Sonia's Sunrays

La escritura es la pintura de la voz -dijo Voltaire.

En el vagón

Published by Sonia under on 08:32

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A ella hace unos meses que le abandonó su marido por una polaca de 25 años. Se le nota en los ojos tristes, en el rictus amargo de sus labios, en la manera en que se agarra a la barra con desgana, como si no le importara salir despedida en cualquier frenazo, como si acaso lo deseara. Vuelve a su casa después de una larga jornada planchando sábanas de hotel, sábanas que le cuentan historias que no quiere oír. Su desgastada imagen contrasta con la de la chica que agarrada a la misma barra y sucumbiendo al caprichoso vaivén del vagón, brilla con luz propia porque tiene su primera cita con él. 30 años, tacones que empiezan a doler mucho, piel suavemente perfumada. Se mira las uñas de su mano derecha, como si esperara ver reflejado en ellas el desenlace a esa cita, a esa relación o incluso a la vida. A su lado, se besan, abrazan y muerden los labios una pareja a la que el resto del mundo les da igual. Carpetas universitarias en la mano que no hacen sino estorbar. La vida es nueva y se sienten con fuerza para bebérsela a tragos. En una de las frenadas, golpean ligeramente a la mujer que apoyada en la barra transversal, les sonríe con nostalgia, recordando tal vez los besos que un día se dejó olvidados en cualquier rincón de la ciudad de Quito. Detrás de ella, ante la impasible mirada de unos jóvenes sentados a su lado, un abuelo se levanta para cederle el asiento a la adolescente embarazada que acaba de entrar en el vagón en la estación de Fontana. El desproporcionado vientre que como una sandía madura amenaza con reventar en cualquier momento, despunta descarado en su fina silueta, en su cara de niña. Su novio la espera en casa de sus padres. Yo controlo, le dirá de nuevo una y otra vez la próxima vez que la deje embarazada. Yo controlo, yo controlo. Pero no controla nada.

El abuelo de buenos modales se aferra a la barra con la misma fuerza que a la vida. A la misma barra que la chica brillante y que la mujer desolada. A la misma a la que un argentino que durante años engañó al hambre a fuerza de mate, se les une y me mira. Me mira con una intensidad que me traspasa. Me estudia, me imagina, me intuye y me desnuda. Ya son cuatro en la misma barra y cincuenta en el vagón, pero a partir de ese momento, de ese preciso instante, tan sólo existimos él y yo, yo y él, mirándonos, imaginándonos y desnudándonos. Esa noche y mientras dure el trayecto, vamos a bajarnos los dos en una estación que no aparece en los planos, en una estación cercana y lejana a la vez, olvidada a veces y necesaria siempre. Vamos a bajarnos los dos en una estación llamada imaginación y deseo, fantasías y sueños.
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4 comentarios:

NI la breve dijo... @ 8 de julio de 2011 13:34

Todos somos o seremos cada uno de los personajes si nos dan tiempo suficiente. Me alegra volver a leerte.

Elvis dijo... @ 9 de julio de 2011 23:37

¿Quien no ha querido hacer ese viaje alguna vez? Lástima que no se pueda comprar billete...
Besos.

Máximo Cano dijo... @ 10 de julio de 2011 14:36

... si supiera en que vagon demetro viajas... quien sabe?

Me encanta leerte. Saludos.

Morel dijo... @ 11 de julio de 2011 01:08

Es la quincena de los transportes públicos, veo....

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