Sonia's Sunrays

La escritura es la pintura de la voz -dijo Voltaire.

El genio de la lámpara. Versión II

Published by Sonia under on 14:35
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Era un día cualquiera de junio. Una tarde soleada. Estaba yo sentada en la parada del autobús, leyendo con entusiasmo uno de los libros de autoayuda que siempre me acompañan: “Cómo convivir con la diabetes y ser feliz”, cuando un genio escapado de una lámpara se sentó a mi lado. Era un genio calvo,  con la cabeza muy brillante, de cuerpo musculoso y mirada pícara. Olía a especias: a canela y a clavo mezclados con azahar, con un ligero toque de almendra amarga. En seguida conectamos. Me explicó que estaba pasando unos días de vacaciones en Barcelona, y yo le aconsejé algunos rincones que no se podía perder. Él, guiñándome un ojo, me ofreció que le pidiera un deseo, uno cualquiera.
—Quiero dejar de ser diabética —le dije sin dudarlo—.Quiero poder comerme una caja de donuts entera. Odio tener que pincharme a diario. Me hace tremendamente infeliz.
—La salud es lo más importante —replicó sabiamente el genio—.Deseo concedido. A partir de ahora podrás comer lo que quieras. Pero a condición de que el año que viene, tal día como hoy y a la misma hora, nos encontremos en este mismo banco. Me ha gustado Barcelona y me has gustado tú.
Sin esperar una réplica mía, el genio calvo se convirtió en humo, y girando  sobre sí mismo como un tornado, desapareció en la cálida atmósfera de aquella tarde de junio.

Un año más tarde, a la misma hora, me senté en la parada del autobús, con un libro en la mano titulado “Cómo ser feliz cuando se sufre de sobrepeso” a esperar al genio calvo. Apareció al poco tiempo. Esta vez olía a piel de naranja con chocolate y pimienta negra.
—No te veo muy feliz —me dijo.
—Es que no lo soy. ¿Has visto cómo me he puesto? Me he engordado 25 kg. Además, al ser bajita se me notan más. Quisiera ser alta y esbelta. Comer y no engordar. Ser además guapa, ¡muy guapa! la más guapa de todas. Ir parando el tráfico por las calles con mi belleza.
—La autoestima es muy importante para ser feliz. Si necesitas belleza física para conseguirla, no hay más que hablar. La tendrás. Nos vemos el año que viene.
—¡Espera, espera, genio! ¿No harás que vuelva a ser diabética, verdad?
—Tranquila. Los deseos, a diferencia de los descuentos del supermercado, sí son acumulables.
Dicho esto, se enrolló sobre sí mismo y desapareció.

Al año siguiente, leía con entusiasmo “Cómo dejar de sentirte una mujer objeto”, cuando el genio se sentó de nuevo a mi lado.
—¡Guau! ¡Esta vez me he superado! —me miró impresionado—. Eres una belleza, ¡guapísima!.Pero, ¿qué pasa, que no te veo feliz?
—Es que la mayoría de la gente no me toma en serio. Como soy guapa piensan que tengo que ser necesariamente idiota. No sé, siento como que no se me respeta. Si fuese muy inteligente todo sería distinto… Sí, creo que si tuviera una carrera, hablara cuatro o cinco idiomas y tuviera un buen trabajo, de esos interesantes, seguro que todo cambiaría. Sería feliz. Seguro.
—La inteligencia y el sentirse realizado en la vida es fundamental, en eso estoy de acuerdo. ¿Tienes algo en mente? ¿Alguna profesión en concreto?
—No, me da igual. Me dejo sorprender. Si puede ser que me de dinero —le dije con una sonrisa.
—-Está bien, el año que viene me cuentas.

