El aviso
Published by Sonia under on 09:13.
Léelo, decía el asunto de aquel extraño email. De Tania Ragut, para Tania Ragut. De ella misma para ella misma. Un virus, pensó. O Spam, o lo que fuera. Ignoró las instrucciones y lo borró. Ningún otro correo en su buzón, así que la cita seguía en pie. Puso música y se fue a su dormitorio.
Se plantó frente al armario y pensó que lo mejor para aquella noche era apostar por un look casual. Jeans y una camiseta negra que le afinara el talle. Simple y seguro, como si no le hubiera dado demasiadas vueltas. Se miró en el espejo y se odió. Asquerosamente sencilla. Se probó el vestido negro que se había comprado para la comunión de su sobrino. Sobrio y poco casual, pero le estilizaba la figura. Un poco endomingada, tal vez demasiado elegante para un tipo como aquel, un fotógrafo de Nacional Geographic, un aventurero, un amante del deporte. Sonrió al pensar en él. Era el primero con el que realmente le había apetecido quedar desde que se había inscrito en aquel portal. El único entre toda aquella fauna que le había contactado, entre toda aquella increíble selección de enfermos y pervertidos sexuales. Cuatro emails cruzados y una foto en su jeep habían sido suficientes para convencerla. Un tipo que se pasaba temporadas en África fotografiando leones y colaborando en fundaciones benéficas, qué malo podía ser. La foto, desde luego, también había influido. 43 años, rubio, tan experimentado que seguramente tendría ganas de estabilizarse, de asentarse, de encontrar una pareja, de tener hijos. No es que hubieran hablado específicamente del tema en ninguno de los mails, pero estaba todo implícito. A estas edades las cosas iban rápidas. Conexión, toma de contacto, un par de meses de relación e inevitablemente, si todo iba bien, hijos. Un par de hijos rubios y deportistas, fantaseó, solidarios como su padre. Tocaría el tema esa noche de forma casual, con discreción y tacto, sin parecer desesperada. No lo estaba. No, no estaba desesperada. Es cierto que tampoco podía dormirse, pero de ahí a la desesperación iba un trecho. Con 42 años aun tenía margen suficiente como para tener hijos biológicos. Quién sabe si su cita de esa noche sería por fin la decisiva. Y por qué no. Ojalá.
Se quitó el vestido y se enfundó de nuevo los jeans y la camiseta negra. Volvió a quitárselos y a ponerse el vestido negro. Sí, le sentaba mejor.
Se acercó al portátil para comprobar si le había llegado algún correo de última hora, del tipo “Me muero por verte”. Nada, salvo de nuevo aquel maldito virus. “Que lo leas, idiota”, ordenaba insolente. Volvió a borrarlo, esta vez con rabia.
Se arregló un poco el pelo, se pintó los labios y estaba ya dispuesta a salir, cuando por la ranura de la puerta entró disparado un sobre. “Leer sin falta”, decía el remite. Abrió la puerta para ver quién lo había lanzado, pero no había nadie. Miró por el hueco de las escaleras y escuchó atenta. Nada. Cerró la puerta y entró en casa. Rasgó el sobre y leyó el contenido.
“La foto desenfocada que te ha enviado es de Jesus Calleja. En realidad se parece al Dioni. Lo más cerca que ha estado de África es Melilla, donde hizo la mili. La cena va a ser cutre y te pedirá que la pagues a medias. Beberás más de la cuenta y sin darte cuenta terminarás en una pensión del Raval, a la luz de una bombilla sucia y parpadeante, con el tipo lavándose sus partes en un bidet. Vomitarás dos veces al recordarlo al día siguiente, y nunca lograrás superarlo del todo. No vayas.
Firmado: Tania Ragut”
Se consideraba una persona con sentido del humor, pero aquella broma no tenía ni puta gracia. No podía provenir de otra persona que de Elena, su única amiga. La única soltera, como ella. La única que sabía de su cita de esa noche. Y la muy perra se había tomado la molestia incluso de imitar su letra, se la había calcado. Iba a dejar de hablarle durante una buena temporada. Es más, si lo de esa noche prosperaba, no le hablaría nunca más. Estaba claro que no podía soportar que ella tuviera más suerte con los hombres y que por fin hubiera encontrado a uno decente. Qué mala era la envida, joder. En un impulso le envió un sms mandándola a la mierda.
