EL CHOCOLACALOR
Published by Sonia under on 05:42- Sí.
- Sabía. Una belleza como la de vos no se olvida, che. Pero relajate, dale, se te ve retensa. Acá si matamos a alguien es sólo de gusto. Yo me llamo Tomás, pero algunos me llaman Sito. De Tomasito, obvio.
A mí no me pareció tan obvio, pero asentí con una sonrisa nerviosa. Él me la devolvió mostrando una dentadura grande y afilada, espléndida.
- Tenía hora. Clara. Soy Clara.
- Como una luminosa tarde de verano -dijo mientras revisaba en su agenda-. Acá. Acá estás. Clara Fernández, ¿cierto? ¿Tenés el bono?
Busqué en la cartera con los dedos un poco torpes el bono que me había regalado mi hermana. Al ofrecérselo, Tomasito me rozó con su mano bastante más de lo razonable mientras me sonreía con sus brillantes dientes. Después se mordió el labio inferior y rebuscó en un cajón. Finalmente selló el bono y me lo devolvió, sin quitarme los ojos de encima.
- Mirá, acá al fondo tenés los vestuarios. Te quedás en cueros o en traje de baño si es que sos pudorosa, y entrás por la puerta de la izquierda. Allá te están esperando los muchachos.
Lo de los muchachos me desconcertó. El regalo consistía en un bono de diez masajes relajantes a base de chocolate. No contaba en ningún caso con tener que quedarme semidesnuda frente a quién sabe cuántos tipos. Estaba blanca, de pronto sospechaba que mal depilada y los diez kilos que había engordado desde que Carlos me dejó me atormentaban. Odié ferozmente a mi hermana. “Una sola sesión y vuelves como nueva”, me había dicho mientras pelaba patatas. Pero yo sabía que jamás iba a sentirme como nueva, sobretodo porque no lo era. Yo no era más que una vieja, gorda y patética amargada. Sentí el impulso de salir corriendo, pero Tomasito me dedicó una sonrisa tan deslumbrante que no fui capaz de ofenderle marchándome sin más. Me encaminé hacia el vestuario cabizbaja, como una oveja hacia el matadero.
Estaba sola. Era el vestuario más atípico que había visto en la vida. La luz, tenue y anaranjada se desdibujaba en un vapor suave, casi anestesiante. Una suave musiquilla étnica tipo Enya se escuchaba de fondo y se entremezclaba con el sonido del agua que caía a borbotones de una gran fuente de piedra. Olía a incienso y a canela. El calor húmedo se pegaba a la piel haciendo que ésta brillara satinada. Reparé en una copa de cava que reposaba sobre una mesa junto a una nota de bienvenida. Me la bebí de un trago. Después me puse el bikini y sin quitarme los zapatos de tacón para matizar el impacto, me planté frente el espejo. La imagen que éste me devolvió me sorprendió. Era yo, cierto, pero no lo parecía. La Clara que se reflejaba era diez centímetros más alta, y mucho más esbelta. Aquel espejo estaba trucado, como los del tibidabo, pero qué importaba. Estuve un buen rato saboreando el momento observándome desde todos los ángulos. La luz anaranjada difuminaba las huellas de los dos partos en mi cuerpo. Ni rastro de la celulitis, y las arrugas firmemente instaladas en el contorno de mis ojos se habían borrado. Sonreí. Me solté el pelo, puse la cabeza bocabajo y la subí de golpe. Parecía una leona. Rugí. Hice algunas muecas ante el espejo que me hicieron sonreír por lo ridículas. Animada, me acerqué a un mueble de maquillaje que tenía a mi derecha y me pinté los labios de rojo. De un rojo muy intenso, color sangre. Volví a mirarme. Ahora parecía una puta. De pronto la música cambió, Moment of surrender, de U2. Empecé a bailar sensualmente frente al espejo al ritmo de la música y las luces se hicieron cada vez más tenues, como si desde el exterior alguien me estuviera observando y considerara que ya había llegado el momento. Seguí contemplándome durante varios minutos hasta que la idea de entrar en una sala con una legión de hombres atléticos dispuestos a masajearme el cuerpo con chocolate dejó de parecerme detestable.
Entré. Un chico de unos 25 años me recibió con una sonrisa. “Pasa, Clara”, me dijo. “Yo soy Pablo. Él es David, Samuel, aquí Ernesto, Mateo, Marcos, Ramón, Jero, Plácido y Damián, cada uno experto en un área específica del cuerpo. Túmbate.”
