo habían aplicado durante la noche. Esa mañana, el soldado García tuvo que arrancarse del cuerpo la sábana, llevándose con ella jirones de su propia piel, quedando ésta en carne viva.&lt;br /&gt;No era la primera vez que al soldado García sus compañeros le gastaban este tipo de bromas. Su pelo naranja, su cara llena de granos y su talante bonachón y quizás algo simple, se habían ganado la animadversión del soldado Jiménez, el cabecilla del grupo, que se cebaba con él, mientras el resto de soldados le acompañaba riéndole las gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Limpiar las letrinas de los soldados con una fregona, era uno de los trabajos más asquerosos que nadie pudiera imaginar. Así que con la lengua, era algo que el soldado García esperaba que el sargento Muñoz hubiera dicho en sentido figurado.&lt;br /&gt;Finalmente no fue ni con la fregona ni con la lengua. La cosa se quedó en un tibio término medio. En una bayeta y un cepillo. Bastante más asqueroso que con una fregona, pero mucho menos que con la lengua. El soldado García se sintió aliviado.&lt;br /&gt;Después de la rutina militar, fue a buscar el cubo del armario, el producto de limpieza, y se dirigió a las letrinas. Se arrodilló, y con el cepillo en la mano, empezó a limpiar las baldosas del suelo una a una. Eran de un inespecífico color marrón, y debía devolverles el color azul que en algún momento tuvieron, quién sabe cuántos años antes. Una baldosa y otra baldosa. Otra más y de vuelta a empezar con la primera. Esos churretes marrones no se iban fácilmente.&lt;br /&gt;Hacía mucho calor en la estancia pese a estar en diciembre y pese a que la calefacción no había funcionado nunca. El soldado García empezó a sudar. Eran unos sudores fríos. Sentía nauseas por el fétido olor del lugar, y delante suyo las baldosas empezaron a bailar como en un rompecabezas, de un lado al otro. Cerró los ojos con fuerza durante un rato. Se levantó y metió la cabeza bajo el grifo. Se sintió un poco mejor. Volvió a su tarea. Una baldosa, otra baldosa, otra más.&lt;br /&gt;Todo volvía a girar. Hasta las baldosas parecían reírse de él. Creía escuchar sus risas, sus carcajadas de fondo, se movían de un lugar al otro para volverle loco.&lt;br /&gt;No pudo evitar echarse a llorar. Se sentía tan mal, tan impotente arrodillado en aquel lugar, tan humillado, tan hundido…&lt;br /&gt;-No dejes que nadie te hunda, soldado García -dijo tras él una voz muy grave y masculina.&lt;br /&gt;El soldado García se giró, y tuvo que pestañear varias veces para darse cuenta de que no era un espejismo. Era realmente él. Mr Proper en persona, o don limpio, o como quiera que se llame ahora. Se había escapado de la botella, y allí estaba frente a él. Tan calvo como siempre y con los brazos cruzados frente al pecho.&lt;br /&gt;-Es que no puedo más, Mr Proper- hipó el soldado García.- Me duele todo el cuerpo. La injusticia se ceba conmigo. Los malos vencen siempre sobre los buenos. Me han despellejado vivo, y encima tengo que limpiarles la mierda- se lamentó García.&lt;br /&gt;-García, mírame a los ojos, y atiende -dijo Mr Proper con autoridad- Eso es pasado. ¡Pasado! El soldado blandito e idiota que has sido hasta ahora ha muerto. Ha nacido el nuevo García, que con los malos será el más cabrón de todos, pero con los buenos el más justo.&lt;br /&gt;-Pero yo…-titubeó el soldado García.&lt;br /&gt;-Tú nada. Mírame -le ordenó Mr Proper- Basta ya de lloriqueos. Vamos a limpiar esto juntos, mano a mano. En una hora estará preparado para superar la prueba del algodón. Y en una hora, tú también podrás superarla. Vas a mirar a la gente a la cara. Vas a dejar de tener miedo. No vas a permitir que nadie se ría más de ti, vas a exigir del mundo el mismo respeto que ofreces tú, ¿entiendes? -concluyó Mr Proper.&lt;br /&gt;El soldado García empezó a sentirse mucho mejor. Su nuevo amigo le reconfortaba y animaba. Empezaba a crecerse. No volvería a permitir ninguna chulería de Jiménez. Iba a plantarle cara. Se sentía seguro de si mismo.&lt;br /&gt;Con una fuerza que desconocía tener, limpió las baldosas una a una en un tiempo récord. Las dejó con un brillante color azul marino, y tan perfumadas como un bosque repleto de pinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El soldado García se despidió de Mr Proper y abandonó las letrinas con el cubo en la mano. A la salida se encontró con sus compañeros sentados frente a la puerta, enfocándole con una cámara de video y riéndose de él. Les miró, y dejaron de reírse al instante. Algo había cambiado. Había fuego en la mirada de García. Tuvieron miedo. Casi mejor: le respetaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que no sabremos nunca, es si cuando al soldado García se le pasó el efecto del LSD que sus compañeros le habían administrado, ese fuego se mantuvo en su mirada, o si por el contrario se desvaneció como el humo en la niebla. Pero eso ya es otra historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-6008575666426197927?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/6008575666426197927/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=6008575666426197927' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6008575666426197927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/6008575666426197927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/03/binomio-fantastico-soldado-baldosa-ii.html' title='La fortaleza soldado pelirrojo'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJbSfVjQRI/AAAAAAAAADI/kUk9yJ-BvMo/s72-c/PELIRROJO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-7679807789025810900</id><published>2009-03-24T14:33:00.000-07:00</published><updated>2011-07-11T02:08:40.593-07:00</updated><title type='text'>31</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJZmY2cCtI/AAAAAAAAADA/8jqJE8DmEkA/s1600-h/TARTA.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319412625918659282" src="http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJZmY2cCtI/AAAAAAAAADA/8jqJE8DmEkA/s200/TARTA.jpg" style="cursor: hand; float: left; height: 127px; margin: 0px 10px 10px 0px; width: 114px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El olor a mar. Tu lunar en la ceja derecha, dentro de la ceja derecha.