Se perfumó y salió de su casa pegando un portazo.
Llegó quince minutos antes al local en el que habían quedado en el Raval. Se sentó en la barra mientras él llegaba. El restaurante debía de ser uno de aquellos lugares vanguardistas que sorprenden gratamente por su gastronomía pero que no apuestan demasiado por la estética. Algo moderno y sofisticado, seguro, aunque por lo pringosilla que estaba la barra no lo pareciera. Si él había escogido el lugar, estaría bien.
Mientras esperaba se tomó dos Martinis, que se le subieron un poco a la cabeza.
A los veinte minutos, un hombre de unos cincuenta años, con un peluquín rubio y un ojo extraviado, le dio dos golpecitos en el hombro con un dedo. Toc, toc.
Para mitigar su decepción, Tania Ragut ahogó la grasa de los calamares a la romana que pidieron en vino barato. Pagaron la cuenta a medias, doce euros por cabeza. Sin saber exactamente cómo, la imagen del Dioni aseándose sus partes en un bidet se materializó ante sus pupilas.
Tumbada sobre un colchón mohoso cubierto por una sábana repleta de lamparones y bajo la luz parpadeante de una bombilla sucia, Tania Ragut cerró los ojos con fuerza y cruzó los dedos. Ojalá tuviera suerte. Estaba ovulando.
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10 comentarios:
Me ha gustado mucho mucho hasta el final, quizás el mejor de los que te he leído.
El final, no sé por qué, no lo encuentro a la altura...
Ya ves, siempre son temas de altura o longitud.....
Al final siempre es un tema de medida, jeje...
Muchas gracias. Es verdad qeu no sé qué me pasa con los finales que me cuesta acertar... en un principio había pensado terminarlo de otra forma, pero me liaba demasiado al intentar explicar lo de las cartas, y ésta fue la alternativa fácil, es verdad.
yo creo que lo tenías que haber acabado antes, está muy bien darse cuenta que es ella desde el futuro enviándose cartas a si misma...ya tiene potencia suficiente para ser un fina, para mí lo que escribes después no añade valor al relato....
Sí?? Lo cerrarías sin saber si va o no?
No sé... es que me gustaba la idea de que a pesar de los avisos volviera a encontrarse en el mismo lugar y lo hiciera todo exactamente igual...
Si... el final... la imagen del Dioni aseandose en el bidé... núnca me la había imaginado hasta el momento. Creo que es cutre, cutre...
Saludos.
Las mujeres a los cuarenta podemos llegar a parecer desesperadas. Anda que querer quedarse embarazada así.. Mejor replantearse la inseminación. La descripción del hostal da asco de verdad.
Magnífico y crudo relato. Enhorabuena.
Recomendable que done esos fértiles óvulos para mejor fin.
pues chic@s, a mí el final no me desagrada. Es la consumación de la triste cita. Sabe que le va a pasar, y aún así, se tira al tren. Quizás, si me permites el atrevimiento, lo habría dramatizado algo más. Por lo demás, el relato es muy...tuyo, con todo lo bueno que eso significa. Abrzs.
Oye Sonia pues a mi me gusta el final, no es muy sorprendente es cierto, pero vamos, tampoco hace falta que estalle una bomba nuclear en el raval, que es un barrio "mu tierno". La aparición del Dioni mola. Por cierto las descripciones del bar y el hostal me han provocado arcadillas, eso es bueno. Olé tú!
Sonia. El relato está bien. My bien llevado. Pero...¿No crees que deberías resolver cómo le llega el mail y la carta de ella misma? ¿La escribe ella misma desde el futuro? ¿Se lo imagina? Es que sino me da la sensación de inacabado o que, con todo el cariño, juegas con el lector. ¿O me estoy poniendo muy racional?
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