Me tumbé. Cerré los ojos, y me dejé llevar por las sensaciones. A veces era chocolate caliente, a veces era frío. Los pies, las piernas, el abdomen, los brazos, el pelo, las caderas, los pechos. Montones de manos masajeaban mi cuerpo mientras Pablo, con una voz ronca me explicaba en apenas un susurro las propiedades beneficiosas del chocolate, anulador de la tristeza y responsable de sensaciones de tranquilidad, relajación, felicidad. De vez en cuando caía directo a mis labios un hilito de chocolate deshecho que Pablo, muy cerquita de mi oído se encargaba de analizar “grano de costa rica, 80% de pureza, notas de vainilla y de coco. ¿Notas las notas?, me decía” Y volvía a echar otro chorrito en mi boca, que no acababa de caer justo en mis labios y que él recogía con un dedo para que yo se lo chupara. Y yo se lo chupaba, y notaba las notas acariciarme y agarrarse al paladar. Y a modo de respuesta lo único capaz de articular era un gemido que rugía desde lo más profundo de mis entrañas.
Un cuarto de siglo después o tal vez tan solo de media hora, Pablo me susurró que por hoy habíamos terminado. Como es la primera sesión, dijo, sólo nos hemos dedicado a conocer tu cuerpo. En la próxima profundizaremos. Y me guiñó un ojo. Me incorporé, y uno a uno, David, Samuel, Ernesto, Mateo, Marcos, Ramón, Jero, Plácido y Damián, se despidieron de mí con dos besos muy largos, algunos tentadoramente cerca de mis labios pringados de chocolate.
Me duché y salí renovada, deseosa de profundizar. Me planté ante Sito para pedirle una nueva cita.
- Así que te gustó, ¿no es cierto?.
- Casi tanto como tu boca, cabrón -solté a bocajarro. Y creo que después incluso le saqué un poco la lengua, aunque eso ya no lo puedo jurar.
Lo cierto es que no tuve oportunidad de una segunda sesión. Esa misma semana desmantelaron “el Chocolacalor” junto a otros dos prostíbulos masculinos de la zona que utilizaban en el vapor de sus vestuarios sustancias psicotrópicas alteradoras de la percepción. Pablo, David, Samuel, Ernesto, Mateo, Marcos, Ramón, Jero, Plácido y Damián eran en realidad diez jubilados con tiempo y ganas de pasar un buen rato ganando además un dinerito extra. Me costó trabajo consolar a mi hermana, que no podía aceptar que los profundos masajes de Ernesto a los que tanto y tan bien se había acostumbrado terminaran de una manera tan abrupta, tan cruel.
En mi caso, la sensación de poder, sensualidad y voluptuosidad que experimenté en aquel vestuario y en la camilla aun persisten. Y no hay día en que no le agradezca a dios, pero sobretodo a los “muchachos”, la fantástica transformación que aquel día se produjo en mí.


13 comentarios:
Genial, ocurrente...
Cuando me jubile me pondré a colaborar en una chocolatería de ese tipo. Soy un adicto al chocolate.
Sigo siendo tu fans nº1.
Saludos.
Máximo, no sólo eres el 1ª, sospecho que eres el único, jajaja.
Muchas gracias por tu fidelidad. Besitos!
buen post! lo mejor, sin duda, el final... así no hay quien se jubile, no?
Sandler, gracias, me alegra verte por aquí.
Uauh, impresionante y sabroso relato. Voy a la nevera a por una porción de tableta, se me ha despertado el apetito.
Provecho.
Te has soltado el pelo Sonia... la chocolatera. Me ha parecido molt ben trobat. Tus relatos tienen la virtud de que la pereza que me da empezar a leerlos (por su extensión), desaparece allá por el segundo párrafo.
Uauuuuu! Pues sí que está movido el relato, muy sensual. Muchas veces la percepción de la relidad lo es todo. Lo que más me ha sorprendido de todo el comentario de la chica tras la primera sesión. No se yo si sería capaz de desmelenarme tanto; como de costumbre me ha gustado. ¿Habéis probado el chocolate con chile? Muy recomendable.
27 de febrero de 2011 10:09
¿Y que es el mor si no una percepción desvirtuada de la realidad?
Me ha encantado el relato, que digo yo...podría montar un local de esos de verdad (pero de VERDAD de VERDAD con chicos guapos y tal, sin los jubilados XD) sería un exitazo, de momento solo tenemos chocolate de supermercado y compras para los desconsuelos.
...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
COMPARTIENDO ILUSION
SONIA
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE MONOCULO NOMBRE DE LA ROSA, ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER ,CHOCOLATE Y CREPUSCULO 1 Y2.
José
Ramón...
Como siempre un placer pasar por tu casa, y navegar entre tus cosillas.
Saludos!
Por favor, siga publicando. Me encanta el chocolate!!! Enhorabuena !!!
Un saludo. Excelente blog.
Te presento la ilustración que he realizado para la portada de: Cuéntame otra vez ese cuento.
Un libro-sueño hecho realidad por un grupo de amigos con inquietudes literarias.
http://espiralesdetinta.blogspot.com
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