Blanco e inmaculado
Published by Sonia under on 05:05.
Tengo un amigo que acaba de publicar un libro de relatos cuyo denominador común, según me dijo, era la muerte. Ya he empezado a leerlo y me está gustando. Mucho. Después de hablar con él decidí echarle yo también una ojeada a todos mis relatos y buscarles un denominador común. Algo que los identificara.
No acabó de gustarme el resultado del análisis, y hoy me siento con el propósito de enmendarme. Con el propósito de contar una historia como dios manda. Una historia que no me avergüence. Sin guarrerías de ningún tipo. Sin sexo, sin enfermos mentales, sin objetos insertados por el culo, sin palabrotas. Quiero contar una historia blanca, limpia, pura. Una historia llena de amor y de sentimientos a flor de piel. Y si puede ser con moraleja, toma ya.
Lo primero en lo que pienso es en un cuento infantil. Busco en la parte superior de mi estantería los cuentos que leía y releía, y que después volvía a leer, de pequeña. Hace años que no los miro y me entra nostalgia. Buen estado de ánimo para escribir algo sentimental. Empiezo a narrar una historia en la que dos hadas revolotean felices en un bosque de hermosas y fragantes flores. Cinco líneas después, sin apenas darme cuenta, aparece en escena un leñador, rudo y muy masculino, que mira a las jóvenes hadas con lascivia. Me freno. Me contengo antes de que el cuento se me vaya de las manos. No, por ahí no vamos bien. De hecho porqué una historia de hadas, si nunca me han gustado.
Vale, probemos con otra cosa. Qué tal una poesía. Nunca me ha apasionado la poesía, tal vez porque me falta sensibilidad para poder apreciarla, o porque no he encontrado a ningún poeta que logre conectar con la poca que tengo. Encuentro poesía, eso sí, en la prosa de algunos de mis escritores preferidos, pero ojala fuese capaz de emularlos. De todos modos, pienso con optimismo, la falta de referentes puede ser positivo a la hora de lanzarme a escribir una poesía al uso. Sin presiones y sin expectativas, con la valentía del ignorante. Métrica libre, eso sí.
Empiezo. Versos llenos de ternura, sentimientos, que rozan la frontera de la cursilería, que la franquean sin miramientos. Sensibilidad de la buena.
Me levanto a vomitar.
Pruebo con una historia donde haya un héroe y un villano. El héroe con un propósito justo y el villano dispuesto a impedir que lo logre. Y el villano acaba mal: castigado, humillado, burlado, o aun mejor, sí, sí, mucho mejor: redimido. Corrección política y un léxico apropiado, edulcorado y contenido.
Vale, tal vez con intentar contar una historia que no sea grotesca, es suficiente.
Tras media página de intentar no ser yo, decido que no voy a engañarme más: me gustan los malos, me interesan los perdedores, mi sentido del humor es básico, guarro y grotesco. No me gustan los finales felices. No pretendo lanzar mensajes a la humanidad. En el fondo me avergüenza más mostrar mi parte sensible y vulnerable que la descarada o la frívola. Lo único que me mueve a escribir es divertirme. Apartarme de una realidad que a veces me gusta menos que la realidad que tan solo existe en mi mente, y que se puede cambiar. Así que rompo lo escrito (mentira, tan solo cierro el archivo), y decido que uno no puede pasarse la vida pretendiendo ser lo que no es.
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10 comentarios:
Me gustan tus relatos guarros, grotescos, acidos... me gusta tu estilo... si se te ocurriera cambiar, dejaria ser tu fan número uno.
Saludos.
Sonia en realidad es un tío con granos. Lo siento por algunos.
Lo de los granos es por la barba, listo.
Por cierto, Máximo, gracias.
Es posible que tengas tu lado masculino un poco desarrollado, y qué?. A mí tambien me gustas fresca y descarada, original y diferente. Ya saldremos un día sin afeitarnos a tomarnos unas birras. Saludos y felicitaciones de mi Manolo.
Pues a mi tambien me gustan los malos ¿y que? los buenos son demasiado previsibles, asi que...¿podrías por favor continuar con la historia del leñador y las hadas? jo, es que ahora tengo toda la intriga...
Yo no creo que tengas que cambiar nada en absoluto. Tu estilo te hace ser tú. Si pretendieras buscar agua en otro pozo, dejaría de ser tu agua. Conclusión: encula al leñador.
Hola Sonia, Yo no sé calificar tus relatos, pero que me encantan es seguro. Algún día te pediré que me enseñes. Tus amigos tienen razón no cambies, sé tu misma!.
Un abrazo.
Sí, sí... Mucha palabrería veo yo aquí... Que mejor grotesca, ácida, y no se que más cosas de tipa dura pero.... ¡Al final le has puesto moraleja! "Uno no puede pasarse la vida pretendiendo ser lo que no es." ¡Sensiblona!
No me descubras, cabrito!
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