&amp;nbsp;Prueba a introducir los dedos en una vela de silicona. Siempre que ríes lloras, es absurdo. Cien años de soledad y dos cajas de cigarrillos. Bodensee y Tool time. You're so cute. Hoy es el primer día de sol tras muchos de tormenta. ¿Me perdonas? Firenze di notte. Fuera estará lloviendo, pero yo sigo en la cama. Deutschland sucht den Superstar. Ese gatito ronronea. Cumplo 31. Qué chingada. La tortuga se ha caído por el lavadero, pero sigue viva. Para siempre me parece bastante, pero lo&amp;nbsp;firmaré&amp;nbsp;donde me digas. Voy a tocarte la guitarra.&amp;nbsp;El mundo sí se puede cambiar. ¿Quieres probar mi masajeador capilar? Aunque sea mentira.&amp;nbsp;No camines descalza . No voy a volver a hacerte daño. Me encanta cuando me enredas el pelo. ¿Nos emborrachamos chupando el suelo? Por fuera pareces otra. Aparentas&amp;nbsp;menos.&amp;nbsp;Vámosnos del&amp;nbsp;casino más triste de toda&amp;nbsp;Las Vegas. Una siesta al sol. Muchos menos. Sssssschhh ¡No hagas ruido! No me importa que me mientas, pero cuidado, que nos van a ver. A ver si este año me dura más que el anterior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-7679807789025810900?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/7679807789025810900/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=7679807789025810900' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7679807789025810900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/7679807789025810900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/03/31.html' title='31'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJZmY2cCtI/AAAAAAAAADA/8jqJE8DmEkA/s72-c/TARTA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5915200086759392663</id><published>2009-02-12T10:58:00.000-08:00</published><updated>2009-07-02T00:59:15.867-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>Mermeladas</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJcWwSgOgI/AAAAAAAAADQ/Cu8H3stIshQ/s1600-h/MERMELADAS.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319415655867365890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 116px; CURSOR: hand; HEIGHT: 114px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJcWwSgOgI/AAAAAAAAADQ/Cu8H3stIshQ/s200/MERMELADAS.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Manolo era un hombre con el sueño muy ligero. Por eso, cuando un poco tardíamente se enamoró por vez primera a los 25 años de una compañera de trabajo, estuvo casi dos meses sin pegar ojo. Pero para él fueron las más dulces de las vigilias. Unas pequeñas y agradables descargas eléctricas le recorrían el cuerpo de arriba abajo cada vez que pensaba en ella. Imaginaba su cuerpo, en su mente la oía respirar a su lado y creía hasta poder describir el sabor de sus besos aun sin haberlos probado. Una mañana, no pudiendo resistirlo más, y creyendo enloquecer por la falta de sueño, Manolo se declaró a Marcela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manolo obtuvo un no rotundo pero afectuoso. La encantadora Marcela lo rechazó con tanto tacto, que no consiguió despertar en Manolo la rabia o el despecho suficiente como para desenamorarle. El pobre Manolo empezó a dormir cada vez peor. Seguía pensando en ella constantemente. Tenía la esperanza de que todo hubiese sido un error. Marcela podría haberse equivocado y haber dicho que no precipitadamente. Quién sabe si ya se estaba arrepintiendo y cualquier día se presentaba en su oficina para invitarle a salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que Manolo fuera idiota por albergar esperanzas después de haber sido rechazado afectuosa pero rotundamente por la encantadora Marcela. Es que estaba enamorado.&lt;br /&gt;Así que dejó pasar un poco el tiempo para ver si Marcela recapacitaba, pero viendo que nada sucedía, una mañana se arrastró de nuevo hacia la oficina de Marcela, y con unas ojeras que el llegaban al suelo, volvió a pedirle una cita. Marcela fue tan rotunda como la primera vez, pero menos afectuosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, Manolo sintió que algo le estrujaba internamente impidiéndole respirar. Sentía un dolor físico que era incapaz de describir. Una herida interna supurante. Esa fue la primera de las noches de sufrimiento, insomnio y angustiosa vigilia que Manolo iba a experimentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya no podía más de tanto sufrir, una noche Manolo recordó las sabias palabras que una tarde su madre, mientras le preparaba un bocadillo de mermelada de chorizo, le había dicho: “Con el suficiente azúcar, se puede preparar mermelada de cualquier cosa”. Esa frase había marcado la infancia de Manolo sin saber porqué, pero ahora, después de tantos años, podía por fin verle el sentido y la utilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana temprano, compró varios Kg. de azúcar, una bandeja de fresas y se puso a preparar mermelada. No iba a ser una mermelada convencional, y es que junto con el azúcar y las fresas, iba a dejar macerar el sentimiento que le desbordaba y que le impedía dormir y vivir. Ese sentimiento tan profundo, que si bien en un principio le había proporcionado esperanza, ahora le proporcionaba desasosiego. Iba a preparar mermelada de amor. No de un amor cualquiera, sino del suyo. Y una vez obtuviera el viscoso resultado que esperaba, lo introduciría en un frasco de cristal, lo dejaría en el armario, y por fin se sentiría libre. Libre y capaz de volver a dormir.&lt;br /&gt;Aquella noche durmió algunas horas, pero no todas las que esperaba. Y es que seguía sintiendo un dolor inespecífico en su pecho. Estuvo dándole vueltas al tema y pronto encontró la raíz del problema. Había preparado mermelada de amor, olvidándose por completo del desamor, que era quizás en realidad lo que más le dolía. Así que al día siguiente fue al supermercado y después de considerar varias frutas y verduras, se decantó por una calabaza grande y brillante. La despedazó, añadió el azúcar necesario, y le adjuntó todo el desamor que fue capaz de exprimir de su cuerpo. Aderezando la mezcla con sus lágrimas para darle un ligero toque amargo, introdujo el resultado en un frasco y lo guardó en la despensa junto con la otra mermelada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin pudo Manolo volver a dormir a pierna suelta después de tanto tiempo. Se resarcía de las horas de sueño perdidas y se despertaba relajado y feliz. Fue capaz incluso de rechazar a Marcela cuando ésta un día entró en su despacho y le propuso salir. Y es que la encantadora Marcela tenía el carácter de un gato: cuando cazaba un ratón, si lo daba por muerto no le hacía ningún caso, pero a la que el ratón empezaba a dar muestras de vida y quería escaparse de su lado, se lanzaba a la reconquista. No tuvo nada que hacer Marcela con Manolo. El ratón había escapado de sus garras para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manolo se casó cinco años más tarde con su vecina del 5º. Para él no fue una boda por amor, ya que como bien ha quedado explicado, Manolo había dejado atrapado el sentimiento en un bote de mermelada. Fue una boda por cariño, por costumbre, por comodidad, por afecto y quizás por amistad. Y es que a parte de por amor, existen muchos otros sentimientos por los que a veces la gente, equivocadamente o no, decide casarse.