Pasó de nuevo un año, y volví a sentarme en el mismo banco, desconectando un móvil que no paraba de sonar, mientras terminaba unos informes que tenía que presentar al día siguiente. De mi bolso asomaba el libro “Cómo superar la adicción al trabajo”.
—Vaya, veo que la profesión que te busqué te ha gustado, ¿eh?. Pero no sé por qué, sigo sin verte feliz.
—Es verdad, no lo soy. Aunque me gusta mi trabajo, me absorbe tanto que no me da tiempo para las relaciones personales. Quisiera tener más tiempo para ampliar el círculo de amistades, salir más. Tengo mucho dinero y me falta tiempo para gastarlo. El dedicar todo mi tiempo a mi profesión me hace infeliz.
—Es que no se debe exagerar —me aconsejó—. Te concedo más tiempo y más amigos. Pero compagínalo con todo lo demás, si no, el año que viene seguirás siendo igual de infeliz.
Y dicho esto, el genio hizo el amago de marcharse.
—Espera, genio, espera —le retuve yo—… ya que estamos, ¿puedo pedir algo más?
Afirmó con un gesto de cabeza.
—Pues verás, es que también me gustaría encontrar el amor. Quisiera encontrar a un chico sensible y apasionado. Inteligente, culto, sincero y cariñoso. Buen amante, que sepa cocinar y que sea detallista. Que entienda de vinos y de música. Que le guste leer, tenga imaginación, sea divertido, caballeroso, optimista. Que me haga reír siempre y pueda hablar con él de todo. También que sea guapo, aunque no demasiado, que no quiero que me haga sufrir. Que me traiga el desayuno a la cama y que sea deportista. ¡Ah! y si puede ser, que sea argentino o venezolano.
—¿Y ya está? —me preguntó el genio levantando una ceja, con cierta ironía.
—Bueno, pues ya que estamos que sepa tambien tocar la guitarra —añadí yo, pues siempre me han gustado los chicos que saben tocar la guitarra.
El genio me miró, y con un gesto de cansancio mezclado con impaciencia me dijo:
—Está bien, lo tendrás. No sé de dónde lo voy a sacar, pero lo tendrás. Ahora tengo que decirte que el año que viene ya no voy a volver. Te he dado mucho, y Barcelona como destino turístico me empieza a cansar. He encontrado unas ofertas buenísimas para el Caribe, y me apetece cambiar.
En mi mirada se debió reflejar la decepción que sentía porque el genio se dulcificó.
—Vamos… ahora tienes salud, eres guapa, inteligente, con un buen trabajo, tienes dinero, muchos amigos, y te vas a casar con un hombre perfecto. ¿Qué más puedes pedir? No creo que me necesites más. De todas maneras, volveré dentro de siete años, a ver qué tal te va. Disfruta de todo lo que tienes, y sé feliz.
Se despidió de mí con  un beso en la mejilla y desapareció dejándome su aroma a té con menta anclado en las fosas nasales durante un buen rato.

