La increíble historia de la niña Montaña
Published by Sonia under on 11:51Texto inspirado en la ilustración de Sebas
En lugar de con dos manos, la pequeña Montana nació con dos tréboles de cuatro hojas cada uno. “Que no le falte ni el agua ni la luz”, dijo el doctor mientras firmaba una receta. Después, ante la estupefacción de los padres, añadió mirándoles a los ojos y con tranquilidad “será una niña con suerte”.
Tras unos minutos de intensa reflexión, los padres concluyeron, con desgana, que cosas peores se habían visto, y tan malo no podía ser el hecho de tener dos tréboles en lugar de dos manos, habida cuenta de que se trataba de dos tréboles de cuatro hojas, y no de tres. Aun así, le compraron varios juegos de manoplas.
A los pocos meses, observaron con asombro cómo la suave y abundante pelusilla capilar con la que la había nacido Montana se desprendía, y en su lugar empezaba a brotar lo que a todas luces parecía césped. Un césped verde y brillante y fresco y fragante que a su madre desagradó en la misma medida que sorprendió. “Consultaremos al médico”, dijo el padre, también reacio a aceptar los cambios de la vida. El doctor, mientras firmaba un parte de alta, les recomendó bañarla de dos a tres veces por semana y les recetó además un buen fertilizante que, a la madre de Montana, aunque no dijo nada, le pareció que olía a mierda. Al salir de la consulta, le compraron varias docenas de gorros.
Y Montana fue creciendo. De forma excesiva y desmesurada y salvaje, a lo alto y a lo ancho, desbocada y rebosante, de forma animal. A los siete años se le cayeron los dientes de leche y en su lugar le salieron piedras. Le encargaron unas costosas carillas de porcelana. A los diez, las piernas se le endurecieron hasta transformarse en dos firmes troncos de eucalipto del que brotaron finas y aromáticas hojas. Unos enormes pantalones de pana asfixiaron los brotes.
Los niños, crueles, se reían del aspecto de Montana, y Montana, triste, lloraba por las risas de los niños. Y cada vez que esto sucedía, en el colegio se pasaban dos días achicando agua.
La tutora de Montana, un día, concertó una cita con sus padres. “Su hija es especial”, dijo mientras se llevaba las manos a los riñones. “Necesita una educación que nosotros, por desgracia, no le podemos dar. Pero estoy segura de que tendrá suerte”.
Ya era la segunda vez que a los padres de Montana alguien les decía que su hija tendría suerte, cuando a ellos, la verdad, tan afortunada no les parecía.
Y así fue como la madre de Montana, a partir de ese momento, tomó las riendas de su educación. Primero impartió las clases en el comedor de su casa, y poco después, atendiendo a las súplicas de su hija, en el jardín. Y ahí, tumbada sobre el césped y al sol, mientras mejoraba su caligrafía y destacaba en ciencias naturales, los pájaros le empezaron a anidar en la espalda. Las hormigas, juguetonas, le recorrieron los troncos hasta hacerle llorar de cosquillas. Las lágrimas de risa despertaron a unos caracoles que en lenta peregrinación ascendieron por unos brazos que, sin apenas darse cuenta, se habían transformado ya en flexibles lianas. Los gatos se afilaron las uñas en ella, y bajo su camisa le nacieron ortigas.
La madre de Montana, maravillada, le quitó con prisa los guantes y el gorro y los pantalones, y de un martillazo se deshizo con rabia de las carillas de porcelana. Y en ese preciso instante vio lo que hasta ese momento no había querido ver y admitió lo que hasta ese momento no había querido admitir: en lugar de una niña llamada Montana, había parido a una increíble niña Montaña. Y mientras la besaba en uno de sus tréboles con emoción, supo que sí, ninguna suerte iba a ser mejor que la suya.
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8 comentarios:
Increible.
Volveré a releerlo varias veces.
Saludos.
Increíble de que te ha gustado, o increíble de que no te lo has creído??
Me alegra leerte de nuevo; a mí si me ha gustado. Todos los niños que nacen son niños montaña para sus padres. Ninguno es como habíamos pensado. Lo difícil que es no empeñarse en que se parezcan a nuestra idea y no a lo que son realmente. La niña tendrá suerte porque su madre la dejará ser lo que es y disfrutará viendo su evolución finalmente.
Le diré a sebas que has cumplido su encargo. Muy sugerente !!!!
Merci por este cuento, oye, esto tiene posibilidades! un honor.
s.
Muchas gracias a todos por los comentarios, me alegro de que os haya gustado!
Excelente relato, Sonia. Crece y crece y me ha dejado con muy buen sabor. TIene ironía, notas de humor, fantasía y un claro mensaje de aceptación que otorga sentido al relato.
Sigue así
Muchas gracias, Ignasi, me hace ilusión que te haya gustado!
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