&lt;br /&gt;Luisa, la vecina del 5º, sin embargo, sí se había casado con Manolo por amor. Y en su fuero interno se sabía no correspondida. Luisa se entregaba al máximo en la relación. Se esforzaba para que nada pudiera disgustar a Manolo. Quería agradarle en todo, era una esposa servicial y complaciente. Manolo se dejaba querer sin involucrarse nunca en nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así transcurrieron quince años de la vida en común entre Manolo y Luisa. Una vida sin pena ni gloria, todo hay que decirlo.&lt;br /&gt;Un día, un nuevo elemento se introdujo en la historia sin que nadie lo buscara. Su nombre: Vanesa, la nueva secretaria de Manolo. Cuando Manolo la vio, toda la sangre de su cuerpo se concentró en un solo punto. Y es que era la mujer más sexy que había conocido. A partir de entonces, Manolo no pudo pensar en otra cosa. Como Manolo era un hombre de principios y fiel por naturaleza, descargaba toda la tensión sexual que acumulaba diariamente en el trabajo, en su mujer. Aunque, bien, para ser del todo sinceros, más que por principios y porque fuera fiel por naturaleza, Manolo no intentó nunca descargar su furia amorosa en Vanesa, porque sabía a ciencia cierta que no tenía ninguna posibilidad de éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luisa, por su parte, interpretó la situación a su manera. Por fin había conseguido enamorar a su marido. Algo había hecho sin darse cuenta que había prendido en Manolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Manolo llegaron de nuevo las noches de insomnio. No conseguía pegar ojo, y es que era un caballo desbocado, cuya libido Luisa no lograba calmar. Así que después de varios meses de insomnio, una mañana, Manolo se levantó temprano y se fue al mercado. Se quedó plantado frente a la pescadería y pidió 80 ostras. Se dejó una fortuna, pero para hacer mermelada de libido, es de sobra conocido que la ostra es un elemento principal que no debe escasear. Compró el azúcar necesario y se fue a su casa a preparar la mermelada. Le añadió a la receta su dosis de deseo desbocado, y vertió el contenido final en un frasco que guardó junto al resto de mermeladas en el armario. Pudo por fin Manolo volver a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la semana siguiente llamaron a Vanesa desde el departamento de recursos humanos para darle una carta de despido. Por lo visto Manolo no era el único hombre de la empresa al que sus minifaldas distraía, y decidieron echarla argumentando regulación de personal. Manolo, al perder de vista a Vanesa, podría en ese punto haber echado de menos la libido que metió en el frasco, y si no toda, por lo menos la habitual, pero no lo hizo. No así Luisa, que ya se había acostumbrado a un ritmo amatorio frenético que se vio de golpe interrumpido sin causa aparente. Luisa empezó a sentirse insatisfecha, y empezó poco a poco a desenamorarse. A ella no le hizo falta preparar mermelada, pues era más del tipo de persona capaz de enamorarse a fuego lento, y desenamorarse del mismo modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día como otro, a Manolo le dolía mucho la cabeza y decidió irse a su casa a media mañana. Al llegar a su casa, escuchó unos gemidos lastimosos que procedían del lavadero. Asustado se acercó corriendo, esperando encontrarse al perro, Caniche, atrapado y ahogándose entre los barrotes de la barandilla que daban a la calle. Sin embargo, los gemidos lastimosos que escuchó no provenían de perro alguno, sino de Ramón, el presidente de la comunidad de vecinos, que tenía una curiosa forma de expresar su gozo entre las piernas de Luisa, mientras Caniche dormía apaciblemente en su caseta, ajeno a todo el traqueteo que su dueña y el presidente de la comunidad se traían entre manos, o mejor dicho entre piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, Luisa nunca había pretendido herir a su marido. Su historia con Ramón, el presidente de la comunidad, se hubiera iniciado y concluido ese mismo día, si no hubiese querido el destino que a Manolo le hubiese dolido mucho la cabeza. Y es que Ramón en realidad había bajado tan sólo a intentar reparar la caldera. Luisa, como agradecimiento, le ofreció una cerveza, e improvisó un pequeño piscolabis con lo primero que pilló en el armario: mermelada de ostra.&lt;br /&gt;Esta historia, por muy bien que alguien intentara explicársela a Manolo, no serviría de atenuante ni cambiaría seguramente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luisa y Ramón, sin comerlo ni beberlo, se vieron forzados a convivir por las circunstancias. A Ramón no le importó, pues se sentía solo. Su mujer, Raquel, había muerto un año antes de una manera tan inesperada como ridícula: machacada por una máquina de triturar papel industrial, al intentar rescatar de la máquina cinco euros que se le habían volado. Ramón siempre sospechó que su mujer por dinero era capaz de matar, pero nunca pensó que llegaría al extremo de convertirse en hamburguesa. Aunque dicho sea de paso, si Ramón hubiese estado en la misma situación que Raquel, posiblemente hubiera acabado de la misma forma.