Siete años después, el genio me encontró en el mismo banco, esta vez desaliñada y ojerosa, con el pelo y la ropa sucia, un Tetra brick de vino Don Simón medio vacío al lado y un libro en la mano: “Cómo recuperar las riendas de tu vida y ser feliz”, ese era el título. El genio me miró alarmado.
—¿Qué ha pasado?
Me eché a llorar. El genio se sentó a mi lado y empezó a acariciarme el pelo. Me ofreció un pañuelo. Cuando por fin me calmé me soné con fuerza y empecé a hablar.
—Todo era demasiado perfecto, genio. Demasiado. Nunca me pasaba nada. Tenía un marido tan enamorado, tan entregado, tan bueno, tan solícito,  que en vez de gustarme me irritaba. Y fuera de casa lo mismo. En el trabajo ni un solo conflicto, todo felicitaciones, y promociones y aumentos de sueldo. Con mis amigos relaciones perfectas. Tenía tiempo para dedicarlo a mí misma y además dinero. Tenía todo lo que quería y de alguna manera no era eso lo que quería ni lo que me hacía feliz. Empecé a aburrirme. Mucho, muchísimo. Sí, mi vida me parecía asquerosamente aburrida y predecible, sin sentido.
El genio me miraba expectante.
—El caso es que como tú ya no estabas para ayudarme, decidí introducir por mi cuenta una variable nueva en mi vida. Un pequeño divertimento, un pasatiempo sin demasiada importancia que me diera vidilla. Me busqué un amante. Y ya que estaba, pues no a uno cualquiera, me busqué a uno cabrón, al más cabrón que encontré, para que así me tuviera siempre en vilo, en estado de alerta y tensión, ¿entiendes? No sé, adrenalina pura, pensé que tal vez eso sí me haría feliz.
El genio suspiró.
—Mi marido perfecto se enteró y de pronto me demostró que podía dejar de serlo en cualquier momento. Me echó de casa y tuve que irme a la de mi amante. Éste me acogió no sin antes pedirme tres meses de alquiler porque su casera estaba a punto de echarle. Después desapareció y durante dos semanas no supe nada de él. Cuando volvió empezó a tratarme con desprecio. Se traía a casa a una colombiana llamada Yurena a la que yo tenía que cederle la cama. Y un día, así, como si tal cosa, me pidió que me fuera. Más amable que de costumbre me explicó que desde que le habían dado los resultados de las venéreas ya no era el mismo y que deseaba empezar una vida nueva. Sin nada que le recordara su pasado.
Paré un segundo la explicación y le eché un buen trago al Tetra brick. Un poco más animada, continué.
—Entonces, como no tenía dónde ir, pensé en mi amiga Elena. Fui a su casa y como no me abrió la puerta, utilicé la llave que me había dado para casos de emergencia. Me la encontré desnuda retozando con mi ex marido en el sofá. Perdí los nervios y la llamé puta mientras la arrastraba por el comedor de los pelos. La muy perra me denunció por allanamiento de morada y agresión. Dice que al arrastrarla se golpeó un ojo con el pico de la mesa y que ha perdido un 30% de visión periférica. Estoy a la espera de que salga el juicio. El resto de nuestros amigos, extrañamente, se posicionó de su parte y todos dejaron de hablarme.
El genio buscó otro pañuelo y empezó a secarse el sudor de la frente.
—¿Algo más?
—Bueno, sí… con tantos problemas es posible que dejara de rendir en el trabajo. Estaba algo desconcentrada, con la cabeza en otra parte… Mi jefe me recriminó un día en una reunión que le había entregado un informe tarde y con datos erróneos. Yo, que desde hacía algunos días no podía caminar bien por un sarpullido que me había salido en los genitales, perdí la paciencia y le dije que antes de dirigirme la palabra se lavara los dientes, y le llamé cerdo o pajillero, no sé, no me acuerdo bien, delante de todos. Me echaron y me quedé en la ruina.
—Pero tendrías dinero ahorrado, ¿no?
—Sí, pero es que en ese momento lo único que conseguía evadirme de esa vida tan perra que me había tocado en suerte, era el bingo y las tragaperras. Lo perdí todo.
El genio me miraba y negaba con la cabeza con un gesto de incredulidad.
—Además el sarpullido iba de mal en peor, en poco tiempo se convirtió en una ampolla enorme y dolorosa que explotó y que me dejó los genitales en carne viva. La herida no se curó bien y la infección se me pasó a la sangre. Estuve ingresada al borde de la muerte durante dos semanas. Al salir del hospital me vi en la calle y sin nadie a quién recurrir. Me dio por beber.  He sobrevivido gracias a pequeños hurtos,  primero a extranjeros y después a viejas. No me mires así, que de algo tenía que vivir. Estaba contando los días que faltaban para que volvieras a solucionarme la vida y encontrar la manera de hacerme por fin feliz.
El genio se quedó observándome muy serio y en silencio durante un par de minutos. Yo continué. Estaba desatada.
—El caso es que yo lo que quiero ahora es volver a aburrirme, ¿entiendes? Volver a tener un marido asquerosamente perfecto. Un trabajo ideal, dinero, amigos… todo, todo lo de antes. Ya me encargaré yo de entretenerme coleccionando abanicos o montando aviones de guerra. En serio, quiero aburrirme. Quiero volver a mi vida anterior, lo necesito para ser feliz.
El genio me miró sin decidirse a intervenir. Estuvimos así un par de minutos. Después se levantó y empezó a caminar en círculos a mi alrededor. Se encendió un cigarrillo y le dio dos caladas muy profundas.
—Mira —me dijo por fin—.Mientras me explicabas tu situación me he sentido algo culpable. Al fin y al cabo soy yo quién te dio salud, belleza, inteligencia, trabajo, amigos y  amor. ¿Soy yo entonces el responsable de tu infelicidad?—le dió una nueva y profunda calada su cigarrillo—.Pero después lo he pensado mejor—continuó—. Cuando no tenías todos esos dones, los anhelabas. Cuando los tuviste, te estorbaban. Cuando poco a poco y uno a uno los has perdido por el camino, me pides que te los recupere. ¿Tengo cara de imbécil?—me preguntó mirándome a los ojos, y me dio la impresión de que la pregunta iba en serio. Negué enérgicamente con la cabeza.—.Acéptalo—continuó—. Te dé lo que te dé, estarás siempre amargada.
Y ante mi estupor se enrolló sobre si mismo como un tornado y se evaporó en el aire dejando tras de si una desagradable estela de azufre y vinagre, tan intensa, que me revolvió el estómago y me hizo vomitar sobre el libro de autoayuda que sostenía.
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16 comentarios:

Máximo Cano dijo... @ 17 de octubre de 2010 01:51

Si... parece un cuento de los que hay que oír bajo una jaima en penumbra.

¿Es una historia real? o es ficticia.

Saludos.

Sonia dijo... @ 17 de octubre de 2010 02:24

En serio me preguntas si es real, Máximo? jajajaja! Claro que no!