&lt;br /&gt;Para Luisa, el cambio no estuvo mal. Como ya se había anticipado, poco a poco se había ido desenamorado, y lo único que lamentó fue que Manolo se quedara con Caniche, el perro, ya que por las noches éste le calentaba los pies de la cama. Y es que Luisa era una de esas personas que tienen siempre las manos y los pies fríos, no importa qué temperatura haga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manolo, por su parte, el día en que se encontró a Luisa y a Juan en el lavadero de su casa, se sintió morir. No recordaba haber abierto la mermelada del amor ni la del desamor, pero se sentía cómo si se hubiera empachado a tostadas embadurnadas de ambas. Los frascos de mermelada, sin embargo, se conservaban en el armario perfectamente intactos.&lt;br /&gt;Las noches de insomnio y de dolor se sucedieron, sin que Manolo encontrara la manera de ponerle fin al sufrimiento. No acertaba a entender cómo podía dolerle tanto. Se cuestionaba si era posible que hubiera empezado a querer a Luisa en el mismo momento en que la vio con Ramón. Le martirizaba recordar la dantesca imagen que había presenciado. Se torturaba a si mismo recreándose en la escena una y otra vez, y se encendía de la rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos meses después, demacrado y ojeroso, Manolo entendió por fin, que los celos que sentía y le quemaban la sangre, en su caso nada tenían que ver ni con el amor ni con el desamor. Entendió que los celos podían llegar a inducir al que los siente a pensar que está enamorado de la persona que los provoca, cuando en realidad, no son más que el producto de una herida a muerte en el amor propio. Una herida muy pero que muy profunda en el orgullo, una invasión en el sentido de la propiedad. Y para él, esa herida era mucho más dolorosa que el amor y el desamor juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satisfecho de comprobar que las mermeladas seguían funcionando, lo primero que hizo a la mañana siguiente fue ir al mercado y comprar cinco kg de habas. De las más gordas y pestilentes que existían. Compró también varios cactus. Y preparó una mermelada de espinas y habas, mezcladas con rabia y con celos. Le salió una mermelada tan pestosa, que tuvo que dejar la ventana abierta durante varias semanas para que se le ventilara el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, aquella noche tampoco llegó a dormir bien del todo. Sin duda había algo más. Después de mucho recapacitar, se dio cuenta de lo que era: la confianza herida. Y dolía mucho también.&lt;br /&gt;Compró entonces nueces de macadamia, y preparó una deliciosa mermelada aderezada con toda la confianza que le quedaba. A partir de ahí, no tuvo ningún problema en volver a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esto es lo más destacable que le sucedió a Manolo en toda su vida. De hecho, desde que se separó de Luisa, y preparó estas dos últimas mermeladas, Manolo no hizo otra cosa que dormir. Cada día un poco más. Cuando a los 65 años se jubiló, empezó a dormir tanto que tan solo se levantaba para comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque una noche, poco antes de morir, Manolo tuvo un sueño. Fue un sueño en el que todas las emociones que había encerrado en los botes de mermelada se mezclaban y cobraban vida. Y en el tiempo que duró el sueño, quien sabe si minutos o segundos, Manolo se sintió vivo, más vivo que nunca, tan vivo que tuvo ganas de gritar, de saltar, de reír, de llorar. Se despertó sudando y por vez primera desde que preparó la primera mermelada, Manolo se planteó si tal vez, solo tal vez, se habría equivocado. Quizás había sido un error encerrar sus emociones en una jaula de cristal. Quizás se había equivocado en la manera de plantear su vida, ya que evitado el sufrimiento, había evitado también la alegría.&lt;br /&gt;Manolo se acercó a la despensa y sacó sus mermeladas. Estuvo tentado de comerse un bocadillo enorme de macedonia de mermelada. Pero ya era demasiado tarde. No porque Manolo fuera ya muy viejo, pues nunca se es demasiado viejo para sentir, sino porque en su última revisión el médico le había diagnosticado diabetes. Manolo lamentó entonces todas las oportunidades de sentir, para bien o para mal, que en su vida había dejado escapar.&lt;br /&gt;Antes de irse de nuevo a la cama, Manolo preparó su última mermelada. Mermelada de ilusión. Para ello echó mano de los alimentos más deliciosos que encontró en su cocina y que ya no se podía comer: fresas, helado de dulce de leche, melón, frutos del bosque, chocolate negro, chocolate blanco, chocolate con leche y chocolate con almendras. Pero cuando se disponía a concluir la receta, se dio cuenta de que le faltaba el ingrediente principal y necesario para elaborar mermelada de ilusión. La ilusión. Manolo la había perdido muchos años antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manolo murió durmiendo sin darse ni cuenta, tal y como había vivido la mayor parte de su tiempo. A su velatorio no acudió mucha gente.&lt;br /&gt;La primera en llegar fue Marcela, el primer y único amor de Manolo. Con gafas de sol, se presentó al velatorio vestida de negro riguroso y con la cara desencajada. Fue la que más lamentó la pérdida, y es que secretamente había estado enamorada de Manolo desde aquel preciso instante en que fue rechazada..&lt;br /&gt;Después llegó Vanesa, al puro estilo Tina Turner. Se presentó al velorio con una minifalda que le sentaba de maravilla a pesar de rondar ya los 60 años. Ella también sintió la pérdida de Manolo, pues durante toda su vida, éste formó parte de todas sus fantasías sexuales, que nunca se atrevió a confesar por miedo a ser rechazada.&lt;br /&gt;Luisa, por su parte, que era quien recibía y atendía a los presentes en el velatorio, sintió profundamente la pérdida de Manolo. Lo sintió con la nostalgia que se les guarda a los amores antiguos.&lt;br /&gt;Ramón, el presidente de la comunidad, a su manera también lo sintió, y es que hasta que llegaran los nuevos inquilinos al piso de Manolo, se tendría que recalcular la cuota de comunidad, y seguramente les tocaría pagar por lo menos dos o tres euros más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de vecinos que se presentó al velatorio, no sintió la pérdida. Acudieron tan solo porque eran de natural chafardero, y les gustaba aprovechar cualquier ocasión por triste que fuera para reunirse y comentar los amoríos del vecindario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luisa preparó café y buscó por los armarios alguna caja de galletas que ofrecer a los asistentes. Como no encontró nada que sirviera, preparó algunos sándwiches con pan de molde y un montón de tarros de mermeladas que encontró en el armario.