Sebastià Martí dijo... @ 17 de octubre de 2010 09:31

ah, no es real?????? mierda, yo quería preguntarte por la parada del bus.

Ignasi Raventós dijo... @ 17 de octubre de 2010 11:07

Guau, Sonia. Fantástica historia. Que bien llevada y escrita. No te digo que sería una historia ideal para un libro de autoayuda porque igual me matas.
No, en serio. Felicidades por el relato.

Máximo Cano dijo... @ 17 de octubre de 2010 11:43

Sonia:

Ya sabemos que todo relato tiene un "algo de nosotros mismos", en este caso no se lo qu elleva de ti, pero algo llevará...

Ahora si tu dices que no... claramente es que hay más de lo que parece.

Saludos.

Sonia dijo... @ 17 de octubre de 2010 12:45

Claro Máximo, sí lleva algo mío porque lo he escrito yo, pero eso no significa que sea autobiográfico, si a eso te refieres. No me gustaría quitarte la ilusión, pero los genios no existen... yo por lo menos no he visto nunca a ninguno! :-)

En cuanto a la temática del relato, yo sí estoy muy agradecida por todo lo bueno que tengo en la vida, y lo valoro mucho.
Tampoco me aburro, al contrario, dedico mi tiempo libre a hacer todo aquello que me gusta y me llena, y eso es un privilegio que también agradezco a la vida y que valoro mucho.
En realidad no me gusta la gente que mira más lo que le falta que lo que tiene, y un poco iba por ahí la idea del relato.

Hoy por hoy, si viniera un genio a concederme un deseo, tan solo le pediría inspiración y constancia. Eso y quedarme como estoy.

Gracias a todos por leerme! éste era largo...

NI la breve dijo... @ 17 de octubre de 2010 14:45

Muy bueno Sonia, describes bien a la gente que no sabe ser feliz con nada. Yo mientras te leía he pensado mi deseo, soy muy conservadora; pediría poder seguir como hasta ahora.

Morel dijo... @ 18 de octubre de 2010 00:49

Me ha gustado todo (buens crescendo de situaciones, una cierta intriga, buen manejo del lenguaje) , excepto el final. Le da un tono de autoayuda que no me convence....
Voto por una versión III.

Sonia dijo... @ 18 de octubre de 2010 01:32

Sí, es verdad, mientras lo escribía a mí tb me dio un poco la impresión de “vale, y ahora suelto ya la moraleja” un poco forzada… No sé, este relato ha tenido ya como 3 o 4 finales y nunca acabo de cerrarlo bien, ningún final me acaba de cuajar.

Morel dijo... @ 18 de octubre de 2010 03:25

una idea invierte los roles, que ella le conceda los deseos al genio. o que él sea el espejo de todo lo que a ella le pasa....si a ella las cosas le van bien a él fatal....

Sonia dijo... @ 18 de octubre de 2010 04:33

Me gusta, me gusta... oye, por qué no me versionas? Molaría ver mi historia con un final alternativo escrito por otra persona... pero sin compromiso, eh? sólo si te apetece, que ya sé que no te van las historias largas,

Joan Villora dijo... @ 18 de octubre de 2010 14:09

Me parece que debía haber pedido "dejar de leer libros de autoayuda".

Oye, muy bueno el relato; cuando llega al "cómo ser feliz cuando se sufre de sobrepeso" me he partido de la risa.

También está muy bien escrito.

Los diálogos con el genio están bien, pero me da la sensación de que, en conjunto, el texto se alarga demasiado para lo que es, aunque no sé como lo podrías resumir.

Joan

Máximo Cano dijo... @ 19 de octubre de 2010 02:29

A mi me gusta este relato tal cual... si hay que realizar cambios, el resultado seria otro texto.

La formula que recomienda Espido Freire es algo asi:

Texto inicial-25%=texto final.

Saludos.

un completo gilipollas dijo... @ 19 de octubre de 2010 10:40

Oiga, que yo estoy en Barcelona y se cocinar... no se a que espera.
Si espera a que adelgace le diré que he adelgazado 100 gramos en las ultimas 5 semanas. Estoy en ello. ¿Nos ennoviamos pues?

Siempre suyo
Un completo gilipollas

Sonia dijo... @ 20 de octubre de 2010 00:34

Pensaba que no me lo iba usted a pedir nunca, Sr. Gilipollas.

Mil gracias a todos por los comentarios y sugerencias... no descarto una tercera versión depurada.

Alain Bathes dijo... @ 29 de octubre de 2010 04:54

Buenísimo, me encantó...

Tienes mucho talento.

Besos!

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