&lt;br /&gt;El primer frasco que abrió Luisa fue el de la mermelada de libido. Con el paso de los años se había echado a perder. “Qué pena” pensó. Y es que la vez que la probó le había parecido de lo más sabrosa y no le hubiese importado repetir.&lt;br /&gt;Abrió el resto de tarros de mermelada uno por uno, y untó generosamente el dulce elemento en el pan.&lt;br /&gt;Los primeros sándwiches en desaparecer fueron los de amor, los de confianza y los de ilusión sin ilusión. Marcela por curiosidad probó el de calabaza, pero se tuvo que ir a los pocos minutos llorando, de la pena tan grande que sintió.&lt;br /&gt;Sólo un valiente se atrevió con el de celos. Fue el vecino del 8º, con la intención de impresionar a Vanesa dándoselas de gourmet. Pronto se le cortó la digestión. Tan pronto como le pareció ver a Vanesa mirar demasiado al vecino del 2º.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fueron despidiéndose de la vida de Manolo todos los que en algún momento habían pasado por ella. Se fueron llevándose sin saberlo las partes más intensas de él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5915200086759392663?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5915200086759392663/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5915200086759392663' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5915200086759392663'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5915200086759392663'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/02/mermeladas.html' title='Mermeladas'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJcWwSgOgI/AAAAAAAAADQ/Cu8H3stIshQ/s72-c/MERMELADAS.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-5349307747988190374</id><published>2009-01-09T05:09:00.000-08:00</published><updated>2009-07-02T01:14:54.714-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fábulas animadas'/><title type='text'>ENAMORASTAN</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJdUzvBUOI/AAAAAAAAADY/OHiU33livrc/s1600-h/CAJA+MEDICAMENTO.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319416721944170722" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 131px; CURSOR: hand; HEIGHT: 129px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJdUzvBUOI/AAAAAAAAADY/OHiU33livrc/s200/CAJA+MEDICAMENTO.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;ENAMORASTAN 50mg&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lea todo el prospecto antes de empezar a utilizar ENAMORASTAN 50mg.&lt;br /&gt;El principio activo de este medicamento es la Feniletilamina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 Qué es ENAMORASTAN 50mg y para qué se utiliza&lt;br /&gt;Se presenta en forma de comprimidos recubiertos envasados en blister de 30 comprimidos.&lt;br /&gt;ENAMORASTAN 50mg está indicado en:&lt;br /&gt;- Convivencias largas&lt;br /&gt;- Monotonía amatoria y falta de imaginación&lt;br /&gt;- Frialdad y falta de deseo&lt;br /&gt;- Indiferencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2 No tome ENAMORASTAN 50 mg:&lt;br /&gt;- Si considera que el enamoramiento no es importante; opina que el compañerismo, el afecto y la tolerancia son la esencia del amor, por encima de la pasión.&lt;br /&gt;- Si considera que la estabilidad emocional es deseable a la inestabilidad que genera el enamoramiento.&lt;br /&gt;- Si considera el enamoramiento como un estadio de enfermedad mental que genera ansiedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3 Efectos de ENAMORASTAN 50 mg:&lt;br /&gt;- Idealización y admiración de la persona amada.&lt;br /&gt;- Atribución de cualidades positivas a la misma (incluso inexistentes) evitando la crítica.&lt;br /&gt;- Desactivación de los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas. Optimismo. Euforia.&lt;br /&gt;- Necesidad de cercanía de la persona amada.&lt;br /&gt;- Incremento del deseo sexual&lt;br /&gt;- Necesidad de agradar a la persona amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4 Posibles efectos adversos&lt;br /&gt;- Sudoración&lt;br /&gt;- Ansiedad&lt;br /&gt;- Falta de concentración&lt;br /&gt;- Insomnio&lt;br /&gt;- Pulso acelerado&lt;br /&gt;- Taquicardia&lt;br /&gt;- Celos&lt;br /&gt;- Alteración de la percepción del tiempo&lt;br /&gt;- Dolor o ansiedad en el estómago&lt;br /&gt;- Ceguera transitoria&lt;br /&gt;- Propensión al lagrimeo&lt;br /&gt;- Distorsión de la realidad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Embarazo:&lt;br /&gt;El uso de ENAMORASTAN 50mg puede propiciar embarazos no deseados. Tome siempre precauciones si no desea procrear.&lt;br /&gt;Los estudios demuestran que los hijos cuyas madres han sido tratadas con ENAMORASTAN 50mg durante el embarazo, muestran durante toda su vida un cuadro agudo de complejo de Edipo, por lo que no es recomendable su uso durante el embarazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si olvidó tomar ENAMORASTAN 50 mg&lt;br /&gt;Tome su dosis normal la siguiente vez. No tome una dosis doble para compensar dosis olvidadas. Puede provocar libido descontrolada y paranoia enamoratoria severa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duración del tratamiento:&lt;br /&gt;Vitalicio, aunque se recomienda que a partir de los 70 años se reduzca la dosis para evitar posibles problemas cardíacos derivados de la intensa actividad sexual que ENAMORASTAN 50mg propicia. Su médico le informará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15/09/2010&lt;br /&gt;Después de veintidós años de investigación, y numerosos ensayos clínicos, hoy por fin ha visto la luz el fruto del trabajo de toda mi vida. ENAMORASTAN.&lt;br /&gt;Se comercializa en sobres, píldoras o parches, que van descargando dosis de enamoramiento a diario. Está especialmente indicado en parejas de larga duración que han transformado la pasión, el fuego y el deseo por un tibio compañerismo, afecto fraternal y tolerancia, que aunque sin duda son cualidades apreciadas en el amor, por sí solas generan monotonía, desinterés e insatisfacción. ENAMORASTAN devolverá la pasión a miles de matrimonios. Evitará miles de divorcios. La infidelidad pasará a la historia. El mundo entero explosionará en una bomba de enamoramiento: calles pobladas de gente eufórica, que sonríe y se besa sin parar. Parejas que a pesar de llevar 20 años conviviendo, aun sienten maripositas en el estómago cuando se ven y están deseando llegar a su casa para materializar el amor.&lt;br /&gt;Después de la vacuna contra el SIDA y de la cura contra el cáncer, este avance se ha considerado como uno de los más importantes de este siglo. Sin duda se trata de una revolución en las relaciones humanas, un descubrimiento que favorecerá al mundo en todas sus dimensiones. El fin de las guerras y el principio de la era del amor.&lt;br /&gt;Por la polémica que ha generado, se ha comparado la aparición de ENAMORASTAN con el uso de las células madre, y es que no ha sido nada fácil que ENAMORASTAN viera la luz. Como en todo, la iglesia se ha opuesto desde el primer momento. Pero el ámbito clerical no es el único en oponerse. Numerosas asociaciones han puesto la voz en grito, tachando ENAMORASTAN de antinatural, una aberración. ¿Es acaso más natural que las parejas se separen, que las infidelidades se multipliquen, que miles de parejas convivan por costumbre o por necesidad, pero no por amor?&lt;br /&gt;Nadie obliga a nadie a tomar ENAMORASTAN, pero a un precio de 10 euros la caja, ¿quién se resiste a adquirir una fuente de felicidad garantizada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15/03/2030&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Deberíamos culpar al químico Alemán Otto Hahn, descubridor de la fusión nuclear, de las 150.000 muertes que provocó la bomba atómica?&lt;br /&gt;¿Se me puede culpar a mí por haber descubierto la fórmula del amor y ponerla al servicio del ser humano?&lt;br /&gt;Si antaño crearon un premio Nobel especial para mí: el premio nobel del amor, hoy ciertos sectores me culpabilizan de todos los males que han acontecido a nuestra sociedad en estos últimos 20 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros años de la comercialización de ENAMORASTAN fueron menos exitosos de lo previsto. Eran pocas las personas decididas a tomar el medicamento, quién sabe si por miedo a efectos secundarios imprevistos, por la influencia de las asociaciones que se manifestaban a diario en contra de él, o bien por la influencia de la iglesia.&lt;br /&gt;Sin embargo, a los 5 años de salir al mercado, algunos personajes del papel couché reconocieron que sus vidas habían dado un giro de 180º grados tras introducir ENAMORASTAN en ellas: Amy Winehouse reconoció haber dejado las drogas gracias al medicamento, y declaraba que la única droga que necesitaba ahora era la del amor. Dejó incluso de cardarse el pelo. Britney Spears se casó con su mayordomo y nunca jamás volvió a protagonizar escándalo alguno. Y lo mismo sucedió con Estefanía de Mónaco y con un sinfín de famosos más.&lt;br /&gt;El negocio de la prensa rosa empezó a flaquear. Los famosos no se separaban. Los actores dejaron de enamorarse de cada compañero de reparto y sus matrimonios duraban para toda la vida. Proclamaban a los cuatro vientos que toda la felicidad de sus vidas se la debían a ENAMORASTAN.&lt;br /&gt;Y el producto se puso de moda. No se daba abasto en su fabricación. Tuvimos que abrir enormes fábricas en China, Tailandia, Pakistán, Marruecos, Polonia. A pesar de que se producía el producto sin descanso, la demanda a nivel mundial era tan alta, que los precios empezaron a subir, y como en todo, se creó un mercado negro de gente que compraba y revendía y ofertas por internet de falsificaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscamos nuevas alternativas para la distribución del producto. Una inyección con capacidad de amor para 15 años. El precio rondaba los 3000 euros la inyección, pero la comodidad era innegable y los bancos ofrecían mini créditos que ayudaban a los jóvenes a adquirir el producto. Muchas parejas incluían ENAMORASTAN en sus listas de boda para garantizar una unión exitosa y duradera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras la demanda del medicamento no dejaba de subir, la productividad general a nivel mundial no dejaba de bajar. La población no se concentraba. El mundo entero estaba deseando terminar sus jornadas de trabajo para poder encontrarse con sus parejas. Los investigadores no tenían ganas de investigar, los cirujanos no tenían las cabezas puestas en los bisturís, los errores humanos se multiplicaron, la ciencia se estancó. Los cimientos de nuestra sociedad empezaron a tambalearse.&lt;br /&gt;Los embarazos no deseados aumentaron en un 200%, y es que en el estado de euforia que provoca el enamoramiento, muchas parejas se olvidaban de utilizar métodos anticonceptivos. Los divorcios se redujeron en un 90%. Los abogados matrimonialistas tuvieron que especializarse en otros campos.&lt;br /&gt;Llegaron las primeras denuncias de las asociaciones contra ENAMORASTAN. Denunciaban que en las discotecas algunos desalmados se encargaban de depositar ENAMORASTAN en las copas de las chicas. Las víctimas nunca denunciaban pues en realidad consideraban que era lo mejor que les había pasado en sus vidas. Los padres de éstas no se preocupaban mucho, estaban demasiado concentrados en el dormitorio con la puerta cerrada. Los hijos iban creciendo sin la atención de sus padres, deseando cumplir la mayoría de edad para adquirir el producto milagroso y ser felices.&lt;br /&gt;Es cierto que la crisis económica actual es feroz, que la capacidad adquisitiva de las familias ha bajado en un 40% debido a la falta de productividad de las empresas. Muchas familias viven cerca del umbral de la pobreza, y a pesar de esta realidad en principio desoladora, las encuestas son claras: nunca antes la población ha sido tan feliz.&lt;br /&gt;Esa felicidad se palpa en las calles, se traduce en las canciones. Han dejado de escribirse canciones de desamor. Nadie las entiende.&lt;br /&gt;Nadie salvo los que hoy me juzgan. Son pocos y se creen con la verdad. Han intentado por todos los medios retirar el producto del mercado. Son ex consumidores de ENAMORASTAN amargados, algunos naturistas que nunca lo han aprobado, y sobre todo la iglesia. Nos odian, nos envidian. Nuestra felicidad les hiere. Pero nunca, nunca podrán retirar ENAMORASTAN de nuestras vidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-5349307747988190374?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/5349307747988190374/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=5349307747988190374' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5349307747988190374'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/5349307747988190374'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2009/01/enamorastan.html' title='ENAMORASTAN'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJdUzvBUOI/AAAAAAAAADY/OHiU33livrc/s72-c/CAJA+MEDICAMENTO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-2707503267939075231</id><published>2008-12-12T00:13:00.000-08:00</published><updated>2009-07-02T00:49:11.361-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intriga'/><title type='text'>Mantis religiosa</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJeoM5jgJI/AAAAAAAAADo/AWZSjI2jJOA/s1600-h/MANTIS+RELIGIOSA.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319418154628382866" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 113px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJeoM5jgJI/AAAAAAAAADo/AWZSjI2jJOA/s200/MANTIS+RELIGIOSA.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Caminó más de cien metros en mitad de la noche arrastrando la pesada carga que le suponía un cadáver envuelto en mantas. La noche era fría y húmeda; la niebla no permitía ver a más de un metro de distancia, por lo que manipuló el cadáver sin temor a ser descubierto. Se acercó al puente, levantó el cuerpo, lo apoyó en la barandilla, lo empujó, y en su precipitación no se percató de que la hebilla de su reloj se había enredado en una de las cuerdas que sujetaban las mantas, por lo que la fuerza de la caída le arrastró tras el cadáver.&lt;br /&gt;En un coche, a cien metros de distancia, una mujer empezó a impacientarse. Encendió el motor del coche y se acercó al puente. Vio los dos cuerpos caer, sonrió, y se dijo a sí misma “me has hecho casi todo el trabajo”. Arrancó de nuevo el vehículo y abandonó la escena del crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inspector Martínez se despertó a las 9 de la mañana con un terrible dolor de cabeza y una desconocida en la cama. Se duchó, se bebió dos gin tonics, echó a la desconocida de su casa, y se dirigió a la comisaría.&lt;br /&gt;Le asignaron el caso de los cuerpos aparecidos en la orilla del río por falta de personal, no por méritos propios. Hacía tiempo ya que el inspector Martínez había perdido la escasa credibilidad que algún día tuvo.&lt;br /&gt;Se dirigió al río en compañía de la policía científica, encargada de hacer el trabajo sucio. Para él, la cosa estaba clara: habían encontrado al asesino y a su víctima. Una vez los identificaran, el caso estaba prácticamente resuelto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta en comisaría, se dedicó a intentar poner orden en la montaña de papeles e informes que se acumulaban en su despacho desde hacía semanas. Horas después, uno de sus compañeros le interrumpió para informarle de la identidad de los cadáveres. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que el cadáver envuelto en mantas, Antonio Moreno Casado, constaba en el registro como muerto e incinerado hacía 5 años, y el otro cadáver, pertenecía a un sacerdote italiano de 34 años. Antonio Moreno había muerto por asfixia y presentaba claras muestras de violencia y restos de ADN del sacerdote, de nombre Maximiliano Curcio, muerto ahogado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de empezar a investigar, el inspector Martínez decidió beberse dos gin tonics más en el bar de la esquina. Mucho más seguro de sí mismo, se dirigió a casa de la viuda de Antonio Moreno, Silvia Corradini, de nacionalidad Argentina. Al llegar al portal, una mujer de origen asiático vestida con una bata azul, se abalanzó sobre él gritando de manera histérica. Sin comprender ni una sola palabra de lo que le decía, la acompañó hasta el piso que él mismo estaba buscando.&lt;br /&gt;Se encontró a Silvia en la bañera, flotando en su propia sangre con las venas cortadas. Era una mujer rubia, de mediana edad y rostro angelical. La policía científica determinó que se trataba de un suicidio.&lt;br /&gt;Buscó a un traductor para interrogar a la asistente china. Ésta certificó que llevaba cinco años trabajando para Silvia, pero desde el día en que la contrató no la había vuelto a ver. Iba dos veces en semana a limpiar y nunca encontró nada extraño. Interrogó también a los vecinos sin demasiado éxito. Silvia era una mujer reservada, pasaba poco tiempo en casa, y hablaba poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó hacia la iglesia a la que pertenecía Maximiliano Curcio. Un sacerdote gordo, sonrosado y calvo que acababa de oficiar la misa, le recibió con desconfianza. Le informó de que Maximiliano pertenecía a un proyecto de intercambio de sacerdotes entre diferentes países, y había llegado a la ciudad hacía un año. Malhumorado, comentó que desde que Maximiliano llegó a la iglesia, ésta se había llenado de feligresas, más atraídas sin duda por el atractivo del sacerdote italiano, que por la fe cristiana. Cada día, una media de 10 mujeres esperaban pacientemente su turno para ser confesadas por el apuesto sacerdote y sólo por él.&lt;br /&gt;El inspector le mostró una fotografía de Silvia Corradini, y el sacerdote negó haber visto a esa mujer por allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya era de noche cuando salió de la iglesia. Se acercó al bar más cercano, y perdió la cuenta del número de gin tonics que se bebió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, en comisaría, empezó a investigar la primera muerte de Antonio Moreno Casado 5 años atrás. Según los informes, Antonio fue encontrado tirado en la calle, muerto por sobredosis. Fue su viuda, Silvia, quien reconoció el cadáver y decidió incinerarlo. El inspector pidió los permisos necesarios para intervenir las cuentas de Silvia y pasaron más de 10 horas en las que, en un afán investigatorio sin precedente en su carrera, el inspector se olvidó por completo de comer, fumar e incluso de beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió de la comisaría de noche y satisfecho, con la intención de presentar al día siguiente al comisario las conclusiones de su fructífera investigación.&lt;br /&gt;Paró en el bar de la esquina a celebrarlo. Se sentó en la barra dispuesto a quemar la noche en compañía de cualquier mujer. Tuvo suerte. Varias horas y gin tonics después, una mujer rubia, de mediana edad y rostro angelical se sentó a su lado. No hablaron demasiado, decidieron directamente terminar la noche en la casa del inspector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia Corradini abandonó la casa del inspector Martínez poco antes de que amaneciera. En su mano portaba el dossier con todos los datos de la investigación: el certificado del cobro del seguro de vida de su marido, las transferencias que ésta le había hecho durante los 5 años que éste había estado oculto, y el resto de pruebas.&lt;br /&gt;Mientras caminaba en la fría noche, recordó con lástima a su joven amante Maximiliano. Iba a echar de menos esos ojos verdes y esas manos inexpertas. Recordó las horas de confesión que le había costado seducirle y convencerle de que matar a su marido era la única opción. Sonrió. Por fin su marido había dejado de ser un problema exigiéndole dinero. Se sentía segura. Nadie iba a echar de menos ni al yonki que se hizo pasar por su marido en su momento, ni a la prostituta rubia envenenada, que diariamente iba a pedir comida a la parroquia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al girar la esquina se encontró con el coche negro que esperaba. Se subió a él y besó apasionadamente al sacerdote gordo y sonrosado que la esperaba con dos copas de champany en la mano. Brindaron por la indemnización que convenientemente iba a recibir la parroquia de mano del seguro de vida de Silvia Corradini. Mientras besaba con repugnancia al cura calvo, ya estaba imaginando cómo quitárselo de en medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, la policía científica confirmó la muerte por coma etílico del inspector Martínez. No le sorprendió a nadie.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6172010613000916895-2707503267939075231?l=soniaradom.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soniaradom.blogspot.com/feeds/2707503267939075231/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6172010613000916895&amp;postID=2707503267939075231' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2707503267939075231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6172010613000916895/posts/default/2707503267939075231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soniaradom.blogspot.com/2008/12/mantis-religiosa.html' title='Mantis religiosa'/><author><name>Sonia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13021102159840011400</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SkyOe3zF8nI/AAAAAAAAANw/pf-uzoTY7uA/S220/Copia_de_soniadic.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJeoM5jgJI/AAAAAAAAADo/AWZSjI2jJOA/s72-c/MANTIS+RELIGIOSA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6172010613000916895.post-9101118000136718571</id><published>2008-12-10T04:15:00.001-08:00</published><updated>2009-07-02T00:49:32.743-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intriga'/><title type='text'>Amnesia</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJhz1NH5cI/AAAAAAAAAEg/IPTjhrH7c1M/s1600-h/CABQBUBP.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319421652961322434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 131px; CURSOR: hand; HEIGHT: 100px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_wyqhO8b1jy8/SdJhz1NH5cI/AAAAAAAAAEg/IPTjhrH7c1M/s200/CABQBUBP.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Se despertó en la cama de un hospital, con la mente del color de las paredes de la habitación: En blanco.&lt;br /&gt;No recordaba su nombre, no recordaba su cara, no recordaba el motivo que le llevó a su situación.&lt;br /&gt;Le dieron el alta a los pocos días, y cómo único equipaje le entregaron su expediente médico y su cartera. Registró ésta última con la vehemencia de una mujer celosa, buscando indicios, pistas, información sobre su vida. Encontró tarjetas, dinero y su DNI. Se llamaba Francisco Rodríguez Calvo. Y un mapa de metro con dos paradas señaladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidió, como primer paso para reconstruir su vida, acercarse a la dirección que constaba en el DNI como su domicilio. Calle Amapola 21. No tenía llaves y nadie le abrió la puerta. Buscó una copia debajo de la alfombra, encima del marco de la ventana. Llamó a los vecinos, empezó a desesperarse. Aporreó la puerta y gritó desesperado. Nadie acudió en su ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió del portal furioso y desanimado; no sabía dónde ir ni qué hacer. Recordó entonces las estaciones de metro marcadas en el plano, y pensó que podían significar algo.&lt;br /&gt;Caminó durante media hora hasta llegar a una de ellas, a la estación de Fontana. No sabía qué esperaba encontrar allí, pero no tenía nada que perder.&lt;br /&gt;Mientras bajaba las interminables escaleras que conducían al andén, un hombre de traje azul que caminaba a corta distancia delante de él, se giró, pareció reconocerle y huyó confundiéndose entre la multitud. Salió corriendo tras él sin temor a empujar a ancianas, atropellar a turistas, pisotear a niños. Le persiguió con la urgencia y la rabia de quien necesita recuperar sus propios recuerdos.&lt;br /&gt;Al llegar al andén se hizo obvio que el hombre del traje azul no tenía escapatoria.&lt;br /&gt;- Lo siento Paco, lo siento… Yo…Nunca quisimos hacerte daño…&lt;br /&gt;El hombre del traje azul hizo el amago de escapar y al intentar retenerle, en el forcejeo, el hombre tropezó con su pierna y cayó a las vías justo en el momento en el que el tren llegaba. En su cara una mueca de terror justo antes de desaparecer bajo el vagón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amparado en la confusión creada en el andén por el suceso, consiguió escapar de la estación pasando desapercibido. No hubiese podido soportar un interrogatorio, dar las respuestas que él mismo no tenía.&lt;br /&gt;Con lágrimas en los ojos y sin rumbo fijo, caminó durante varias horas, con un zumbido instalado en su cabeza como un hilo musical, y con la creencia en firme de enloquecer por momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calle Amapola 21. Ahí estaba de nuevo, en su supuesto domicilio. Y esta vez no pensaba irse sin más. Aporreó la puerta con furia, dejando como recuerdo en ella el estampado de la sangre que abundantemente manaba de sus nudillos. Finalmente una mujer de mediana estatura le abrió la puerta y le hizo pasar.&lt;br /&gt;Dos hombres vestidos con los mismos trajes azules le agarraron.
